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“Hay algo que nos estamos
olvidando,… nos olvidamos de los
patrones culturales de nuestro país”
Diálogo con Loreley Garín
Hace
pocas semanas el presidente Dr. Tabaré Vázquez
informó al Concejo de Ministros de que su gestión
contaba con la aprobación del 57% de opinión
publica. Lo que sigue a continuación es el diálogo
de La ONDA digital con Loreley Garín, destacada
militante de los años 70. Este es su gobierno pero
lo apoya sin estar conforme, además reflexiona
ampliamente sobre en qué contesto mundial se viene
dando este proceso uruguayo.
-Como una persona de
izquierda, habiendo la sociedad uruguaya elegido un
gobierno de izquierda que ya lleva dos años y pico,
¿se siente satisfecha?
-Sí y no. Hay cosas
que se están realizando que me parecen bien, son
temas centrales, como tratar de que personas que
estaban excluidas logren tener una vida más digna.
Pero sí quedé sorprendida, porque estaba convencida
de que la izquierda en cuanto al Plan de Emergencia
estaba todo estudiado, todo analizado y todo
preparado para implementar no una ayuda "corriendo"
sino que pensaba que eran programas apuntando a lo
que se va a hacer ahora: dignificar a la persona por
medio del trabajo, organizando cooperativas,
educando, porque tenemos personas que han dejado la
escuela en segundo o tercer año o analfabetos.
Apuntando al trabajo y la educación y llevar, -que
también eso ahora se está haciendo por medio de la
parte cultural-, a que conozcan que hay otra cosa
que no es esa realidad que ellos tienen. Abrir la
cabeza. Pero tratando de conocer -y ese me parece
que es uno de los problemas- que hay mucho
escritorio, mucha reunión, mucho intercambio entre
intelectuales y los que no están presentes son los
pobres.
-Entonces usted
piensa que hay claroscuros...
-Es lógico. El país
estaba en la ruina y la oposición ahora parece que
cayó del cielo y que no tienen nada que ver. Porque
justamente este modelo es el de la no
responsabilidad y que no hay causas y las cosas
pasan porque sí. Y como las cosas pasan porque sí y
no hay causas, entonces usted tiene antiguos
ministros de Economía dando lecciones de lo que hay
que hacer. El gobierno tiene dificultades y va a
tener muchas más a medida que se acerque el período
de las elecciones. Es muy difícil, porque como
Frente tenemos, digamos, diferentes posiciones en
los distintos grupos y conciliar todo da mucho
trabajo. Porque muchas veces, nosotros desde afuera
observamos y decimos: "¿qué está pasando, por qué
está haciendo esto?" Por ejemplo, a mí me sorprendió
que los norteamericanos nos pongan como sus aliados
estratégicos en la región. Son cosas que llaman la
atención.
-Con eso que usted
dice, que el partido de gobierno tiene en su seno
diferentes opiniones, el Presidente aparece como un
virtuoso, porque parece un director de orquesta que
logra hacer cosas aun con esa complejidad.
-No. No sé si
virtuoso, porque aparece como un compañero más
-vamos a no poner, como un pecado de la izquierda,
las personas por encima del resto porque ahí
entramos en los problemas que ha tenido la izquierda
en distintos lugares-.
Yo pienso que es una
persona muy capaz y que logra interpretar y
manejarse en esas aguas borrascosas pero a su vez
esas aguas borrascosas me dan una garantía de no
pensamiento único, porque ahí me entra el pánico. Es
necesario no sólo dentro de la propia izquierda que
se discuta sino que habría que pensar el país, no
hasta las próximas elecciones sino a más largo
plazo. Yo pienso que el Presidente ha hecho algunos
intentos, pero es muy difícil.
-Usted hablaba que en
la mesa, o en las instancias sociales, no se
sentaban también los pobres. ¿No hay dificultad en
que la gente participe en esta época del mundo?
-No, yo no me refería
al militante de base. Yo me refiero a los lugares.
Por ejemplo, usted tiene que en el mundo hay
centenares de ONG, programas de Naciones Unidas,
hablando, trabajando, reuniéndose, cobrando un
sueldo, hablando de los pobres, de las necesidades
de los pobres. Pero los pobres no están: son ellos
que viven de hablar de los pobres. Es muy diferente.
Y hay otra cosa que a
mí me llama mucho la atención de nuestros países
latinoamericanos. Por ejemplo, ¿es necesario que
venga Naciones Unidas a nuestro país a decirnos que
en nuestro país hay pobres, que hay pobreza, que hay
que invertir en salud, en educación? ¿Eso nosotros
no lo sabemos? ¿Tienen que venir a decirnos no sólo
que hay pobres sino cómo hay que hacer? ¿Y nosotros
qué?
