Lo nuevo en las relaciones internacionales
del gobierno del presidente Lula

Entrevista con la Dra.Constanza Moreira

Lo que sigue es lo fundamental del diálogo que La ONDA digital mantuvo con la Doctora en Ciencias Políticas Constanza Moreira sobre el papel de Brasil en las relaciones internacionales y el significado de la visita a Uruguay del Presidente Lula. Moreira es la directora del Instituto de Ciencia Política departamento de la Facultad de Ciencias Sociales, Licenciada en Filosofía de la Universidad de la República. Docente e investigadora de Ciencia Política.

- En este segundo mandato de Lula ¿hay un escenario distinto en América Latina?

- Sí, sin duda. Hay un escenario distinto al del 2002, cuando Lula obtiene su primera victoria. Hay varias diferencias. Cuando Lula gana las elecciones en el 2002 todavía Argentina estaba en transición. El presidente era Duahalde, no teníamos la legitimidad de un presidente como Kirchner, muy mercosureño, en el principal país aliado de Brasil en el Mercosur que es Argentina. En Uruguay no había ganado el Frente todavía y el Uruguay de Jorge Batlle tenía un distanciamiento crítico con el Mercosur. Pero ya estaba Chávez.

 

El que no estaba era Evo Morales, y esta es una diferencia reciente bastante importante, porque aunque Bolivia es un socio muy chiquito dentro del arco de alianzas de la política exterior brasileña, es uno de los principales proveedores de gas a Brasil.  Entonces toda esa política reciente de Evo Morales, de nacionalización de hidrocarburos, ha tenido bastante impacto sobre Brasil.

 

Lula es reelegido en un contexto en el cual regionalmente está mejor que en la elección del 2002, más acompañado, tiene más socios progresistas que en el 2002.  Duhalde no era un presidente legítimo y está el distanciamiento en Chile. Uno puede decir que el gobierno de la Concertación es hacia el centro izquierda...

 

-Y es continuación...

- Es continuación, pero Chile tuvo una política exterior de relacionarse bilateralmente con los países, y de apertura unilateral del mundo, es decir que a pesar de todo lo que Brasil trató siempre de que Chile se incorpore a algún pacto regional, Chile defendió esa política por sí mismo. Entonces Lula está mejor acompañado de lo que estaba en el 2002; el Mercosur está más extendido y más potente de lo que estaba en ese momento...

 

- ¿Más potente?

- Sí, más potente con la incorporación de nuevos socios. Venezuela es un socio muy importante. Ha sido  incorporado recientemente, pero está teniendo una política exterior muy activa en toda América Latina, con inversiones, también una política económica, de...

 

- De transacciones económicas...

- Sí, ahí está.

 

- Porque son de carácter bancario, de carácter industrial...

-Bancario, industrial,  compró bonos de deuda en Argentina, hizo asociación con varias empresas latinoamericanas, mucho en el área de hidrocarburos pero en otras áreas también. Es un socio, un aliado fenomenal de Evo Morales, ellos tienen toda una...

 

- Una coordinación

- Una coordinación, porque son países cuyo éxito o fracaso depende de que son poseedores de fuentes de energía. Tienen un pacto de coordinación energética que va a gravitar mucho sobre el destino de América Latina en los próximos años. Por eso me parece que la victoria de Evo Morales suma a la estrategia de Chávez.

 

- En una primera mirada, parecería que de todas maneras con Brasil,  Bolivia, tiene cierta conflictividad.

- Bueno, la última demanda que hizo Morales fue la de que el precio al que se vendía el gas era muy bajo, que era a un dólar y no a cuatro, cuando a cuatro se lo vendían a Argentina. porque Argentina hizo un buen negocio con Bolivia en tanto fueron los primeros que se adaptaron al precio que los bolivianos estaban pidiendo. No recuerdo cuál  es la unidad del barril de petróleo. Sé que el precio internacional era aproximadamente de 8 dólares o algo así, y Bolivia se lo vendía a Argentina por 4 y a Cunhabá -departamento de Brasil- por 1, pero a San Pablo por 4. Esta readecuación de los precios fue una actitud que Argentina avaló. Y me parece que debe ser una actitud regional la de ponerse un poco en sintonía con los precios internacionales tratándose de un país tan pobre como Bolivia. Brasil tendría que haber tomado la delantera, generosamente... Pero bueno, eso se negoció....

