Luz amarilla en el FA,
causas y realidades
Entrevista a Agustín Canzani

El Frente Amplio ganó las elecciones nacionales del último noviembre, obtuvo la Presidencia de la República y la mayoría parlamentaria. Luego, en mayo, triunfó en cinco intendencias del país y entre ellas Montevideo, por 5º vez consecutiva. Sin embargo los frenteamplistas, luego de estos triunfos, se muestran extremadamente preocupados por su interna.

 

Para conocer más sobre este fenómeno,

La ONDA digital entrevisto al sociólogo Agustín Canzani.

Lo que sigue son los tramos fundamentales de ese diálogo

 

- Hay una realidad sociológica bien distinta: los uruguayos festejan estar en el cuarto lugar del mundo en fútbol y los frenteamplistas – que están en primer lugar en la política – no logran satisfacerse. ¿Cómo explica eso?

- Claro, pero insisto por eso – también – en que, quizás, tiene mucho que ver la forma en cómo se arman estos climas, la cadencia en que se dan esas cuestiones y las expectativas. Es decir: uno evalúa una situación determinada – no sólo en términos objetivos, sino también en términos muy subjetivos (¿qué es lo que esperaba de esa situación?) – y probablemente, que es lo que ocurrió, es que se esperaba mucho más en mayo de lo que logramos y los uruguayos esperaban mucho menos de lo que dio la selección. Entonces la evaluación no tiene que ver sólo con lo que es, sino que – muchas veces – tiene que ver con lo que uno se imagina que debería haber sido. Creo que eso explica – un poco – esas diferencias.

 

- ¿El Presidente Mujica cuenta con la fuerza política necesaria para gobernar en este período?

- Mi impresión es que antes del primer gobierno del Frente Amplio siempre se había planteado una alternativa bastante fuerte o una interrogante bastante fuerte, sobre la capacidad del Frente Amplio para mantenerse unido en el gobierno. Me parece que la forma en cómo el Frente Amplio se mantuvo unido fue casi, casi – si uno lo mide en términos comparativos – casi ejemplar, por así decirlo.

 

Prácticamente no hubo incidencias en el momento de votar. Y eso – si uno mira la estructura del acoso a los presidentes en los últimos períodos desde el retorno a la democracia hacia acá – son todos períodos en los cuales se habían planteado problemas. Yo tiendo a pensar que va a pasar lo mismo en este período, que el Poder Ejecutivo va a tener un apoyo muy amplio. Lo que sucede – como también sucedió durante el gobierno de Vázquez – es que hay un proceso de discusión y de negociación bastante fuerte entre los sectores y entre la interna del Frente Amplio.

 

¿Qué pasa con la estructura del partido como tal y en la fuerza política como tal? Mi impresión es que allí – probablemente – comience a darse una discusión sobre la estructura y sobre la forma de funcionamiento o – quizás – primero sobre la forma de funcionamiento y después sobre la estructura, lo que – a mi juicio – es un poco la consecuencia de haber visto cómo funcionaba el Frente Amplio estando en el gobierno nacional. Porque – sin duda – hay un conjunto de desafíos que tienen que ver con toma de decisiones, que tienen que ver con discusiones sobre temas políticos, que tienen que ver – incluso – con posturas de la fuerza política y del gobierno – que pueden no ser exactas o no pueden ser las mismas – que – de alguna manera – le plantean desafíos al Frente Amplio en términos de su forma de funcionamiento y de su estructura. Si uno mira en términos comparativos, el Frente Amplio es una experiencia muy original, casi única en América Latina. Para irse a gobiernos en los cuales hay acuerdos entre partidos - uno podría tomar el caso de la Concertación chilena pero – en realidad – eso no es, en términos estrictos, entre partidos de izquierda o de centro izquierda, sino que abarca una gama muy amplia y – en términos estrictos también – ha tenido presidentes que han sido de izquierda y presidentes que no han sido de izquierda. Y – por otra parte – no tuvo mayoría parlamentaria. Si uno toma el caso del PT en Brasil, el PT en Brasil ha llegado siempre al gobierno con Lula pero sin mayoría parlamentaria, han tenido que hacer acuerdos con otros grupos o sectores. Entonces – en la práctica – creo que es una experiencia bastante original, porque es una coalición de partidos, articulada, que llega al gobierno a nivel nacional pero con mayoría parlamentaria. Tampoco una mayoría parlamentaria super holgada, sino una mayoría parlamentaria que tiene una pequeña diferencia. Y eso hace que – en general – necesite llegar a acuerdos previos para aprobar las leyes en términos parlamentarios. Y – en general – el Frente ha funcionado bastante bien hasta ahora en ese sentido, con un proceso de negociación que se pudo ver en cosas como la discusión sobre el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas. Pero una vez que la fuerza política toma una decisión, hay un apoyo parlamentario relativamente grande y coherente y homogéneo y sistemático. Es decir, no es en un punto particular, sino que es regular.

