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Reforma del
Estado
No se trata de una reforma, se
trata de un sistema de reformas
Entrevista al contador Daniel Mesa
El presidente electo José Mujica ha
actualizado por estos días la idea de dinamizar la
“reformar del Estado”, como uno de los proyectos de
trabajo del nuevo gobierno que se inicia el 1º de
marzo. Este es un tema recurrente al inicio de la
acción de gobierno de todas las administraciones en
las últimas tres décadas en el Uruguay.
Pero lo real es que en el actual
gobierno del Dr. Tabaré Vázquez se dieron pasos muy
relevantes en este tema. La ONDA digital dialogó con
el contador Daniel Mesa, subdirector de la Oficina
de Planeamiento y Presupuesto y una de las
personalidades que más ha trabajo en este último
periodo,
en el tema “reforma del Estado”
-
¿Por qué Uruguay necesita una reforma del Estado?
- Fundamentalmente,
porque el Estado cumple una función, tiene tareas
que desarrollar y, esa función, tiene un objetivo:
para algo lo hace. Y, en función de ese objetivo, es
que el Estado debe ordenarse, organizarse y resolver
qué servicios o qué bienes produce. Entonces el
Estado uruguayo a lo largo del tiempo, pasó por
diversas situaciones y tuvimos muchos años – desde
mediados de la década del 80 hasta el 2005, esos 20
años – en que, fundamentalmente, hubo un esfuerzo de
los partidos que gobernaron en ese período y que
conformaron – entre ambos – las mayorías, para
disminuir el papel del Estado, achicar el tamaño del
Estado, sin decirlo, como una política implícita, un
objetivo implícito que era reducir el Estado. Abrir
más campo, de acuerdo a las tendencias de boga en
ese momento, al mercado, según la oposición entre el
Estado y el mercado.
El Frente Amplio se
planteaba y se plantea una opción diferente. Es
decir, el planteo es un Estado que tiene que ser
funcional al desarrollo económico nacional y que,
aparte, tiene que ser funcional a la democracia,
tiene que ser cada vez más democrático. Ese es el
planteo programático general del Frente, planteado
así expresamente – en los lineamientos programáticos
del período vigente – y que en el nuevo gobierno se
refuerza - porque se plantea la necesidad de
elaborar un proyecto de desarrollo nacional.
Entonces, ante eso, hay que ver que este Estado que
tenemos como se adecua a esa nueva realidad.
Esto es desde el
punto de vista del plano de los objetivos, pero
desde el punto de vista del funcionamiento del
Estado – no importa para qué objetivo – también
nuestro Estado tiene deficiencias generadas durante
mucho tiempo. Porque se utilizó como un elemento que
alimentó los apetitos clientelísticos y se ubicaron
las cosas de cualquier manera. Es por eso que
teníamos un Banco Hipotecario fundido. Por otro lado
se prohibió el ingreso – de lo que es contradictorio
al “clientelismo” – pero que cuando las “papas
quemaban”, cuando los déficit eran cada vez más
importantes, se generó una prohibición de ingresos a
la función pública, lo que dejó como resultado –
después de doce o catorce años de ese proceso – un
funcionariado con una edad promedio muy alta.
Aparte, se generaron formas de obedecer pero no
cumplir – mediante esa disposición de no permitir el
ingreso de personas al Estado - lo que obligó a
este gobierno a regularizar 10.000 situaciones de
gente que estaba contratada en forma diversa pero
que – en realidad – eran funcionarios del Estado y
tenían sus contratos tergiversados en sus objetivos.
- O sea, había un
problema estructural y había un problema de recursos
humanos no adecuados.
- Sí, recursos
humanos no adecuados, políticas no adecuadas,
presupuesto no adecuado, que se formulaba sobre la
base de conseguir del Parlamento una autorización
para gastar y después – dentro de eso – el gobierno
de turno acomodaba según la plata que tenía. Todos
estos son elementos que van en contra de un Estado
eficiente, que sabe lo que tiene que hacer y que
adecua sus recursos a lo que tiene que hacer. Los
recursos humanos, los recursos materiales, los
recursos financieros a las necesidades. Y no sólo
eso, sino un Estado que sea capaz de ser controlado.