 

- En las últimas semanas, parece haber encontrado cauces.

- Eso ya se resolvió. Morales lo planteó en forma un poco intempestiva o inesperada en la reunión que se hizo cuando la asunción de Correa en Ecuador y algunas semanas después se resolvió de acuerdo con el pedido boliviano. Yo creo que hay mucha concentración de las noticias  en los medios de comunicación sobre los desarcuerdos de los presidentes latinoamericanos del ala progresista, pero no se ven las cosas que se están haciendo.

 

- Coordinaciones concretas..

- Coordinaciones concretas, plataformas comunes. La vez pasada Evo Morales tuvo un problema con Uribe porque  lo trató de neoliberal. Porque Colombia es un lío, se ha ido transformando en una especie de base militar estadounidense. Colombia  tiene fronteras muy importantes con Brasil , y una frontera muy importante con Ecuador y ahí hay una política muy compleja. Y en relación al Plan Colombia hay una coordinación efectiva de Brasil, Venezuela, etc....

 

- La pregunta es sobre las diferencias entre la primera etapa de Lula y ésta en la región...

-La primera es que me parece que hay un contexto regional mucho más favorable que el que había en el 2002.

 

- Respecto de Estados Unidos, ¿cómo es esta etapa del segundo gobierno de Lula?

- Cuando digo que hay un contexto regional más favorable a la política latinoamericanista de Brasil, me quiero referir a que la política del gobierno de Lula ha cambiado la orientación de la política exterior brasileña del inicio de la década del 90 hasta acá. Eso es muy importante, porque Lula ha generado no pocos líos con Itamaratí, una institución que ha tenido a su cargo el diseño de la agenda de política exterior, quizás más allá de los gobiernos de turno. Es una institución muy poderosa. Y Lula lo que hizo fue decidir en Brasil esta estrategia de relaciones Sur-Sur, que le ha costado mucha crítica de la oposición. Es algo que los países pequeños que estamos alrededor de Brasil, que siempre nos estamos quejando de la política exterior brasileña, con razón, no miramos lo mucho que le ha costado a Lula en el frente interno la decisión de instaurar una agenda de política exterior "progresista", en relación a los otros partidos brasileños y en relación al gran empresariado brasileño. ¿Qué quiere decir esa agenda progresista? Primero privilegiar las relaciones Sur-Sur y segundo mantener una agenda autónoma de relaciones con Estados Unidos. Porque la idea de las relaciones al margen de Brasil con Estados Unidos está a la orden del día para muchos sectores  y para muchos grupos. Y no es una mala estrategia para Brasil.

 

- ¿No lo es?

- No lo es. Para lograr ser secretario brasileño, no lo es. Es una estrategia. Y de alguna manera la existencia de Lula y el PT en el gobierno ha marcado un cambio en la política exterior brasileña, que para América Latina, debería ser beneficiosa en el mediano plazo. Porque Brasil -aunque Venezuela está siéndolo también ahora- es el país con mayores inversiones en los países de América Latina considerada en su conjunto. Además, dentro de la región es el país con dinamismo económico más marcado. Es una gran potencia. No importa si crece 3% un año, 2% el otro y Chile crece 5% todos los años. Brasil es una gran potencia y del desarrollo de la economía brasileña se pueden enganchar las economías periféricas, que de alguna manera fue la apuesta que hizo Uruguay cuando se incorporó al Mercosur: engancharse de ese tren, no de ningún otro.

 

-  La pregunta vinculante con esto era cómo se ven la relación con Estados   Unidos en esta etapa.

- Ambigua. Porque Lula empieza su segundo mandato con un condicionamiento más firme en pro del Mercosur y de la integración latinoamericana.

En realidad a Brasil el tema del Mercosur le interesa como base, pero necesita un Mercosur ampliado. Desde siempre lo quiso, es decir, quiso liderar una unidad latinoamericana mayor que el Mercosur. Pero al mismo tiempo Lula ha recibido muchos presionamientos por sus buenas relaciones con Venezuela. Porque tener buenas relaciones con Venezuela -en la era Bush, no hacia el futuro, vamos a ver qué es lo que pasa en Estados Unidos- era malquistarse con Estados Unidos. De alguna manera la gira de Bush a Colombia, Uruguay, Guatemala y México, la gira del presidente saliente, con un descrédito muy importante ganado en relación a la cuestión de Irak, que ahora se está viendo con ojos cada vez más problemáticos, es la gira de un presidente a sus países amigos de América Latina. ¿Brasil no es un país amigo de Estados Unidos? Sí, claro que es amigo de Estados Unidos. Si se hacía una encuesta entre los brasileños preguntando a qué país les gustaría parecerse decían "a Estados Unidos".

