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El presidente Correa llega a Uruguay en
diciembre: habla el embajador Vera Manzo
del proceso ecuatoriano
Entrevista al embajador de
Ecuador
Dr. Edmundo Vera Manzo
“La mayoría de los pueblos y países
de América del Sur marchan en una misma dirección,
la mayoría, y quedan muy pocos que están en una
dirección contraria”, dijo el embajador de Ecuador,
doctor Edmundo Vera Manzo, quien propuso que hay que
caminar “Hacia un pensamiento integrador y no un
pensamiento que separe, que sume y que multiplique y
no que reste y divida”.
Lo que sigue es parte de lo
conversado con La ONDA digital,
durante casi una hora.
-
Embajador: ¿Cómo definiría la etapa política que
vive su país en este momento luego del triunfo de la
posibilidad de una Constituyente?
- El momento es de un
cambio de Era, como dice el presidente Correa,
porque se trata de un salto o un cambio cualitativo.
En este caso se trata de desmontar los mecanismos
del neoliberalismo que se implementaron
recientemente en la Constitución de 1998 y también
de algunos resabios atrasados que arrastraba nuestra
Constitución. Entonces aquí se puede decir que las
leyes estaban montadas para que los sectores (sobre
todo banqueros y sectores empresariales)
dispusieran de los bienes del Estado. Es un
replanteamiento en que la comunidad, el país y la
humanidad deben prevalecer sobre los intereses
particulares, o sea, la Patria.
Cualquier sector
económico no debe tener el poder sobre la totalidad
del país, pero hasta ahora esto pasaba. Algunos
grupos ponían a su servicio todo el conjunto de las
potencialidades del país, lamentablemente por esta
vía, han sido frustradas las aspiraciones de cambio,
desde el gobierno de Jaime Roldós en 1979. Luego el
pueblo siempre ha planteado una tendencia
progresista que, lamentablemente, los gobiernos han
defraudado. Pero ahora y sobre todo con la votación
clara que el Presidente planteó hacia un socialismo
del siglo XXI, hacia una concepción diferente del
manejo de la economía al servicio de todos- Es un
cambio sustancial, que no es estar al servicio sólo
de un sector poderoso, sino en función de la
comunidad.
- A diferencia de
otros planteos que se ven en América Latina en este
momento, usted no habla de revolución...
-
En un documento de la campaña
electoral se hablaba de las “5 revoluciones”, pero
las “5 revoluciones” pacíficas. Estoy convencido que
el gran reto ahora es la conciencia de la gente.
La guerra está en la conciencia de las personas.
Yo creo que ahorita
no tiene asidero de que un grupo de jóvenes o de
personas honradas decidan una acción, a favor de la
mayoría cuando la mayoría aun la desconoce y está en
contra. El reto está en que las ideas, como Marx
decía, sólo tienen fuerza cuando están en la
conciencia de la gente. Entonces la gran
revolución es en la conciencia, donde tiene que
darse fundamentalmente los cambios.
-¿Cómo describiría,
en 4 ideas fundamentales, los factores prioritarios
a llevar adelante en su país?
-
Para mí lo primero es el desmontaje
del poder económico que estaba instalado. Porque el
presidente de la República, actualmente, está
atrapado por las leyes vigentes, por ejemplo, en el
manejo del sistema bancario. El superintendente de
banco tiene un poder omnímodo en el que están en
juego miles de millones de dólares y no dependen del
Presidente ni del gobierno, sino de una persona
nombrada por el Congreso y de un Congreso que ha
estado al servicio de las oligarquías, este es un
punto clave.
Otro punto clave es
lo que deriva de Congreso que hizo la Asamblea
Constituyente del 1998. Este dispuso que el Estado
tiene que entregar las competencias a las
Intendencias (se diría aquí) o a los Municipios que
lo solicitaren. Imagínese, una parte tendría más
derecho y más poder que el todo, que es el
gobierno. Yo creo que eso no debe pasar.
Un tercer punto de
los cuatro que me plantea, se trata del problema, yo
diría, de la revolución educativa. Se requiere un
cambio profundo para que toda la población pueda
acceder a la educación. Lamentablemente 1 de 6
alumnos ya repiten el 1er. grado, como acontece por
igual en el Uruguay, y que 2 de cada 6 tampoco
termina la escuela.
