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Brasil: las universidades no están
cumpliendo con su rol de analizar, sus
críticas son muy superficiales
Entrevista a la Dra. Laura Tavares Soares
En
la pasada semana se realizó en Uruguay, por
iniciativa de la Casa Bertolt Brecht, el seminario
“El socialismo del Siglo XXI”. Al evento concurrió
como invitada la doctora Laura Tavares Soares, pro
rectora de la Universidad de Río de Janeiro e
investigadora del Consejo Nacional de Investigación
de Brasil en Estudios Comparados Latinoamericanos.
Lo que sigue es parte del diálogo que
La ONDA digital mantuvo con la académica brasileña.
- ¿En nombre de que
organización de Brasil viene usted?
- Vengo por la
Universidad Federal de Río de Janeiro. Soy ahí
profesora de Políticas Sociales, Políticas del
Sector Público, Economía y actualmente Pro-Rectora
de Extensión.
- Desde el punto de
vista político ¿representa a algunas de las
organizaciones políticas de Brasil?
- No, yo vengo como
profesora universitaria, como investigadora.
- ¿Cuál es el interés
de participar en este Seminario?
Es la segunda vez que
la Casa Bertolt Brecht me llama. Yo viajo mucho por
los países latinoamericanos y trabajo en la
investigación comparada latinoamericana, por
estudios de casos.
- ¿Estudios de qué
casos?
- Casos de políticas
sociales, de diagnóstico de desigualdad social, de
pobreza, de políticas públicas. Entonces
evidentemente hay un interés de intercambio, que es
lo que me pidieron para hablar de Brasil acá.
- ¿Brasil es en ese
sentido un laboratorio en este momento? ¿Se lo
puede observar como algo extraordinario, llamativo?
- Yo creo que no sólo
Brasil. Brasil no está solo en ese sentido. Fue uno
de los primeros países que eligieron a un
presidente, por primera vez en su historia, que
venía del pueblo, que es el caso de Lula. Eso nunca
había pasado, creo que fue una revolución cultural y
política muy importante. Pero en este momento creo
que tenemos experiencias en América Latina, en
Bolivia, en Venezuela, ahora en Ecuador. También en
Uruguay. Estuve aquí cuando Tabaré Vázquez asumió la
presidencia.
Son experiencias de
intentos de nuevos gobiernos que se contraponen
al proyecto anterior que estaba vigente,
neoliberal, cuyos resultados han sido un desastre.
Entonces yo creo que Brasil no está solo, está
acompañado. Nosotros somos parte. Claro que con
nuestras especificidades: Brasil tiene un tamaño
gigantesco, una escala muchísimo mayor. Tenemos
problemas muy distintos a los que tienen Uruguay y
otros países, por supuesto.
- En una escala de 1
a 10, ¿cuál es en ese sentido la situación de Brasil
hoy, comparado con el anterior?
- ¿Usted me pregunta
por el país o por el gobierno?
- Por el país de
Lula...
- ¿El país de Lula
con el país de gobiernos anteriores? En una escala
de 1 a 10 yo le pondría 8. Bastante mejor.
- ¿Dónde están los
énfasis?
- Los énfasis están
en la cuestión de la distribución de la
renta, del ingreso, los programas sociales, de
educación. Toda una inversión de responsabilidad
pública fundamentalmente en lo social. Yo le
quitaría los dos puntos porque todavía sigue una
parte de la política económica con los énfasis en el
ajuste fiscal, el superávit fiscal y todo eso que
nos quita un poco el margen de maniobra que sería lo
perfecto, lo ideal. Entonces por eso yo le estoy
quitando esos puntos: por la política económica.
Pero creo que en lo demás Lula ha tenido una
política muy responsable, sobre todo muy
comprometida con el pueblo. Lula fue reelegido con
el 60% de los votos y el análisis por clase social
muestra que él fue elegido por el pueblo. La
clase media y la clase alta no votaron a Lula.
Entonces Lula tiene una representatividad popular
muy fuerte.
- ¿Eso es uniforme en
toda la geografía de Brasil?
- Sí, todas las
clases más pobres en todas las regiones de Brasil. Y
claro, en las regiones nordestes, como son las más
pobres fue donde votó mejor Lula. En el sur, donde
están los más ricos, fue donde Lula tuvo menos
votos. Hay una distribución regional de la riqueza
en Brasil.
- ¿Cómo perciben la
academia y las universidades, este fenómeno?