 

Si usted va a pensar que va a pasar de la misma manera – ahora – pero quizás van a ser más visibles las negociaciones y los debates en el Frente Amplio. Porque lo que hay que hacer hacia delante es menos evidente que lo que había que hacer en el otro período. A ver, en el otro período el país venía de una situación de crisis y el Frente Amplio tenía un programa bastante claramente pautado y el punto número uno de cada área era muy evidente. Hoy yo creo que son desafíos más abiertos al debate y a la discusión y también le plantea al Frente Amplio una especie de reflexión sobre los límites de lo que puede hacer en el futuro.

 

- ¿Entonces este razonamiento que usted hace difiere un poco de aquellos que plantean que el Frente tiene signos de crisis?

- Yo creo que el Frente tiene desafíos – para mí – más que de crisis, de ajustes. Esos desafíos tienen que ser sobre cómo convive el Frente Amplio con el gobierno. Esa es una discusión importante que se planteó para el gobierno nacional y que se plantea – también – para los gobiernos departamentales. Hubo varios departamentos en los cuales hubo fuertes discusiones – Maldonado es un caso, Paysandú puede ser otro – sobre la orientación de los gobiernos departamentales, sobre medidas concretas, etc. Entonces, la relación entre fuerza política y gobierno es una discusión importante y – me parece – que ahora está más abierta. ¿Por qué? En el primer gobierno probablemente lo que había era una conciencia de que era muy difícil separarse de las iniciativas del gobierno porque eso tenía muchos riesgos y también podía debilitar al gobierno. Me parece que ahora hay un entorno más amplio como para discutir esos aspectos. ¿Eso implica riesgos para la gobernabilidad del Frente Amplio? Yo creo que no. Hoy por hoy, mirándolo así, me parece que no son riesgos demasiado importantes. Eso quiere decir que el Frente Amplio – como estructura política ¿está totalmente ajustado  a lo que son los desafíos de la realidad? Me parece que no. Porque creo que el Frente Amplio tiene una estructura que – básicamente – fue pensada para un partido que era minoritario y hoy es mayoritario, para un partido que tenía una base militante muy amplia y hoy tiene una base militante más pequeña – en términos de proporción sobre el total de votos -, fue pensado para una sociedad en donde la gente se comunicaba y se relacionaba de otra manera y hoy se relaciona de una manera distinta. A mi me gusta decir que en el año 71 no se llegaba al 20% de los hogares que tenían teléfono en su casa y hoy uno tiene – probablemente – cerca del 80% de las personas adultas con un teléfono en su bolsillo. Eso cambia la forma en cómo la gente se relaciona. Cambia también las lógicas y las estructuras organizativas de cualquier grupo de personas, no solamente de los grupos políticos. ¿Cómo se ajusta eso a las nuevas necesidades? Bueno, me parece que es una discusión pendiente. Yo no tengo las recetas, pero sí me parece que – probablemente – hay que revisarlo en base a esas nuevas características. Hoy es más un partido de gobierno que un partido de oposición, hoy es más un partido mayoritario que un partido minoritario, hoy es más un partido en una sociedad que se comunica de manera diferente de lo que se comunicaba hace treinta o cuarenta años. Y creo que eso implica revisar la forma de funcionamiento y la estructura.

 

- Usted me decía que – en el primer gobierno – eran evidentes una serie de puntos a hacer y esos puntos se agotaron en el proceso de gobierno, o sea, en muchos casos se ejecutaron o tuvieron otro encare, otras variables…

- Incluso en muchos de los resultados – probablemente de la gestión y también del contexto – el Frente alcanzó ciertas metas que eran difícil imaginarse en el momento en que alcanzó el gobierno. Yo creo que se alcanzaron casi todos los mínimos en la mayor parte de las áreas y eso es lo que es más fácil consensuar. De ahí hacia delante, es donde es más complicado.

 

- El Frente tenía una estrategia para llegar al gobierno y ejecutar un programa. ¿De acá en adelante necesita una nueva estrategia?

- Bueno, yo creo que lo que empieza a pasar es que cambian los énfasis. A fines de 2004 y comienzos de 2005 – en ese proceso – había algunas cuestiones relativamente claras. Por ejemplo en términos de relaciones laborales: reinsertar la negociación colectiva, instalar Consejos de Salarios tratando de que la cancha se nivelara. Eso ya está hecho. Ahora las discusiones que vienen son de otro tipo. Por ejemplo en materia de Derechos Humanos: abrir de nuevo las investigaciones, ya está hecho. Ahora las discusiones son de otro tipo. En cuanto a derechos de ciudadanía, por ejemplo, el Plan de Emergencia ya está hecho, el Plan de Equidad ya está hecho. Entonces me parece que ahora vienen otras discusiones que – incluso – tienen que ver también con el grado en el cual – como partido de gobierno que es hoy el Frente Amplio – le asegura al país las posibilidades de entrar en una nueva etapa de desarrollo. Y eso hace entrar otros temas que no tenían la centralidad que tenían hace cinco años. Por ejemplo: hoy la energía es un tema importante, ¿por qué? Porque – afortunadamente – el país está en otra etapa en términos económicos, tiene otro nivel de demanda y – por lo tanto – uno tiene que empezar a plantearse ese tipo de cuestiones. Creo que ahí es donde empiezan a darse otros énfasis y se abre otra agenda y – probablemente – una agenda que requiere de más discusión en algunos aspectos.