Entonces ¿cómo puede
tener poder un país si se encuentra aislado de las
fuerzas productivas y sii hay un millón de
analfabetos? Entonces tiene que haber un cambio en
la masificación de la educación. Pero paralelo a
ello se requiere un cambio en la conciencia. Se
requiere entrar al siglo XXI, pero más que al siglo
XXI, a una concepción post-industrial.
Que no estemos
encerrados en una disciplina, que no estemos
aislados (como se dijo en todo el siglo XX) y cada
quien esté en materias por separado y que no está
interconectado. Se requiere entrar a un pensamiento
relativista de Einstein y a un pensamiento complejo
y sistémico. Que podamos comprender el todo y la
parte de la interconexión de los diferentes
fenómenos que existen.
Eso no se encuentra
en América Latina. Lamentablemente, las
transnacionales se han apoderado del pensamiento más
importante. Y los pueblos, en la educación y en la
cultura, están anclados en forma de pensar de la
época de Descartes y Newton y otros están en el
pensamiento empírico práctico de la Edad Media y,
también otros, más lejos, en el pensamiento mágico y
mítico.
¿De qué sirve que
tengamos computadora? Si tenemos profesionales
aislados, porque no hay conciencia de lo
multidisciplinario, que es el paso que hay que
darse. Porque si dos personas están en dos
disciplinas, los dos se empobrecen si están solos.
Pero si dos o más se unen, se aportan las visiones
particulares de cada uno.
Y el cuarto punto que
le plantearía es la infraestructura física. Ese es
un problema del Ecuador y de América Latina. La
colonización española, inglesa y norteamericana han
producido que nosotros estemos mirando a los centros
de poder, que extraigamos nuestra materia prima y
que los exportadores se enriquezcan, pero con la
miseria de los que producen en el país.
Estamos
desarticulados y aislados entre nosotros en América
del Sur, en América Latina. Estamos desarticulados
internamente entre lo urbano y lo rural, donde lo
urbano explota a lo rural, unos viven como seres
humanos y otros como sub-humanos. Entonces la gente
que tiene la mentalidad más atrasada pero con más
dinero, ¿qué le interesa? No le interesa nada que se
unifique el país, que eleve su nivel cultural de
salud, educación. Lo que le interesa es que produzca
materia prima para luego exportar. O sea, no le
interesa el país no les interesan los seres humanos.
Los nuevos gobiernos
de tendencia progresista de América Latina y el
Ecuador tienen que integrar primero al país. No se
puede concebir que pase una carretera o una
supercarretera y que a un kilómetro o medio
kilómetro no haya caminos vecinales que puedan
entrar los vehículos en invierno, que no haya luz,
que no hayan escuelas.
- Embajador, usted habló de que
el proyecto tiene como tendencia el socialismo del
siglo XXI. ¿Qué quiere decir eso en la economía?
-
Nuestro presidente estará muy pronto
en Uruguay y ustedes podrán conocerlo mejor… Pero
el presidente del Ecuador tiene una extraordinaria
ventaja sobre el resto de nuestros antiguos
presidentes y sobre algunos presidentes de América
que no quiero mencionar, porque por vez primera,
tenemos un Presidente que es economista en un país
que siempre tenían formación de abogados, de
médicos, y lo digo, sin quitarles méritos, pero es
más difícil para otros profesionales entender la
economía. El presidente Correa y también muchos
líderes de América del Sur, han captado que hay que
tener una infraestructura económica de bancos más al
servicio del Sur (que también existe!), al servicio
de nuestro desarrollo y no como bomba de succión
económica para los países del primer mundo.
Entonces, en este
caso, un socialismo (para mí) del siglo XXI, es
aquel que, superando la concepción maniqueísta de
que siempre hay que explotar a alguien, que siempre
tiene que estar aplastado alguien, o que la
burguesía tiene que aplastar a los obreros y los
campesinos y, a través de toda la historia, siempre
alguien tiene que estar abajo. No se trata
entonces que al ganar las fuerzas progresistas
tengan que aplastar y deprimir a los otros sectores
económicos, de ponerlos en desgracia y hacerlos
quebrar.
Como yo lo entiendo,
mejor dicho, quiero que comprendan que lo que se
plantea es que los diferentes sectores económicos
y los diferentes sectores productivos, tienen que
interconectarse con el sector, digamos, estatal,
con quienes dirigen un país. El sector empresarial
o comercial o marítimo, pesquero o productivo de
cualquiera de nuestros países es respetable, pero no
puede sacrificarse el país para que ellos se
encuentren bien, sino que tienen que desarrollarse
todos, tomando como factores fundamentales, el
desarrollo de la comunidad, el desarrollo
departamental y el desarrollo nacional, y luego
pasar al desarrollo (en este caso) de nuestras
integraciones que tenemos en América del Sur.