Eso no quiere decir que no existan por lo menos dos posturas: la postura de relaciones al margen con Estados Unidos y el sí al ALCA en Brasil tuvo mucho peso. Triunfó lo otro, pero en realidad tuvo mucho peso. La política de Fernando Henrique Cardozo fue una política de fuerte relación con Estados Unidos. Lula reorienta la política exterior en otra dirección, que tiene por lo menos dos objetivos. Uno, posicionarse con liderazgo alternativo del "Club de los Pobres", por llamarlo de alguna manera, para aliviarlo del "Club de los Ricos". Y el otro es refundar el crecimiento de Brasil en un modelo autonómico. Es una empresa de tipo desarrollista brasileña, para la cual la autonomía respecto de Estados Unidos es importante del punto de vista económico. Igualmente, Estados Unidos es el principal socio comercial de Brasil, de la misma manera que lo es para nosotros. Por eso cuando los uruguayos dicen "nuestro principal socio comercial es Estados Unidos" eso no nos impide tener autonomía, porque para Brasil también es el principal socio comercial. Eso se puede repetir para muchos países de América Latina.

 

- Aunque para Uruguay es Brasil el principal socio comercial...

- Sí, está en segundo lugar.

 

- Pero más recientemente en primer lugar.

- Hay una diferencia de un millón de dólares entre Brasil y Estados Unidos.  

En cuanto a la relación de Brasil con Estados Unidos, están esas dos posturas pero en ningún plano existe una hipótesis de conflicto. Está esa ambigüedad en la cual aparece la relación con Estados Unidos post ALCA. Estaba el ALCA como proyecto de relación con Estados Unidos. Brasil no le dijo NO al ALCA al estilo Chávez y Kirchner cuando se juntaron en Mar del Plata. Querían un ALCA flexible.

 

- A Brasil le importa mucho ahora la relación Mercosur- Estados Unidos.

- Por eso Brasil miró con tanta preocupación el Tratado Bilateral de Inversiones que votó la Comisión Permanente parlamentaria...

 

- Una interrogante que surge es esta estrategia de Brasil hacia América Latina y especialmente hacia la zona Sur, ¿es comprendida desde países como Uruguay y Argentina.

- Creo que América Latina sabe muy poco de Brasil, que ha sido un país bastante ensimismado. Incluso por un problema de lengua, su lengua es diferente a la del resto de América Latina y tampoco ha desarrollado una política consciente, estratégica, hacia América Latina. Es de los últimos tiempos la relación Brasil-América Latina. Los países de América Latina que tienen relación económica con Brasil casi todos tienen frontera con él, o sea que tienen hasta vínculos aduaneros, salvo Chile y algún otro, en general tienen la visión de un país prescindente -que es un poco la visión de Uruguay también- o la visión de un Brasil potencia, un Brasil imperial. Es la visión que desde Itamaratí siempre se ha tratado de combatir, la idea de resquemores o celos por el tamaño que tiene Brasil en los países contiguos. Siempre han tenido una política de diplomacia, de negociación, de no imponer nada por la fuerza.  La famosa diplomacia brasileña tiene que ver con desmantelar cualquier resquemor que pudiera existir en los países de América Latina respecto de cualquier pretensión imperial de Brasil. Eso es algo muy consciente en Itamaratí.

 

Yo creo que en general América Latina ha sentido que Brasil ha estado de espaldas a América Latina y América Latina ha estado como de espaldas a Brasil. En las dos últimas décadas los vínculos entre los países de América Latina y Brasil comenzaron a intensificarse. La relación entre Argentina y Brasil me parece muy llamativa, como un hito en ese nuevo vínculo de Brasil con América Latina. Y ahora el surgimiento de Chavez en América Latina marca muchas diferencias, porque no habíamos tenido, hasta Chávez, un liderazgo de un presidente de un país de cierto porte, tan activo en pro de la unidad latinoamericana. Que al mismo tiempo en el caso de Chávez va unido a una cosa muy anti Estados Unidos, antimperialista, anti Bush, etc. Este activismo de Chávez, a Brasil le ha generado un desafío, que es cómo sitúa su rol de liderazgo en la región, teniendo un líder tan activo como Chávez y desembozadamente de izquierda.

