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No hay dos opiniones en la academia,
el Frente Amplio será reelecto
independientemente de su candidato
Entrevista al
politólogo Dr. Adolfo Garcés
El Dr. Adolfo Garcé es Licenciado y Master en
Ciencia Política por la Universidad de la República.
Ejerce la docencia en la Facultad de Ciencias
Sociales, en la de Ciencias Económicas de la
Universidad de la República y en la UCUDAL. Es
investigador del Instituto de Ciencia Política de la
Facultad de Ciencias Sociales, Udelar y autor de
diversas publicaciones. El mas reciente de sus
libros; “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación
del MLN- Tupamaros a la legalidad y a la competencia
electoral.”Años 1989, 1994. Lo que sigue a
continuación son los tramos mas destacados del
dialogo de La ONDA con el Dr. Garcés, sobre el
balance que se puede hacer cuando entra en su tercer
año de ejercicio el primer gobierno de la izquierda
en Uruguay.
“La afinidad
ideológica de más del 50% de la
mayoría de la
academia con este gobierno, ha
facilitado muchísimo
la conexión entre la
Academia y los procesos de toma de decisiones”.
- Al llegar al tercer
año de un gobierno de izquierda en el Uruguay, ¿se
puede definir positivamente su trayectoria?
- Sí, se puede. Es un
gobierno exitoso en cuanto está pudiendo llevar
adelante un porcentaje alto de su agenda, la que el
propio gobierno se fijó el 1º de marzo cuando asumió
Vázquez como presidente, y la agenda que le había
propuesto a la ciudadanía en la campaña electoral.
Está pudiendo cumplir un porcentaje alto de su
propia agenda, de sus propios objetivos.
Se prometió un Plan
de Emergencia, el Gobierno lo definió, lo elaboró,
lo instrumentó y ha tenido durante estos dos años un
saldo positivo. El Gobierno había propuesto también
cambiar las relaciones laborales en este país y
reequilibrar la balanza salarial de los trabajadores
reinstalando los Consejos de Salarios, que volvieron
a actuar como lo que siempre fueron, un instrumento
de regulación del mercado laboral y de los
conflictos sociales también. El balance es positivo
en cuanto a política laboral, pese a los roces,
previsibles también y en general poco dramáticos,
con los empresarios.
El Gobierno también
había hablado de cumplir el art. 4º de la Ley de
Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. El
balance es muy positivo. Creo que el Gobierno estuvo
muy tentado en algún momento de abandonar la
política que había prometido durante las elecciones,
de respetar a Ley de Caducidad. Como resultó muy
difícil conseguir la cooperación de los militares
para obtener información sobre lo que había pasado
con los detenidos desaparecidos, el Gobierno
estuvo tentado de derogar la ley y buscar otras
alternativas.
Recuerdo claramente
los meses de setiembre y octubre de 2005, cuando
desde el Parlamento los senadores Rubio y Michelini
presionaron para encontrar una política distinta que
permitiera cumplir con el artículo 4º. El balance,
después de dos años de relaciones tensas, creo que
muy productivas con las fuerzas armadas, es
positivo. Controla a las fuerzas armadas. Por lo
menos los militares obedecen calladitos y sin
chistar, que es lo que corresponde. Esa es la
certeza que yo tengo como ciudadano y creo que ha
sido muy bueno para la democracia uruguaya.
Siguiendo con este
balance muy rápido, el Gobierno también había
prometido impulsar un "Uruguay inteligente" se dijo
en su momento. Nuevas políticas o políticas
propiamente dichas de innovación en ciencia y
tecnología. Yo creo que se han dado pasos
importantes, la constitución del gabinete
ministerial de la innovación y del grupo operativo,
la creación de la agencia para la innovación. Lo que
se está hablando mucho en el sistema universitario,
la carrera de investigador, la creación de un
sistema nacional de investigadores.
Todo eso es realmente
positivo y tiene que ver con esa apuesta que el
Uruguay necesariamente debe recorrer, que es la
apuesta a la construcción de un mecanismo mucho más
potente de innovación en nuestro país, para tener
una producción mucho más dinámica y también un
desarrollo mucho más sustentable en el tiempo.
