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El arquitecto, más que saber
ciertas cosas lo que sabe es
cómo gestionar ese “saber”
Entrevista al decano de Arquitectura, Gustavo Scheps
El arquitecto Gustavo Scheps desde el
pasado 31 de agosto es el nuevo decano de la
Facultad de Arquitectura (Udelar). Scheps, de 54
años es desde 2005 profesor titular Grado 5 de su
facultad, dirige el “Taller” Scheps que cuenta con
un plantel de cerca de cuarenta docentes y una
inscripción del orden de los cuatrocientos
estudiantes.
Recibe a La ONDA digital en su
soleado y cálido despacho de la planta baja de la
facultad, que hace cuatro meses dirige. Se muestra
entusiasmado con los proyecto de trabajo que piensa
desplegar;“desde el decanato tratamos- de pensar en
las cosas de ida y vuelta. Porque eso también nos
forma a nosotros. No es una cuestión de que nosotros
sabemos mucho y vamos a enseñarles a los ignorantes.
¡Todo lo contrario! Nosotros – en realidad – sabemos
de algunas cosas pero queremos saber más y – para
eso – precisamos escuchar el retorno del efecto de
lo que nosotros producimos.
En esa dirección es que nos estamos
manejando, tanto en el mundo académico – por decirlo
de alguna manera – como en el mundo de la sociedad
en general, local e internacional”. La que sigue son
los tramos fundamentales de ese diálogo.

- ¿Al llegar al
decanato, cómo encontró la Facultad de Arquitectura?
- La Facultad está
muy bien. Recientemente la Facultad se acreditó por
seis años – o sea, acreditó lo que puede acreditar
la carrera de Arquitectura - en el criterio
Arcusur- Mercosur, que es un logro
extraordinario para la Facultad. Es un
reconocimiento internacional que nos ubica en el más
alto nivel de la región. Y eso es producto del
trabajo de todos nosotros como docentes, de todos
los estudiantes, de todos los funcionarios y fue
también el producto de toda la gestión del decanato
anterior – Schelotto – que tuvo que hacer un inmenso
esfuerzo para ordenar toda la información, para
gestionar la acreditación. Es algo que nos llena de
orgullo – en realidad – fue la primer carrera,
aunque no es la única carrera uruguaya acreditada
dentro de la Udelar – pero es la primera que
acreditó en el sistema formalmente final, o sea, el
Arcusur. Las otras eran experimentales, por eso esta
tiene un mérito muy alto. Hay otras ahora ya dentro
de la Udelar pero, de arquitectura, es la única
carrera acreditada – por ahora - en el país.
Lo menciono porque es un standard objetivo externo,
es decir – porque yo puedo batirme el parche y decir
que la Facultad tiene un prestigio internacional,
cosa que es verdad – pero eso es un dato objetivo. A
tal punto está bien, que nos estamos permitiendo dar
saltos cualitativos. Nuestro problema – a esta
altura – no es recomponer, sino estar en un buen
plano y plantearnos crecimientos académicos, humanos
y de inserción cultural. Esa es la situación de la
Facultad.
- Este organismo de
acreditación, ¿pertenece al MERCOSUR?
- Si, sí
- ¿Es por lo pasado
de la Facultad o es por lo que pueden generar de
futuro?
- Es una valoración
general. Incluye todo. Básicamente ellos miden cómo
hacemos lo que decimos que hacemos. Es como, digamos
– por simplificarlo – una especie de control de
calidad, que asegura que lo que nosotros hacemos,
tiene un standard. Y eso incluye la retrospectiva,
incluye la historia de esta Facultad, cómo viene
haciéndolo, incluye su infraestructura, incluye sus
planes e incluye su autocrítica. Incluye también la
lectura de cuáles son nuestras debilidades.
- ¿Van a ser
testeados regularmente?
- Sí, de hecho
tuvimos la acreditación por seis años. Vamos a
trabajar por perfeccionarla, porque toda
acreditación incluye observaciones. En este caso no
la invalidaron, pero son muy buenos apoyos como para
ir para adelante y perfeccionarlo.
- De esto va a quedar
constancia en el currículo de los egresados?
- Sí, claro. Es una
distinción importante.
- ¿Cuántos alumnos
tiene su Facultad?
- Seis mil
quinientos, activos. Eso quiere decir estudiantes
que han dado un examen en los últimos dos años. De
hecho tenemos tres mil quinientos que están haciendo
“proyecto” en este momento.
- ¿Ha habido aumento
de la matrícula?
- Sí, hubo un aumento
vertiginoso a la salida de la dictadura, pero en los
últimos años se ha estabilizado el ingreso. En los
últimos años está en el entorno de los quinientos, o
sea, entre cuatrocientos cincuenta y quinientos
cincuenta. Ahora se han abierto nuevas carreras, de
manera que estamos teniendo inscripciones para
“Licenciatura de Paisaje” y “Licenciatura en
Comunicación Visual”. En estos días, el Centro de
Diseño Industrial, se integra – como Escuela – a
nuestra Facultad. Esos estudiantes – de hecho –
también son estudiantes de la Facultad. Por lo tanto
va a haber un incremento que – en realidad – es de
agregación. No es que ingresen más a la Facultad a
hacer la carrera de Arquitectura.
- ¿Cómo es la
relación de ingresos y egresos, como profesionales?
- Se reciben –
aproximadamente – trescientos estudiantes por año.
