La economía, Venezuela y el inicio de un
nuevo período en Sudamérica

Por Antonia Yánez*

En la ciudad de Toluca, capital del Estado de México, el 19 de febrero se reunieron el Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto; el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper; y el Presidente de los EEUU., Barack Obama. El objetivo principal de la reunión; buscó fortalecer (los vínculos comerciales) del TLCAN frente a los cambios en el panorama mundial, particularmente volcar la “mirada al crecimiento de Asia”.

Con anterioridad, el 28 y 29 de enero los jefes de Estado y de gobierno de los 33 países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) se habían reunido en la Habana Cuba con la histórica participación de la OEA, en su primera visita a la isla desde 1962. La Celac está conformada por todos los países latinoamericanos y las islas soberanas del Caribe. En este bloque viven unas 600 millones de personas según las cifras oficiales. De allí salió la declaración; “Nos comprometemos a seguir trabajando para consolidar a América Latina y el Caribe como Zona de Paz”.

El 11 de marzo Chile protagoniza un acontecimiento casi inédito en esta región, la socialista Michelle Bachelet impulsada por una fuerza política progresista regresa vía elecciones libres y democráticas, luego de un interregno de un gobierno conservador y de derecha.

Durante lo que resta del 2014, muy probablemente los progresistas Tabaré Vazquez y Dilma Roussef serán ratificados en elecciones democráticas como presidentes de sus respectivos países, a lo que habría que sumar los procesos en las urnas de El Salvador, Argentina y Colombia que además busca con la FARC una institucionalidad democrática.

De esta realidad no se puede sacar una lectura única y homogénea de la política de Sudamérica. Pero los gobiernos que apuestan en sus programas por la redistribución de la riqueza y un mayor gasto social siguen recibiendo la mayoría en las urnas. Por lo que en realidad lo que está en juego es un profundo antagonismo entre el viejo liberalismo comercial y financiero, frente a políticas sociales y económicas de orientación estatal.

Esto está creando una peligrosa situación en Sudamérica, el progresismo no encuentra en la mayoría de las realidades cómo seguir administrando lo que ayudó a emerger socialmente. Pero sigue siendo confirmado en las urnas. Mientras Washington solo ve como pierde influencia entre sus viejos interlocutores y recurre a comportamientos y métodos que solo llevarán a un mayor aislamiento de un norte políticamente petrificado y un sur emergente, aunque lleno de contradicciones.

En este contexto político el factor que tiende a crear y dar base real a diversos conflictos de baja intensidad a lo largo y ancho de Sudamérica parecería ser un reflejo tardío de la gran crisis económica, que aún afecta a EEUU y Europa.

La discusión inconclusa presente en la mayoría de los gobiernos de la región, sobre cómo resolver objetivamente el comercio exterior e inversión, se ha demorado demasiado. Este factor, sumado a no implementar a tiempo y con renovadas metodologías el asistencialismo a grandes sectores de contexto critico, ha terminado por crear un laberinto de contradicciones que cada día avanzan más, complejizando las conductas políticas y sociales de varios pueblos de la región.

El soterrado debate que cruza en el presente al gobierno brasileño sobre los mejores caminos a recorrer, luego de varios reveses económicos, parece inclinar la balanza hacia aquellas iniciativas que proponen reconsiderar sus políticas de comercio internacional y asignar un mayor valor a los lazos comerciales con la Unión Europea. En la evaluación brasileña las economías cargadas de riesgo de Argentina y Venezuela, reducen al Mercosur a economías pequeñas como la de Uruguay y Paraguay, poco fiables en términos de su expansión de mercado.

Lo llamativo es que aún no hayan surgido interrogantes sustantivas sobre las agudas condiciones que colocaría la UE a los países que signen un Tratado de libre comercio. Especialmente en el área de las telecomunicaciones y el comercio como proveedor de los Estados sudamericanos. Seguramente monopolios como los de Antel en Uruguay, otras realidades de Paraguay y eventualmente Argentina, quedarían cuestionados.

En el plano de la economía sudamericana el punto de inflexión más próximo, muy probablemente sea Chile conducida por Bachelet, de sumarse ésta a la iniciativa Asia Pacífico, este cambio de panorama regional le generaría a Brasil y en grado menor a los demás integrantes del Mercosur, tanto a nivel global como en la economía endógena -especialmente la industrial- una mayor presión y por lo tanto muy probablemente más contracción económica.

La compleja realidad venezolana, puede situarse de alguna manera con una nueva etapa luego de la muerte del presidente Hugo Chávez. Los acontecimientos del 12 de febrero y días posteriores indican que las manifestaciones y las propias acciones políticas se salieron de cauce. Desde una perspectiva de la sociología bien se puede decir que “desapareció la política”

Es un dato de esa realidad que en las últimas elecciones municipales el chavismo volvió a ganar en las urnas, aunque fue notoria la abstención y que el distrito metropolitano de Caracas y Maracaibo, segunda ciudad del país y centro petrolero, entre otras ciudades quedaron en manos de la oposición.

Los hechos previos al 12 de febrero están cargados de viejas prácticas conspirativas, desabastecimiento, muerte a una ex Miss Venezuela y a su marido en un “intento de robo”, el hecho se repite luego matando de un balazo en la cabeza durante las manifestaciones a otra joven, Miss Turismo Carabobo. Todos los ingredientes para generar alarma pública y estados de opinión exacerbados.

Los acontecimientos se presentan cargados de extraños sucesos, los del gobierno y los de la oposición. Ésta ha pedido la caída del presidente Maduro, éste ha respondido denunciando “un golpe de Estado en curso” y detenido a uno de los jefes de la oposición. A la vez que expulsaba periodistas norteamericanos y enfrentaba en duros términos a varios jefes de Estado sudamericanos integrantes de la UNASUR, al igual que Venezuela.

Constatar que la sociedad venezolana está dividida en dos y que esta división puede configurar una guerra civil no revela ni agrega nada. Pero lo que sí es casi un misterio es como uno de los países petroleros más significativos del planeta en el presente, tiene al igual que la mayoría de los países Sudamericanos graves dificultades en orientar su economía evitando que la ayuda al subdesarrollo se convierta en “comercio”.

*Socióloga uruguaya

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