 

- Esa agenda parece tener – en el presidente Mujica – no sólo énfasis distintos, sino encares casi ideológicos distintos, ¿no? Por ejemplo, el de Derechos Humanos. que usted nombraba. Él ha puesto el acento en una buena vecindad – por ejemplo – con las Fuerzas Armadas, cosa que el Dr. Vázquez parecía trabajar sobre un marco de legalidad y – desde allí – requerir las necesidades que el Estado tenía, que el gobierno tenía. Por ejemplo – para que sea claro mi razonamiento – el tema específico de los Derechos Humanos no ha estado planteado por el presidente Mujica con el mismo talante de Vázquez

- ¿Cuál fue la gran decisión en el gobierno de Vázquez respecto al tema Derechos Humanos? La gran decisión es que – por efecto de la Ley de Caducidad – los casos que iban al Poder Ejecutivo y que el Poder Ejecutivo habitualmente no habilitaba la investigación, se comenzó a decir que sí se habilitaba. Yo tiendo a pensar que eso – cualquiera de esos casos que se presente – va a tener la misma decisión. Entonces, eso ya está hecho, de alguna manera. En términos de reconvocar un acercamiento entre Fuerzas Armadas y sociedad, yo creo que Vázquez también hizo sus intentos. No debemos olvidar el tema aquel del “Nunca Más” y la interpretación que Vázquez le dio.

 

Mi impresión es que Mujica tiene algunas ideas sobre el rol estratégico de las Fuerzas Armadas que son distintas de las de Vázquez, pero no creo que en tema de DD.HH. No lo creo – habría que verlo con más detalle – pero no creo que eso sea tan diferente. Y – por otra parte – yo insisto en que lo que pasaba en 2005 es distinto de lo que pasa en 2010. El país está en situaciones diferentes y eso hace que haya otro tipo de discusión. Quizás donde pueda haber mayores diferencias, es en el énfasis que se le puede dar al rol del Estado en algunas áreas. En ese sentido, Mujica creo que lo ha dicho, él tiene un enfoque que – quizás – es menos “estatista” – por decirlo de una manera vulgar – de lo que tiene buena parte del enfoque histórico del Frente Amplio. Ahora, yo creo que en eso también hay una revisión de la postura del Frente Amplio que le muestra algunos límites para actuar desde el Estado. Es decir, también en este período – en realidad – hubo áreas en las cuales el Estado supone presentar como un límite para actuar y eso hace también repensar esa estructura, ¿no?

 

- ¿Se refiere también a lo expuesto por Mujica sobre la reforma del Estado?

- Bueno, recordemos que Vázquez también anunció y la llamó “la madre de todas las reformas” y ahí la pregunta es que habría que conocer los dos proyectos para ver cuáles son las diferencias. Yo tiendo a pensar que en el caso Mujica hay un mayor énfasis a la necesidad de reformular el sistema de Recursos Humanos en el Estado, ¿no?

 

- Si, parecería…

- Hay que conocer bien cuál es el detalle para ver cuáles son las diferencias en términos…

 

- Vázquez parecería poner el acento en lo estructural del Estado y – como usted dice – Mujica en los recursos humanos.

- También ahí creo que hay una cuestión que puede ser interesante, que es que el Estado que tiene ahora Uruguay no es el Estado que tenía en el 2005 y la estructura del gobierno no es la misma. Por ejemplo: yo creo que la estructura del gobierno ganó mucho en términos de coordinación. Nosotros nos acostumbramos a que, en un país donde la política del Ministerio de Energía iba por un lado, la de ANCAP por otro y la de UTE por otro, empezamos a tener un grado de coordinación que – creo – es inédito para la historia reciente del país. Eso subsiste, claramente. Entonces – probablemente también – la intención de atacar el tema de los recursos humanos del Estado creo que implica que hay otro conjunto de cosas que también se hicieron, ¿no?

 

- Usted decía que la sociedad hoy no es igual que la del inicio del gobierno de Vázquez - para poner una fecha concreta - y ponía como ejemplo la tenencia de los teléfonos. De todas maneras, todos esos fenómenos de la comunicación, han ido variando rápidamente y transformándose. Esto ha sido particularmente discutido en el Frente o es parte de un elemento que – en varios lugares, en varios escenarios – no recoge la discusión, por ejemplo: Comités de Base, Redes o nuevos métodos de hacer política. ¿Es en esa dirección que usted piensa que – quizás - el Frente tiene que abordar?

-Lo que el Frente tiene es que hacer un esfuerzo por incorporar nuevas formas de relacionamiento que están dadas en la sociedad. ¿Tiene que eliminar las anteriores? Mi impresión es que no. Mi impresión personal, pero tiene que contemplar nuevas.

 

- ¿Usted quiere decir que los Comités de Base deben continuar?