- ¿Si nos mediamos
con la región?
Es normal y eso fue
evaluado al ingresar a Arcosur, Si hubiese sido muy
malo, no nos hubiesen acreditado
- Y por lo tanto, el
razonamiento de que en el Uruguay las Facultades de
la Udelar – en general – tienen bajos egresos, ¿no
comprendería a Arquitectura?
- Estamos en las
medias. Lo de “bajo” o “alto”, depende del criterio
con que se mida. Si decimos que entran 450 o 500 y
salen 300, es una relación razonable.
- ¿Desde su decanato
cual es el perfil que desea o quiere que los
egresados de esta Facultad tengan?
- Esto en realidad,
es la Universidad de la República, de manera que –
lo primero que hay que contestar - es que tiene que
ser un individuo con capacidad crítica y propositiva.
Es decir, esto no es la enseñanza de una técnica,
por decirlo de alguna forma. Es desarrollar la
capacidad de pensar y de pensar apoyado en una
sólida formación técnica, que le permita intervenir
en lo inmediato. Pero lo que hay que tener claro es
que todo cambia y cambia cada vez más rápido, y hay
que adaptarse. Y cuando digo que todo cambia, cambia
la tecnología pero – sobre todo – cambia el contexto
cultural y hay que saber incorporarse a los nuevos
contextos culturales. Hay que saber leerlos y hay
que saber aportar en ellos. Y esto de aportar, no es
poca cosa. Es decir, quien sale de acá, debe salir
con una formación ética. Nosotros nos formamos
gratuitamente, porque el pueblo, la población, nos
sostiene. De manera que nuestra principal conducta
debería ser la de reponer esa confianza y ese
crédito que nos han dado. Es decir, lo que yo deseo
es que sea un individuo con capacidad crítica, con
una sólida formación ética y con una sólida
formación técnica que – en lo inmediato – le permita
seguir, pero – además – con una formación que le
permita entender que tiene que seguir formándose.
Esto puede sonar un poco a retórica, pero no lo es.
Es lo que – realmente – creo yo que debería ocurrir
acá. ¡Me horrorizaría pensar que sale alguien que se
cree que sabe todo lo que hay que saber y venderle a
la gente que estamos formando el profesional que la
sociedad precisa! Eso sería – para mí – contradecir
los principios básicos de lo que tenemos que hacer.
Nosotros no tenemos que poner un técnico único,
tenemos que poner una cabeza inteligente y útil a
largo plazo. A inmediato, a corto plazo y a largo
plazo.
- En función de este
proyecto que se propone desde el decanato, ¿cómo
están los programas actualmente?
- Los programas
tienden a eso. En lo personal, creo que el Plan
tiene que ser revisado. Ya tiene una actualización –
estamos trabajando en un Plan 2002 – creo que es
hora y – de hecho – el Consejo de la Facultad votó
la revisión de ese Plan y, seguramente, vamos a
estar trabajando fuerte sobre el mismo en muy corto
plazo. Uno de los problemas que nosotros estamos
enfrentando, que este Plan corrigió mucho, pero no
del todo, es la duración de la carrera. El Plan éste
acortó la duración de la carrera sustancialmente,
pero no lo suficiente. Ese es un problema que
tendríamos nosotros que evaluar. Y – por otro lado –
hay algo que tiene que ver con lo que yo decía al
principio. El arquitecto es un individuo que su
capacidad mayor, su singularidad mayor, la
especificidad disciplinar, radica en que ve el mundo
de determinada manera y es capaz de pensarlo de
determinada manera, más que saber ciertas cosas. Lo
que sabe es cómo gestionar ese “saber” que tiene.
Entonces eso implica – por ejemplo – sistemas
integradores en las materias. Y ese es un punto que
nosotros tenemos que perfeccionar. Por ahora, las
materias y los cursos, trabajan un poco a la manera
tradicional: son como autosuficientes. Tenemos que
perfeccionar los espacios de intercambio.
-¿A cuánto sería lo
ideal llevar el tiempo de la carrera?
- Y… 6 años, como
máximo.
- En este momento
está en 8…
- Sí, 8 o 9. Es
difícil decirlo, porque estamos promediando gente
que está con el Plan viejo. Además, también hay que
entender que una cosa es tener una Facultad con 200
alumnos, gente dedicada y demás - como suele ocurrir
en muchas otras facultades – y otra cosa es tener
una población de 6.500, donde hay gente que se
mantiene como activa pero que – en realidad – está
haciendo la carrera al ritmo que puede. Trabajando,
con su familia, etc. Los promedios nos crecen. Ahora
estamos estudiando y siguiendo los avances por
ingreso.
- ¿Cuál es la
realidad de los docentes? ¿Tienen los docentes
suficientes? ¿La estructura docente es la adecuada
para ese proyecto que usted nos comentaba?
- Tenemos docentes
suficientes y de una altísima calificación. Yo creo
que es un motivo de orgullo de la Facultad, la
altísima calificación profesional. Porque además, la
nuestra es una carrera que requiere de práctica
profesional. O sea, un arquitecto investiga,
proyectando e investiga investigando,
específicamente. Precisa la mezcla de las dos: de
las altas dedicaciones y del arquitecto que
practica. Es decir, eso es lo que genera… Y – en ese
sentido – la Facultad está muy bien. Hay muchos
arquitectos de práctica, de altísimo nivel y muy
jóvenes.
