No hay dos opiniones en la academia,
el Frente Amplio será reelecto
independientemente de su candidato
Entrevista al politólogo Dr. Adolfo Garcés

El Dr. Adolfo Garcé es Licenciado y Master en Ciencia Política por la Universidad de la República. Ejerce la docencia en la Facultad de Ciencias Sociales, en la de Ciencias Económicas de la Universidad de la República y en la UCUDAL. Es investigador del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, Udelar y autor de diversas publicaciones. El mas reciente de sus libros; “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN- Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral.”Años 1989, 1994. Lo que sigue a continuación son los tramos mas destacados del dialogo de La ONDA con el Dr. Garcés, sobre el balance que se puede hacer cuando entra en su tercer año de ejercicio el primer gobierno de la izquierda en Uruguay.

“La afinidad ideológica de más del 50% de la

 mayoría de la academia con este gobierno, ha

facilitado muchísimo la conexión entre la

Academia y los procesos de toma de decisiones”.

 

- Al llegar al tercer año de un gobierno de izquierda en el Uruguay, ¿se puede definir positivamente su trayectoria?

- Sí, se puede. Es un gobierno exitoso en cuanto está pudiendo llevar adelante un porcentaje alto de su agenda, la que el propio gobierno se fijó el 1º de marzo cuando asumió Vázquez como presidente, y la agenda que le había propuesto a la ciudadanía en la campaña electoral. Está pudiendo cumplir un porcentaje alto de su propia agenda, de sus propios objetivos.

 

Se prometió un Plan de Emergencia, el Gobierno lo definió, lo elaboró, lo instrumentó y ha tenido durante estos dos años un saldo positivo. El Gobierno había propuesto también cambiar las relaciones laborales en este país y reequilibrar la balanza salarial de los trabajadores reinstalando los Consejos de Salarios, que volvieron a actuar como lo que siempre fueron, un instrumento de regulación del mercado laboral  y de los conflictos sociales también. El balance es positivo en cuanto a política laboral, pese a los roces, previsibles también y en general poco dramáticos, con los empresarios.

 

El Gobierno también había hablado de cumplir el art. 4º de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. El balance es muy positivo. Creo que el Gobierno estuvo muy tentado en algún momento de abandonar la política que había prometido durante las elecciones, de respetar a Ley de Caducidad. Como resultó muy difícil conseguir la cooperación de los militares para obtener información sobre lo que había pasado con los detenidos desaparecidos, el Gobierno estuvo tentado de derogar la ley y buscar otras alternativas.

 

Recuerdo claramente los meses de setiembre y octubre de 2005, cuando desde el Parlamento los senadores Rubio y Michelini presionaron para encontrar una política distinta que permitiera cumplir con el artículo 4º. El balance, después de dos años de relaciones tensas, creo que muy productivas con las fuerzas armadas, es positivo. Controla a las fuerzas armadas. Por lo menos los militares obedecen calladitos y sin chistar, que es lo que corresponde. Esa es la certeza que yo tengo como ciudadano y creo que ha sido muy bueno para la democracia uruguaya.

 

Siguiendo con este balance muy rápido, el Gobierno también había prometido impulsar un "Uruguay inteligente" se dijo en su momento. Nuevas políticas o políticas propiamente dichas de innovación en ciencia y tecnología. Yo creo que se han dado pasos importantes, la constitución del gabinete ministerial de la innovación y del grupo operativo, la creación de la agencia para la innovación. Lo que se está hablando mucho en el sistema universitario, la carrera de investigador, la creación de un sistema nacional de investigadores.

 

Todo eso es realmente positivo y tiene que ver con esa apuesta que el Uruguay necesariamente debe recorrer, que es la apuesta a la construcción de un mecanismo mucho más potente de innovación en nuestro país, para tener una producción mucho más dinámica y también un desarrollo mucho más sustentable en el tiempo.