Finalmente, en lo que
tiene que ver con el Uruguay internacional, otro
capítulo del programa del Frente, ahí yo diría que
también hay que hacer un balance positivo. Porque el
Uruguay ha logrado -de un modo muy confuso,
errático, desprolijo - lo que quería: tratar de
mejorar sus relaciones con el Mercosur y tratar de
ampliar los mercados. Yo digo que si hubiésemos
pasado raya hace seis meses, el balance era
negativo. Cuando se pasa raya ahora el balance es
positivo porque uno ve que las relaciones con
Brasil mejoraron; que las relaciones con
Argentina empeoraron pero no por incompetencia del
gobierno sino realmente porque es difícil imaginar
un escenario tan hostil para Uruguay desde la vereda
de Argentina. Independientemente de que haya habido
errores del lado uruguayo, creo que casi cualquier
gobierno hubiese tenido los mismos problemas que
tiene el gobierno de izquierda en este momento con
Argentina. Y desde luego ha mejorado en cuanto a
abrir otros mercados, o mejorar las relaciones con
Venezuela, con Cuba y hasta con Estados Unidos. De
un modo muy raro, Vázquez logra al mismo tiempo
mejorar las relaciones "con Dios y con el Diablo",
por usar las expresiones de Chávez, que deben
entenderse como mejorar las relaciones con Chávez y
mejorar las relaciones con Bush.
En este balance muy
rápido yo diría que es un gobierno exitoso porque
más o menos está cumpliendo con los principales
ejes de su propuesta programática preelectoral y con
lo que dijo el 1º de marzo de 2005 Tabaré Vázquez.
El Gobierno, como
está cumpliendo razonablemente bien con lo que había
esbozado durante la campaña electoral, ha generado
un escenario óptimo para ser reelecto. No hay dos
opiniones en la academia o entre los analistas
políticos en cuanto a que el escenario más probable
es que el Frente Amplio sea reelecto
independientemente de su candidato. Un gobierno
exitoso logra la reelección. Estoy hablando del
Gobierno, no de la reelección del Presidente.
Entonces creo que la prueba del 9 para el Frente
Amplio es que va a ser reelecto en el 2009; no lo
diría con certeza absoluta pero el consenso entre
los analistas es ese.
Dicho todo esto, me
queda una inmensa duda, y es la siguiente. Uno puede
hacer las cosas lo suficientemente bien como para
que le vaya bien en el corto plazo y por lo tanto
para ser reelecto, sin asegurar que en el mediano
plazo el país vaya a cambiar definitivamente. Es
decir puede ser que al Frente Amplio le vaya
razonablemente bien, que eso le permita ser reelecto
y sin embargo que dentro de veinte años, cuando
tracemos la raya más importante (porque el balance
más importante es el que se va a hacer dentro de
veinte años) digamos que el país perdió otra
oportunidad. Yo no estoy seguro de cuál va ser el
saldo que van a arrojar veinte años o quince años de
gobierno de izquierda.
A principios del 2004
yo hablé de la era progresista, porque yo estaba
convencido de que el Frente Amplio iba a ganar, que
iba a gobernar razonablemente bien y que por lo
tanto íbamos a tener muchos períodos de gobierno de
izquierda, por lo menos dos. Ahora tiendo a pensar
que van a ser tres. Porque me parece que es muy
importante el poder que está logrando el Frente
Amplio y está pisando muy firmemente.
Al mismo tiempo la
oposición está muy débil, muy desnorteada,
desarticulada y sin ideas. Lo cual asegura que el
Frente Amplio tiene el camino despejado en el tema
del poder por diez años más, creo. Sin embargo el
tema es qué pasa dentro de veinte años cuando
tracemos raya. ¿Vamos a haber desperdiciado una
oportunidad como país? ¿O habremos logrado por fin
el despegue del que se habla por lo menos desde la
década del 60? Es ahí cuando tenemos que opinar,
tengo que decir qué pienso que va a pasar cuando
tracemos ese balance a los quince o veinte años. Hoy
por hoy no estoy seguro de que no vayamos a
preguntarnos en ese momento qué fue lo que salió
mal, dónde nos equivocamos, o dónde se equivocó el
Uruguay como país. ¿Por qué? Porque no es la primera
vez que al país le va bien, o muy bien.
Si uno mira la
historia reciente, al país le fue en términos
económicos razonablemente bien durante los primeros
años de la dictadura. Desde el 74 al 78 o 79,
mientras Végh Villegas tuvo la batuta, la economía
del país tuvo un ciclo muy intenso de crecimiento.