- La remuneración,
¿es la adecuada?
- La remuneración es
baja. Es decir, la Universidad ha logrado
perfeccionar y levantar los cargos de “alta
dedicación” – por ejemplo – o “dedicaciones
totales”. Esos son sueldos razonables, incluso a
nivel regional. No es que sea extraordinario. Pero
lo que yo decía, de que en realidad precisan un
arquitecto con práctica, hace que ese individuo no
pueda tener altísimas dedicaciones horarias.
Entonces eso hace que las remuneraciones de un
docente con 16 horas – que es un docente normal de
Taller – no sean buenas. La gente que está acá,
convengamos que ha mejorado notablemente. En este
gobierno mejoró notablemente la situación de la
Universidad. Pero – yo diría – que aún falta para
poder tener la tranquilidad de que el docente, más
allá del cariño y del interés y del retorno que
tiene – porque enseñar, forma – también sea un
incentivo económico para esa capa de docentes que no
tiene altas dedicaciones y que no puede tenerlas y –
me animaría a decir – que no “debe” tenerlas.
- Usted ha dicho que
se van a incorporar a la Facultad otras disciplinas,
o ya – en algún caso – se han incorporado. ¿Eso
significa que la Facultad tiene otras opciones o las
tenía la sociedad y – ahora – se las han agregado a
la Facultad de Arquitectura?
- Bueno, sí, hay algo
de las dos cosas. Por un lado hay iniciativas que
han surgido del ámbito de la Universidad, que tienen
que ver – por ejemplo – con la creación de la
“Licenciatura de Paisaje” que está radicada en
Maldonado, por lo que se alinea con una política de
la Universidad de radicarse en el Interior con mucha
fuerza. Esta fue una decisión de la Universidad en
términos – además – de que también es innovador,
porque es una licenciatura que damos junto con la
Facultad de Agronomía. Por otro lado tenemos la
“Licenciatura de Comunicación Visual” - que es una
iniciativa también de la Udelar – que surge de la
unión de nuestro Instituto de Diseño – de la
Facultad de Arquitectura - y la Escuela Nacional de
Bellas Artes. Luego tenemos iniciativas que estamos
nosotros mismos manejando, particularmente para la
Regional Norte, Salto que – por ahora – lo dejamos
ahí. Y tenemos algo de lo que usted decía, que fue
que el Ministerio de Educación y Cultura transfiere
a la Universidad de la República y – dentro de la
Universidad de la República, a la Facultad de
Arquitectura – el Centro de Diseño, que entra con el
formato de “Escuela”. Eso – podríamos decir – era un
ámbito de formación que la sociedad tenía y que lo
incorporamos nosotros. Los otros son creaciones,
detectar la necesidad y generar una respuesta desde
nuestro propio ámbito.
-
Esto de la “Escuela de Diseño”, ¿ayuda o complica?
- Conceptualmente,
teóricamente e intelectualmente, ayuda. Es un
estímulo muy grande. Creo yo que deberíamos tener la
inteligencia – y estamos trabajando en eso – de
generar una sinergia muy positiva entre todos
nosotros. Instrumentalmente, ¡ni qué hablar que nos
complica! Y nos complica porque ellos tienen un
formato que no es estrictamente consistente con la
lógica universitaria, a la cual habrá que adaptarlo,
sin quitarle la especificidad, el perfil y la
calidad disciplinar que tienen.
- ¿Va a funcionar en
este edificio?
- No – por ahora – va
a seguir funcionando donde estaba. Me cuesta un poco
hablar de ellos sin nosotros, porque ahora somos
ellos y nosotros.
- ¿Es un instancia
que depende de este decanato?
- Sí, sí. El formato
de “Escuela” implica que el Consejo de la Facultad
de Arquitectura es el organismo superior, el Decano
de Arquitectura es quien lo dirige. Pero ellos
tienen el Director, un Consejo Directivo y un
Claustro propio que se ocupa de deliberar acerca de
los asuntos académicos.
- Ya que estamos
hablando de distintas en el Interior. ¿Cuál es su
opinión sobre este debate que se ha iniciado sobre
la necesidad de nuevas universidades, que incluiría
nuevas Facultades - en este caso – en el Interior
del país?
- Yo creo que el
debate debe centrarse en la necesidad de que
el Interior del país tenga formación universitaria,
tenga un acceso fácil y fluido a la formación
universitaria. El debate no tiene que pasar por si
hay nuevas universidades, sino que hay que ver cuál
es la manera más eficiente de solucionar el problema
de fondo que es – precisamente ese – el de
democratizar, por decirlo de alguna manera, el
acceso. Porque no sólo es una cuestión de favorecer
a algunas personas que no tienen acceso, sino de
favorecer al país, aumentar el nivel de formación
del país. La realidad es que la Universidad ya está
en el Interior. La Universidad ya tiene 85 – más o
menos – cargos de “alta dedicación” o “dedicación
total”, designados para el Interior. Ya tiene la
Regional Norte, tiene todas las instalaciones de
Agronomía en el Interior, está por construir el
edificio del CURE en Maldonado, está por construir
el edificio del CURE en Rocha – el año que viene se
empieza todo eso – ya está dando cursos en Rivera,
está por inaugurar trabajos en Tacuarembó. Por otra
parte, la Universidad ya está en curso de realizar
su Ley Orgánica y de revisar sus modelos de gestión.
Es decir, la Universidad ya se anticipó porque ya
empezó a radicarse en el Interior.