Y el último
desarrollo, es el desarrollo armónico e integral del
planeta, porque si no lo hacemos así no tiene
perspectivas la especie humana. Entonces el todo
tiene que prevalecer sobre las partes y cada parte
tiene que articularse se una forma armónica en el
desarrollo de un ecosistema, de una ciudad, de una
comunidad, de una región del país, etc.
Tiene que haber esta
integración, no hay que excluir ni aplastar a
nadie, hay que incorporar que cada quien, desde su
perspectiva, aporte y que ganemos todos. Y en la
concepción anterior del socialismo del desarrollo
siempre alguien era el perjudicado, siempre alguien
salía aplastado. Entonces yo no creo que sea una
concepción adecuada en un país progresista o
avanzado que haya sectores que estén marginados,
marginados por su escaso desarrollo material,
cultural o espiritual o se los margine por ser
contrarios en otro esquema económico y que no se les
den sus posibilidades de desarrollo, sino que tienen
ellos que desarrollarse pero sin perder las
perspectivas del desarrollo de la totalidad de los
seres humanos de esa unidad donde se encuentran
comprometidos.
- Embajador, es
frecuente en estos días en la prensa latinoamericana
leer que Ecuador, Venezuela y Bolivia, componen un
polo progresista revolucionario, que lo contraponen
a Brasil, Uruguay, Chile. ¿Usted percibe eso
también?
- Yo lo que percibo,
y sobre todo se nota en la ALADI (donde también
represento a mi país), que hay diferentes niveles de
conciencia. Que hay ritmos diferentes, hay
objetivos más intensos, más profundos de unos
pueblos que no se contentan con cuestiones que son
fundamentales y que hoy no lo tienen resuelto, es
una realidad.
Creo que hay
diferentes formas o mecanismos de integración y soy
de la idea que hay que empujarlos a todos, no hay
que sacrificar a ninguno. Hay compromisos
múltiples. Se puede coincidir con los otros que van
a un ritmo más lento, pero eso tampoco tiene que
prohibir o impedir que otros pueblos, o que tengan
una conciencia más avanzada, o que han estado más
atrasados, para que tengan derecho de ir hacia
aceleraciones o a procesos más profundos.
Por ejemplo en el
caso de Bolivia, decidieron respecto al petróleo,
invertir las ganancias extras del petróleo y el 90%
que vaya para el Estado y el 10% para las empresas
extranjeras cuando gratuitamente se llevaban eso.
El presidente Correa
en el Ecuador fue más allá, hace muy pocos días,
decidió que el 99% sea para el Estado y el 1% para
las empresas extranjeras, de una ganancia gratuita
que se estaba favoreciendo sólo una parte.
Entonces, en ese caso, de acuerdo al nivel de
conciencia y de compromiso que uno tiene con el
país, se asume esa posición.
Y hay grupos de
países que van a velocidades diferentes. Se ha
dicho que algunos cambios que se han producido en el
Ecuador este año, en otros países de América del
Sur demoraron 2 a 3 años en producirse. Entonces
estamos en que hay países que están en situaciones o
en onda de cambios más profundos, o de ritmos
distintos
- Pero usted los ve
en la misma dirección
- Eso sí. Digamos,
si hablamos del asunto de las identidades o de los
sistemas, hay unos componentes que son de un color
más acentuado y otros menos, pero todos marchan por
el mismo camino. La mayoría de los pueblos y países
de América del Sur marchan en una misma dirección,
la mayoría, y quedan muy pocos que están en una
dirección contraria.
- Esa dirección que
usted percibe y que manifiesta ¿es una dirección
donde identifica a los Estados Unidos como un
problema para América Latina?
-
Bueno, el asunto es que yo veo que
hay países que han preferido vivir de migajas, han
preferido lo malo conocido que lo bueno por conocer,
prefieren no construir su propio modelo de
desarrollo. Entonces los que han vivido en una
forma fácil y ligados a mecanismos de desventaja,
han visto a los Estados Unidos como punto de
referencia.