Que el ciudadano común pueda entrar a la página de
Internet y ver que dijeron que iban a construir 14
carreteras y construyeron 12 y ½, ¿por qué? O
dijeron que iban a gastar 100 pesos pero gastaron
200, ¿por qué? Entonces, eso es imposible de hacer
con el Estado tal como estaba al 2005 y aún tal como
está hoy. Porque el tema de los recursos humanos
existe, porque todavía no tenemos una gestión
orientada a resultados, que nos permita decir “vamos
a llegar a esto” y que todo el mundo pueda medir
objetivamente; porque todavía tenemos trámites muy
largos; porque todavía – cuando uno va a ser
atendido a un lugar – no siempre es atendido en
tiempo; porque no tenemos todavía la capacidad
profesional suficiente, y por profesional no me
refiero al título, sino a saber hacer bien la tarea.
Porque si bien avanzamos muchísimo, pero muchísimo,
a través del Plan Ceibal y los esfuerzos de Antel y
la Agencia de Gobierno Electrónico en nuestra agenda
digital y en nuestra posibilidad de tender puentes
con la ciudadanía y – por ese lado – hacer más
eficiente la gestión del Estado, todavía falta
mucho.
Todos esos elementos
nos marcan que podemos ser más eficientes, podemos
utilizar mejor los recursos y podemos que, cada peso
que cada uno de nosotros aporta por impuestos, rinda
mejores resultados. No de cualquier manera ni
cualquier resultado, sino resultados que sean
coherentes con un proyecto de desarrollo nacional y
que sean coherentes con seguir generando condiciones
para aumentar la democracia del país. Creo que esos
son los motivos centrales para tener que cambiar el
Estado. Asegurando, por otra parte, que se
administra bien, que no existen desperdicios, que se
minimizan las posibilidades de corrupción, de eso se
trata.
- Usted dice que esta
reforma ya empezó con esta administración
frenteamplista, o sea que no se parte de cero. Se
parte de una base que hay que seguir desarrollando.
- Es cierto, no se
parte de cero. No se parte de cero porque hubo
intentos reformistas antes, y recalco,
reformistas. Porque pretendieron aplicar un
modelo tomado, analizado, de otras realidades – no
voy a decir copiado, porque no es cierto, tampoco –
que se trató de implementar pero que no con la
fuerza suficiente, no con la convicción política
suficiente y eso terminó en una serie de técnicas,
de propuestas, que se ritualizaron, que nunca
llegaron a aplicarse en su conjunto y que tampoco
aplicaban el concepto global, porque seguían
teniendo el objetivo político implícito de reducir
el tamaño del Estado. Entonces se pensaba en cuántos
funcionarios públicos nuevos vamos a tener, sin ver
qué tareas vamos tenemos que desarrollar y – por lo
tanto – cuántos precisamos. Eso pasó desde 1995 – en
el Estado central – hasta el 2005, los últimos diez
años. Y, a partir de 2006, este gobierno inició un
proceso de reforma, con estos objetivos políticos
que planteábamos antes, que todavía ha tenido
marchas y contramarchas, aceleraciones y detenciones
y que hoy – es bueno que – el presidente de la
República electo, se preocupe por solucionar el
problema del Estado. Que lo vivió como ciudadano y
que lo vivió como ministro, porque según palabras de
él, esto es una traba fundamental al funcionamiento,
se demora todo más de lo que se debe, no se puede
trabajar así y tenía y tiene razón. Entonces el
proceso de reforma debe seguir. Pero no se trata de
una reforma, se trata de un sistema de reformas.
Son muchas reformas y muchos cambios. Tanto es así
que – en su momento – bautizamos al proceso como un
Proceso de Transformación Democrática del Estado.
¿Por qué transformación? Porque iba un poquito más
allá de retocar algo. Pero un cambio de raíz es un
cambio que se precisa y – además – no cualquier
cambio, sino un cambio que vaya en camino a la
democracia. O sea, que genere cada vez más
participación de la sociedad en el tema. ¿Qué
reformas? ¿Por qué un sistema de reformas? ¿Qué
compone un sistema de reformas? Se requiere una
reforma institucional.