Y no ahora, no ayer,
sino que empezó hace ya largo tiempo. Es
preocupación de este Rectorado, particularmente el
Dr. Gregorio Randall, que es el que está encargado
del Interior y es una persona sumamente capaz,
inteligente e inquieta. ¿Cuál va a ser la estrategia
más adecuada? Habrá que ver, pero la Universidad ya
avanzó mucho. Creo que ya tiene mucho sembrado y –
seguramente – sea una de las posibilidades primeras
que hay que consultar para ver como se genera esa
invasión del conocimiento hacia el Interior.
- Parecería que los
políticos no le creen a la Universidad esto, o no lo
perciben, porque todo el espectro político habla de
la necesidad de la “creación” de otra Universidad en
el Interior, ¿no?
-
Es
que – a veces – el problema se desdibuja, lo cual
hace muy difícil resolverlo. Porque yo creo que de
lo que hay que hablar es del conocimiento
universitario en el Interior. Poner un modelo
antes que el problema, es un error de pensamiento
porque – además – condiciona el propio pensamiento.
Si yo me pregunto ¿cuál es la mejor manera de
perfeccionar la formación superior en el Interior?,
es una cosa. Si parto de la idea de que –
necesariamente – tengo que tomar la solución A o B,
es otra. O entonces me voy a preguntar, cómo hacer
para que la solución A o B de respuesta al problema.
En realidad – si yo pienso con libertad –
digo: a ver, ¿cuál es el escenario real? El
escenario real es el que digo: tenemos 85 docentes
con “dedicación total” y de los cuales 8 o 10, es
gente que está viniendo del exterior, del más alto
nivel de formación en el exterior, que viene a
trabajar en este proyecto. Es decir, no estamos
hablando de que se va alguno y más o menos… ¡Son al
tipo del más alto nivel que están radicándose en el
Interior! No estamos empezando un proyecto: “a ver
cómo hacemos para generar una Universidad”. Estamos
diciendo que tenemos una radicación del más alto
nivel, que tenemos infraestructura y que estamos
trabajando en eso. Que lo crean o no lo crean, no lo
sé. Yo creo que es cuestión de hablar y de darse
cuenta de cuáles son las realidades. Lo digo –
además – como recién llegado al mundo del gobierno
universitario. Es decir, yo lo he leído en los tres
meses que tengo de Decano y los dos meses que estoy
yendo al Consejo Directivo Central y las noticias
que tengo de toda esta historia. Nuestro esfuerzo –
por ejemplo en Salto – es de encontrar una lógica
propia de Salto, adecuada, romper modelos que –
históricamente, de pronto - se han insertado con un
resultado no demasiado alentador.
- ¿Allí qué se
enseñaría toda la carrera o solo una parte?
- La idea que
nosotros estamos impulsando es que en Salto haya una
formación completa, una titulación, de que no sea
una titulación que se pueda obtener en otro lugar.
Es decir, allí se obtendrían títulos que no se
obtienen en Montevideo. Pero que – además – esa
formación permita venir a Montevideo y enganchar en
la carrera de Arquitectura – si así lo desea el
estudiante – avanzada la carrera, es decir, no se
pierde tiempo – por decirlo de alguna manera. Y no
sólo eso, sino que se viene desde el Interior con un
título, con una manera de ganarse la vida, de
trabajar. Entonces, la idea es crear un polo de
conocimiento en Salto, único, un polo real, un polo
regional, apoyar esa formación, que sea – repito –
autosuficiente y que tenga interés nacional. Es
decir, que un individuo que viva en otro
departamento y que quiera estudiar determinada cosa,
tenga que ir a Salto, que no pueda venir a
Montevideo. Lo cual es absolutamente razonable.
Porque – por ejemplo – hoy se daría de quien quiere
estudiar Arquitectura, lógicamente se va a venir a
Montevideo, no se va a ir a Salto, salvo que sea
salteño, sanducero o vecino. Porque – en realidad –
tiene que hacer un doble traslado.
- No serían – para
decirlo en pocas palabras – arquitectos de 2ª
categoría. Sería otro tipo…
- No, no. Es una
titulación, una titulación - pongamos por caso - una
Licenciatura, que les permite desarrollar
determinado ámbito de trabajo, muy vinculado al
“País Productivo” y demás, pero que – en realidad –
además de todo, es una formación convalidada por la
Facultad de Arquitectura para seguir la carrera de
Arquitectura, si lo que quiere es hacer
Arquitectura. Podría terminar la carrera como
cualquier otro estudiante que empezara en
Montevideo. La diferencia es que allá se obtendría
una formación particular y propia, única. Creo que
es un concepto, además, que se alinea con la lógica
de la Universidad de la República. Trabajaríamos en
conjunto con el Polo Regional Noroeste, donde ya
está instalada Ingeniería, Agronomía, Veterinaria.
Es decir, ya hay una riqueza enorme – también –
propia de Salto en Arquitectura, en investigaciones
tecnológicas particulares, en investigaciones
teóricas e históricas. ¡Hay gente de muy alto valor
en Salto!, ya haciendo cosas y publicando, incluso.
- Al principio de
este diálogo, algunas pautas describía, pero - ¿debe
haber un arquitecto en el Uruguay para una
“arquitectura uruguaya”?