 

- En síntesis, ¿América Latina no estaría sintonizando lo suficiente con Brasil, o no lo comprende a Brasil.

- Comprende poco a Brasil, pero si se lo mira en términos relativos, el acercamiento Brasil-América Latina, que para los tiempos históricos es bastante reciente, ha mejorado mucho, no solamente en el intercambio cultural -escuchamos mucho más música brasileña de la que escuchábamos hace veinte años- sino que hay más comprensión de Brasil.  Aún así, creo que hay poca comprensión de las contradicciones internas de Brasil. Brasil toma una decisión, pero Lula tiene sus buenos líos adentro para tomar las decisiones que toma respecto del Mercosur. Entonces, muchas veces le damos palos a Lula por su inoperancia, o porque Brasil debería tener un liderazgo más definido. Esto también es verdad, Brasil nunca termina de decidirse respecto de su propia relación con América Latina, su liderazgo lo tiene por defecto pero no sabe qué hacer. Por eso la llegada de Chávez y su presencia en América Latina le produjo un efecto benéfico, porque lo obligó a definirse más en relación a muchas cosas.

 

Ha aumentado el acercamiento, las relaciones, la conciencia de la diplomacia brasileña con América Latina; hay más formación de diplomáticos jóvenes que andan por América Latina. Hay más grupos de trabajo conjunto, hay una política de intercambio científico-tecnológico con la mayor parte de los países de América Latina muchas veces financiada por agencias estatales brasileñas. Así como me fui a estudiar yo a Brasil se fue un montón de gente de América Latina.

Todas son políticas propias de un país líder. Por algo lo hacen. Es su manera de intensificar sus vínculos a otro nivel con países de economía periférica. Yo creo que ha mejorado. Pero de cualquier manera hay mucho desconocimiento de cómo funciona Brasil.  Uruguay tiene relación con Brasil desde hace poco tiempo. Nosotros siempre tuvimos relaciones con Argentina. Pero no con Brasil. No fue un referente cultural, ni un referente político. En primer lugar Brasil vivió de gorilazo en gorilazo durante muchas décadas. Es una democracia muy nuevita. La primera elección democrática libre plena es la de Collor en el 89. Eso también ha generado una relación importante de Brasil con el continente.

 

- En cuanto a  Uruguay, ¿se puede predecir su actitud en el próximo período respecto de Brasil?

-¡Ay, qué pregunta! Parecen expresarse dos líneas, ¿no?

- Una línea pro mercosuriana que lleva activamente la Cancillería y algunos organismos del Estado como la COMISEC, sectorial...

 

- Parecería que también los de Energía.

-Ah, sí, UTE, ANTEL también. ANCAP. Pero ninguna de esas dos líneas van a impedir que Uruguay siga haciendo negocios con Brasil. Porque si Venezuela le sigue vendiendo petróleo a Estados Unidos quiere decir que hay una esfera que es la de los negocios y después está la línea de política  exterior con países como Brasil.  Están los muy promercosureños, que están jugados muy plenamente a la integración, entre los cuales me parece que la figura más emblemática es la de Gargano porque es el Canciller. Y después está la línea de que busquemos acuerdos con otros países, que el Mercosur puede ser una traba; una línea que ve que el Uruguay paga demasiados costos por la integración y está teniendo pocos beneficios y que necesita diversificarse en el plano comercial y tener acceso a otros mercados, otros países como el TLC con México que parece haber dado buenos resultados...

 

La otra línea que creo que está liderada por el Ministerio de Economía, es la línea de entenderse con Estados Unidos, buscar flexibilidad dentro del Mercosur -flexibilidad significa muchas cosas como permitir que hasta el 80% de los componentes de nuestras exportaciones puedan ser de extra región, a lo que se opusieron los argentinos. Esta postura es bastante distinta a la postura integracionista mercosureña. El problema es que eso no divide a la izquierda y a los partidos tradicionales como tantas otras cosas que se han definido en esos campos (la izquierda tiene una posición, los partidos tradicionales otra), sino que buena parte de los líderes de los partidos tradicionales están de acuerdo con la postura del Ministerio de Economía y Finanzas. No todos. Y dentro de la izquierda representa la opinión y posición de grupos importantes también.