Las exportaciones cambiaron su perfil y hubo
producción de manufactura para la exportación. Hubo
muchas cosas que salieron bien, en la política
económica sin ninguna duda. Sin embargo, después, en
el 82 fue un desastre. Si se miran los veinte años
de la democracia, del 95 al 98 al país le fue muy
bien. Si se toman en cuenta los indicadores nos fue
muy bien, en términos económicos y en términos
sociales. Bajó la pobreza, bajó la indigencia, subió
el PBI, se estabilizó la moneda, se hicieron
reformas estructurales, muchas de las cuales este
gobierno mantiene además. Pero del 99 al 2002 fue
la debacle. Nada me fastidiaría tanto como otra vez
entusiasmarme y desencantarme.
- Esas zonas de
dudas, incluso dudas en perspectiva, ¿tienen a la
economía como la interrogante más importante?
- No, yo diría que
no.
- ¿Aparece como
exitoso el ángulo de la economía en el ejercicio de
este gobierno?
- Ah, yo creo que sí.
Uno de los puntos más fuertes del gobierno es la
política económica, por su profesionalismo, por su
seriedad. Por la confianza que inspira al
empresariado, a los inversores extranjeros y a los
gobiernos extranjeros.
-Pero hay datos de la
realidad que de alguna manera interrogan eso que
usted dice... Una, la desocupación básicamente sigue
alta. Y la inversión sigue siendo baja...
-Sí, es cierto. La
desocupación de todos modos ha bajado porque está en
el entorno del 10% o menos y es una cifra histórica
para el país. Y dudo mucho que para explicar por qué
la desocupación no baja más haya que mirar la
política económica. No baja más porque -como dicen
los economistas- se introdujo una riqueza importante
en el mercado laboral al incorporar los Consejos de
Salarios, que tienen un componente positivo y un
componente negativo. El componente positivo es que
ha mejorado los salarios de los trabajadores
ocupados.
El componente
negativo es que esto frena la baja de la
desocupación.
Yo creo que la
política económica genera algunas dudas. Por
ejemplo, la historia del país demuestra que un talón
de Aquiles, si no el principal, ha sido la política
cambiaria. Las crisis a que hacía referencia -la del
82 y la del 99 al 2002- son crisis que tienen
muchísimo que ver con la política cambiaria. El
atraso del tipo de cambio es una bomba de tiempo.
Dentro del Gobierno, desde el Senado, el senador
Couriel, de izquierda, plantea este problema. El
tipo de cambio está relativamente atrasado, o el
dólar está más bajo de lo que mucha gente esperaría.
A mí me consta
-personalmente conozco al economista Lorenzo- que
ellos conocen mucho mejor que yo el peligro que
significa el atraso del tipo de cambio para el
dinamismo de la economía a mediano plazo. Y hasta
dónde vuelve vulnerable a la economía. Entonces yo
confío en que ellos están alertas ante este problema
y que frente a un cambio de las condiciones
internacionales como ellos mismos han dicho y lo ha
dicho el ministro Astori, va a cambiar la política
cambiaria, se va a mover el dólar al alza.
Yo tampoco estoy en
la cocina de la política cambiaria y no sé si están
haciendo la política cambiaria que ellos quieren y
tienen el dólar al nivel que quieren y lo pueden
manejar, o han quedado atrapados en una serie de
tensiones económicas, o flujos económicos, no sé
cómo llamarlos, que hacen que tengan el nivel de
tipo de cambio que pueden tener y no el que
aspirarían. No conozco tan a fondo el asunto, pero
ahí hay una luz amarilla.
Otra luz amarilla
puede ser que tenga que ver con la inversión. Porque
la política laboral que protege más que antes al
trabajador quizás está inhibiendo el crecimiento de
la inversión, que sería un problema a mediano plazo.