- Yo creo que de modo
muy insuficiente. Recibe mal. Yo soy académica,
universitaria, pero creo que las universidades no
están cumpliendo con su rol de acompañar, de
análizar. Eso nos pasa también en Venezuela , creo
que las críticas son muy superficiales. La gente se
pone en un puesto de académico alejado. Yo comparto
que soy una intelectual que estoy metida en los
procesos sociales. La Universidad todavía sigue
-aunque está mucho mejor que antes- alienada de los
problemas nacionales, necesita "aggiornarse" más.
Necesita estar mucho más involucrada en los
problemas nacionales.
- ¿Es un problema de
la Universidad o del Gobierno?
- Es de la
Universidad. Nosotros tenemos que asumir nuestra
responsabilidad. El Gobierno no tiene nada que ver
con eso. No sólo no impide sino que al contrario,
nos requiere apoyo para las políticas públicas.
- ¿Los presupuestos
son adecuados?
- No, todavía no.
- ¿No será esa una
causa?
- No, porque yo
todavía puedo pensar con el salario que gano, no
preciso ganar más plata para pensar, ¿no es cierto?
Además los profesores brasileños no somos tan mal
pagos; después de los médicos somos los que ganamos
más. O sea en Brasil no existe ese problema. Los
profesores universitarios brasileños son clase media
alta y no es por eso que no piensan y no cumplen con
su obligación. En el presupuesto de la Universidad
en el gobierno Lula, las Federales públicas han
aumentado cinco veces. Claro que es insuficiente
desde el punto de vista del desarrollo de la
Universidad. Pero no es eso de lo que yo hablaba
sino del compromiso de la gente de pensar. Para
pensar y estar involucrado hay que tener un sueldo,
pero no es de la plata, de lo mercantil, que yo
estoy hablando.
- Usted mencionaba
que no es sólo el gobierno brasileño el que ha
surgido con un tinte social en América Latina, sino
que también hay otros gobiernos, incluido el
Uruguay.
- Sí.
- En este momento hay
un debate acerca de si hay dos tipos de gobiernos en
América Latina. Uno el de Lula, el de Uruguay, el de
Chile y por otro lado podrían estar Venezuela,
Ecuador y Cuba. ¿Usted cómo ve ese asunto?
- A mí no me gusta
esa clasificación. Para mí es muy lineal. Yo lo que
veo es que son situaciones históricas, políticas y
coyunturales distintas. Yo estuve en Venezuela
cuando las primeras elecciones de Chávez. Hay una
coyuntura venezolana que eligió un militar, un
rebelde, un proceso totalmente distinto al de Lula,
totalmente distinto al proceso uruguayo y muchísimo
más distinto del boliviano, que fue todo un
movimiento de los indígenas, de años de lucha y en
el que un indígena ocupó un puesto político como
diputado y después disputó la elección presidencial.
O sea, a mí no me
gusta esto de "más, menos", o que Kirchner tiene más
coraje. Kirchner incluso es de la élite, no es de
izquierda y sin embargo está haciendo un gobierno a
favor de ciertas causas populares. Eso se relaciona
con mucha presión del pueblo. Los pueblos también
tienen su rol que cumplir. Los procesos históricos
son distintos. Lo que importa para mí es que
todos ellos tienen un signo de cambio en contra
del proyecto neoliberal que estaba antes. Eso es lo
que los une. Lo que los diferencia son los procesos
históricos de cada país. Yo no le pongo una etiqueta
más roja a Chávez y una más rosada a Lula y a Tabaré.
No, eso para mí es una tontería, es lineal.
- Sin embargo, en los
últimos tiempos ha habido críticas de algunos.
Chávez ha criticado en estos días fuertemente a
Lula.
- ¿Dónde?
- Por el proyecto de
biodiesel.
- No ha criticado
fuertemente a Lula. Lo que él ha criticado es el
proyecto, tal como Fidel lo ha hecho. Para su
realidad él tiene toda la razón. Incluso el proyecto
de Brasil no es como lo está planteando Chávez ni
como lo plantea Fidel. Lula no va a hacer una
transformación de todos los campos brasileños en
caña de azúcar. No vamos a volver a la época
extractivista. No es ese el proyecto.
- ¿No ha entendido
entonces Chávez?
- No, él criticó
desde el punto de vista de lo que puede ser un
proyecto de explotación, pero no es el proyecto
brasileño. Que yo sepa, él ni siquiera ha acusado
directamente a Lula. Fidel tampoco.
- Pero sí a Brasil.
Yo tengo aquí el
artículo de Fidel y lo leí entero. Él critica el
proyecto en cuanto puede pensar cómo puede seguir.