 

Finalmente, en lo que tiene que ver con el Uruguay internacional, otro capítulo del programa del Frente, ahí yo diría que también hay que hacer un balance positivo. Porque el Uruguay ha logrado -de un modo muy confuso, errático, desprolijo - lo que quería: tratar de mejorar sus relaciones con el Mercosur y tratar de ampliar los mercados. Yo digo que si hubiésemos pasado raya hace seis meses, el balance era negativo. Cuando se pasa raya ahora el balance es positivo porque uno ve que las relaciones con Brasil mejoraron; que las relaciones con Argentina empeoraron pero no por incompetencia del gobierno sino realmente porque es difícil imaginar un escenario tan hostil para Uruguay desde la vereda de Argentina. Independientemente de que haya habido errores del lado uruguayo, creo que casi cualquier gobierno hubiese tenido los mismos problemas que tiene el gobierno de izquierda en este momento con Argentina. Y desde luego ha mejorado en cuanto a abrir otros mercados, o mejorar las relaciones con Venezuela, con Cuba y hasta con Estados Unidos. De un modo muy raro, Vázquez logra al mismo tiempo mejorar las relaciones "con Dios y con el Diablo", por usar las expresiones de Chávez, que deben entenderse como mejorar las relaciones con Chávez y mejorar las relaciones con Bush.

 

En este balance muy rápido yo diría que es un gobierno exitoso porque más o menos está cumpliendo con los principales ejes de su propuesta programática preelectoral y con lo que dijo el 1º de marzo de 2005 Tabaré Vázquez.

 

El Gobierno, como está cumpliendo razonablemente bien con lo que había esbozado durante la campaña electoral, ha generado un escenario óptimo para ser reelecto. No hay dos opiniones en la academia o entre los analistas políticos en cuanto a que el escenario más probable es que el Frente Amplio sea reelecto independientemente de su candidato. Un gobierno exitoso logra la reelección. Estoy hablando del Gobierno, no de la reelección del Presidente. Entonces creo que la prueba del 9 para el Frente Amplio es que va a ser reelecto en el 2009; no lo diría con certeza absoluta pero el consenso entre los analistas es ese.

 

Dicho todo esto, me queda una inmensa duda, y es la siguiente. Uno puede hacer las cosas lo suficientemente bien como para que le vaya bien en el corto plazo y por lo tanto para ser reelecto, sin asegurar que en el mediano plazo el país vaya a cambiar definitivamente. Es decir puede ser que al Frente Amplio le vaya razonablemente bien, que eso le permita ser reelecto y sin embargo que dentro de veinte años, cuando tracemos la raya más importante (porque el balance más importante es el que se va a hacer dentro de veinte años) digamos que el país perdió otra oportunidad. Yo no estoy seguro de cuál va ser el saldo que van a arrojar veinte años o quince años de gobierno de izquierda.

 

A principios del 2004 yo hablé de la era progresista, porque yo estaba convencido de que el Frente Amplio iba a ganar, que iba a gobernar razonablemente bien y que por lo tanto íbamos a tener muchos períodos de gobierno de izquierda, por lo menos dos. Ahora tiendo a pensar que van a ser tres. Porque me parece que es muy importante el poder que está logrando el Frente Amplio y está pisando muy firmemente.

 

Al mismo tiempo la oposición está muy débil, muy desnorteada, desarticulada y sin ideas. Lo cual asegura que el Frente Amplio tiene el camino despejado en el tema del poder por diez años más, creo. Sin embargo el tema es qué pasa dentro de veinte años cuando tracemos raya. ¿Vamos a haber desperdiciado una oportunidad como país? ¿O habremos logrado por fin el despegue del que se habla por lo menos desde la década del 60? Es ahí cuando tenemos que opinar,  tengo que decir qué pienso que va a pasar cuando tracemos ese balance a los quince o veinte años. Hoy por hoy no estoy seguro de que no vayamos a preguntarnos en ese momento qué fue lo que salió mal, dónde nos equivocamos, o dónde se equivocó el Uruguay como país. ¿Por qué? Porque no es la primera vez que al país le va bien, o muy bien.