Otra luz amarilla es
el comercio internacional. Hay quienes dicen que sin
avanzar rápidamente al Tratado de Libre Comercio el
país no va a poder acelerar su tasa de crecimiento y
sobre todo disminuir su vulnerabilidad a los
factores externos adversos. Fue una de las lecciones
del pasado, sobre todo de la crisis del 99 al 2002,
que cuando se depende de pocos mercados se es muy
vulnerable a lo que pasa en esos mercados y por lo
tanto se es más débil como país. Entonces quienes
abogan a favor del Tratado de Libre Comercio capaz
que tienen razón. Sobre este tema no tengo una
posición definitiva porque no soy economista, soy
politólogo. Más bien tiendo a pensar que Uruguay,
para asegurar un desarrollo económico intenso y
sustentable a mediano plazo tendría que lograr al
mismo tiempo conquistar nuevos mercados para ser
menos vulnerable, menos dependiente de los factores
externos adversos y desarrollar fuertemente la
innovación en la ciencia y la tecnología. El
problema es que estas dos cosas, la apertura de
mercados y el desarrollo del proyecto "Uruguay
inteligente" a veces pueden entrar en contradicción.
Porque es posible que si se avanza en el camino de
los TLC se esté sacrificando el proyecto del
"Uruguay inteligente".
- Eso le iba a
preguntar, porque uno de los ítems de los TLC es que
recorta las posibilidades de desarrollo de toda la
producción inteligente, en tanto que principalmente
Estados Unidos pero también China tiene un formato
parecido, busca que gravite el proceso de ellos
sobre esto.
-Es una discusión
vieja como la teoría económica prácticamente. Hace
por lo menos cincuenta años que en América Latina se
discute si la apertura comercial es una oportunidad
o es un problema. Es una discusión que se remonta al
nacimiento de la CEPAL, en la década del 50. Hay
gente que dice que si se abren los mercados nos va a
ir bien; y hay quienes dicen, un poco reciclando a
Fredich, que hay que abrir los mercados pero de modo
tal que permita hacer lo más importante de todo, que
es generar autosuficiencia de la propia producción,
que permita aumentar la productividad. Por lo tanto
hay que tener cuidado porque si se abre la economía
demasiado rápido se pueden estar sacrificando los
procesos domésticos de innovación, de acumulación de
ciencia y tecnología y de generación de una
producción más inteligente, más innovadora.
-¿Y cómo se resuelve
esa ecuación?
-Yo no sé porque no
soy economista. Lo que sé es que este debate es de
una altísima complejidad y de una altísima
trascendencia.
-¿Se está dando en el
Uruguay?
-Se está dando más o
menos me parece. Cuando uno revisa los debates del
año pasado sobre la apertura comercial, este tema no
siempre apareció y para mi gusto no siempre fue bien
planteado, pues los argumentos a favor y en contra
del TLC no siempre iban por este lado.
Creo que hay algunos
actores del sistema político que lo visualizan y
otros que no. Por ejemplo me parece que los
colorados y los blancos en el capítulo de la ciencia
y la tecnología aunque creen que lo conocen en
realidad lo desconocen y lo han ignorado por
décadas. Entonces ellos en este debate participan
mal porque tienen una visión un poco mágica de los
TLC. Y en la izquierda, estoy pensando en Rubio por
ejemplo, que es muy consciente de esto. Porque él
está muy involucrado en el proyecto "Uruguay
innovador"; no en vano él fue el líder del grupo
Cientis donde trabajó el grueso de la comunidad
científica nacional relacionada con estos temas de
innovación de la ciencia y la tecnología. Rubio me
consta que entiende que hay que atar los dos
procesos, el de apertura comercial y el de
generación de mejores condiciones para innovación de
la ciencia y la tecnología. Pero no estoy muy seguro
de hasta dónde la Cancillería maneja bien este tema
u otros actores importantes en el diseño de la
estrategia para el país.
Entonces, no sé cómo
se va a resolver este asunto. Todo indica que
Uruguay va a estrechar sus relaciones con Estados
Unidos. No sé a qué precio lo va a hacer.
Lo único que pienso,
volviendo a su pregunta inicial, es que las dudas
que yo tengo respecto de si Uruguay va en un mediano
plazo a dar o no un salto importante hacia adelante,
no tienen que ver estrictamente con la estrategia
que está llevando el equipo económico. Son dudas más
generales que tienen que ver con cierta debilidad de
la acumulación programática y técnica de la
izquierda en general; cierta carencia general de
preparación para desempeñar cargos ejecutivos, que
no es ni siquiera patrimonio de la izquierda, es
patrimonio del sistema político nacional. Un
patrimonio o un peso, un rasgo negativo, en general,
del sistema político nacional. Y cierta debilidad a
su vez, de nosotros mismos, los cientistas sociales,
para aportar ideas, soluciones concretas para los
problemas del desarrollo económico. Entonces tengo
dudas pero no tienen que ver con Danilo Astori o el
equipo económico.
