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La expectativa de la juventud en tiempos de Lula y Dilma
Los “rolezinhos” y lo que sucede en Brasil
Por Antônio David*
El conflicto presente en los “rolezinhos” de alguna manera pone en evidencia el impasse de la estrategia de los gobiernos Lula y Dilma. Por un lado, el gobierno precisa evitar la radicalización, por motivos electorales y también económicos. Por otro, a medida que los trabajadores ascienden, inevitablemente la polarización social aumenta, por motivos económicos, aunque también culturales En este artículo, no trataré sobre los “rolezinhos” en sí. Pretendo partir del fenómeno - que algunos sostienen que es nuevo, mientras que otros dicen que es viejo - para discutir temas de fondo ligados a los procesos de cambio y resistencia al cambio en curso en Brasil. A los efectos de ser claro y didáctico, opté por exponer las ideas en forma de tópicos, cada cual respetando un tema, con miras a la reflexión y al debate.
La política del gobierno está alimentando expectativas, sobre todo entre los jóvenes Con la elección de Lula en 2003, se inició un proceso de ascensión social de la clase trabajadora, verificado por el empleo formal y por el consumo masivo. Más que el acceso a bienes, servicios y derechos, dicho proceso creó expectativas, sobre todo entre los más jóvenes. Expectativa que formar parte de la clase media, con todo lo que eso implica: consumo, ocio, perspectiva de futuro, trabajo digno, status, prestigio.
Los “rolezinhos” no son un mero paseo por el shopping. Mucho más que un mero evento, los “rolezinhos” representan la existencia de expectativas en el seno de la juventud pobre, trabajadora, alimentadas por el proceso económico en curso, pero también por la ideología y por los valores imperantes en boga, en torno del éxito individual.
El rechazo a los cambios no tiene motivación económica, sino cultural La reacción a los “rolezinhos”, que encontró amparo y eco en la clase media tradicional, pone en evidencia no sólo la restricción de este sector a la integración de los pobres a su mundo, sino también un preconcepto de clase y de raza fuertemente enraizado (en Brasi).
De ahí se entiende porqué los “rolezinhos” fueron rechazados y violentamente reprimidos. Después de todo, desde el punto de vista económico, los comerciantes deberían querer a estos jóvenes en el shopping center. Sucede que, si los “rolezinhos” no son criminalizados y reprimidos, la clase media simplemente dejará de frecuentar los shopping centers, como mostró el reportaje de Folha de S.Paulo de 24/1: “Con el miedo a la agitación, los paulistas le dan un tiempo al shopping después de los ‘rolés'”.
En este sentido, la no aceptación de los “rolezinhos” tiene un paralelo con la no aceptación de los cupos en las universidades públicas, o con el malestar experimentado por los individuos de la clase media al proferir frases como “este aeropuerto se está pareciendo a una terminal de ómnibus”.
La motivación cultural que está en la base del rechazo a los cambios, es enmascarada Al mismo tiempo, es curioso que no veamos, o lo veamos en raras ocasiones, que se verbalice el verdadero sentimiento de la clase media, que podría exteriorizarse de la siguiente manera: “No queremos compartir el mismo espacio con pobres y negros”.
Sin embargo, una investigación del instituto Data Popular muestra que, entre los miembros de las “clases A y B” (según el criterio de los institutos de investigación de mercado), el 55% creen que debería ser obligatoria la versión de productos para ricos y para pobres; el 17% afirman que debería excluirse el ingreso de gente mal vestida en ciertos lugares; el 17% creen que todos los establecimientos comerciales deberían tener ascensores separados para patrones y empleados. Estos fueron los que lo confesaron. Claro que están los que no lo confesaron, de modo que estos porcentajes son, en realidad, mayores.
La clase media odia al pobre y es racista, pero siente pudor en exponer su odio de clase y de raza, pues se considera democrática. Acepta a los de abajo, siempre que ellos sepan ocupar “su lugar”.
El racismo, por lo tanto, permanece enmascarado, en el campo de lo que no se dice. De ahí el porqué, al reaccionar contra los “rolezinhos”, los cupos, etc., la clase media manifiesta todo tipo de subterfugio, de pretexto. Si la reacción a los “rolezinhos” deja en evidencia la existencia de un apartheid en nuestra sociedad, el pudor que se hace presente en la reacción define su carácter: tal como un tabú, el apartheid en Brasil opera en el campo de lo no dicho, que está inmerso en el mito de la democracia racial.