Tenemos instituciones
que están viejas, que no surten efecto. Un intento –
por ejemplo - de reforma institucional, es el
Proyecto de Ley de Descentralización que se aprobó.
Que será mejor o peor, pero es un intento de reforma
institucional. Se habló muchas veces de agregar
ministerios, de quitar ministerios, de fusionar
unidades. Como reforma institucional, se creó el
Ministerio de Desarrollo Social, el MIDES, porque no
había coordinación de las políticas sociales. Y,
¡vaya que fue necesario! Entonces, reforma
institucional, cambio en las instituciones. Por
ejemplo, en el campo del ciclo presupuestario hemos
tenido siempre una confusión en qué hace la OPP, en
qué hace el Ministerio de Economía. Hay que resolver
esa confusión. Por ejemplo: qué pasa con la
Presidencia. La Presidencia es un inciso, desde el
punto de vista presupuestal, un lugar donde se
cargan créditos pero no es un ministerio y hay
dificultades crecientes de funcionamiento, en la
medida en que aumenta la cantidad de Unidades
Ejecutoras ligadas a la Presidencia. Está la OPP,
Servicio Civil, el Instituto de Estadísticas, la
Dirección de Proyectos de Desarrollo, la Agencia
para el Desarrollo del Gobierno Electrónico, las dos
reguladoras – las de Comunicaciones y la de Aguas y
Energía – ahora se ha agregado la Agencia de Compras
– que todavía no está funcionando efectivamente – la
Unidad de Seguridad Vial (UNASEV). Son demasiados
adornos para el “arbolito” y quizás ahí convenga
pensar en un Ministerio. Me refiero a eso en cuanto
a cambios institucionales. Ha habido propuestas en
todo el proceso anterior, de partir ministerios
grandes en dos, de fusionar ministerios chicos. Hay
mucho para hacer. En cada ministerio hay muchas
Unidades Ejecutoras que – por lo menos – merecen una
revisión.
Otra de las reformas,
es la reforma de los recursos humanos. En cantidad,
en calidad, qué recursos humanos precisamos para que
el Estado sea funcional al desarrollo económico y
cada vez más democrático. ¿Son éstos? ¿Los podemos
capacitar? Primero: ¿sabemos qué es lo que hay que
hacer? Segundo: ¿qué capacidades se necesitan para
hacerlo? Tercero: los funcionarios de hoy, ¿tienen
esas capacidades? Algunos las tendrán, otros no.
¿Cómo capacitamos a los otros? ¿Qué hacemos con los
que no podamos capacitar?
- ¿Las edades?
- Las edades. Por eso
se intentó – durante este período – mediante
incentivos de retiros anticipados, que algunos
funcionarios que estaban en condiciones y que les
convenía irse, se les facilitó la posibilidad de
retirarse y hubo una buena cantidad que se
retiraron. Pero no se trata de más o menos, se trata
de los que se precisen. Lo que no implica que hay
que mandar a la calle a un montón de funcionarios.
Hay que buscar una solución transitoria –
precisamente facilitada por las edades de los
funcionarios – para que culminen su carrera y trate
de encontrar dentro del Estado una tarea que sí
puedan realizar con eficiencia. Esto implica que a
los recursos humanos – además – hay que
organizarlos. Entonces, los organismos del Estado
deben reestructurarse, debe verse cómo tienen que
estar organizados, qué estructuras internas tienen
que tener para desarrollar sus funciones. A cuántas
personas precisan y para hacer qué. Otra reforma:
los sistemas de información. En cuanto a los
sistemas de información, no tenemos sistemas de
información suficientes, no tenemos información
suficiente, tenemos sistemas muy viejos.
- Cuando usted dice
información, ¿quiere decir la información que
circula hacia los organismos de dirección?
- Me refiero a todos.