- Usted ha dicho que
el Gobierno seguramente va a aumentar las relaciones
comerciales con Estados Unidos. ¿Usted piensa que la
ecuación que está planteada en la discusión acerca
de si se debe o no desarrollar esa relación va a ser
a favor de que se desarrolle?
- Me parece claro que
todo el Gobierno, por lo que han dicho todos los
ministros, quiere mejorar la relación con Estados
Unidos. Lo que pasa es que hay una parte del
Gobierno que no quiere el TLC, eso es clarísimo. Se
irá hacia un TLC o no, todo indica más bien que no;
pero también todo indica que las relaciones con
Estados Unidos igual van a mejorar. Es más: es muy
probable que toda esta decisión termine en un
acuerdo grande de todo el Mercosur y Estados Unidos,
conformando o no TLC. Pero me parece que de un modo
desprolijo, un poco confuso, de ensayo y error, el
Gobierno ha logrado lo que quería en materia
internacional: mantenerse en el Mercosur pero dar
algunos pasos hacia afuera. Uno de los pasos se está
dando y creo que Vázquez se manejó con mucha
destreza. Es el paso de esas relaciones con Estados
Unidos. Porque creo que la visita de Bush terminó
siendo un éxito para el Gobierno.
- Esta pregunta
estaba también vinculada a cómo se han leído los
cambios de estos días. Por ejemplo, el cambio de
colocar a Rubio en un puesto clave del Gobierno, se
ha leído como una señal hacia la izquierda.
- Es cierto, pero no
sabemos cuál es el próximo paso del Presidente.
Nadie se esperaba este paso del Presidente. Se ha
hablado mucho de un posible cambio en la
Cancillería. El tablero de Vázquez yo no lo conozco,
no sé cuál va a ser la próxima jugada. Pero no me
sorprendería que así como hoy designó a Rubio,
mañana designa a Gianelli en la Cancillería.
Entonces otra vez tendríamos muy equilibradas las
fuerzas en pro y en contra del TLC.
Yo estoy convencido
de que no hay espacio, que los partidarios del TLC
en este gobierno son menos, aún con Gianelli en la
Cancillería. Se ha especulado que los que están a
favor del TLC son menos fuertes que los que están en
contra. La posición de veto al TLC es más fuerte que
la posición a favor. Lo fue durante todo el 2006 y
lo va a ser incluso si hay novedades en el gabinete,
en mayo o más adelante, hasta si saliera Gargano. Yo
creo que el Gobierno no tiene espacio, sí lo tiene
en la opinión pública que está más bien a favor. No
tiene espacio interno, dentro de su propio partido,
para impulsar el TLC. Pero sí el espacio para
estrechar los lazos con Estados Unidos en general y
hasta con este gobierno republicano en particular.
-Ya que usted plantea
que Vázquez busca de hecho, o quizás como
estrategia, un equilibrio permanente en opción
política, en opciones ideológicas, ¿cómo analizaría
usted la pregunta de si este gobierno es un gobierno
de izquierda?
- Es un gobierno de
izquierda en términos de política comparada. En el
mundo se acepta que hay básicamente dos tipos de
gobiernos. Hay más, porque tenemos gobiernos de
ultraderecha y gobiernos de ultraizquierda.
Yo diría que el
gobierno de Chávez es un gobierno de ultraizquierda.
Pero en el mundo, sacando los extremos, tenemos
gobiernos liberales o conservadores, y por otro lado
más bien de izquierda, más bien socialdemócratas. Es
evidente que éste es un gobierno de centro
izquierda, de perfil socialdemócrata. ¿Por qué lo
es? Porque está cumpliendo con el ABC de un gobierno
socialdemócrata: trata de asegurar la tasa de
crecimiento y al mismo tiempo trata de redistribuir
el ingreso. Y los mecanismos de redistribución del
ingreso que ha montado el Gobierno son muy
poderosos. Los Consejos de Salarios, el Plan de
Emergencia, la Reforma Tributaria, son mecanismos
muy importantes de redistribución del ingreso.
El perfil de este
país va a cambiar dentro de cinco años, va a ser
distinto. Vamos a tener un país menos desigual y eso
no va a ser obra de la casualidad sino fruto de una
política de redistribución del ingreso que se está
llevando adelante. Ah, si se compara lo que hace el
Gobierno con su historia, ahí sí. Esa es otra
discusión.
