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El vino uruguayo llegó a
la Universidad: en Agronomía
establecieron la primera cátedra

Entrevista a la Ing. Milka Ferrer

La primera Cátedra de Investigación sobre Vinos en Uruguay funciona en la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República. La ingeniera agrónoma Milka Ferrer, responsable de esa cátedra, es master en viticultura, enología y gestión. La ONDA digital la entrevistó en dicha facultad. 

- ¿Cuándo comienzan ustedes con la Cátedra de Investigación?

- Esto surge luego que yo en 1980 hago una maestría en Francia, a mi regreso comienzo a trabajar más en profundidad en la vitivinicultura, a reconocer  la necesidad de trabajar en conjunto con otros colegas en el área de enología. 

Toda esta iniciativa surgió cuando en el MERCOSUR se comenzó a hablar  de cuáles eran los “rubros débiles “ en Uruguay, en su integración con otros países.

Surgía que la vitivinicultura en un sentido amplio, tenia muy poca capacidad de competir en un mercado abierto dado los volúmenes importantes de producción argentinos. También se especulaba con la calidad de los vinos chilenos. 

Entonces nos planteamos, junto a INAVE,  buscar una estrategia  de reconversión necesaria para que el productor pudiera mantenerse y competir. Definimos que necesitábamos diferenciarnos de los demás países del MERCOSUR, no en volúmenes sino en calidad. 

El primer concepto fue que nosotros necesitamos calidad y diferenciarnos con una variedad, que no los otros países  no la cultivaran, de ahí surge la Tannat, como la variedad que podría liderar este proceso de reconversión. 

- ¿Por qué esta variedad?

- Primero nosotros buscamos una tipicidad, algo original que pudiera ser producido en el país; esta variedad entró junto con la vid al Uruguay a fines del 1880 traída por el señor Pascual Arriague desde los Pirineos Orientales en Francia. 

Esta variedad acompaña todo el proceso de producción de vinos en el Uruguay en el siglo pasado sin ser autóctona ya que nosotros no tenemos ninguna  vid autóctona, pero sí estaba muy bien adaptada a nuestras zonas de cultivo, nuestro productor la conocía como cuidarla, como podarla. Había una superficie relativamente importante plantada, estamos hablando que un veinticinco por ciento de la vid plantada en el país era Tannat, esto nos aseguraba llegar  a un volumen óptimo. Esto no quiere decir que nosotros estudiáramos el Tannat y nada más. 

El otro aspecto que tuvimos que elegir  era entre promover la reconversión  a través de esta variedad,  poco conocida, o a través de variedades cosmopolitas, los Cavernet, el Merlot, que si bien son muy buenas variedades, todo el mundo las produce, y no tenemos formas de diferenciarnos como país. Con la dificultad de que somos un país nuevo en el tema, y que nunca habíamos salido al exterior, producto de un medio fuertemente protegido, entonces lo recomendable era salir con un producto típico que nos caracterizara como país. 

De esta manera surge el Tannat como tema de investigación de nuestra cátedra, ya que aunque con más de cien años de producción en el país, nunca se había estudiado  haciendo una secuencia  de su proceso en el país. 

En el estudio empezamos a ver que había una producción excesiva de plantas por hectárea, que no permitía tener la calidad necesaria. Estudiamos  los viñedos a través de estudios de micro vinificación con el objetivo de mejorar la calidad y estudiar el rendimiento que esta variedad podía soportar. 

- ¿Este estudio lo realizaron en la cátedra que funciona en la Facultad de Agronomía?

- Fue un proyecto conjunto con INAVI y financiado por la Universidad de la República. Lo destacable fue que todas las partes nos dimos cuenta que teníamos que trabar juntos  y con este esfuerzo de conjunto darle al productor señales muy claras, porque de lo contrario de nada serviría el esfuerzo.

Ante la pregunta que podía hacerse el productor, “si me reconvierto ¿qué planto?” Nosotros necesitábamos responder claro. 

 Así empezó esta cátedra,  trabajando en vitivinicultura y enología, el tener toda la cadena evaluada se da poco en otras partes del mundo. 

Es un proceso caro y complejo, no olvidemos que el producto final es el vino y no la uva. Nosotros procesamos los ensayos en los campos de los productores de manera que ellos vieran  cuál era el producto. Fue una manera de hacer una extensión, y que rápidamente adoptaran  los resultados que se iban logrando, ya que las investigaciones completas son muy largas; estamos hablando por ejemplo de que necesitamos de cinco años para ver resultados. De esta manera se da una interacción muy importante, sobre todo en productores que están agrupados, por ejemplo con los grupos CREA, en definitiva este criterio nos permitió presentarles nuestro proyecto discutiéndolo con todos ellos, devolviéndoles el resultado de ese trabajo. 

- ¿El proceso de esa investigación e implantación está terminado?

- No, la investigación es continua, cada vez que resolvemos algo nos surgen nuevas preguntas. Sí hemos definido etapas. 

- ¿Los profesores ya están trabajando y produciendo con los primeros resultados de las investigaciones iniciales?