Me refiero a la información interna y me refiero
también a la información que puede expandirse. Hoy
contamos con una conectividad más grande, con una
capacidad de transmisión interna del Estado mayor,
con tener redes más potentes y con portales
crecientes se posibilitan que el ciudadano se entere
cada vez más de lo que pasa en el Estado y cada vez
haga más trámites desde su casa. Pero esa es una
parte de la historia. Lo que importa es saber cuál
es la realidad para uno poder medir y comparar e –
incluso – para saber porqué no se logra determinado
resultado, o porqué se logra. De todas maneras hoy
tenemos un sistema de información financiera que ya
tiene más de diez años, está muy viejo, es muy
rígido, hay que cambiarlo. Hay un diagnóstico que se
hizo al respecto sobre el que hay que seguir
trabajando. Tenemos un sistema de gestión humana que
se está cambiando todo, pero aún no se terminó de
implementar. No tenemos un sistema adecuado de
presupuesto, está también atrasado y hay que
trabajarlo bien. No tenemos una plataforma de
compras del Estado que permita facilitar los
procesos, abrir más puertas a los proveedores para
que el Estado pueda elegir mejor y hacer más
transparentes esos trámites, seguir cercando las
posibilidades de corrupción en ese campo. Y eso como
sistemas globales, pero a cada organismo también le
falta su sistema de información que nos pueda decir
cuánto cuesta hacer esto.
-Las intendencias,
¿están comprendidas en este razonamiento?
- Las intendencias
tienen autonomía constitucional. Por lo tanto tienen
los mismos problemas en su dimensión, algunas menos,
otras más. Incluso se ha tratado, desde la relación
con el gobierno central, a través de las
transferencias de recursos presupuestales, se han
buscado algunos mecanismos de compromiso de gestión
con las intendencias para impulsar a que mejoren sus
sistemas de información. Porque ha habido cosas que
han sido buenas y han reconocido que les han
servido, pero tienen los mismos problemas.
Indudablemente que una reforma del estado debe
incorporarlos a todos, lo que hay que ver es de qué
manera.
- El Uruguay, cuando
piensa en estas reformas, ¿tiene referentes en el
mundo?.
- Yo diría que no
referentes, sino experiencias de las que aprender.
Probablemente haya más de una que podemos leer en la
literatura y en la información que existe, en la
información que manejan los institutos
multilaterales, que siempre los hemos mirado desde
el punto de vista del crédito, pero nunca los
miramos como se debe, desde el punto de vista de los
conocimientos que pueden tener acumulados o a los
que pueden acceder, que es bastante interesante. Y
ahí hemos visto experiencias que nos pueden servir.
Por ejemplo, tenemos
la experiencia de Chile, con sus características
especiales. De cualquier experiencia uno tiene que
ver qué hicieron y cómo lo hicieron y extraer lo que
realmente sirva a nuestro país. Nunca copia,
aprender de los errores que cometieron otros para no
cometerlos. Cuando uno va a ver esas experiencias,
inicialmente le muestran todo lo bueno y lo correcto
es preguntarles: “¿qué les salió mal?, ¿en qué se
equivocaron? Porque quiero aprender de eso. Lo bueno
lo leo en un libro. Otro lugar que es totalmente
diferente, desde el punto de vista constitucional,
de cultura nacional pero que tiene parecidos
asombrosos con nosotros, es el caso de Nueva
Zelanda, por el tamaño, por tensiones más
importantes, por relación con sus vecinos más
cercanos. Quizás Australia es a Nueva Zelanda lo que
Argentina es a nosotros. Que también ha llevado un
proceso con sus particularidades y que también, sin
copiar, hay elementos para extraer conclusiones.
Fundamentalmente hay una cosa muy importante, que
parece obvia pero que no lo es: que lo fundamental –
en cualquier reforma – es tener sentido común y
hacer las cosas que uno pueda hacer para mejorar,
sin fijarse – a veces – en lo que, aparentemente
desde el punto de vista técnico, es lo mejor. Hay
que razonar, hay que comprender la realidad y –
sobre eso – trabajar. Nos hemos fijado –
fundamentalmente – en esos dos casos.