 

Si uno mira la historia reciente, al país le fue en términos económicos razonablemente bien durante los primeros años de la dictadura. Desde el 74 al 78 o 79, mientras Végh Villegas tuvo la batuta, la economía del país tuvo un ciclo muy intenso de crecimiento. Las exportaciones cambiaron su perfil y hubo producción de manufactura para la exportación. Hubo muchas cosas que salieron bien, en la política económica sin ninguna duda. Sin embargo, después, en el 82 fue un desastre. Si se miran los veinte años de la democracia, del 95 al 98 al país le fue muy bien. Si se toman en cuenta los indicadores nos fue muy bien, en términos económicos y en términos sociales. Bajó la pobreza, bajó la indigencia, subió el PBI, se estabilizó la moneda, se hicieron reformas estructurales, muchas de las cuales este gobierno mantiene además.  Pero del 99 al 2002 fue la debacle. Nada me fastidiaría tanto como otra vez entusiasmarme y desencantarme.

 

- Esas zonas de dudas, incluso dudas en perspectiva, ¿tienen a la economía como la interrogante más importante?

- No, yo diría que no.

 

- ¿Aparece como exitoso el ángulo de la economía en el ejercicio de este gobierno?

- Ah, yo creo que sí. Uno de los puntos más fuertes del gobierno es la política económica, por su profesionalismo, por su seriedad. Por la confianza que inspira al empresariado, a los inversores extranjeros y a los gobiernos extranjeros.

 

-Pero hay datos de la realidad que de alguna manera interrogan eso que usted dice... Una, la desocupación básicamente sigue alta. Y la inversión sigue siendo baja...

-Sí, es cierto. La desocupación de todos modos ha bajado porque está en el entorno del 10% o menos y es una cifra histórica para el país. Y dudo mucho que para explicar por qué la desocupación no baja más haya que mirar la política económica. No baja más porque -como dicen los economistas- se introdujo una riqueza importante en el mercado laboral al incorporar los Consejos de Salarios, que tienen un componente positivo y un componente negativo. El componente positivo es que ha mejorado los salarios de los trabajadores ocupados.

 

El componente negativo es que esto frena la baja de la desocupación.

Yo creo que la política económica genera algunas dudas. Por ejemplo, la historia del país demuestra que un talón de Aquiles, si no el principal, ha sido la política cambiaria. Las crisis a que hacía referencia -la del 82 y la del 99 al 2002- son crisis que tienen muchísimo que ver con la política cambiaria. El atraso del tipo de cambio es una bomba de tiempo. Dentro del Gobierno, desde el Senado, el senador Couriel, de izquierda, plantea este problema. El tipo de cambio está relativamente atrasado, o el dólar está más bajo de lo que mucha gente esperaría.

 

A mí me consta -personalmente conozco al economista Lorenzo- que ellos conocen mucho mejor que yo el peligro que significa el atraso del tipo de cambio para el dinamismo de la economía a mediano plazo. Y hasta dónde vuelve vulnerable a la economía. Entonces yo confío en que ellos están alertas ante este problema y que frente a un cambio de las condiciones internacionales como ellos mismos han dicho y lo ha dicho el ministro Astori, va a cambiar la política cambiaria, se va a mover el dólar al alza.

 

Yo tampoco estoy en la cocina de la política cambiaria y no sé si están haciendo la política cambiaria que ellos quieren y tienen el dólar al nivel que quieren y lo pueden manejar, o han quedado atrapados en una serie de tensiones económicas, o flujos económicos, no sé cómo llamarlos, que hacen que tengan el nivel de tipo de cambio que pueden tener y no el que aspirarían. No conozco tan a fondo el asunto, pero ahí hay una luz amarilla.

 

Otra luz amarilla puede ser que tenga que ver con la inversión. Porque la política laboral que protege más que antes al trabajador quizás está inhibiendo el crecimiento de la inversión, que sería un problema a mediano plazo.