- Probablemente una cosa que puede tener sentido es preguntarse ¿cómo deben funcionar?; ¿cuántos debe haber?; ¿dónde deben estar? Porque eso – también – es una discusión importante. Adicionalmente uno dice: “bueno, y la gente ¿tiene necesariamente que ir al Comité de Base para emitir opinión sobre algunos temas?” Quizás no. Porque mucha gente se comunica por otras vías que la típica comunicación cara a cara.

 

- Hay gente que dice que los Comités de Base debieran transformarse en redes, por ejemplo.

- No, no. Yo creo que toda la vida no es comunicación cara a cara y toda la vida no es comunicación a distancia. Todos nosotros – en grados diversos – según nuestras generaciones a las que pertenecemos, según la edad que tenemos, según los recursos que manejamos, el tiempo disponible, usamos – en grados diversos – cada una de esas cosas. Mi impresión es que la fuerza política tiene que buscar la forma de ampliar los canales de comunicación, de recolección de opiniones, pero no eliminaría ninguna, ni de las viejas ni de las nuevas, ¿no? Me parece que ese es un desafío que tiene planteado la fuerza política y tiene planteado cualquier organización.

 

Vayamos al año 71: yo recibía una factura de la UTE que era una tarjetita perforada, que no sabía muy bien ni cuánta plata era, que la iba a pagar… Bueno ahora hay una cosa distinta. La empecé a pagar en el supermercado, después en la agencia de loterías, ahora hay alguna gente que la debe pagar hasta por el cajero automático… Eso implica cambios. Implica cambios bien importantes en las rutinas y en las formas. Me parece que cualquier organización – y los partidos políticos están ahí adentro – tiene el desafío de ampliar sus canales de comunicación, de recolección de opiniones y analizar sus formas de participación. Porque no es que la sociedad tenga que adaptarse a los partidos, sino que los partidos tienen que adaptarse a las características en que la vida cotidiana se da en la sociedad. ¿El Frente Amplio todo redes? No, a mi me parece un disparate. ¿El Frente Amplio sólo Comités de Base? No, creo que eso deja afuera a una cantidad de dinámicas que están presentes hoy.

 

- ¿Usted percibe que haya resistencia a abordar con este encare que usted le está dando?

- No conozco el detalle pero – probablemente – sí conozco gente que es partidaria de las opciones extremas. Y bueno, habría que cerrar todos los Comités de Base o habría que abdicar de cualquier forma de participación que no sea por esa vía. Mi impresión es que hay que buscar – realmente – y discutir las formas de comunicación y de participación bajo esas modalidades.

 

- Las señales que hubo en las elecciones municipales – ya algunas las había habido en las nacionales y en las internas del propio Frente - ¿pueden ser señales que de no darse esta discusión – de la que estamos hablando – pueden, realmente, ser un problema dentro del Frente?

- Yo creo que hay una interpretación - que anda por ahí - de que los resultados de las elecciones departamentales son una causa directa de los problemas o dificultades de funcionamiento o las características de estructura que tiene el Frente Amplio: me parece que eso es totalmente inadecuado.

 

Cada una de las elecciones departamentales tiene factores comunes y factores bien diferentes. ¿Por qué el Frente ganó en Artigas, o perdió en Paysandú, o bajó de votos en Montevideo y Canelones? Se explica por causas que algunas pueden parecerse y otras son bien diferentes. Entonces, suponer o relacionar esto con la necesidad de una reformulación de la fuerza política, o decir que la única causa es el problema del funcionamiento de la fuerza política, yo creo que es simplificar. En los resultados de las elecciones departamentales están temas de gestión – para bien y para mal. El Frente Amplio – por cuestiones de gestión – mejoró o empeoró en algunos departamentos. Temas de las formas de selección de las candidaturas: una, dos, tres. Temas de campaña: cómo se manejó la campaña. Temas de la oferta electoral de los partidos tradicionales. Temas de la forma en que votaron los votantes de los partidos tradicionales: separados o juntos. Si uno no toma en cuenta esos criterios, creo que estaría simplificando mucho el resultado y haciendo una conexión que nos llevaría a un resultado – a mi juicio – equivocado, porque no necesariamente porque se reformule la fuerza política, vamos a ganar más elecciones departamentales en el futuro.

 

Ahora, ¿hay temas de funcionamiento que influyeron en los resultados electorales? Probablemente sí. En algunos casos pueden ser más claros, en otros son un poco más difíciles de identificar – entre otras cosas – porque vivimos 19 elecciones departamentales y cada una de esas tiene un peso diferente de lo que pueda haber pasado con la forma de funcionamiento del Frente Amplio, con la estructura, etc. Creo que – de todas maneras – ahí está planteada una discusión importante en términos de, por ejemplo: candidaturas únicas o candidaturas múltiples; debe estar planteada también una discusión importante en términos de cuáles son las cuotas – por así decirlo – que se le exige a un candidato para ser candidato único de la fuerza política; creo que también está enmarcado en esta discusión de ¿cuándo debe discutir el Frente estas cosas? Porque – en algunos departamentos – esta discusión venía de mucho antes de lo que vino en Montevideo. Entonces, ese tipo de cosas hay que ponerlo sobre la mesa. Ahora, suponer que se debe cambiar la estructura del Frente Amplio y sus formas de funcionamiento, asociado al hecho de si bajó de votos en Montevideo y Canelones, me parece que sería una cuestión equivocada. Que hubo gente que – probablemente – se sintió enojada – por así decirlo – con la forma en que se resolvió la candidatura de Montevideo, creo que eso también es cierto y no podemos cuantificarlo pero – sin duda – algo de eso tiene.