- El primer gran aporte que hicimos fue dar un rumbo, no es el único, pero este es muy importante. Definimos  manejos del viñedo que hoy hace el productor  que no sabe ni de donde salieron. Antes hablar de raleo de racimos era algo extraño, ahora se hace regularmente. 

- Ingeniera, hoy se presentan una serie de desafíos desde la investigación científica, por ejemplo esta planteada la elaboración de vinos transgénicos. ¿Han tratado este tema?

- Son temas que aún están muy lejos para nosotros. Reconozco que hay una discusión muy importante en el ámbito mundial, con dos posiciones bien encontradas. Aquí no se hacen estas investigaciones, en general son técnicas muy caras para poder desarrollarlas desde aquí. 

Nuestro camino pasa por obtener un producto diferenciado y natural, que  además esté en concordancia con otros productos nacionales, por ejemplo el queso. Debemos concentrar esfuerzos en esta dirección. 

- ¿Estos días se ha  puesto a la venta  un vino ecológico para diabéticos, conoce este producto? 

- Nosotros  no hemos participado de ese  tema, yo también escuché por los medios de comunicación  esas referencias, para opinar tendría que investigar  más desde el punto de vista de mi profesión, no escuche argumentos suficientes. Pero hay que tener en cuenta que la  información decía que la Asociación de Diabéticos lo recomendaba. 

- ¿Con qué recursos humanos cuenta la cátedra que usted dirige?

- Luego de estas etapas, empezaron otros requerimientos, no era suficiente la calidad que teníamos, necesitábamos dar un paso cualitativo. Para acompañar este proceso de reconversión y profundizarlo  se necesitaban recursos humanos altamente calificados. No era suficiente con lo que formábamos hasta ese momento en la Universidad, ni con lo que había en el país. 

Esto se volvía prioritario porque en la región empezaba a haber colegas con una alta preparación, sobre todo en Argentina. Un relevamiento para saber cuántos extranjeros trabajan en nuestro medio en estos temas, reveló una sorpresa, eran  entre doce o quince los contratados. 

La pregunta que surgió fue: ¿porqué no contratan uruguayos? El tema era que no tenían la mejor preparación para encarar los desafíos que necesitaban los productores, sobretodo la parte enológica. 

Allí aparece el rol de la Universidad, el darse cuenta a tiempo que lo fundamental eran los recursos humanos que necesitábamos. Nos asociamos con la escuela francesa de Montpellier, para desarrollar en Uruguay una Maestría. Agro Montpellier tiene la característica de ser el único curso de maestria reconocido a nivel mundial por la oficina internacional de la uva y el vino. 

Comenzamos a trabajar sobre un programa, evaluamos las capacidades nacionales que había para impartir ese programa y las necesidades que teníamos de profesores externos. Establecimos la Maestría, que tiene un año y medio de duración, que es en vitivinicultura, enología y gestión. Producir, elaborar y vender. 

Con veinticinco técnicos uruguayos haciendo docencia empezamos  esta cátedra, son colegas de la Universidad, de INAVI, de SUNAGRA, del INIA, de los grupos CREA. Se buscó reunir todas las capacidades optimas  que tenemos en Uruguay.

A esto se sumó el aporte de doce  docentes franceses que vinieron a impartir clases en aquellas áreas que los uruguayos éramos más débiles. 

En esto es importante que no tengamos dependencia extranjera, un técnico extranjero viene trabaja un tiempo y se va, necesitamos continuidad. 

- ¿Son ingenieros agrónomos que luego hacen un postgrado?

- Este es el único postgrado que hay a nivel de la Facultad de Agronomía.

La maestría  tiene en su primera generación 15 alumnos permanentes, también está la opción abierta de aquellos que quieren tomar  módulos y hacer una actualización. 

Esta generación  egresará  entre fines del 2002 y principio del 2003, de acuerdo al proceso de las tesis que cada uno tiene que realizar para aprobar la maestría. Los cursos terminan en setiembre de este año. 

- ¿Ya están abiertas las inscripciones para la segunda generación?

- La propuesta original fue hacerla cada dos años, se consideraron en este sentido los ritmos de inserción laboral, y a la vez ver la receptividad del mercado de trabajo. La cátedra necesita un mínimo de diez estudiantes para abrir. Es una cátedra de cara para lo que es nuestra realidad. 

La Facultad de Agronomía ha brindado un gran apoyo a esta iniciativa, hoy ya tenemos una bodega piloto que permite realizar muchos ensayos aquí, en nuestra Facultad. 

- ¿Todo lo que se investiga en Uruguay sobre vinos pasa por ésta cátedra?

- No, está también lo que hace el INIA, algo se hace en la Facultad de Química, también en INAVE, en algunos casos tratamos de combinar. 

Debo subrayar que dentro de los planes de reconversión que diseñamos desde el principio estaba también el estudiar el proceso de la uva de mesa, pensando en los mercados que se podrían abrir para este producto.

Nos parece que es un rubro muy importante para  que lo trabajen pequeños productores, ya que tiene un importante valor agregado.

Desde el punto de vista alimentario es un producto de los más completos en vitaminas. 

Hoy nosotros tenemos la tecnología adecuada  y si las condiciones de mercado favorecen podemos salir rápidamente a producirla. LA ONDA® DIGITAL


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