 

Otra luz amarilla es el comercio internacional. Hay quienes dicen que sin avanzar rápidamente al Tratado de Libre Comercio el país no va a poder acelerar su tasa de crecimiento y sobre todo disminuir su vulnerabilidad a los factores externos adversos. Fue una de las lecciones del pasado, sobre todo de la crisis del 99 al 2002, que cuando se depende de pocos mercados se es muy vulnerable a lo que pasa en esos mercados y por lo tanto se es más débil como país. Entonces quienes abogan a favor del Tratado de Libre Comercio capaz que tienen razón. Sobre este tema no tengo una posición definitiva porque no soy economista, soy politólogo. Más bien tiendo a pensar que Uruguay, para asegurar un desarrollo económico intenso y sustentable a mediano plazo tendría que lograr al mismo tiempo conquistar nuevos mercados para ser menos vulnerable, menos dependiente de los factores externos adversos y desarrollar fuertemente  la innovación en la ciencia y la tecnología. El problema es que estas dos cosas, la apertura de mercados y el desarrollo del proyecto "Uruguay inteligente" a veces pueden entrar en contradicción. Porque es posible que si se avanza en el camino de los TLC se esté sacrificando el proyecto del "Uruguay inteligente".

 

- Eso le iba a preguntar, porque uno de los ítems de los TLC es que recorta las posibilidades de desarrollo de toda la producción inteligente, en tanto que principalmente Estados Unidos pero también China tiene un formato parecido, busca que gravite el proceso de ellos sobre esto.

-Es una discusión vieja como la teoría económica prácticamente. Hace por lo menos cincuenta años que en América Latina se discute si la apertura comercial es una oportunidad o es un problema. Es una discusión que se remonta al nacimiento de la CEPAL, en la década del 50. Hay gente que dice que si se abren los mercados nos va a ir bien; y hay quienes dicen, un poco reciclando a Fredich, que hay que abrir los mercados pero de modo tal que permita hacer lo más importante de todo, que es generar autosuficiencia de la propia producción, que permita aumentar la productividad. Por lo tanto hay que tener cuidado porque si se abre la economía demasiado rápido se pueden estar sacrificando los procesos domésticos de innovación, de acumulación de ciencia y tecnología y de generación de una producción más inteligente, más innovadora.

 

-¿Y cómo se resuelve esa ecuación?

-Yo no sé porque no soy economista. Lo que sé es que este debate es de una altísima complejidad y de una altísima trascendencia.

 

-¿Se está dando en el Uruguay?

-Se está dando más o menos me parece. Cuando uno revisa los debates del año pasado sobre la apertura comercial, este tema no siempre apareció y para mi gusto no siempre fue bien planteado, pues los argumentos a favor y en contra del TLC no siempre iban por este lado.

 

Creo que hay algunos actores del sistema político que lo visualizan y otros que no. Por ejemplo me parece que los colorados y los blancos en el capítulo de la ciencia y la tecnología aunque creen  que lo conocen en realidad lo desconocen y lo han ignorado por décadas. Entonces ellos en este debate participan mal porque tienen una visión un poco mágica de los TLC. Y en la izquierda, estoy pensando en Rubio por ejemplo, que es muy consciente de esto. Porque él está muy involucrado en el proyecto "Uruguay innovador"; no en vano él fue el líder del grupo Cientis donde trabajó el grueso de la comunidad científica nacional relacionada con estos temas de innovación de la ciencia y la tecnología. Rubio me consta que entiende que hay que atar los dos procesos, el de apertura comercial y el de generación de mejores condiciones para innovación de la ciencia y la tecnología. Pero no estoy muy seguro de hasta dónde la Cancillería maneja bien este tema u otros actores importantes en el diseño de la estrategia para el país.

 

Entonces, no sé cómo se va a resolver este asunto. Todo indica que Uruguay va a estrechar sus relaciones con Estados Unidos. No sé a qué precio lo va a hacer.

Lo único que pienso, volviendo a su pregunta inicial, es que las dudas que yo tengo respecto de si Uruguay va en un mediano plazo a dar o no un salto importante hacia adelante, no tienen que ver estrictamente con la estrategia que está llevando el equipo económico. Son dudas más generales que tienen que ver con cierta debilidad de la acumulación programática y técnica de la izquierda en general; cierta carencia general de preparación para desempeñar cargos ejecutivos, que no es ni siquiera patrimonio de la izquierda, es patrimonio del sistema político nacional. Un patrimonio o un peso, un rasgo negativo, en general, del sistema político nacional. Y cierta debilidad a su vez, de nosotros mismos, los cientistas sociales, para aportar ideas, soluciones concretas para los problemas del desarrollo económico. Entonces tengo dudas pero no tienen que ver con Danilo Astori o el equipo económico.