 

- ¿E incidió en la votación, según usted?

- Y, probablemente, sí. Ahora, vamos al mismo caso: en Canelones, donde no se dio ese conflicto, donde hubo un candidato único elegido consensualmente, también se bajó de votos casi en la misma proporción que en Montevideo. Se ganó más holgado y – entonces – no se toma el mismo nivel de preocupación. Entonces, ahí también hay otros factores. Yo creo que – insisto – hay que poner todo en una balanza y puede haber ciertos vínculos en algunos lugares entre el funcionamiento de la fuerza política y el resultado de las elecciones departamentales. Pero suponer que ese es el factor que explica la caída en votos, me parece que es una simplificación gruesa. Tenemos que tener en cuenta problemas de gestión, tenemos que también evaluar los temas de gestión para ver porqué el Frente creció en algunos lugares, tenemos que hacer una evaluación comparativa con los candidatos que presentaron los otros partidos – porque esto es una competencia -, tenemos que pensar en el grado de importancia que se le da a las elecciones departamentales en un paquete más general y tenemos que evaluar cómo le fue en las elecciones nacionales, donde tenemos dos resultados bien distintos: si uno mira el resultado de octubre, se preocupa; si uno mira el resultado de noviembre, se alegra. ¿Dónde estamos realmente? Creo que esta es una discusión importante. Si uno mira los indicadores que – tradicionalmente – usamos para explicar el voto hacia un partido, uno diría: bueno, mejoró la evaluación de la economía de manera impensable hace cinco años atrás; había un presidente con un muy buen nivel de aprobación; el Frente Amplio tenia un set de candidatos (Mujica, Astori) de los más prestigiosos del país; hizo una campaña razonable o – por lo menos – no peor que la que hicieron sus principales adversarios. ¿Es una buena votación 48%? Yo creo que no. Ahora, ¿es una mala votación 52%? Yo creo que no, que es una buena votación. En donde estamos entre ese nivel, es una discusión que tenemos que dar y no sabemos. Pero ahí tenemos indicadores bien distintos. El resultado de octubre no es un buen resultado, no es un excelente resultado, mirado desde este panorama. El resultado de noviembre es un buen resultado. Dónde estamos, es un tema que habría que discutir. Alguna gente sostiene que es el resultado de que el candidato fue Mujica y no Astori. Yo creo que no hay elementos como para decir eso. Todos los estudios  de encuestas sugerían que más o menos el nivel de votación era el mismo con uno y con otro y – el mismo Mujica - que saca el 48 en octubre, saca el 52 en noviembre, cuando se vota – realmente – presidente. Entonces hay una cuestión más compleja.

 

- Pero al final, se unificó el discurso, ¿no? No fue lo mismo previo a octubre que en octubre y en noviembre.

- Si, pero hubo votos que no estuvieron en octubre. Entonces, la impresión que me da a mi es que ahí hubo una caída de sectores medios altos – el Frente Amplio perdió algunos puntos – y sobre todo el Frente Amplio no creció como muchos esperábamos – en los sectores más bajos de la población, que – todo indica – que fueron sectores que se han visto favorecidos por las políticas del gobierno de Vázquez. ¿Por qué pasó eso? Bueno, ese es un tema que tenemos que preguntárnoslo.

 

- ¿Por dónde está la llave para que el Frente Amplio pueda resolver esta ecuación y qué tiempo tiene?

- Yo creo que ahí hay que ver también cómo se desarrolla el trabajo político con mucho cuidado. Porque me parece que sería muy deshonesto utilizar – por ejemplo – el aparato del Estado para conseguir votos. El Frente Amplio siempre discutió esa interpretación, criticó esa interpretación y mal puede hacerlo. Hay que analizar bien el impacto de las políticas y hay que ver también – quizás – cómo se da el trabajo de base a nivel de ciertos sectores. Esa es una gran discusión. Yo – la verdad – es que no lo sé, pero me parece que ahí hay un desafío también intelectual, en términos de explicar esa situación. Insisto, si uno mira los resultados de algunas variables que usamos siempre para explicar los resultados electorales, a mi me da la impresión de que el resultado de noviembre es mucho más razonable que el resultado de octubre. ¿Es el resultado por el que se perdieron votos por el IRPF en sectores medios y altos? Quizás hay algo de eso. ¿Es el resultado de una evaluación que empeoró respecto a la gestión municipal  de Montevideo? Quizás hay algo de eso. ¿Es el resultado de los estilos políticos manejados? Quizás hay algo de eso. La verdad, es que creo que hoy es muy difícil afirmarlo. Incluso yo he trabajado bastante en una investigación y resulta un poco difícil verlo. Pero – sin duda – la única cuestión que parece más o menos clara, es que hay una cierta caída de la izquierda en los sectores medios altos montevideanos. Eso es lo único que uno puede identificar y – por eso – estoy mencionando alguno de los factores que – a priori – uno podría sugerir ahí.

