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Como Seregni, Pedro iría preso
Por Raúl Legnani* Urugmex80@gmail.com
Como es sabido el general Líber Seregni fue uno de los presos políticos durante la ultima dictadura cívico- millitar. Las acusaciones fueron múltiples, como también es conocido.
Algunas acusaciones fueron graves y otras no tanto. Por eso vale la pena ir a las zonas oscuras de la memoria, para que en este asunto, como en tanto otros, se pueda oler la miseria de las conductas de mujeres y hombres, así como de los centros de poder, en este caso dictatioriales..
Invito a pararnos en el almanaque a partir del 11 de julio de 1973, cuando ya Seregni estaba preso. Son días en que la Justicia Militar instruye el proceso por “encubrimiento y atentado a la Constitución”, lo que no tiene andamiento por el fuerte y preclaro accionar de los abogados del presidente del Frente Amplio.
Por eso el juez militar inventa nuevos delitos que van desde la “azonada” a uno de carácter insólito: “usurpación de funciones públicas, por el trabajo voluntario de los comités de base”, se lee en el libro Seregni, La mañana siguiente, de Samuel Blixen.
Información que se puede confirmar en el archivo digital de El País (Uruguay): “La usurpación de funciones públicas fue alegada durante el proceso porque la juventud del Frente Amplio, durante el período electoral de 1971, hizo arreglos en plazas públicas, construyó refugios peatonales y limpió basureros convirtiéndolos en lugares deportivos y en jardines infantiles.
La acusación se basó en que, en su calidad de presidente del Frente Amplio, Seregni era responsable de todo lo que hacían sus afiliados, y éstos se habían arrogado una función típicamente municipal”.Lo que ocurrió en esos días. fue cuando el gobierno de facto de Juan María Bordaberry.
En este verano, me refiero a los dos primeros meses de 2014, la vida mostró sus paradojas, desde el momento que Pedro Bordaberry, senador de todo el Partido Colorado y particularmente de Vamos Uruguay, instrumentó un nuevo tipo de trabajo voluntario: lanzó a sus militantes, mejor dicho voluntarios, a limpiar las esquinas, pintar las paredes, para que los barrios estén “lindos”, como si él, Bordaberry (h), fuera el juez sobre lo que estéticamente está bien o está mal.
Que conste en actas: Pedro está en todo su derecho de convocar a su gente para participar de sus tareas militantes, pero sería bueno que a esa muchachada les contara, por lo menos en el oído, que si vivieran bajo un régimen de facto sería condenado a prisión por ser el promotor de la iniciativa, como le pasó al general Líber Seregni en los primeros tiempos de la dictadura.
Por suerte para Pedro Bordaberry, para esos muchachos y para todos nosotros, Pepe Mujica es un demócrata y el país vive en una República donde se respetan todas las ideas, incluso aquellas que no tienen memoria y que se apropian de lo que ellos creen que es la belleza.
*Maestro y periodista Publicado el lunes 24 de febrero en La República
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