 

- Si uno mira de conjunto esos mismos factores, los que están a favor y los que están en contra, y la historia reciente del Uruguay, los procesos de integración, los procesos culturales, ¿es predecible un alejamiento de Brasil?

- No, no creo. No creo porque Jorge Batlle fue el que empezó con esta postura. Empezó y lo anunció en la campaña electoral. "Yo, a diferencia de Sanguinetti, pertenezco a la línea anglosajona y Sanguinetti es continental, y creo que tenemos que intensificar las relaciones con Estados Unidos". Porque si sos colonia  pensás que tenés que engancharte bien con el imperio porque creés que el tren pasa por ahí.  Con todos los líos que hubo porque Jorge Batlle encontró un Mercosur en franca crisis porque se había producido la devaluación brasileña y después se había venido la crisis argentina, las relaciones con Brasil se continuaron. Es cierto que nosotros tenemos una balanza comercial deficitaria: importamos más a Brasil de lo que le exportamos. Pero también es cierto que Brasil tiene una balanza comercial deficitaria con casi todos los países de América Latina. Es un problema estructural de la inserción económica brasileña. Pero Brasil tiene un proyecto de desarrollo económico industrial y nosotros no tenemos proyecto ninguno. Casi ninguno de nosotros lo tiene, tampoco Argentina. Quizás México, pero el resto somos economías periféricas, semiindustrializadas...

 

En cuanto al debilitamiento de las relaciones con Brasil, el propio Brasil no lo va a permitir, no tiene interés sino todo lo contrario. No puede permitirse perder un socio. Claro que la importancia de Uruguay para Brasil es muy periférica, pero la política exterior brasileña no está orientada a revisar el vínculo con nadie, menos con un país del Mercosur. Debería haber una actitud hostil, mucho más hostil que la de Jorge Batlle para que eso se produjera. Y estamos hablando de dos partidos en el gobierno que tienen vínculos históricos, el PT y el FA deben ser de los dos partidos que más se conocen en Amédrica Latina. Pero las contradicciones que están enfrentando los gobiernos de izquierda son muy importantes, en términos de superestructura económica, modelo de crecimiento, política exterior. Todo eso está influyendo ahora y siempre va a estar lo que yo llamo "las dos izquierdas". El modelo chileno, mal que bien Chile tuvo un gobierno que en términos chilenos está bastante corrido a la izquierda.

 

 Para nosotros puede que no, pero para el espacio político de ellos es bastante de izquierda.  Y ese gobierno tiene una agenda de política exterior y de política económica que de izquierda no tiene nada, si es que hay  un modelo y una alternativa de la izquierda.

 

- Vale preguntarse si existe un modelo o un parámetro común según el cual se pueda decir "esto es de izquierda, esto no lo es".

-Hay dos proposiciones con las que yo estoy totalmente en desacuerdo. Una es que la sintonía ideológica no tiene nada que ver con las relaciones entre los países.  Estoy completamente en desacuerdo porque pienso que la continuidad ideológica entre los gobiernos es lo que define una agenda de política exterior. Es lo que define que el Partido Popular de España se haya aliado con Estados Unidos en la guerra contra Irak y que cuando gana el PSOE gana contra eso. Eso es definición ideológica, es lo que permite que tengamos a Venezuela y a Bolivia incorporados al Mercosur. Hay algo de la continuidad ideológica de los gobiernos que va por ahí.

 

Y la otra cuestión es que no hay ninguna alternativa al modelo imperante. Primero, ¿cuál es el modelo imperante? Porque el conjunto de reglas que manó del Consenso de Washington fue un conjunto de reglas destinadas a que los países que tenían una deuda brutal, que vino por la crisis de la deuda de los 80, estuvieran en condiciones de pagarla. Entonces estaban las recetas de cómo se podían aliar los países  para poder pagar una deuda, pero nunca  fueron recetas de desarrollo económico. Jamás.  Había, claro está, una concepción liberal atrás en cuanto a las fuerzas del mercado. Además eso ha tenido resultados muy dispares en América Latina y enormes costos sociales, que han enfrentado el modelo -si ese es el modelo- con un modelo de desarrollo de base más ancha.