-Eso es así, pero
¿cuál será la causa que determina que eso pase?
-El problema es que
nosotros tenemos un proceso, como uruguayos y como
latinoamericanos, que no ha concluido. Nosotros no
nos conocemos y nos educaron en que sólo existe lo
que viene de afuera. Eso es como tener un complejo
de inferioridad como países. Sólo sirve lo que viene
de afuera. Y no es así. Aquí nosotros sabemos que
tenemos pobreza, que hay enormes problemas. ¿De qué
me sirve a mí que vengan técnicos, profesores,
consultores a decirnos lo que sabemos? Sabemos que
necesitamos que la distribución de la riqueza sea
diferente. Pero solamente hay diagnóstico. Yo le
digo a usted que tiene cáncer, pero no me pregunte a
mí qué tiene que hacer. Ahí está el problema. Que
hay pobreza lo sabemos. Que hay que tomar otras
medidas también lo sabemos. El problema está en que
por un lado me dicen que yo tengo que transformar
esa realidad pero con los créditos del FMI, del BM,
o del BID, a mí me manejan, y no me permiten
hacerlo. Entonces es solamente hablar, no ir a la
raíz del problema. Yo pienso que de a poco eso se va
a ir haciendo.
-Tomemos algunas
áreas, algunos temas más concretos sobre esto que
usted dice. ¿Usted ve que la mujer, por ejemplo,
socialmente hablando, está mejor en esta etapa del
Uruguay, de este gobierno de izquierda, que
anteriormente?
-Es muy complicado.
Si uno toma los últimos años el tema mujer y el tema
derechos de la mujer, sí tiene lugar en la discusión
y en la conciencia. Todo el mundo es consciente de
que la situación de la mujer era absolutamente
desigual. Hay un problema que yo me planteo sobre
esta visión de la mujer y lo llevo a lo que era la
sociedad nueva y el hombre nuevo. Esta mujer, este
discurso de lo que debe ser la mujer y lo que deben
ser los derechos de la mujer, ¿tiene relación con la
sociedad, el hombre y la mujer nuevos? ¿O en
determinados casos la mujer no tuvo la capacidad de
crear una alternativa a ese hombre que criticábamos
por machista, por individualista y sólo copiamos lo
que criticábamos, pensando que ejerciendo el poder
yo cambio una realidad? Y hay algo que nos
estamos olvidando, y es que imponiendo modelos y
patrones de otros países nos olvidamos de los
patrones culturales de nuestro país. Los pueblos no
cambian por decreto.
Hay patrones
culturales por ejemplo en el problema de la mujer y
la violencia, que nosotros no podemos decretar que
cambien, porque la realidad de una sueca no es la
realidad de una mexicana o de una uruguaya. Nuestras
culturas juegan en el comportamiento del hombre o en
el de la mujer. Entonces yo no puedo traer
experiencias de otras realidades a mi realidad. Que
la mujer tiene derecho a trabajar por supuesto, que
tiene derecho a estudiar, también. Ahora nosotros
¿qué aportamos de nuevo, de esa mujer nueva de la
que hablábamos? O esto es nuevamente algo que
traemos de afuera y que tratamos de adaptar a como
dé lugar a nuestra realidad olvidándonos de que
somos uruguayos con patrones culturales de acá y de
Latinoamérica. No somos ni suecas ni gringas.
-Entonces, en su
pensamiento, si lo quisiéramos transportar a la
educación tendríamos que hacer un énfasis mucho
mayor en rescatar las particularidades nuestras.
-Y es como todo. Si
no nos conocemos, ¿cómo cambiamos? Si no sabemos en
qué estamos fallando. Qué es realmente un problema
nuestro o cuáles son cosas que surgen de importar
filosofías, ideologías, programas, modelos que no
tienen nada que ver con nuestra realidad.
-¿No será que nuestra
pobreza nos hace vulnerables en ese sentido? ¿No
será que como somos pobres no hemos tenido tiempo,
condiciones de elaborar una teoría nuestra?
-Ah, no; yo pienso
que nosotros hemos tenido un corte. Porque hubo
gente como ese señor que se llamó Vivian Trías,
gente como Artigas, gente como Rodó, sólo por citar
algunos, que sí pensaron, sí hablaron, sí veían a
Latinoamérica en su conjunto y que si no tomamos
conciencia de quiénes somos y hacia dónde queremos
ir estamos perdidos. Porque nos van a seguir
bombardeando por medio, ahora, de la televisión, de
seguir copiando comportamientos, actitudes y modelos
de otros lugares. Estoy segura de que ahora los
muchachos han de conocer grupos de música, por
ejemplo de EE.UU. o de Europa pero usted les
pregunta qué se baila en Venezuela, quiénes son los
cantantes, quiénes son los grupos y lo ignoran, como
ignoramos la historia de Latinoamérica.