No critica a Brasil, lo hace como Cuba, porque
afirma que "en Cuba no podemos hacer esto", "no
podemos matar de hambre al pueblo" y lo dice con
toda razón. Pero Brasil tiene tierras. Nosotros
fabricamos comida, Cuba no. Yo tengo el artículo, lo
he leído y le digo mi opinión: Fidel hace la crítica
al proyecto y que no lo reproduciría en Cuba, pero
no critica explícitamente a Lula. Además son
proyectos distintos. Tiene toda la razón, si hace
eso en Cuba mata de hambre a la gente. Tampoco
nosotros vamos a hacer explotación en demasía. El
cómo hacerlo está en debate ahora en Brasil. No
podemos transformar el país en caña de azúcar y
alcohol. A eso apuntaba Bush, y no salió ningún
acuerdo. No hubo ningún acuerdo bilateral. Fue
llamado, lo invitaron, no se pudo, no se hizo el
acuerdo. No quiere Lula hacer las cosas como quiere
Bush, por supuesto. Bush quiere que abramos todas
las fronteras. Con esas bases no hacemos acuerdo.
No hay acuerdo para el etanol con Estados Unidos, ni
siquiera empezó.
- ¿Usted ve entonces
más posibilidades de unidad que de desacuerdos?
- No. no. Hay muchos
desacuerdos.
- ¿Y en el plano
interno, en la política de su país?
- Adentro del país
hay mucho desacuerdo respecto del gobierno de Lula.
Pero hay que separar las críticas de la derecha de
las críticas de los que estamos empeñados en hacer
los cambios. Porque muchas veces una parte de la
izquierda le está haciendo el juego a la derecha. Yo
por cierto tengo muchísimas críticas a Lula, pero
estoy comprometida con ese proceso de cambio.
Porque sé que si no
va a estar Lula va a venir algo muchísimo peor
y va a volver la derecha. Yo ya vi demasiado de eso
en mi país, con mis 53 años de edad no quiero otra
derrota. Por eso quiero la unidad. Pero no hay
unidad. Lamentablemente, entre la izquierda no la
hay. Entonces en eso estamos, en todas partes. Hay
críticas y críticas. Yo creo que hay que hacer las
críticas, pero hay que meterle la mano al cambio.
Hay que empeñarse en el cambio. Porque si yo hago
la crítica, me quedo en casa tomándome el “ whisky”
como los intelectuales en Brasil, todos los
académicos en sus confortables casas con el último
TV digital y criticando el programa de crédito de
Lula que le da los televisores a los pobres, eso es
una hipocresía. Entonces hagamos las críticas pero
para promover el cambio que queremos. Y en eso
estamos.
- ¿Cómo percibe al
Uruguay?
- Eso para mí es
difícil ahora. Estoy recién llegando. Estuve con
mucha esperanza acá cuando asumió Tabaré. No tengo
información suficiente. Creo que fue bueno que
Tabaré no hiciera el acuerdo bilateral con Estados
Unidos. Incluso Lula estuvo acá por eso. Que no
se crea que estuvo acá para hacer política
imperialista. La gente tiene una traducción como si
nosotros quisiéramos oprimir. Al contrario,
parecería que es mejor que hagamos cooperación entre
nosotros. Brasil puede cooperar con Uruguay. Mejor
que sea con nosotros que con Estados Unidos. Es
obvio que hay diferencias. Si la gente no puede
diferenciar entre Brasil, Lula y Estados Unidos,
lamento, no tiene ninguna visión política.
Veo que Uruguay tiene
posibilidades. Ustedes tienen una sociedad
cosmopolita, culta, alfabetizada, al contrario de
Brasil. No tienen la miseria que tenemos nosotros.
Tienen todas las posibilidades de hacer los cambios.
Pero la sociedad uruguaya le tiene que meter el
hombro también, porque no lo va a hacer Tabaré solo.
Es un juego de presiones y contrapresiones.
- ¿Cómo definiría
usted la importancia del Mercosur?
- Como está ahora,
dedicado a la cuestión comercial, lo critico. Porque
en el fondo, los que se pelean son nuestros
empresarios. Los empresarios brasileños contra los
empresarios uruguayos, contra los empresarios
argentinos. No tiene nada que ver el pueblo en eso.
Yo creo que el Mercosur debe llegar a una
integración -y en ese sentido Chávez tiene una buena
propuesta- en lo que sea para el cambio
estructural, incluso en la cultura, en una
televisión del sur, en infraestructura, en gas. En
cosas en las que tengamos interés común, y no sólo
atender a los intereses de los empresarios que
quieren exportar e importar para satisfacer sus
ganancias.
- ¿Hay que ampliar el
Mercosur?
- Ampliar y cambiar
el sentido comercial del Mercosur. Porque el
Mercosur no puede ser sólo comercial, pues para eso
están nada más que los empresarios y el pueblo no
tiene nada que ver con eso.
LA
ONDA®
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