- Esas experiencias,
¿han llevado mucho tiempo en su proceso de
resultados?.
-
Sin
duda. En Chile, las primeras experiencias nuevas,
son de 1990, cuando empezaron un proceso. Llevan
casi 20 años y siguen mejorando. Yo estuve en Chile
en el 2006 – cuando empezamos el nuevo proceso de
reforma acá – y estuve este año. Y es notoria la
diferencia de avance en esos tres años, a pesar de
que ya estaban avanzados. En el caso de Nueva
Zelanda, su primera experiencia de reforma, es de
1984. Después se hicieron dos o tres más, pero ahí
empezaron. Son características diferentes a las de
nuestro país, pero importa la experiencia concreta
de cómo lo hicieron ellos, sin copiar. A lo mejor,
nosotros estamos descubriendo que muchas de las
cosas que se dieron primero en Nueva Zelanda después
aparecieron en Chile y descubrimos que hubo gente de
Chile que fue a estudiar a Nueva Zelanda. Pero
bueno, más allá de eso, son experiencias
interesantes, que pueden adecuarse a nuestro país,
por tamaño, por recursos, por filosofía. No hubo
conceptos preconcebidos en ninguno de los casos
sino, simplemente, mejorar la eficiencia del Estado.
Nueva Zelanda empieza la reforma porque está en una
situación de crisis total. En los primeros años de
la década del 80 está en un déficit complejo, con
dificultades de exportación de commodities,
como lo que exportamos nosotros, y ahí se ven
obligados a apretarse los cinturones y arrancan con
una reforma que les permitió mejorar el
funcionamiento del Estado. En Chile – cuando van
saliendo de la dictadura – tienen que ver cómo hacen
para mantener su proceso de desarrollo económico.
Siempre hay un motivo, un objetivo que impulsa a una
reforma. Entonces, de esos lugares nos hemos
interesado en ver cómo hicieron para ver – con las
prácticas que han desarrollado – cuáles pueden ser
aplicables en nuestro país y en eso estamos. En
estos días nos visita una delegación de Nueva
Zelanda, con la que estamos afinando cosas.
- El presidente
electo, el primer paso que dio en esta dirección,
fue hablar con la Central de sindicatos y, a partir
de allí, se ha razonado que es un eslabón
imprescindible. ¿Esta de acuerdo con estas
afirmaciones?
- Cuando este
gobierno empezó a tratar otra vez el tema de la
reforma – una vez establecidos los lineamientos
generales – lo primero que decidimos, fue
hablar con el Secretariado del PIT-CNT. Está
muy bien que el presidente empiece – este nuevo
período presidencial – de la misma manera. Si bien
los objetivos de la transformación del Estado, es
aumentar la democracia, también deben hacerse con
los métodos más democráticos posibles. Entonces, la
sociedad en su conjunto y – en especial, los
trabajadores – deben ser partícipes de ese proceso.
Es más, uno de los temas del proceso de negociación
colectiva, ha sido la reforma del Estado. No con la
intensidad que hubiéramos querido. Hay que generar
confianzas, tienen que estar claros los papeles de
cada uno y también dejar que la experiencia se vaya
consolidando, para empezar a pensar en las
transformaciones del Estado como tal, que son más –
yo diría – planteos programáticos que estrictamente
reivindicativos. Entonces, uno tiene que entender
que los sindicatos tienen que madurar esas
probabilidades, que está muy bien que participen y
es imprescindible que lo hagan. Es más, en todo
proceso en el que uno trate de obtener resultados y
demostrarlos a la ciudadanía, tiene que haber lo que
nosotros llamamos hoy: “Compromiso de Gestión”. Cada
organismo tiene que comprometerse a lograr algo con
el superior y – a su vez – con sus trabajadores. Y
un compromiso de gestión, implica obligaciones de
las dos partes y eso hay que negociarlo. Tenemos
varios funcionando en el Estado, tanto que se creó
una Reguladora de Compromisos de Gestión para tener
aplicaciones parecidas en todos lados y aprender de
un caso para aplicarlo en otro. En ese caso, los
trabajadores, es indiscutible que participen. Que
participen discutiendo las metas que plantea el
gobierno, que participen discutiendo los recursos de
los que se dispone para alcanzarlas y que participen
– activamente – en el seguimiento de los logros. Eso
es vital. Si, tienen que participar.