 

- Usted ha dicho que el Gobierno seguramente va a aumentar las relaciones comerciales con Estados Unidos. ¿Usted piensa que la ecuación que está planteada en la discusión acerca de si se debe o no desarrollar esa relación va a ser a favor de que se desarrolle?

- Me parece claro que todo el Gobierno, por lo que han dicho todos los ministros, quiere mejorar la relación con Estados Unidos. Lo que pasa es que hay una parte del Gobierno que no quiere el TLC, eso es clarísimo. Se irá hacia un TLC o no, todo indica más bien que no; pero también todo indica que las relaciones con Estados Unidos igual van a mejorar. Es más: es muy probable que toda esta decisión termine en un acuerdo grande de todo el Mercosur y Estados Unidos, conformando o no TLC. Pero me parece que de un modo desprolijo, un poco confuso, de ensayo y error, el Gobierno ha logrado lo que quería en materia internacional: mantenerse en el Mercosur pero dar algunos pasos hacia afuera. Uno de los pasos se está dando y creo que Vázquez se manejó con mucha destreza. Es el paso de esas relaciones con Estados Unidos. Porque creo que la visita de Bush terminó siendo un éxito para el Gobierno.

 

- Esta pregunta estaba también vinculada a cómo se han leído los cambios de estos días. Por ejemplo, el cambio de colocar a Rubio en un puesto clave del Gobierno, se ha leído como una señal hacia la izquierda.

- Es cierto, pero no sabemos cuál es el próximo paso del Presidente. Nadie se esperaba este paso del Presidente. Se ha hablado mucho de un posible cambio en la Cancillería. El tablero de Vázquez yo no lo conozco, no sé cuál va a ser la próxima jugada. Pero no me sorprendería que así como hoy designó a Rubio, mañana designa a Gianelli en la Cancillería. Entonces otra vez tendríamos muy equilibradas las fuerzas en pro y en contra del TLC.

 

Yo estoy convencido de que no hay espacio, que los partidarios del TLC en este gobierno son menos, aún con Gianelli en la Cancillería. Se ha especulado que los que están a favor del TLC son menos fuertes que los que están en contra. La posición de veto al TLC es más fuerte que la posición a favor. Lo fue durante todo el 2006 y lo va a ser incluso si hay novedades en el gabinete, en mayo o más adelante, hasta si saliera Gargano. Yo creo que el Gobierno no tiene espacio, sí lo tiene en la opinión pública que está más bien a favor. No tiene espacio interno, dentro de su propio partido, para impulsar el TLC. Pero sí el espacio para estrechar los lazos con Estados Unidos en general y hasta con este gobierno republicano en particular.

 

-Ya que usted plantea que Vázquez busca de hecho, o quizás como estrategia, un equilibrio permanente en opción política, en opciones ideológicas, ¿cómo analizaría usted la pregunta de si este gobierno es un gobierno de izquierda?

- Es un gobierno de izquierda en términos de política comparada. En el mundo se acepta que hay básicamente dos tipos de gobiernos. Hay más, porque tenemos gobiernos de ultraderecha y gobiernos de ultraizquierda.

 

Yo diría que el gobierno de Chávez es un gobierno de ultraizquierda. Pero en el mundo, sacando los extremos, tenemos gobiernos liberales o conservadores, y por otro lado más bien de izquierda, más bien socialdemócratas. Es evidente que éste es un gobierno de centro izquierda, de perfil socialdemócrata. ¿Por qué lo es? Porque está cumpliendo con el ABC de un gobierno socialdemócrata: trata de asegurar la tasa de crecimiento y al mismo tiempo trata de redistribuir el ingreso. Y los mecanismos de redistribución del ingreso que ha montado el Gobierno son muy poderosos. Los Consejos de Salarios, el Plan de Emergencia, la Reforma Tributaria, son mecanismos muy importantes de redistribución del ingreso.

 

El perfil de este país va a cambiar dentro de cinco años, va a ser distinto. Vamos a tener un país menos desigual y eso no va a ser obra de la casualidad sino fruto de una política de redistribución del ingreso que se está llevando adelante. Ah, si se compara lo que hace el Gobierno con su historia, ahí sí. Esa es otra discusión.