- Bueno, esa es una
eterna discusión, ¿no? Yo lo que decía – al
principio – es que debe haber un individuo
crítico, lo cual supone que debe poder leer la
realidad y aportar en esa realidad. Lo que
quiere decir: una actitud de mente amplia. Yo no
creo en que haya una única versión de la
arquitectura pertinente, ¿no? O sea, no está
escrito, no hay un dogma. La capacidad crítica es la
de generar esa arquitectura pertinente en cada
momento, o reformularla, o reescribirla, o generar
“las arquitecturas pertinentes”. Entonces – en ese
sentido – la arquitectura uruguaya, en un mundo
global, se nutre del mundo global. Si somos
suficientemente críticos, perceptivos e interesantes
e inteligentes, lograremos generar una arquitectura
nuestra, que no sea réplica mecánica ni transmisión
de recetas. Pésimo – desde todo punto de vista - si
estamos incorporando cuestiones solamente por la
cuestión epidérmica, por la seducción de una imagen.
Pero, ya digo, no creo que haya una “arquitectura
uruguaya”, así, en términos de reivindicación
cultural absoluta.
- ¿Este razonamiento
debería incluir a esos futuros profesionales
formados en el Interior?
-
Yo
creo que eso es lo que diferencia una Institución
como la Universidad de la República, de muchas
otras. Es decir, en definitiva, nosotros estamos en
la obligación de generar este tipo de educación: una
educación que lleve a la reflexión y que lleve a
devolver a la sociedad desde este punto de vista,
con responsabilidad y con ética.
- ¿Cómo es la
relación de la Facultad con la industria, con la
tecnología uruguaya, con las empresas?
- La relación de la
Facultad es buena, pero debe ser mucho mejor. Ese es
uno de los temas que – a partir de la buena
situación en que estamos – vamos a perfeccionar, la
relación con el “País Productivo” en todos los
sentidos. Yo hoy hablaba de “País Productivo” en
términos más convencionales. Pero con la industria
de la construcción la relación es fluida, desde el
punto de vista de que les abrimos nuestra casa para
que haya presentaciones y todo lo demás. También
hacemos determinado tipo de trabajos de
investigación en vinculación con ellos. Pero
nosotros queremos ir mucho más fuerte con eso, es
decir, para la Facultad es muy importante trabajar
en el campo – por ejemplo – de la investigación,
trabajar en el campo de la extensión, lograr que
nuestros estudiantes investiguen y hagan trabajos y
pasantías en la industria de la construcción. Hablo
de la industria de la construcción en toda, desde la
obra hasta la producción de componentes
constructivos y demás. También es importante que la
industria entienda que nosotros podemos aportar en
muchas dimensiones, no sólo técnicas sino también
culturales. No es exactamente lo mismo, pero estamos
haciendo trabajos – por ejemplo – con relación al
Banco República. De hecho se hicieron las Bases de
un Concurso para su Sede Central y fueron Bases
reconocidas, unánimemente, por su calidad. Porque
fueron Bases que no atendieron exclusivamente
aspectos descriptivos (tantos metros cuadrados,
etc.), sino que incluyeron la dimensión histórica,
la dimensión tecnológica, la preocupación por la
cuestión medio-ambiental. Cuando trabajamos con las
instituciones, somos capaces de dar visiones que no
las puede dar otra disciplina. Y ahí es que volvemos
a lo del principio: culturalmente no estamos bien
inscriptos y no se nos lee con la capacidad que
tenemos de generar ideas y campos de pensamiento que
no están presentes normalmente. Nosotros tenemos esa
facultad y esa capacidad, de asociar cosas y de
encontrar – en esa asociación de cosas – dimensiones
insospechadas, explorables, por nosotros o por
otros.
- ¿ANCAP los consulta
por el cemento portland?
- Sí, se le han hecho
trabajos técnicos. Pero también nos consultan – y
eso es interesante - por alguna cuestión de una
reconversión de algunos edificios, que ellos están
planteándose con relación a edificios que están
cerca de la Planta, inscriptos en el polígono y que
– en realidad – son de valor histórico, que a ellos
les interesa ligarlos al barrio, culturalmente, que
tienen que ver con la historia del Uruguay. Entonces
ahí estamos metiendo al Instituto de la Construcción
y al Instituto de Historia y – a su vez – estamos
tratando de hacer un nexo con la Facultad de
Humanidades.
- Yo me refería más a
lo técnico…
- Sí, sí, pero yo se
lo menciono porque están las dos cosas mezcladas
…porque por ahí,
están fabricando un cemento que a ustedes no les
interesa, que no encaja con los diseños que ustedes
prevén, cosas de este tipo…
- Es decir, hay cosas
que las hace la Facultad de Ingeniería, que las hace
históricamente y las hace muy bien. Y también
nosotros tenemos acá gente que tiene que ver con la
cuestión del cemento, con ANCAP y fuera de ANCAP.
- Hay un cierto
conflicto latente con Ingeniería, ¿no? Hay áreas que
se cruzan.
- Yo creo que esa
dicotomía se está salvando, culturalmente, se está
salvando. Es decir, Ingeniería – además – no es una
sola cosa, en Ingeniería tenemos unos parientes muy
cercanos que son los ingenieros civiles, que
trabajan habitualmente con nosotros en la definición
estructural y demás, pero hay muchas otras ramas:
electrónica, mecánicas de estudio y demás. No, yo
creo que se está salvando. De hecho tenemos muchos
proyectos conjuntos con la Facultad de Ingeniería y
yo mismo trabajé como arquitecto de la Dirección
Arquitectura – durante muchos años – en la Facultad
de Ingeniería. Así que tengo la mejor relación con
los ingenieros.