- Parece por sus
palabras y por lo que se maneja públicamente, que la
necesidad de un consenso político amplio y acciones
contundentes de gobierno son requisitos básicos para
obtener logros en este tema.
- Un poco lo que
hemos aprendido en estos años de tratar de reformar
conceptos, es que hay ciertos requisitos que hay que
cumplir, cierto orden en que procesar las cosas.
El primero es que exista voluntad política con el
gobierno, voluntad política al más alto nivel. El
presidente tiene que ser un apoyo constante en
la reforma y tiene que haber un apoyo decisivo de
los ministros y – fundamentalmente – tiene que haber
un apoyo decisivo del Ministerio de Economía y
Finanzas. Por qué digo esto, porque el Ministerio de
Economía y Finanzas es el responsable de la política
fiscal, de si el Estado tiene déficit o no lo tiene,
de que los organismos tengan dinero cuando tienen
que gastarlo. Entonces – en materia de costos –
tiene lo que, en la jerga internacional, los
consultores llaman “poder de veto”. Es decir, puede
resistirse a que se utilicen determinados recursos.
Entonces es fundamental que el ministro de Economía
esté compenetrado e impulsando y hasta liderando –
en algunos aspectos – la Reforma del Estado para que
esto se facilite. La voluntad política entonces – a
todo nivel – es el primer requisito. El segundo
requisito es que – en general, cuando hay que
cambiar algo es porque – no tenemos capacidades
institucionales para hacerlo bien. O nos falta
información, o no tenemos los recursos humanos
adecuados, o no tenemos infraestructura, o nos falta
un software. Entonces, el segundo requisito, es
generar capacidad institucional, que es como de
base, como una infraestructura, sin la cual uno no
puede aplicar nuevos procesos, nuevos
procedimientos, nuevas técnicas. Entonces hay que
mejorar la capacidad institucional. La tercera cosa
es que tiene que haber participación de todos, que
nadie puede quedar ausente. Y la cuarta cosa – que
siempre hay que repetirse una y otra vez – hay que
aplicar el sentido común. Si cumplimos esos
requisitos, entonces puede empezar como un nuevo
proceso de reforma.
-¿Se necesitan leyes
para avanzar en esto hoy en el Uruguay? O sea, ¿el
parlamento necesita estar involucrado en este
proyecto?
- Bueno, en algunos
aspectos sí y en algunos aspectos más que el
parlamento, el cuerpo electoral, porque de un
proceso de reforma, puede resultar la necesidad –
eventualmente - de efectuar un cambio en la
Constitución. Crear una nueva compensación o cambiar
la estructura de cualquier organismo, requiere de
ley. O sea que el proceso de reforma –
indudablemente – implica cambios de las normativas a
distintos niveles. También – como los procesos de
reforma no pueden cambiar cada cinco años – un
proceso de reforma requiere transformarse, hasta
donde se pueda, en una política de estado. Porque
sería muy costoso – para el Estado – estar cambiando
de orientaciones de reforma en la medida que cambie
el gobierno. En este caso – afortunadamente – se
cumplen dos períodos de gobierno del mismo partido,
lo que asegura la continuidad de las ideas centrales
de una reforma, que es una buena plataforma para
estos cinco años que quedan. Pero – en mi opinión –
hay que trabajar para hacer acuerdos, por lo menos a
nivel parlamentario – que aseguren un respaldo del
conjunto de la población al proceso de
transformación del Estado.
- ¿Queda algo que
usted quiera agregar sobre este tema, que mis
preguntas no hayan contenido?
- Yo diría como
resumen, que la transformación del Estado es mucha
cosa, son muchas reformas diferentes que forman un
sistema; si yo avanzo en una hago avanzar a las
otras. Eso es lo bueno que tiene. Pero hay que
tratar de verlo globalmente y no desde la
particularidad de cada una de las reformas, porque
si no…
- ¿Usted quiere decir
que se tienen que ejecutar todas? ¿No se puede
empezar por una?