Y creo que, en la
medida que los países tomen conciencia como tales,
que sean más autónomos, más independientes, más
libres y, en este caso, esta palabra quiere decir
que estén pensando más en su Nación, en sus
ciudadanos que en los intereses de otros, entonces
en esa medida, surgen diferencias con otras
visiones.
Porque hay países del
primer mundo que quisieran que nosotros fuéramos tan
sólo una fuente de materias primas, que no nos
desarrolláramos, para cuando ellos requieran esos
productos. Yo creo que, en ese caso, uno de los
retos de América del Sur, del Mercosur, del Unasur,
es buscar la integración interna como países y como
naciones.
Eso creará un
mercado, crea un respeto mutuo y un comercio igual y
no un comercio desigual, como es el que ha venido
operando en base a girar en torno a los intereses de
las grandes potencias.
Entonces esa cuestión
de que el sur también existe o como Torres García
planteaba aquí de que nuestro norte es el sur,
debiera ser clave y que para tener más fortaleza, la
riqueza de un país esté en la riqueza de sus
recursos humanos y para que haya esa riqueza, tiene
que haber un desarrollo de la infraestructura
material, de las carreteras, de las fábricas y de la
tecnología interna.
Y eso hace que,
mientras nosotros más produzcamos, dependemos menos
de los de afuera. Entonces estamos en dos líneas
diferentes de desarrollo. El ser tan sólo países
productores de materias primas para que los otros
ganen el valor agregado o nosotros invertir en la
educación y en la infraestructura tecnológica para,
digamos, nosotros auto-desarrollarnos y llegar a una
sociedad más homogeneizada.
Es América Latina la
sociedad de las más desiguales que hay en el
planeta. Y no podremos superarlo, si no enfrentamos
el problema de la equidad y de la justicia.
- Embajador,
recientemente el presidente Tabaré Vázquez ha estado
en su país y se han renovado y revitalizado las
relaciones con su país. ¿Qué perspectivas hay de las
relaciones entre Uruguay y Ecuador? En concreto,
¿qué se puede esperar?
- Se puede esperar
mucho, muchísimo de nuestras relaciones. El
presidente Correa, en la visita del presidente
Vázquez, tomó conciencia mucho más y yo también, del
tiempo que hemos perdido. Se han perdido por lo
menos doce años, en busca de un mayor desarrollo
aprovechando bastante las potencialidades relativas
que tiene el Uruguay con relación al Ecuador.
Ustedes tienen una
ventaja en la innovación tecnológica, con un valor
agregado en una serie de campos (en la agricultura,
en la medicina) que el Ecuador debiera de
beneficiarse. Entonces ahí hay un punto que no
hemos aprovechado. Tiene que haber un mayor
intercambio de investigaciones comunes, de programas
comunes en que ambos pueblos nos beneficiemos y en
ese caso más se beneficiará el Ecuador aprovechando
el desarrollo que tiene el Uruguay.
Y eso no se lo ha
hecho y eso es lamentable. Entonces es hora de
que nosotros no estemos juntos pero de espaldas,
sino buscando las vías para comunicarnos. Es
una vergüenza que a veces sea más fácil viajar del
Ecuador a Europa o de Montevideo a Europa que del
Uruguay al Ecuador. Entonces hace falta que
funcione el IIRSA, este sistema que nos une a América
Latina, a América del Sur, para poder beneficiarse
de lo que tenemos, porque estamos aislados. El
Uruguay tiene mucho que enseñar, por ejemplo esta
experiencia muy buena del manejo de los puertos que
tienen aquí, es una experiencia que el Ecuador
debiera aprender mucho. Y hay otros elementos que
tenemos que descubrirlos y conocernos más para poder
sacar nuestras ventajas comparativas y, en una forma
complementaria, enriquecerse ambos pueblos en el
contexto de la América del sur.
- ¿El presidente Correa nos va a
visitar durante este año?
-
Estamos trabajando para su visita
coincidente con la reunión de los presidentes del
Mercosur, en diciembre. Incluso ya estamos planeando
y poniendo a su consideración actividades que
podrían hacerse en su estadía en Montevideo.
- Usted plantea que
una serie de países viven un momento de
transformaciones, de no vivir de espaldas, sino
buscar la comunicación, la integración y las
transformaciones. En los años 70, en América
Latina, también surgieron países que planteaban
revoluciones, a partir principalmente de la
revolución cubana, mientras que Chile recorrió otra
experiencia. ¿Cuál es la diferencia entre este
momento y aquél momento?