- Decano, ya que
estamos en esto de las áreas más técnicas, ¿cómo es
la relación de ustedes con el tema de la vivienda en
el Uruguay?. ¿En que medida están involucrados en la
solución de este problema?
- Nosotros deberíamos
hacer más de lo que venimos haciendo y es uno de los
propósitos que tenemos. De hecho, nosotros estamos
trabajando, formalmente vinculados – por ejemplo –
al Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial
y Medio Ambiente, en algunos proyectos. En este
momento – por ejemplo – estamos haciendo un estudio
– que es el primero de una serie – que tiene que ver
con un conjunto habitacional que tiene problemas de
tipo constructivo y también sociológico, en Fray
Bentos. Vamos a seguir en esa línea, de evaluar, de
plantear soluciones o de sugerir líneas de acción.
Tenemos incluida en nuestra Facultad, una Unidad de
Producción de Vivienda que – de alguna manera –
analiza y es quien maneja todas estas cuestiones.
Vamos a organizar – este año – cuestiones que tienen
que ver con la vivienda con invitados extranjeros,
va a haber una presencia de una red internacional de
vivienda que va a tratar el tema de la gestión –
particularmente – de los sectores de bajos recursos.
Cuento todo esto de nuevo, como para decir que no
estamos en cero. Una preocupación de nosotros – como
Decanato – es tratar de dar fuerza a cuestiones que
están dispersas y – a partir de ahí – construir
estructuras más sólidas. Entonces, lo que estamos
procurando es tener una mayor participación crítica
y propositiva en el medio. Crítica, en el buen
sentido, o sea, de apostar, no de estar criticando
negativamente lo que se está haciendo. Hay
iniciativas – por ejemplo, como “Un Techo para mi
País” – que son iniciativas bien intencionadas pero
– a mi juicio – equivocadas en la solución que se
está planteando.
- Pero esa es una
iniciativa de un grupo de gente.
- Exacto, que no
critico en esos términos, pero lo que quiero decir
es que nosotros tenemos que tener iniciativas más
fuertes, hacer más visibles iniciativas de ese tipo.
Creo que estamos en condiciones de hacerlo y creo
que lo vamos a hacer.
- ¿O el Estado no les
da muchas posibilidades?
- Lo que pasa es que
hay que olvidarse de estar esperando,
por varias cosas. Como una actitud ética. Creo que
los universitarios no podemos estar esperando que
nos vengan a buscar y – además – por esto que decía
hoy de que, en la medida que hay un desdibujarse de
la arquitectura del medio cultural, también hay una
pérdida de darse cuenta que esto es un problema de
Arquitectura. Por ejemplo, si hablamos de salud,
normalmente están hablando de la salud en términos
de la atención, del hospital, de esto y de lo otro.
Pero la salud involucra lo arquitectónico, involucra
lo urbano, involucra el contexto, involucra lo
habitacional, involucra la calidad de los locales
donde estamos. Porque es la salud física que tiene
que ver con todo eso, pero también la salud
sicológica: el confort, el agrado, el sentirse
incorporado a un ámbito. Entonces bueno, por
ejemplo, esa idea de salud, en la cual la
arquitectura no entra, es una cosa que nosotros
tenemos que reivindicar. Hemos planteado cosas como,
por ejemplo, que la Facultad estuvo abierta - por
primera vez en la historia - en la “Noche de los
Museos”. Y puede parecer una cosa lateral, pero
bueno, la Facultad se abrió, mostró lo que hace,
puso espectáculos, vino gente del barrio. Empezamos
como a recoser una relación de la cultura con la
disciplina “Arquitectura”, con los ámbitos físicos,
con los estudiantes de Arquitectura, con nuestro
personal de Arquitectura, con los arquitectos. Y
todo eso Simón lo vio y le pareció bien y nos abrió
las puertas del apoyo que nos pudieran dar. Pero ya,
que alguien escuche, en ese nivel, implica que – en
determinado momento – van a tener en cuenta lo que
estamos planteándonos.
-
Como profesional de la arquitectura, ¿cuál es – a su
entender – la salud arquitectónica de Montevideo?
- Creo que hay muchos
estados. O sea, normalmente suele asociarse la
arquitectura al nivel de producción arquitectónica
más vistoso, por decirlo de alguna forma: los
edificios que se construyen, las casas. En ese
sentido yo creo que está bien, o sea, la media – lo
que decía hoy – es muy buena y, en general, está
bien. Es más preocupante cuando uno va a los lugares
donde la arquitectura no llega o no llega tanto,
¿no? Donde – verdaderamente - la periferia u otras
zonas, que han generado determinadas construcciones
que no es una situación que se pueda evaluar
positivamente. Es decir, no estoy negando la
capacidad de cada persona de generar su lugar. Cada
persona genera su lugar, su espacio y su afecto.