-¿Con la historia o
con el discurso de la izquierda?
- Con todo me parece.
Uno podría hacer comparaciones muy crueles. Podría
comparar las políticas de Danilo Astori con las
políticas que él mismo cuestionaba cuando era Decano
de la Facultad de Ciencias Económicas, entre el 85 y
el 89 y el ministro de Economía era Zerbino. Uno
podría ser más malo todavía, y comparar esta
política económica con la de Végh Villegas. Yo estoy
seguro de que se puede encontrar que esta política
es menos dirigista que la de Végh Villegas. En la
época de Végh Villegas se llevó adelante una
política industrial muy interesante. De la mano de
la Ley de Promoción Industrial aprobada en el 74 y
que se venía elaborando desde los años de la CIDE en
los 60.
Se pueden hacer
muchas comparaciones pero no se puede ir a los 60,
en que había un proyecto revolucionario que era el
de los partidos de izquierda. Había un proyecto
desarrollista (el de Wilson, Faroppa, Michelini
antes de irse al Frente). Y había un proyecto
liberal que fue naciendo en los partidos
tradicionales de la mano del Herrerismo y del
parricidio de la 15 en el Partido Colorado liderado
por Jorge Batlle.
El proyecto de la
izquierda hoy en el gobierno no es ni el proyecto
desarrollista ni el proyecto revolucionario. Se
parece más bien a la continuación, con énfasis, con
matices, del proyecto liberal. Creo que esa es una
discusión interesantísima, muy apasionante, a mí me
encanta seguir la historia de las ideas. Pero cuando
uno compara la izquierda de hoy con aquella
izquierda las diferencias son abrumadoras y
demoledoras. Cuando se compara este gobierno de
izquierda con lo que venían haciendo los colorados y
los blancos, éste es un gobierno más de izquierda. Y
cuando se compara este gobierno con lo que son los
gobiernos en el mundo uno lo clasifica sin lugar a
dudas entre los gobiernos de centro izquierda.
-Sí, justamente. En
realidad, la discusión, el hecho de traer este
emergente al debate, viene en comparación más bien
con el ejercicio de política que hace el gobierno de
Chávez, no en el sentido interno. En ese
razonamiento que usted hace el gobierno de Chávez es
un gobierno de izquierda pero "ultra".
- Eso es muy cierto,
pero es un gobierno que va hacia el socialismo. Él
lo dice y lo va a hacer, si le da el tiempo y si le
dan los apoyos políticos. Nadie sabe muy bien qué es
el socialismo, pero es claro que el capitalismo en
Venezuela está amenazado, el mercado está amenazado.
Y es claro que la libertad política está amenazada
en Venezuela. Entonces es un gobierno de izquierda
en línea con Fidel y con la vieja tradición
revolucionaria marxista de las izquierdas
latinoamericanas. Además tiene rasgos populistas,
que es un debate diferente que tiene que ver con el
estilo de hacer política, pero es un gobierno super
de izquierda, que se ata con esa tradición
revolucionaria a la que hacía referencia cuando
repasaba los tres proyectos de cambio que nacieron
en el país en la década del 60. Es un proyecto que
recoge el proyecto de la izquierda revolucionaria
de los 60 que se proponía romper con el imperialismo
y hacer la revolución socialista.
El camino que ha
seguido Chávez es distinto pero yo creo que está en
esa ruta que va hacia un desastre, que está
dinamitando la economía de Venezuela, despilfarrando
recursos de un modo imperdonable y además está
amenazando la libertad política.
- Hay analistas que
dicen que ese error que usted percibe, o esa
proyección al desastre que usted ve en el gobierno
de Chávez, también va a arrastrar al desastre a
estos otros gobiernos. Principalmente lo vinculan
con Brasil, si fracasa Chávez fracasa también
Brasil.
- La verdad que no
conozco bien esa línea argumental. A simple vista me
cuesta suscribirla, no encuentro muy bien las
conexiones entre los dos procesos. Más bien tiendo a
pensar que los grandes perjudicados por el fracaso
de Chávez, -que es inexorable por el camino sin
salida en el que está-, son los venezolanos. Y que
en cambio los brasileños, como los uruguayos, como
los chilenos, estamos recorriendo un camino mucho
más sensato, que revela el enorme aprendizaje que en
términos económicos, políticos, ideológicos, han
hecho las izquierdas chilena, brasileña y uruguaya.