-
Esta pregunta me parece de
extraordinaria importancia. He vivido esos dos
momentos, he tenido el privilegio y la suerte de
haberlo vivido. Y en la década del 70 se dió,
digamos, que las fuerzas progresistas de América
Latina y del mundo (en África, en Asia, se dio lo
mismo) había la conciencia de que para hacer cambios
radicales, para tomar el poder y ponerlo al servicio
de la mayoría, había que
hacerlos a través de la lucha armada.
Había que hacerlo a
través del cambio, digamos, de derrocar a un poder
económico respaldado por un poder militar, pero
había que vencer primero al poder militar para tomar
el poder. Para mí hubo una debilidad, a excepción
de unos pocos pueblos del mundo y, entre esos, está
Vietnam. No es suficiente que haya una vanguardia,
no es suficiente que haya un grupo de algunos miles
en apoyo a unas ideas de vanguardia, si no están
respaldadas por la conciencia colectiva de la
sociedad.
Si es que la mayoría
del país no está en consonancia con esa vanguardia
nos aislamos y se cae en lo que se llamó el foquismo.
Yo creo, como planteó Martí a fines del siglo XIX,
que la guerra de ahora es la guerra de las ideas. Y
ahí una frase de Marx, para mí, es la más luminosa,
en que las ideas solamente tienen fuerza cuando
están en la conciencia de la gente.
Eso no ha perdido
vigencia, pues la conciencia en la mayoría en una
población es lo determinante. O sea que el gran
cambio en las fuerzas armadas, en la iglesia y en
los sectores económicos que se oponen a los cambios,
tiene que ser reemplazado por unas ideas de
solidaridad, de un reparto equitativo, de una
necesidad de que para sobrevivir unos tienen que
sobrevivir todos.
Porque no hay
destino del planeta para unos pocos, porque en el
barco que estamos embarcados, estamos todos. O nos
salvamos todos o no se salva nadie.
Y eso está unido al
problema político y al problema ecológico.
Entonces, la gran guerra, es esta guerra ideológica,
esta guerra de ideas, de ideas progresistas que hay
que ganar a la población.
El cuarto poder del
Estado (que se llamaba antes a la prensa y a los
medios de comunicación) en realidad, son el primer
poder del Estado, porque a través de las ideas hacen
que nosotros estemos presos en nuestra propia
conciencia y que nosotros no podamos como decía
Hebert Marcouse en la década del 70, que “hay personas que
no necesitan policías, porque el policía lo llevamos
adentro”.
Entonces tenemos que
liberar esos policías que tenemos dentro de nuestra
conciencia y que las ideas de libertad, de
solidaridad y de respeto entre todos en la
convivencia, imperen sobre la minoría. En ese
momento la humanidad avanzará mucho y por eso es
que, lamentablemente, en la década del 90 predominó
la desilusión, la bancarrota, la falta, digamos, de
un horizonte en las personas que se veían
identificadas con la idea del socialismo real, sobre
todo el de la Unión Soviética y de los pueblos del
bloque del socialismo real.
Y quedó el vacío,
porque muchas personas renunciaron a pensar tenían
ideas ajenas. La ventaja de ahora es que, después
del fracaso de la década del 90 del modelo
neoliberal, las personas están obligadas a encontrar
nuevos caminos. Yo lo sintetizo en que en una
sociedad del futuro, en cualquier nivel que nos
encontremos en la sociedad y en cualquier grupo
humano, debemos de participar todos en la toma de
decisiones.
Ese es el gran
cambio, en el que debe prevalecer la comunidad, debe
prevalecer la sociedad y la humanidad por encima de
sus partes. Pero para que se llegue a ello, tiene
que haber una conciencia de la humanidad que esté en
esa dimensión.
- Percibo que usted
le da un papel menor a la organización política, en
ese caso, a los partidos.
-
Le agradezco mucho esta pregunta. Si
ha habido esa falla, ha sido por el tiempo que le
estamos dedicando a la entrevista. Yo le concedo
extraordinaria importancia, pero lamentablemente, no
lo había mencionado. Yo durante tres años tuve unas
reflexiones conmigo mismo y conversaba con personas
de otros países. ¿Porqué los presidentes
progresistas, la gente progresista de América Latina
en el siglo XX, traicionaba a quienes lo elegían?