Pero, cuando faltan los recursos técnicos, cuando
falta el dinero y cuando falta la capacidad de darse
cuenta – siquiera – que hay una profesión formada,
que puede ayudar, incluso a abaratar las cosas…
¡Está la idea de que el arquitecto es un tipo caro,
un despilfarrador, un soñador! Todo eso es una
construcción cultural que no es real, pero que hace
que mucha gente piense cinco veces antes de ir a ver
a un arquitecto. Y eso genera – muchas veces –
situaciones incomprensibles, cosas que uno encuentra
y mira y dice: “pero y porqué se rompió tal cosa”,
“porqué se hizo tan mal esto que se podía haber
hecho mejor”, “porqué se rompió”, “porqué se tiraron
abajo estos árboles”. O sea, hablo de Arquitectura
en su más grande acepción, aquella que incluye los
espacios urbanos y las habitaciones ya más
concretas. Ahí es donde es discutible. Yo achaco eso
también a esa falta de cultura arquitectónica de la
que hablaba antes, que llega – por ejemplo – a no
darse cuenta del mérito de un espacio que es
lindísimo, sin ser notable, sin estar en ningún
libro, pero que – bueno – que es un espacio hermoso
y – sin embargo – se lo “arrasa”. Porque molesta un
árbol, o porque lo pinto de determinada forma, o
porque…
- Jurídicamente, es
el Estado el que se encarga de ordenar todo eso, su
observación no está dirigida al Estado…
- El Estado es el
marco normativo, pero no hay marco normativo que
sirva si no es de la convicción cultural. Es decir,
las leyes - de alguna manera – son indicadores de
pautas de conducta pero, si finalmente quien hace la
cosa – o sea, la persona, yo, cuando estoy en la
calle – infrinjo una norma, cualquiera que sea, es
mi responsabilidad. En todo caso yo creo que la
responsabilidad del Estado está en darle – a toda la
gente – la oportunidad de poder decidir con
fundamento. Muchas veces el hecho de arrasar una
buena pieza de arquitectura – buena en el más
profundo sentido, no – insisto – porque esté
registrada en el patrimonio, buena porque es buena –
arrasarla sin fundamento, no es por maldad ni por
mala intención sino, simplemente, por
desconocimiento. Entonces bueno, creo que ahí es
donde de pronto sí podemos decir que en lo
esculturalmente deberíamos hacer más fuerza.
- ¿Montevideo parece
no tener historia en arquitectura? Cada generación
viene y destruye y construye otra casa.
- Podría decirse.
Tiene la historia implícita que es la propia ciudad,
que es una matriz que nos forma pero – también – es
una historia que hay que aprender a leer.
- Por ejemplo – la
rambla de Montevideo, de hace 30 años para acá, ya
es otra. O sea que, lo que hizo la generación de
principio del siglo XX, sólo se puede enseñar por
fotos.
- Sí, sí. Yo tampoco
soy enemigo del cambio, ¡eh! O sea, creo que la
rambla de Montevideo fue hermosa hasta los años 30,
40. En diez años cambió y se convirtió en una joya.
Yo soy de los que piensan que la rambla de Pocitos
¡es una maravilla! Y pienso que es una maravilla
incomprendida. Cuando uno mira las atrocidades que
le hacen a excelentes edificios, que son excelentes
a nivel mundial – porque no es un problema de que
uno diga para “batirse el parche” “¡ah, qué buena
arquitectura! No, no, ¡son excelentes! Y uno ve las
cosas que se hacen y ve que es gente de alto nivel
económico, entonces – la única explicación que tiene
es que esta persona no sabe lo que tiene adelante.
Hay un clásico ejemplo: si tengo un cuadro de Torres
García, no se me ocurre borrarle una cosa que no me
gusta. Bueno, es un ejemplo un poco raro, un poco
inexacto, pero hay algo de eso: tengo una preciosa
obra de arquitectura y la destrozo. Ahora, no es
porque desconozca su valor material, sé lo que vale,
sé lo que pagué y lo pude pagar. La destrozo porque
soy insensible a la cualidad magnífica de esa pieza,
o bueno, o respetable. No tiene porqué ser – insisto
– de catálogo.
- ¿Como está parada
la arquitectura de Montevideo a la Luz del debate
medioambiental?.
- El paradigma de la
sensibilidad medioambiental, se está construyendo. Y
– de nuevo – yo soy bastante enemigo de las recetas,
es decir, parece tenderse a una normalización en el
mundo que dice: “tales cosas cumplen con las
cuestiones medioambientales y tales cosas, no”. Le
tengo mucha desconfianza a esa receta global, porque
las colegas medioambientales deberían ser sensibles
a la diferenciación geográfica, a la particularidad
cultural. Entonces, es difícil el “check list”,
¿no?, decir: “esto cumple, cumple, cumple, no
cumple, cumple, cumple, no cumple”. Montevideo –
comparativamente – tiene una gran cantidad de
beneficios y virtudes. No soy un especialista en el
tema – me apuro a decirlo – pero comparativamente –
por ejemplo, las calles que la gente tanto aborrece
y yo sigo sin comprender porqué – porque son lo que
hacen de Montevideo lo que es – una ciudad
agradable, sombría en verano, soleada en invierno,
contiene las emisiones de monóxido de carbono, en
fin, los ultravioletas, refresca la ciudad. Un tema
– por ejemplo – en esos “check list” que tienen en
cuenta, es cuánto verde hay en un predio. Luego
tenemos el mar, que es una cuestión que – de alguna
manera – beneficia. Tenemos emisiones incontroladas,
tenemos polución sonora, tenemos consumo energético
que se trata de racionalizar, pero no es lo más
racional. Es decir, yo creo que no está en peor
situación que el resto del mundo y – de nuevo –
tenemos ventajas comparativas muy grandes, que
podrían hacer de esta ciudad, una ciudad
extraordinaria en ese sentido. Yo repito lo que me
parece más importante: la cuestión de entender el
problema medioambiental está en curso, se está
construyendo y – por ahora – hay como una especie de
opinión disgregada. Se opina aquí y allá, en
distintos ámbitos de la cultura y – muchas veces –
lo que se dice, no termina de cerrar en sí mismo.