El conflicto y la polarización social crecen y sólo tienden a aumentar Al viabilizar el ascenso social de los trabajadores sin enfrentamientos con el capital, sino garantizándoles un ámbito favorable de negocios y el respeto a los contratos, la estrategia adoptada por los gobiernos Lula y Dilma implica la conciliación y la gobernabilidad. Con esto, parece promover la conciliación y el apaciguamiento de los conflictos.
Sin embargo, pienso que aquí estamos frente a una paradoja, o sea, algo cuya realidad es exactamente lo contrario a lo que parece ser. A medida que el ascenso social por medio del empleo y del consumo avanza, la clase trabajadora va siendo empujada hacia el conflicto con el capital - y con la clase media tradicional. Es lo que constatamos cuando miramos los datos sobre huelgas en Brasil, en un ritmo creciente gracias al alto nivel de empleo. Junto a las huelgas y a un sinnúmero de otros fenómenos - de los cuales junio probablemente forma parte -, los “rolezinhos” muestran el norte hacia el cual caminamos y al cual, gracias a las opciones del gobierno, cada vez más nos acercamos: el conflicto social. Por lo tanto, los “rolezinhos” constituyen un capítulo más del conflicto creciente entre ricos y pobres en Brasil.
Por esto, pienso que se equivoca el que afirme que no existe polarización en Brasil. De hecho parece que así es, porque los conflictos sociales no han migrado hacia la esfera político-institucional. No aparecen en el discurso ni en la coalición gubernamental. Sin embargo, la polarización social no sólo es creciente sino que es el fruto de opciones y decisiones de este mismo gobierno que evita discursos polarizados y mantiene una coalición con el PMDB y compañía.
Las nuevas formas de organización y el avance de la tecnología sobrepasaron la capacidad de respuesta de la izquierda Los “rolezinhos” surgieron espontáneamente, lo que no significa la inexistencia de organización. Si no fueron planificados por un partido, fueron desencadenados por la iniciativa de jóvenes, adolescentes que, no por casualidad, poseen miles de seguidores en las redes sociales.
Corresponde investigar y entender este nuevo tipo de organización, que escapa al modelo tradicional en el cual el partido es el polo aglutinador y organizador. Y cabe a los partidos y a las organizaciones de izquierda entender las nuevas formas de organización de la juventud pobre y negra, en ascenso social, y procurar adaptarse a ellas. Para ello, desde el punto de vista de la izquierda, es necesario avanzar en el debate sobre tecnología, como ha insistido el sociólogo Laymert Garcia dos Santos.
Estamos asistiendo a un movimiento ascendente de hegemonía cultural de la derecha ¿Por qué tantos jóvenes provenientes de la clase trabajadora procuran (visitar) los shopping centers? ¿Qué es lo que los atrae exactamente en esos lugares? Más que el baluarte del consumo, el shopping center representa la posibilidad de la diferenciación social, un lugar para pocos. Pero, después de todo, ¿de quién estos jóvenes anhelan diferenciarse? Finalmente, ¿cuáles son las alternativas que el poder público ofrece para estos jóvenes, en materia de organización de la cultura política - sobre todo los gobiernos que tienen a la izquierda al frente?
Una de las hipótesis que he oído es que, formada en el medio de un proceso desmovilizador, la clase trabajadora en ascenso tiende a adquirir la conciencia de la clase hacia donde ella pretende ir o piensa estar yendo. Esto significa que, aunque no detenta la hegemonía política, la derecha tal vez detenta la hegemonía cultural, y todo indica que está conquistando la hegemonía cultural también sobre la nueva clase trabajadora, incluso entre los más jóvenes.
Si los “rolezinhos” expresan un anhelo de igualdad - y, en este sentido, convergen totalmente con los objetivos de la izquierda -, al mismo tiempo justamente la opción por el shopping center merece ser examinada bajo una mirada crítica, bajo pena de dejar escapar aquel que tal vez sea el mayor impasse de la izquierda actualmente. ¿Dicha opción no estaría escondiendo una hegemonía cultural de derecha? La izquierda siempre quiso organizar la lucha por la igualdad, pero contra los valores del consumismo, la competitividad y el individualismo, base no sólo de la abismal desigualdad que históricamente existe en nuestro país, sino de la violencia que marca la vida cotidiana de la clase trabajadora brasileña.