 

- ¿Caída de los sectores medios altos y baja receptividad en los sectores bajos?

- No cae el Frente Amplio en los sectores bajos, pero tampoco crece sustancialmente. Eso es lo único que uno podría considerar, tomando – nuevamente – octubre. Si uno toma la realidad de noviembre, el Frente Amplio crece. Entonces esa es la pregunta que uno debería hacerse y – bueno – uno puede hacer hipótesis, pero no hay una respuesta.

 

- ¿Usted piensa – por todo lo que ha expuesto – que esta fuerza política, el Frente Amplio, no está en crisis?

- A ver, ¿qué implica decir que está en crisis? Me parece que una fuerza política, que ganó el gobierno nacional, que sigue teniendo mayorías parlamentarias, que tiene cinco gobiernos departamentales, en crisis – a mi juicio – no está. ¿Qué enfrenta problemas? Sí.

 

- Cuando se habla de “crisis” es hacia adentro de la fuerza, no por su papel dentro de la sociedad.

- Quizás no nos dimos cuenta, pero en el año 2005, ganamos prácticamente cuatro intendencias por una diferencia total de tres mil votos, ¿si? O sea, si nosotros hubiéramos tenido tres mil votos menos, repartidos en lugares como Treinta y Tres, Salto, Paysandú y Florida, en vez de tener ocho intendencias, tendríamos cuatro. Si ahora hubiéramos tenido tres mil votos más, hubiéramos perdido igual Treinta y Tres – probablemente – pero hubiéramos ganado en Paysandú, en Salto y en Florida. En vez de tener cinco intendencias tendríamos ocho. Entonces, mi impresión es que también influye cierta dosis de azar – de alguna manera – en la distribución que se dio de esos votos. El problema – en términos de pérdida de votos – es mucho más importante en lugares como Montevideo y Canelones que en los otros departamentos. Incluso, en departamentos como Salto, el Frente Amplio creció respecto a la elección anterior y – sin embargo – perdió. Entonces, ahí es donde yo insisto en que – sin dejar de reconocer los problemas que eso genera para el proyecto frentista – tiene que tratar de hacer una evaluación tomando un poquito más de distancia. Porque uno podría llegar a esa conclusión. Y esto es interesante, porque yo salgo bastante de Uruguay y hablo con amigos y compañeros de partidos de izquierda que me preguntan ¿Por qué el Frente Amplio considera que está en crisis? (risas) Entonces yo creo que sí, que es muy razonable pensar la fuerza política para cuarenta años más. O sea, acá están ocurriendo – a mi juicio – tres fenómenos importante. Primer fenómeno importante: se está llegando – prácticamente – al fin de un ciclo en términos de personajes políticos muy importantes en el Frente Amplio. Hoy por hoy, una parte importante del liderazgo frentista, ¡es un liderazgo que tiene en torno de los setenta años, eso es muy importante! Eso también explica – de alguna manera – la edad promedio relativamente alta, por ejemplo, que tuvo Vázquez  en el primer gabinete. Porque esa gente es la que hizo la “travesía del desierto” y llevó al Frente Amplio hasta donde llegó. Pero creo que ahí viene un cierto cambio generacional importante y eso – también – obliga a pensarlo. Segundo aspecto: el Frente Amplio tiene hoy una estructura que se ha ido – de alguna manera – disgregando. ¿En qué sentido? En que hay cada vez más grupos que integran el Frente Amplio y eso aumenta los costos de transacción. Es decir, si uno toma los veinte y pico de grupos que integran la Mesa Política – si – resulta difícil llegar a un acuerdo, en ese sentido. Porque cuando hay mucha dispersión, es más complejo. Eso no ocurría cuando se creó el Frente Amplio y – por lo tanto – es un tema que también hay que plantearlo. ¿Es porque no funciona? No, es para mejorar en algún sentido. ¿Eso quiere decir que hay que eliminar algunos grupos del Frente Amplio? No, yo creo que no. Hay que discutir las formas en cómo se toman algunas decisiones, probablemente. Y un tercer elemento es la forma en cómo el partido se vincula con la sociedad. Porque – incluso – hay cosas totalmente nuevas, que no estaban cuando se creó el Frente Amplio. Por ejemplo: cuando se discutió la última reestructura del Frente Amplio, el Frente Amplio no estaba en el gobierno nacional. Hoy está, ¿si? Lo que decíamos de cómo se comunica la gente; lo que decíamos de cómo se reparte el voto. El Frente Amplio pasó a tener más votos en el Interior que en Montevideo. Eso implica un nivel de dispersión mucho mayor de su electorado, porque antes el Frente Amplio tenía más votos en Montevideo y – por lo tanto – tenía más votos concentrados en una porción relativamente pequeña de su territorio. Hoy el Frente Amplio es mayoría incluso – y esto lo mostró bien la elección de las alcaldías – en sectores rurales. ¡Algo que era impensable hace no tanto, hace diez años! Eso creo que implica todo un desafío sobre cómo se rearma esa estructura. Pero a mi me parece que sería un error pensar que la estructura es la responsable – o las formas de funcionamiento, que son dos cosas un poco diferentes – es la responsable porque se hayan perdido departamentos. Puede ser un factor, pero no creo que sea el único ni el determinante. Ahora, dicho esto, me parece bien que el Frente Amplio haya tomado eso como una “luz amarilla”, como un “llamado de alerta”, para empezar a discutir su adecuación como fuerza política hacia el conjunto de la sociedad, ¿no?