 

-¿Con la historia o con el discurso de la izquierda?

- Con todo me parece. Uno podría hacer comparaciones muy crueles.  Podría comparar las políticas de Danilo Astori con las políticas que él mismo cuestionaba cuando era Decano de la Facultad de Ciencias Económicas, entre el 85 y el 89 y el ministro de Economía era Zerbino. Uno podría ser más malo todavía, y comparar esta política económica con la de Végh Villegas. Yo estoy seguro de que se puede encontrar que esta política es menos dirigista que la de Végh Villegas. En la época de Végh Villegas se llevó adelante una política industrial muy interesante. De la mano de la Ley de Promoción Industrial aprobada en el 74 y que se venía elaborando desde los años de la CIDE en los 60.

 

Se pueden hacer muchas comparaciones pero no se puede ir a los 60, en que había un proyecto revolucionario que era el de los partidos de izquierda. Había un proyecto desarrollista (el de Wilson, Faroppa, Michelini antes de irse al Frente). Y había un proyecto liberal que fue naciendo en los partidos tradicionales de la mano del Herrerismo y del parricidio de la 15 en el Partido Colorado liderado por Jorge Batlle.

 

El proyecto de la izquierda hoy en el gobierno no es ni el proyecto desarrollista ni el proyecto revolucionario. Se parece más bien a la continuación, con énfasis, con matices, del proyecto liberal. Creo que esa es una discusión interesantísima, muy apasionante, a mí me encanta seguir la historia de las ideas. Pero cuando uno compara la izquierda de hoy con aquella izquierda las diferencias son abrumadoras y demoledoras. Cuando se compara este gobierno de izquierda con lo que venían haciendo los colorados y los blancos, éste es un gobierno más de izquierda. Y cuando se compara este gobierno con lo que son los gobiernos en el mundo uno lo clasifica sin lugar a dudas entre los gobiernos de centro izquierda.

 

-Sí, justamente. En realidad, la discusión, el hecho de traer este emergente al debate, viene en comparación más bien con el ejercicio de política que hace el gobierno de Chávez, no en el sentido interno. En ese razonamiento que usted hace el gobierno de Chávez es un gobierno de izquierda pero "ultra".

- Eso es muy cierto, pero es un gobierno que va hacia el socialismo. Él lo dice y lo va a hacer, si le da el tiempo y si le dan los apoyos políticos. Nadie sabe muy bien qué es el socialismo, pero es claro que el capitalismo en Venezuela está amenazado, el mercado está amenazado. Y es claro que la libertad política está amenazada en Venezuela. Entonces es un gobierno de izquierda en línea con Fidel y con la vieja tradición revolucionaria marxista de las izquierdas latinoamericanas. Además tiene rasgos populistas, que es un debate diferente que tiene que ver con el estilo de hacer política, pero es un gobierno super de izquierda, que se ata con esa tradición revolucionaria a la que hacía referencia cuando repasaba los tres proyectos de cambio que nacieron en el país en la década del 60. Es un proyecto que recoge el proyecto  de la izquierda revolucionaria de los 60 que se proponía romper con el imperialismo y hacer la revolución socialista.

 

El camino que ha seguido Chávez es distinto pero yo creo que está en esa ruta que va hacia un desastre, que está dinamitando la economía de Venezuela, despilfarrando recursos de un modo imperdonable y además está amenazando la libertad política.

 

- Hay analistas que dicen que ese error que usted percibe, o esa proyección al desastre que usted ve en el gobierno de Chávez, también va a arrastrar al desastre a estos otros gobiernos. Principalmente lo vinculan con Brasil, si fracasa Chávez fracasa también Brasil.

- La verdad que no conozco bien esa línea argumental. A simple vista me cuesta suscribirla, no encuentro muy bien las conexiones entre los dos procesos. Más bien tiendo a pensar que los grandes perjudicados por el fracaso de Chávez, -que es inexorable por el camino sin salida en el que está-, son los venezolanos. Y que en cambio los brasileños, como los uruguayos, como los chilenos, estamos recorriendo un camino mucho más sensato, que revela el enorme aprendizaje que en términos económicos, políticos, ideológicos, han hecho las izquierdas chilena, brasileña y uruguaya. Entonces no creo que en Brasil haya un desastre inminente ni atado a la evolución de Venezuela.