Pues bien la lucha por la igualdad presente en los “rolezinhos”, ¿juega en contra o a favor de estos valores? Por lo menos, hay algo ambiguo aquí. Si juega a favor, ¿qué consecuencias tiene esto, sobre todo cuando se constata que, a pesar de todo lo que se hizo en los últimos once años, todavía hay una inmensa masa de trabajadores pobres en Brasil, que no consiguen sobrevivir bajo la lógica de la competencia desnuda y cruda? ¿Podemos esperar de estos jóvenes, que están inspirados en los valores capitalistas, solidaridad de clase para con los que quedaron rezagados?
Aquí reside el peligro. Después de todo, la clase media es reaccionaria. El riesgo es que parte de la nueva clase trabajadora adquiera no sólo los valores ultracapitalistas de la clase media, sino su mentalidad y actitudes políticas. Es posible que haya un contingente grande de trabajadores que, una vez que han ascendido, miran hacia atrás, ven que todavía hay muchos que quedaron rezagados y asumen la postura de impedir que asciendan, por miedo de perder lo poco que conquistaron, o con la esperanza de neutralizar la competencia en la búsqueda por un mayor ascenso. Se trata de una hipótesis a ser verificada. Si esto ocurre, el proceso de inclusión de la masa de trabajadores muy pobres - tal vez el 40% de la población - que todavía no alcanzó a la nueva clase trabajadora, podría ser bloqueado.
Los “rolezinhos” y el impasse de la estrategia Dicho esto, el conflicto presente con los “rolezinhos” de alguna manera pone en evidencia el impasse de la estrategia de los gobiernos Lula y Dilma. Por un lado, el gobierno precisa evitar la radicalización, por motivos electorales - pues la radicalización alejaría del PT a los trabajadores más pobres, que constituyen la mayoría del electorado -, pero también económicos: desbarrancándose hacia la inestabilidad económica, la radicalización probablemente haría aumentar el desempleo, lo que, más allá de las repercusiones electorales, podría tener como resultado el aumento de la pobreza y de la desigualdad, o sea, un retroceso.
Por otro lado, a medida que los trabajadores ascienden, inevitablemente la polarización social aumenta, por motivos económicos - o sea, por la lucha redistributiva -, pero también culturales. Ahora, en la medida que el conflicto social se va intensificando, la coyuntura exige cada vez más del gobierno enfrentamientos políticos - esto es, el gobierno precisa invertir en la radicalización - a efectos de organizar y canalizar el conflicto.
Desmovilizada y desorganizada, la nueva clase trabajadora puede comenzar a asumir la ideología de la derecha y, con esto, puede convertirse en el soporte de una nueva coalición política liderada por el PSDB, bloqueando los cambios en curso. Este es un escenario que no debe ser descartado. Además esta es, claramente, la apuesta de FHC, expuesta en su artículo “El papel de la oposición”.
Volviendo a los “rolezinhos”: en este caso específico, ¿el conflicto fue organizado y canalizado? El desarrollo de este fenómeno todavía está en marcha. Si las principales figuras públicas del PT defendieron el diálogo y el derecho de los participantes de los “rolezinhos”, no se puede decir que hayan optado por la radicalización. En este marco, lo peor que puede suceder es la actitud de un joven, tal como publicó la Folha de S.Paulo el 24/1: "No queremos más estar encuadrados en la seguridad, entonces es mejor hacer ‘rolezinho' en el parque". Del parque al PSDB hay un paso.
¿Dónde está la salida para el impasse? No tengo la respuesta, sólo la convicción que la salida reside en la política, y depende de la capacidad de, en cada situación, encontrar la justa medida de la radicalización.
• El autor es postgrado en Filosofía por la FFLCH/USP Rolezinho: Palabra derivada de "rolé", movimiento ejecutado por los "capoeristas" y aplicado a las marchas colectivas de la nueva clase media brasileña. Dar una "vueltita" en grupo con fines específicos. Fuente: teoriaedebate Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte
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