 

- Por estos días se hace una evaluación pública – incluso van a haber actos – sobre los veinticinco años que van del 85 hasta la fecha, o sea, la vuelta a la democracia de la sociedad. En su interpretación, ¿cuál fue el aporte del Frente Amplio en este período?

- Fue muy importante. Me parece que fue importante en términos de construir un sistema de partidos estable. De alguna manera, la creación del Frente Amplio en el 71 y el mantenimiento del Frente Amplio como un protagonista del sistema de partidos, genera que una parte importante de la población se sienta representada a través de una fuerza política nueva. Eso fortalece la democracia. Porque quiere decir que mucha gente que se sentía disconforme con los gobiernos, de todas maneras canalizaba su disconformidad por una vía institucional que es un partido político. Y eso creo que le da estabilidad al sistema democrático en su conjunto. Porque el partido político acepta las reglas de juego del sistema democrático y actúa en ese nivel. Entonces me parece que esa es una contribución clara. Creo que también ha sido una contribución importante el hecho de que – aún en los períodos de crisis más graves que tuvo el país en este cuarto de siglo – el Frente Amplio nunca cuestionó el sistema democrático. Y un buen ejemplo de eso es la crisis del 2002 y hay muchas declaraciones de Tabaré Vázquez en este sentido. Es decir, las instituciones son las instituciones y esto forma parte del sistema democrático. Incluso el Frente Amplio – en algunos casos - votó y – en otros casos – no se opuso a soluciones que eran muy dramáticas en aquel momento. Y creo que – en definitiva – el Frente Amplio le incorporó una cosa que me parece importante para la reafirmación de la democracia, que es la idea de que la democracia tiene conflictos, tiene posturas distintas – los partidos tienen sus matices y son diferentes - pero dirime sus posturas en el marco de reglas de juego que todos aceptan. En ese sentido, me parece que ha sido una contribución importante. También creo que – en el marco de estos veinticinco años – hay que reconocer que los partidos tradicionales uruguayos son profundamente democráticos en su concepción general. Y basta ver lo que son partidos de derecha o centro derecha en otros países y su forma de actuar, para reconocer que los partidos tradicionales uruguayos – y lo digo como frentista – pueden tener construcciones totalmente distintas, pero aceptan y juegan el mismo juego que juegan todos. Y me parece que – en ese sentido – el que ganó fue el sistema en el Uruguay. Porque – de alguna manera – hay un componente de integración, que es muy fuerte y que permite que hoy – en el Uruguay – tengamos una democracia (como dicen algunos teóricos) enraizada. Creo que si uno mira sistemas en otros países, hay raíces relativamente profundas. Uno puede arrancar algo que tiene raíces, pero cuesta mucho más. Y – en ese sentido – me parece que todos los partidos – la izquierda también - pero los partidos tradicionales - sin ninguna duda, pusieron abono a esa planta para que tuviera raíces más profundas. Y creo que eso lo reconoce todo el mundo en estos veinticinco años.

 

- En la concepción frentista de eso que usted acaba de decir, ¿cuánto hay del pensamiento de Seregni?

- Sin duda, hay mucho. Yo creo que Seregni tuvo un rol fundamental en la salida democrática, es decir, en la salida de la dictadura y en la entrada a la democracia. Seregni fue el que – de alguna manera – puso su prestigio personal para tratar de convencer a una parte importante del Frente Amplio de que esa era una alternativa. En ese sentido, me parece que la figura de Seregni es claramente algo cuyo reconocimiento trasciende las fronteras partidarias. Ahí hay algo que queda muy claro: Seregni siempre interpretó – y esto es una discusión muy importante sobre el papel de los liderazgos – lo que el Frente Amplio quería aunque planteó cosas diferentes. La postura de Seregni en el momento de la apertura democrática, quizás no fuera la postura de mayor aceptación dentro del Frente Amplio, pero el Frente Amplio terminó plegándose a esa postura porque hay un tema de debate y consentimiento. Pero también Seregni tuvo posturas diferentes respecto a la Reforma Constitucional, por ejemplo. Y – ahí – el Frente Amplio no se terminó plegando. Pero está esa idea de una persona que – como líder – tiene visiones. Quizás para el Frente fue muy importante, como proyecto político, la postura de Seregni en el año 82, propugnando el voto en blanco como una forma de mantener una bandera. O sea, hay varias cuestiones históricas que están ahí y – sin duda, también – la idea de Seregni como un personaje que marcó el camino en términos del diálogo con otras fuerzas políticas. Seregni no se mimetizó, pero dialogaba. Y eso también creo que es una huella que es importante, porque deja raíces históricas. 