 

- Otra pregunta,  en relación con esto. La integración del gobierno del Dr. Tabaré Vázquez es en general una integración de líderes políticos, de jefes de partidos que componen la fuerza política de gobierno. Esto, del punto de vista político, del punto de vista de la experiencia de estos años y meses ¿se muestra como una virtud, como un ensayo positivo?

-Yo creo que tiene algunos lados positivos y otros preocupantes.

El lado positivo es que como muy bien fundamentó Daniel Chasqueti hace mucho tiempo atrás, se ha revelado como un excelente mecanismo para disciplinar al Frente Amplio, para encolumnar a todo el Frente Amplio detrás del Gobierno y para asegurar la gobernabilidad. Como mecanismo para asegurar la gobernabilidad es óptimo, es excelente. ¿Este gobierno por qué es exitoso? Como decíamos antes. Porque está pudiendo hacer las cosas y está pudiendo hacerlas porque tiene gobernabilidad. No hay nada tan importante en un presidente como saber  resolver eso. 

 

Si el Presidente no sabe muy bien de algunas políticas a fondo, yo creo que es preocupante pero no es dramático. Un presidente se puede dar el lujo, como Vázquez, de no saber de muchas políticas. Pero lo que no se puede perdonar a un presidente es que no sepa resolver lo más importante de todo que es asegurar la gobernabilidad. El ejemplo perfecto de un presidente que no sabe resolver la gobernabilidad es Batlle. Podrá saber mucho de muchas cosas, teóricamente puede tener razón en muchas cosas pero como presidente fracasó porque no supo asegurar la gobernabilidad. Se dedicó a dinamitar todas las alianzas que tenía, primero con Sanguinetti y después con Lacalle. Vázquez eso no lo hace. No sabe de muchas políticas pero sí sabe cómo asegurar la gobernabilidad y la unidad de su partido. Gran mérito del Presidente.

 

Lo que veo que es potencialmente un problema es que al colocar a los jefes de las principales fracciones del Frente Amplio se paga el precio de poner en los cargos políticos a personas que no necesariamente serían la mejor opción en términos técnicos. Es decir, debe haber muchas personas que sepan mucho más que Mujica. Esa también es una contradicción de la izquierda, porque la izquierda siempre cuestionó la baja calidad de las políticas de los partidos tradicionales, criticó también el reparto político. Siempre dijo la izquierda "los mejores hombres para las tareas" y resulta que después prevalece el criterio del reparto político.

El reparto político tiene su racionalidad política pero puede ser que tenga un coto. Porque hay personas que podrían desempeñar mejor que Gargano la función de canciller. Yo no veo que los problemas con Argentina sean culpa de Gargano, pero es evidente que Gargano no los puede resolver. Lo mismo podríamos decir en general de la política internacional del país. No creo que Gargano sea un problema pero es seguro que no es la solución. Y pasa lo mismo con Mujica. Es un político extraordinario, la izquierda tendría que hacerle un monumento. Sin embargo, debe haber otras personas que podrían ser mejor Ministro de Ganadería que él.

 

Entonces pagamos un precio desde el punto de vista de la calidad de lo que hacemos como país. Y este es un viejo problema, no es la izquierda la primera que tropieza con esta piedra. Siempre tropezamos con esta piedra. La consecuencia es que a corto plazo nos va más o menos bien y a mediano plazo nos encontramos con que las cosas salieron mal. El no poder asegurar en el mediano plazo un desarrollo sostenido tiene que ver también con la mediocre calidad de las políticas que hacemos, que se vincula con la falta de preparación, tradicional del sistema político uruguayo pero político para resolver los problemas de este gobierno. De alguna manera volvemos al principio: balance exitoso y dudas a mediano plazo.

 

- Todo este desarrollo, este enfoque de los dos años y meses del Gobierno, ¿cómo ha incidido en la Academia si uno lo ve comparativamente con los gobiernos anteriores?

- Es una oportunidad y una amenaza.