- No, claro. Se
pueden ir ejecutando. Eso depende. Hay que
marcar la estrategia para la ejecución. A
veces una reforma precipita otra, entonces – quizás
– tengo que tener una trayectoria. Pero lo que
importa es tener la visión global de la
transformación del Estado entera, para ir impulsando
las distintas reformas que se entrelazan. Por
ejemplo: hoy tenemos un proyecto que está trabajando
sobre los organismos de contralor del Estado, el
Tribunal de Cuentas, la Contaduría General de la
Nación, que trata de mejorar los sistemas de
contralor, para que lleven menos tiempo y sean más
efectivos. En resumen es eso y tratar de evitar
superposiciones con los otros organismos y tratar de
evitar vacíos entre estos organismos. Y eso, ¿a qué
se liga? ¡Ah! Se liga a los procesos de compra -
¡casi nada! – y de contratación, que son muy
importantes; se liga al propio control
presupuestario; se liga a las previsiones de
cuentas; se está relacionando con todo. Si tomamos
otra punta de la reforma y pensamos para qué
queremos el gobierno electrónico: porque nos permite
mejorar los sistemas, mejorar la comunicación, la
experiencia de reducir tiempo en los trámites. Todo
está relacionado. Porque cuando se empuja una, se
están empujando todas. Y – a veces – hay que verlas
en conjunto para ir aprovechando de la sinergia que
se produce en ese sistema conjunto de reformas.
- Generalmente – en
la vida común – cuando uno le pregunta a un
ciudadano sobre estos temas, se refiere a cómo lo
atienden en las oficinas públicas. Sin embargo, la
exposición suya, muestra que – en realidad - es
algo más complejo. Es la propia estructura del
Estado, su forma de gestión y, también, esa parte de
la atención al público.
- Claro, pero, ¿qué
pasa? Que la atención al público o el servicio que
reciben los habitantes es el resultado final y es lo
que el ciudadano ve. Hay que hacer todo lo demás
para que el resultado sea la totalidad. Por ejemplo,
hoy hablábamos de los chilenos; la reforma chilena
se empieza a principios de los 90 y ellos tienen un
método que se llama: Programa de Mejora de Gestión,
que establece una serie de sistemas – por ejemplo –
los recursos humanos, las compras, el gobierno
electrónico. Es decir, una serie de sistema que va
uniendo a los organismos en función de en qué estado
están respecto a esos sistemas. Su primer esfuerzo
fue lograr la capacidad institucional – lo que
decíamos hace un rato. Entonces trabajaban hacia
eso. Cuando tuvieron la capacidad institucional más
o menos completa, recién pasaron a ver con qué
calidad prestaban los servicios y a incorporar
normas de calidad y a incorporar – en esos programas
de Mejoramiento de la Gestión - las Normas ISO 9000,
para mejorar los procedimientos de atención a los
ciudadanos, etc. Y – recién ahora, 2009 – empiezan a
atacar las tareas sustantivas de los organismos. Por
ejemplo, cómo se están prestando los servicios
concretos de salud, cómo se están produciendo, lo
que marca los tiempos.
El año pasado y este
año ha habido unos fondos concursables para
proyectos de calidad, en que funcionarios y grupos
de funcionarios y organismos pueden concursar y se
han logrado algunos aportes interesantes. El tema
está presente, pero resulta claro que eso se
relaciona con la mejora de la capacidad
institucional de los organismos. Si no tienen con
qué, el servicio de calidad no se va a prestar. Eso
no quiere decir que ninguna de las reformas esté
aportando a un mejor servicio por parte de los
funcionarios. La capacitación de los funcionarios,
por ejemplo, en atención al cliente, facilita que el
ciudadano se atienda mejor. La implantación del
nuevo sistema informático, también facilita eso.
Pero, en concreto, el estudiar por organismo, cómo
se mejora la calidad del servicio, eso va más
lentamente.
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