Entonces no creo que en Brasil haya un desastre
inminente ni atado a la evolución de Venezuela.
- Otra pregunta, en
relación con esto. La integración del gobierno del
Dr. Tabaré Vázquez es en general una integración de
líderes políticos, de jefes de partidos que componen
la fuerza política de gobierno. Esto, del punto de
vista político, del punto de vista de la experiencia
de estos años y meses ¿se muestra como una virtud,
como un ensayo positivo?
-Yo creo que tiene
algunos lados positivos y otros preocupantes.
El lado positivo es
que como muy bien fundamentó Daniel Chasqueti hace
mucho tiempo atrás, se ha revelado como un excelente
mecanismo para disciplinar al Frente Amplio, para
encolumnar a todo el Frente Amplio detrás del
Gobierno y para asegurar la gobernabilidad. Como
mecanismo para asegurar la gobernabilidad es óptimo,
es excelente. ¿Este gobierno por qué es exitoso?
Como decíamos antes. Porque está pudiendo hacer las
cosas y está pudiendo hacerlas porque tiene
gobernabilidad. No hay nada tan importante en un
presidente como saber resolver eso.
Si el Presidente no
sabe muy bien de algunas políticas a fondo, yo creo
que es preocupante pero no es dramático. Un
presidente se puede dar el lujo, como Vázquez, de no
saber de muchas políticas. Pero lo que no se puede
perdonar a un presidente es que no sepa resolver lo
más importante de todo que es asegurar la
gobernabilidad. El ejemplo perfecto de un presidente
que no sabe resolver la gobernabilidad es Batlle.
Podrá saber mucho de muchas cosas, teóricamente
puede tener razón en muchas cosas pero como
presidente fracasó porque no supo asegurar la
gobernabilidad. Se dedicó a dinamitar todas las
alianzas que tenía, primero con Sanguinetti y
después con Lacalle. Vázquez eso no lo hace. No sabe
de muchas políticas pero sí sabe cómo asegurar la
gobernabilidad y la unidad de su partido. Gran
mérito del Presidente.
Lo que veo que es
potencialmente un problema es que al colocar a los
jefes de las principales fracciones del Frente
Amplio se paga el precio de poner en los cargos
políticos a personas que no necesariamente serían la
mejor opción en términos técnicos. Es decir, debe
haber muchas personas que sepan mucho más que Mujica.
Esa también es una contradicción de la izquierda,
porque la izquierda siempre cuestionó la baja
calidad de las políticas de los partidos
tradicionales, criticó también el reparto político.
Siempre dijo la izquierda "los mejores hombres para
las tareas" y resulta que después prevalece el
criterio del reparto político.
El reparto político
tiene su racionalidad política pero puede ser que
tenga un coto. Porque hay personas que podrían
desempeñar mejor que Gargano la función de
canciller. Yo no veo que los problemas con Argentina
sean culpa de Gargano, pero es evidente que Gargano
no los puede resolver. Lo mismo podríamos decir en
general de la política internacional del país. No
creo que Gargano sea un problema pero es seguro que
no es la solución. Y pasa lo mismo con Mujica. Es un
político extraordinario, la izquierda tendría que
hacerle un monumento. Sin embargo, debe haber otras
personas que podrían ser mejor Ministro de Ganadería
que él.
Entonces pagamos un
precio desde el punto de vista de la calidad de lo
que hacemos como país. Y este es un viejo problema,
no es la izquierda la primera que tropieza con esta
piedra. Siempre tropezamos con esta piedra. La
consecuencia es que a corto plazo nos va más o menos
bien y a mediano plazo nos encontramos con que las
cosas salieron mal. El no poder asegurar en el
mediano plazo un desarrollo sostenido tiene que ver
también con la mediocre calidad de las políticas que
hacemos, que se vincula con la falta de preparación,
tradicional del sistema político uruguayo pero
político para resolver los problemas de este
gobierno. De alguna manera volvemos al principio:
balance exitoso y dudas a mediano plazo.
- Todo este
desarrollo, este enfoque de los dos años y meses del
Gobierno, ¿cómo ha incidido en la Academia si uno lo
ve comparativamente con los gobiernos anteriores?