 

- Hay un razonamiento que se hace, de que la crisis del Mercosur es la crisis del Mercosur del neoliberalismo.

- Pero el Mercosur funcionaba bien en forma perversa. Como funcionaron todos los pactos como ALADI y otros. Porque al reducir las barreras arancelarias, que fue la primera medida que se aplica, una especie de tarifa externa común e imponerla intrabloque, se favoreció mucho a las trasnacionales y a nadie se le oculta. Una forma de funcionamiento del bloque regional que si no pasa por otras cosas nunca será una comunidad económica europea ni se transformará en el modelo que deseamos sino que beneficiará a las grandes empresas instaladas en la región.

 

Para nosotros el inicio del Tratado de Asunción coincide con una política arancelaria que en realidad tuvo resultados bastante perversos en materia de desigualdad. La política de Lacalle, -que ya viene desde la dictadura, cuando empezó a aplicarse la liberalización financiera y comercial- durante su gobierno comenzó a consolidar el modelo. El estudio de Naciones Unidas de 1999 "Desarrollo Humano en el Uruguay", muestra que la política de reducción arancelaria y la falta de políticas activas en relación a cualquier actividad económica, industrial, generó una disminución del empleo industrial a la que hay que sumarle la política de "bajen el costo del Estado por favor" -dicho en caricatura-: redujo el empleo industrial, redujo el empleo en el sector público, aumentó la desigualdad en el mercado de trabajo; generó condiciones para la pobreza, lo que hizo que después la pobreza no fuera un fenómeno coyuntural sino que se incrustara en la sociedad uruguaya, que es lo que nos pasa ahora. Y generó una dinámica a la chilena: una tasa de crecimiento económico del 90 al 95, en que crecimos bien, nosotros y toda América Latina, pero ese crecimiento económico no beneficia a nadie. O sea que es un crecimiento económico que va acompañado con un aumento de la desigualdad y con una imposibilidad de reducir la pobreza más allá de ciertos niveles.

 

Es lo que le pasó a Chile: tuvo éxito en la reducción de la pobreza pero con un tope, en tanto a ciertos niveles de desigualdad, aunque se apliquen  las políticas más focalizadas, no hay cómo resolver la pobreza. El modelo brasileño era parecido. Brasil creció, creció y desigualó, desigualó. ¿Quién quiere ese modelo? Yo no lo quiero. Pero a un gran empresario le sirve, sin duda.

 

- En este contexto internacional del que estamos hablando, ¿qué le deja a Uruguay Bush?

- Le deja un gran lío, porque la MP del FA tuvo que enfrentar una discusión que ya la venimos teniendo durante todo el año pasado en torno al TLC, pero obligó al FA a definirse.

 

-¿Del  punto de vista del Estado uruguayo?

- Creo que la visita de Bush, más allá de los pataleos de buena parte de la gente de izquierda, lo que viene es a reforzar ese mecanismo de negociaciones que ya se había empezado a implementar con la firma del Tratado Bilateral de Inversiones en el 2005, por el cual los vínculos comerciales con Estados Unidos se hacen cada vez más importantes. O tienden a definirse en un marco normativo que antes no tenían.

 

Al mismo tiempo creo que la visita de Bush a América Latina también tiene algo que ver con el liderazgo de Chávez. De alguna manera buscando suspenderle la cláusula democrática a Venezuela, poniéndolo en la fórmula más exagerada, fórmula OEA. Es una medida diplomática, pero terrible. No lo ha conseguido EEUU pero si hubiera tenido la aquiescencia de más miembros lo hubiera hecho desde la OEA.

 

-Y quizás si el gobierno tuviera una realidad interna también distinta.

- Claro. Por eso, Bush viene a visitar a sus viejos amigos antes de irse, porque ahora se viene un ciclo demócrata en EEUU con otras reglas. Y también me parece que Bush antes del 11 de setiembre había definido una política de priorización de las relaciones con América Latina, lo había anunciado.

 

- Hay quienes dicen que ésta es una propuesta del Departamento de Estado, no de Bush. Y que el Departamento de Estado trabaja para un establishment permanente...