Una excelente oportunidad porque la afinidad ideológica de más del 50% de la mayoría de la Academia con este gobierno ha facilitado muchísimo la conexión entre la Academia y los procesos de toma de decisiones. Creo que habría que remontarse a la época del primer batllismo, a José Batlle y Ordóñez y su elenco de ingenieros para encontrar un puente tan armónico entre intelectuales, técnicos y poder político. Eso para el país es una oportunidad espléndida. Es más, no sería muy difícil explicar todos los problemas que tuvo Uruguay de la década del 30 hasta fines del siglo XX precisamente por la ruptura escandalosa entre el poder político y la intelectualidad. Hay un costo en términos de desarrollo cuando vuela el puente entre los intelectuales y técnicos y los tomadores de decisiones. Hay un costo. Los partidos se empobrecen, las políticas se empobrecen y los intelectuales empeoran también, porque se remontan a las utopías, cosa que Aldo Solari escribió en la década del 60.

 

En estos momentos estamos asistiendo a un puente sólo comparable al primer batllismo, entre la mayoría de la intelectualidad y la mayoría del poder político. Se ve una especie de vaciamiento de la Universidad; hay muchísimos colegas míos que están trabajando en procesos de toma de decisiones, desde la Reforma de la Salud hasta el Ministerio de Economía. Eso es brillante para las políticas, es lo positivo. Un colega es subdirector de OPP, Conrado Ramos. Todo eso es beneficioso para el país. Para cualquier país es bueno que los que estudian las políticas estén cerca de los que toman las decisiones de políticas públicas.

 

-¿Y dónde está la zona gris?

- La amenaza es más bien para los universitarios y para los intelectuales. Esta amenaza tiene dos componentes. Por un lado es perder independencia. Se puede partidizar, perder capacidad crítica, olvidar la misión para con la sociedad que no es la de hacer mandados, sino la de perseguir la verdad y decirla con toda franqueza. Es la verdad de uno, tan relativa como la de los otros, discutible, parcial, precaria pero hay la obligación de buscarla con todas las fuerzas y decirla con toda la voz. El involucramiento con las decisiones de gobierno politiza, partidiza, quita autonomía.

 

Segundo problema muy grave: si tenemos muchos colegas participando en los procesos de toma de decisiones tenemos pocos colegas investigando. Se les puede debilitar la investigación, una de nuestras funciones, de las que tenemos que hacer.

 

Por eso es una gran oportunidad pero a la vez  hay que estar alertas para no perder ni el sentido crítico ni la capacidad de investigar.

 

-¿Se podría hacer una comparación entre el comportamiento del movimiento obrero y la Universidad en este sentido?

-Sí

 

-Porque ellos dicen que no quieren perder capacidad.

- El movimiento obrero tiene un conflicto muy parecido al que viven los universitarios. De la Universidad pública, porque las universidades privadas, tácitamente están vinculadas al bloque opositor. Y está bárbaro que sea así, porque algún día les va a tocar a ellos también gobernar y ojalá que tengan buenos técnicos para que puedan gobernar bien.

 

Los universitarios, como el movimiento obrero se sienten muy orgullosos de su tradición. Pero igual que los universitarios los dirigentes sindicales están amenazados en su independencia de clase. Y en muchos lados esto está generando muy graves problemas porque está empezando a haber un sindicalismo nuevo, desconectado de la tradición de afinidad con la izquierda.

 

 No por eso son sindicalistas de derecha, pero son sindicalistas que no consideran que ellos le deban nada al actual gobierno y no creen que ellos deban facilitarle la vida. Y hay dirigentes sindicales que pertenecen a partidos que trabajaron durante décadas para construir esta alternativa de este gobierno que está funcionando; si tienen que elegir le dan gobernabilidad al gobierno. Presionan, pero aflojan.

A mediano plazo yo creo que ese punto de equilibrio está condenado a desaparecer. El sindicalismo uruguayo está condenado a mediano plazo a ser mucho más exigente, mucho más duro y no razonar tanto en términos de afinidad histórica, fraternidad histórica con los partidos de izquierda. No sé si  he sido claro.

 

- Ha sido claro, sí.

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