Pero es un problema que estamos abordando y que –
seguramente – va a impactar, poderosamente, en la
arquitectura.
- ¿El tema esta
incorporado en la formación de los arquitectos?
- Es preocupación de
los arquitectos en formación y – ya digo – creo que
tenemos que aportar a la construcción de ese
paradigma. Porque también se puede caer en la
exageración, en la cuestión más demostrativa que
real y uno ve cosas en ese sentido.
- Usted dijo que
habían hecho una experiencia con abrir la Facultad
en la “Noche de los Museos”. ¿Cómo fue la respuesta?
- Hubo buena
respuesta. Hubo mucha gente de la Facultad – un poco
atraída por lo “nuevo” de eso – y hubo mucha gente
que entró a la Facultad que no eran de la Facultad.
Gente de edad mayor que la normal de acá. Fue lindo.
No tuvimos una difusión masiva, aunque estuvo en las
Agendas y demás, pero fue una muy buena experiencia.
Y agrego a eso otra experiencia también original:
anoche tuvimos la “Noche de los Fallos”. La Facultad
tiene nueve Talleres y los Talleres daban sus fallos
en días diferentes. Bueno, nosotros coordinamos
todos los fallos - por primera vez en toda la
historia de la Facultad - todos los Talleres dieron
todos los fallos a la vez. Y también se sumaron
muchas cátedras y – después – hicimos un espectáculo
con un grupo de música, que tocó en el estanque y
¡fue una fiesta formidable! ¡Bastaba ver las caras
de la gente! ¡La importancia de encontrarse! La
importancia que tuvo que hubiera dos mil estudiantes
en la Facultad, todos juntos, visitando lo que
habían hecho los otros, esa alegría encontrada, esa
doble cosa. Lo comento porque es la posibilidad de
encontrarse acá, como manera de fortalecer la
identidad del estudiante y el afecto del estudiante
con su “casa” y la apertura de la Facultad al medio
externo, como manera de fortalecer – de nuevo – el
afecto y la integración de la Facultad con la
cultura en general.
- Ha mencionado los
Talleres, en pocas palabras …¿qué son los Talleres?
- El Taller es una
singularidad muy grande a nivel de la Universidad,
es una cátedra múltiple, por lo pronto. Somos – y
digo: “somos”, porque yo dirijo uno – somos nueve
profesores catedráticos, profesores titulares. Cada
Taller tiene todos los cursos del Proyecto, desde el
Introductorio hasta el último: 5° año y Proyecto de
Arquitectura en esa carpeta. Quiere decir que, en un
único ámbito vertical, están todas las generaciones
trabajando por cursos, pero con la potencialidad de
que se conectan. A su vez, el estudiante entra a un
Taller pero puede cambiar de Taller cuando quiere,
semestralmente.
- ¿La existencia de
distintos talleres implica la existencia de
distintos perfiles o propuestas arquitectónicas o de
la carrera?
- Sí, sí, de la
Arquitectura o de su enfoque acerca de la enseñanza.
De eso se trata, de que haya pluralidad de opiniones
en una formación en la cual es esencial
autogestionarse para el estudiante. Es decir, el
estudiante se construye como arquitecto. La idea es
que hay oportunidades de entenderlo y de construirse
en los espacios.
- ¿O sea que salen
nueve estilos distintos de arquitectos?
- Estilos no diría
porque – además - también ahora es muy poco
frecuente un estudiante que sea puro de un Taller,
dado que lo que suelen hacer es pasarse de un Taller
a otro, hacer unos tramos en uno y otros en otro.
Pero – en realidad – se maneja el criterio de
razonable equivalencia, o sea, son equivalentes las
cosas que se enseñan. Lo que pasa es que se dan
desde distintos ámbitos. De hecho ocurre – por
ejemplo – que un estudiante de un Taller entra a
otro y puede enganchar y seguir adelante. No tiene
problema en ese sentido.
- ¿Queda algo que
quiera agregar o que no este contenido en nuestras
preguntas?
- No, no, aunque si
puedo decir algo personal, es que estoy muy, muy
contento y optimista de estos primeros tres meses.
Es lo único que le puedo decir (risas).
- ¿Pero tiene cuatro
años por delante, todavía…?
- Sí cuatro años.
- ¿Puede ser
re-electo?
- Si, bueno, pero son
cuatro años, por ahora. La idea es generar una
estructura que tenga su continuidad, más allá de que
como Decano de Arquitectura, sino como arquitecto de
la Universidad. Hay un equipo de Asistentes
Académicos muy bueno, muy fuerte y con el que estoy
muy contento.
- ¿Usted tiene un
ámbito privado – también – de la arquitectura?
- Sí, yo trabajo como
arquitecto en mi Estudio y – hasta que tomé el
Decanato – trabajaba en la Dirección de
Arquitectura, como arquitecto de la Universidad,
también.
- ¿Su arquitectura
tiene algún estilo especial, tiene algún nombre?
- No, no tiene un
nombre.
LA
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