- Que la visita de Bush se inscribe como una política de Estado y no como la visita de Bush. Sí, en Estados Unidos más allá de las diferencias entre Demócratas y Republicanos todo es bastante política de Estado. No es un país que experimente grandes cambios porque ganen demócratas o republicanos. Experimenta cambios, sí, pero siempre en una escala reducida, en sus políticas internas por ejemplo, no tanto en su política exterior. La agenda de política exterior norteamericana sigue totalmente anclada en el presupuesto de la seguridad, la justicia infinita, la lucha contra el terrorismo. Esa prioridad de la agenda de política exterior norteamericana va a dejar a América Latina siempre en un lugar marginal, ni siquiera es un lugar estratégico desde el punto de vista de esa lucha.

 

- Eso puede ser visto como un beneficio.

- Es un beneficio para nosotros cuando existe un gobierno muy de derecha como el de Bush, que Estados Unidos no tenga su vista concentrada en América Latina. Pero además no hay que olvidar que estando Estados Unidos gobernado por la derecha, la mirada que tiene sobre lo que está pasando en América Latina es una mirada preocupada. Por más que nos mire poco, nos mira con preocupación. No a nosotros. Ojalá para ellos pudiéramos transformarnos en el ejemplo de la buena izquierda, para diferenciarnos de las "malas izquierdas" que son las que le preocupan a Bush: Chávez, ahora reforzado con Evo Morales. Además la política de Morales respecto de los plantíos de coca y las exigencias de EEUU de reducir el área de plantación se dan de bruces... Es más, todavía Evo Morales autorizó más plantaciones.

 

- Un trío: Venezuela, Bolivia y Ecuador.

-Y ahora Ecuador. Porque Ecuador hay que irlo mirando, es un presidente sin poder hasta que la Constituyente se expida.

 

- Él dice que si no gana, se va.

- No puede gobernar un presidente sin representación partidaria en el Congreso.  Pero ese eje del mal -por supuesto con Cuba, porque aunque Fidel esté debilitado, Cuba está ahí- es lo que le preocupa a Bush. Entonces en una agenda de política exterior norteamericana más o menos inteligente, -que no siempre lo es porque se puede ser imperio y ser muy bruto también-, las buenas relaciones con gobiernos de izquierda que hagan las cosas bien como Chile, Uruguay o Brasil, le permite dividir esa cuestión que se le está complicando en el patio trasero. Ese es el discurso además: los populistas por un lado, los demócratas por otro. Un discurso que tiende a dividir y que en realidad parte de un mismo fenómeno. Tiene que ver con la reacción  a la política de los 90, con el descrédito de los partidos tradicionales. Pero en algunos países el status quo está más amenazado y en otros menos. Entonces Bush se recostará a aquellos países en que los niveles de amenaza al status quo representado por los gobiernos de izquierda sean menores.

 

-¿Es premeditado?

-...Lula está haciendo su gira, se acaba de instalar, asumió el gobierno. La visita a Uruguay es una visita que ha venido siendo postergada. Es un país al que está mirando con preocupación en cuanto a su relación con Estados Unidos. Ese es el contexto en el que hay que analizar la visita de Lula. Pero que venga antes de que lo haga Bush me parece significativo y también positivo. Sobre todo si a diferencia de la visita de Bush, la de Lula trae alguna propuesta más o menos concreta a un reclamo que Uruguay viene haciendo en el marco del Mercosur: el tratamiento de las asimetrías, el arancel externo común, todo lo que está en la agenda de las demandas del Uruguay en el Mercosur.

 

- Más la relación con Argentina...

- En cuanto a la relación con Argentina, yo considero que es inútil pedirle a Brasil que interceda en el conflicto, porque no lo va a hacer.

 

Nos puede gustar o no, pero no lo va a hacer. O sea que si los medios masivos de comunicación siguen insistiendo en torno a la indiferencia de Brasil, va a servir nada más que para darle un palo al Mercosur, pero no se va a detener el conflicto.

 

Claro que cuando un país como Brasil no tercia en un conflicto, también está renunciando a parte de su rol como líder regional. En la medida en que es un líder en América Latina, se planta frente a un conflicto. Eso muestra la debilidad de Brasil en su rol de liderazgo político. Porque... que tenga que venir un mediador español....

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