Después de reflexionar durante tres años y darme una
respuesta, llegué a la conclusión de que en América
Latina antes votábamos por alguien pero estábamos
separados y el pobre Presidente tenía que enfrentar
a los poderes reales, a la banca, digamos, a los
industriales, a los comerciantes, a los ganaderos,
etc. Y él sólo, un presidente en este momento, un
líder progresista y tendencia de América Latina es
eso, y la tendencia arranca desde el mismo Getulio
Vargas y algunos se llegaron a suicidar, otros a
traicionar.
La única forma de
sostener un proyecto político es con una
infraestructura organizativa y el mejor ejemplo lo
dando el presidente Chávez. Si no hubiera sido por
la organización, por esa red social que él organizó,
no estaría en el poder ahora. Y fue la
organización, la estructura organizativa lo que lo
sostuvo y lo sostiene y sostendrá a otro. Ese es un
tema fundamental. Cualquier líder que, por más
iluminado que sea, si no monta una infraestructura
en su respaldo, él está en el aire cuando se
produzcan las presiones fundamentales internas o
externas. Esto es fundamental, porque si no caemos
en el pasado, porque un presidente no tiene quien lo
respalde. Los otros tienen su fuerza y él está
solo.
- Usted ve la nueva
situación apoyada en partidos políticos y en la red
social, ¿es así?
- Así es, y para eso
también sirve ahora la electrónica. Tiene que haber
una interconexión de ciudadanos y de organizaciones
que tienen que aprender un principio (y esto lo he
desarrollado yo bastante por mi cuenta), los
partidos y las personas tienen que aprender, tomar
conciencia de que ningún partido, ninguna
organización, ninguna persona, es dueña de la
verdad, sino que plantean puntos de vista, ópticas,
opciones, visiones de la realidad que, cómo no es
dueño ninguna, tienen que ser complementadas con las
otras, eso es lo que tenemos que aprender. No estar
separados, estamos juntos, separados por un
milímetro, pero estamos separados por algo, si no
que podemos interaccionar, tenemos que unirnos. Y
ese es, digamos, el salto que tiene que dar y es una
cuestión estúpida, absurda, una concepción feudal,
una concepción maniqueísta, el ver a los otros
totalmente excluidos.
Tenemos que ver que
hay diferentes velocidades, diferentes ritmos, pero
que no podemos excluir a los otros porque nos
empobrecemos y porque quedan aislados del proceso.
Tiene que haber un diálogo, tiene que haber un
intercambio de ideas y tomar en cuenta, en alguna
medida, los aportes de cada quien. Porque hay
dos que no existen entre los seres humanos: el
que no aporta nada y tampoco existe el que aporte
todo, porque uno sería una nulidad total y el otro
sería un dios, aunque lamentablemente muchas
personas y dirigentes actúan como dioses y eso es
una guerra de tuertos que corre el peligro de
enceguecernos a todos. Porque si cada quien tiene
esta visión parcial que no ve todo pero él cree que
lo ve todo, entonces excluye a los demás y solo
queda la negación y la destrucción mutua.
- Embajador, ¿queda algo que usted
desee plantear que yo no haya preguntado?
- Yo diría que
nuestros puntos débiles, son que todavía no hay
conciencia de la fortaleza de la unidad. No hay
conciencia suficiente de que solos, aislados
internamente, no tenemos fuerza. Que tenemos que ir
hacia una concepción multidisciplinaria para
enfrentar todos los problemas.
De que no debemos
enfrentar los problemas con especialistas aislados,
sino que participen al máximo. Esa conciencia,
lamentablemente, no está desarrollada. Tenemos la
tecnología del siglo XXI pero pensamos como en el
siglo XIX con Newton y Descartes. Entonces, tenemos
ese gran reto, que no tenemos conciencia. El reto
es que nuestro pensamiento esté a la misma altura de
la ciencia y la tecnología, que están mucho más
allá.
En el pensamiento es
mucho más fácil avanzar donde estamos más atrasados,
porque actualizarnos en ciencia necesitamos diez,
quince y veinte años, pero en descubrir y darnos
cuenta de lo equivocados, de cómo actuamos en
nuestro pensamiento, en cómo trabajamos en grupo, o
en diferentes sectores políticos, yo creo que por
ahí se encuentra el punto que hay que trabajar más y
dónde queremos aportar en esa solución. Hacia un
pensamiento integrador y no un pensamiento que
separe, que sume y que multiplique y no que reste y
divida.
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