- Es una oportunidad
y una amenaza.
Una excelente
oportunidad porque la afinidad ideológica de más del
50% de la mayoría de la Academia con este gobierno
ha facilitado muchísimo la conexión entre la
Academia y los procesos de toma de decisiones. Creo
que habría que remontarse a la época del primer
batllismo, a José Batlle y Ordóñez y su elenco de
ingenieros para encontrar un puente tan armónico
entre intelectuales, técnicos y poder político.
Eso para el país es una oportunidad espléndida.
Es más, no sería muy difícil explicar todos los
problemas que tuvo Uruguay de la década del 30 hasta
fines del siglo XX precisamente por la ruptura
escandalosa entre el poder político y la
intelectualidad. Hay un costo en términos de
desarrollo cuando vuela el puente entre los
intelectuales y técnicos y los tomadores de
decisiones. Hay un costo. Los partidos se
empobrecen, las políticas se empobrecen y los
intelectuales empeoran también, porque se remontan a
las utopías, cosa que Aldo Solari escribió en la
década del 60.
En estos momentos
estamos asistiendo a un puente sólo comparable al
primer batllismo, entre la mayoría de la
intelectualidad y la mayoría del poder político. Se
ve una especie de vaciamiento de la Universidad; hay
muchísimos colegas míos que están trabajando en
procesos de toma de decisiones, desde la Reforma de
la Salud hasta el Ministerio de Economía. Eso es
brillante para las políticas, es lo positivo. Un
colega es subdirector de OPP, Conrado Ramos. Todo
eso es beneficioso para el país. Para cualquier país
es bueno que los que estudian las políticas estén
cerca de los que toman las decisiones de políticas
públicas.
-¿Y dónde está la
zona gris?
- La amenaza es más
bien para los universitarios y para los
intelectuales. Esta amenaza tiene dos componentes.
Por un lado es perder independencia. Se puede
partidizar, perder capacidad crítica, olvidar la
misión para con la sociedad que no es la de hacer
mandados, sino la de perseguir la verdad y decirla
con toda franqueza. Es la verdad de uno, tan
relativa como la de los otros, discutible, parcial,
precaria pero hay la obligación de buscarla con
todas las fuerzas y decirla con toda la voz. El
involucramiento con las decisiones de gobierno
politiza, partidiza, quita autonomía.
Segundo problema muy
grave: si tenemos muchos colegas participando en los
procesos de toma de decisiones tenemos pocos colegas
investigando. Se les puede debilitar la
investigación, una de nuestras funciones, de las que
tenemos que hacer.
Por eso es una gran
oportunidad pero a la vez hay que estar alertas
para no perder ni el sentido crítico ni la capacidad
de investigar.
-¿Se podría hacer una
comparación entre el comportamiento del movimiento
obrero y la Universidad en este sentido?
-Sí
-Porque ellos dicen
que no quieren perder capacidad.
- El movimiento
obrero tiene un conflicto muy parecido al que viven
los universitarios. De la Universidad pública,
porque las universidades privadas, tácitamente están
vinculadas al bloque opositor. Y está bárbaro que
sea así, porque algún día les va a tocar a ellos
también gobernar y ojalá que tengan buenos técnicos
para que puedan gobernar bien.
Los universitarios,
como el movimiento obrero se sienten muy orgullosos
de su tradición. Pero igual que los universitarios
los dirigentes sindicales están amenazados en su
independencia de clase. Y en muchos lados esto está
generando muy graves problemas porque está empezando
a haber un sindicalismo nuevo, desconectado de la
tradición de afinidad con la izquierda.
No por eso son
sindicalistas de derecha, pero son sindicalistas que
no consideran que ellos le deban nada al actual
gobierno y no creen que ellos deban facilitarle la
vida. Y hay dirigentes sindicales que pertenecen a
partidos que trabajaron durante décadas para
construir esta alternativa de este gobierno que está
funcionando; si tienen que elegir le dan
gobernabilidad al gobierno. Presionan, pero aflojan.
A mediano plazo yo
creo que ese punto de equilibrio está condenado a
desaparecer. El sindicalismo uruguayo está condenado
a mediano plazo a ser mucho más exigente, mucho más
duro y no razonar tanto en términos de afinidad
histórica, fraternidad histórica con los partidos de
izquierda. No sé si he sido claro.
- Ha sido claro, sí.
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