 

- Canzani, ¿queda algo que mis preguntas no hayan recogido y que usted quiera decir?

- Yo creo que signos o señales como para discutir la forma de funcionamiento o la estructura del Frente Amplio, ya los había antes. Los resultados de las elecciones departamentales son como esa “luz amarilla” que dice: “bueno, vamos a discutir”. Pero en realidad, insisto, que si se hace una ligación muy fuerte entre ambas cosas, se corre el riesgo de “entreverar la baraja” de una manera que – para mí – no es la más adecuada. Porque estaríamos simplificando eso y – en algunos lugares – estaríamos simplificando la importancia que tienen las campañas, la importancia que tienen los liderazgos, la importancia que tiene la renovación de la oferta de los partidos tradicionales en algunos departamentos, ¡que es una cuestión bien importante para el propio Frente Amplio, como tal! En ese sentido yo le tengo un poco de miedo a esta asimilación entre decir: “tuvimos estos resultados en mayo y – por lo tanto – tenemos que discutir la forma de funcionamiento y la estructura”. No. Creo que la idea de discutir la forma de funcionamiento y de la estructura es porque la sociedad ha cambiado, porque el Frente Amplio es un partido de gobierno y también por los resultados departamentales y por el voto en blanco, pero no sólo y principalmente por eso.

 

- Pero existe un fenómeno bien particular y es que una fuerza triunfante - no sólo en lo nacional sino en varias zonas del país y en varios departamentos - que llega hasta el gobierno, sin embargo, no está tranquila, no está – espiritualmente – victoriosa. Siente como un malestar. ¿Cuál es – allí - el problema?

- Imaginemos que las cosas se hubieran dado en un orden distinto: que primero hubieran sido las elecciones departamentales, después octubre y después noviembre. ¿Existiría el mismo malestar? Quizás no. Lo que sucede es que la cadencia de los hechos también genera estados de ánimo. Y la última contienda electoral – que fue la municipal – arrojó resultados que están por debajo de las expectativas. ¡Eso todo el mundo lo reconoce! Y – por lo tanto – eso genera un estado de ánimo de mayor preocupación. Yo siempre digo que si uno quiere tomar el momento más crítico en términos de estado de ánimo, toma la noche del último domingo de octubre, donde – en dos horas – se pasa de un estado de ánimo casi eufórico a un estado de ánimo casi depresivo. En algunos canales de televisión se dice: “bueno, no se puede descartar que el Frente Amplio gane en primera vuelta”; “probablemente se aprobó la derogación de la Ley de Caducidad”; (risas) “el otro plebiscito… A las dos horas, no se había aprobado la derogación de la Ley de Caducidad, el otro plebiscito se había perdido con claridad y – encima – todo indicaba que el Frente Amplio – ni siquiera – tenía mayorías parlamentarias. ¡En ese período de un par de horas uno registra dos estados de ánimo totalmente diferentes!

 

Al otro día – a la tarde, cuando ya se veía que el Frente Amplio tenía mayorías parlamentarias – era otra cosa. ¡Y no pasó un día entero entre eso! Entonces, cuando uno hace un análisis de estos hechos, creo que tiene que tomar – cuando puede – cierta perspectiva como para mirarlos. Yo creo que – efectivamente – fue un golpe para el Frente Amplio perder cuatro gobiernos municipales – como perdió, a pesar de que haya ganado uno nuevo – pero tiene que mirarlo desde esa perspectiva. Preguntándose: ¿dónde se perdió?; ¿por cuánto se perdió?; ¿en qué características?; ¿cómo se había ganado antes? Y ahí es donde hay toda una disposición que implica empezar a identificar factores de los cuales uno nunca puede estar seguro. Porque es una discusión sobre hipótesis, no sobre realidades y donde tiene mucho que ver – también – lo que ve la gente en cada lugar. Porque – sin duda – yo insisto en que la discusión de las elecciones departamentales, es una discusión muy abstracta. Son diecinueve elecciones, que pueden tener unas cosas comunes pero pueden tener diferencias importantes. Si uno toma – por ejemplo – una relación de voto entre octubre y noviembre, va a encontrar diferencias importantes. Ahora, esas diferencias, ya existieron entre 2004 y 2005. ¡Pero nos olvidamos todos de eso! El Frente Amplio obtuvo – en el 2004 – más de un 50% de los votos en octubre; en el 2005, ya bajó cerca de 3 puntos en la elección departamental. Eso quiere decir que no es un calco de las elecciones nacionales, que hay otros factores. Bueno, quizás ahora, con el paso del tiempo, empezamos a analizar todo esto y empezamos a aprender de eso y de que – a veces – ciertas simplificaciones nos pueden llevar a equivocarnos. Pero la realidad está para aprender de ella, ¿no?

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