-Entonces vuelvo al
razonamiento: lo que usted desearía es que se
pusiera más énfasis en rescatar lo nuestro.
-Por supuesto. Puede
ser fundamental el trabajo que se está haciendo en
Montevideo con el Programa Esquinas, de la
Intendencia. Conocer el barrio, la gente, quiénes
somos. Hay que volver a educar, porque el modelo
neoliberal lo que hizo fue vaciar de contenido los
programas educativos, para que la gente no sepa.
Porque al no saber, al no tener acceso a la
educación y la formación, usted no puede empezar a
cuestionar. De este modelo tan salvaje los que pagan
los platos rotos son nuestros hijos, las
generaciones futuras. Porque ese cortoplacismo por
el que creemos que la vida de la humanidad es desde
que nosotros nacemos hasta que morimos y ya está, no
es así. Nosotros somos responsables por este pedazo
de vida que nos toca vivir acá.
-Ya que tocamos la
parte cultural, de la enseñanza, ¿cómo ve usted, de
conjunto, la salud cultural del Uruguay?
-Tenemos problemas.
Por un lado están todos estos trabajos que tratan de
recuperar, de ver quiénes somos, de dónde venimos.
Por otro lado hay una invasión mediática, a través
de los medios de comunicación, de que si no hacen lo
que sale en la televisión, los chiquilines no
existen. Están determinados desde la marca de los
zapatos, qué pantalón, qué lenguaje usar, qué pasó
en Gran Hermano, qué pasó en Tinelli. Es lo peor que
nos puede pasar. Porque en uno de sus libros, Eco
habla de los programas que hay, cómo el modelo
manipula, con un nivel de hasta doce años. Bajar el
nivel a la mínima expresión. Y que toda esa bobería,
cualquier persona con dos dedos de frente dice ¿cómo
es posible que esto de la televisión pase a ser lo
normal?
-Pero los uruguayos,
o los montevideanos, tienen otras ofertas. Por
ejemplo, TV Ciudad se dedica sólo a lo uruguayo. ¿Y
por qué la gente no ve TV uruguaya más que la
internacional?
-El problema es que
TV uruguaya casi no hay, sacando Canal 5 que ahora
tiene muy buenos programas. Y en cuanto al canal de
la Intendencia no sé cuántos lo ven en el interior.
-No lo ve la mayoría
de los uruguayos, tampoco en Montevideo es el primer
canal.
-Claro, justamente,
porque había que bajar el nivel. Al vaciar de
contenido los programas educativos en las escuelas y
liceos, la gente no cuestiona. Y es ese Gran Hermano
colectivo, que no sólo se da en la televisión sino
que es el controlar hasta lo último. Eso pasa a ser
el tema de conversación de los jóvenes. Algunos
leen. Otros sólo miran televisión, y cuanto más
tontería más lo miran. Porque es un problema de
educación. Y como lo que controla todo es esta
enorme pantalla de los medios, en que todo el mundo
tiene que saber cómo viven. Yo a mis hijos les decía
que nosotros cuando éramos chicos e íbamos al cine
sabíamos que todo eso era una fantasía. Pero ahora
convencieron a la gente de que todos somos esa
fantasía. Y por más que usted viva en el interior
del Uruguay usted mira eso y las mujeres se creen
que son Susana Giménez, o como les digo a mis hijos,
una es Angeline Joli y otro es Brad Pitt, sin ubicar
que eso es fantasía. Eso trascendió, todo el mundo
se identifica con algo de esa bobería generalizada.
Y nosotros, que tendríamos que ser, se supone,
adultos responsables, también entramos en esa
tontería colectiva.
-¿Usted cree que hay
mayor habilidad de parte de ese sistema, más que
desde la izquierda? ¿Dónde está el problema de que
la izquierda no pueda hacer esas cosas? Entusiasmar,
quiero decir.
-El problema es que
la izquierda quedó apabullada. Golpeada y apabullada
y yo no veo lugares de reflexión como tiene la
derecha, organizada. Las fundaciones, organizaciones
de la derecha latinoamericana, estadounidense y
española principalmente, reuniéndose permanentemente
en el mundo, por todos lados: Cato, Eritage, Sevice...
todas muy organizadas y con un modelo que va hacia
todos los países de América Latina. ¿Y dónde está la
izquierda? ¿Dónde estamos nosotros?
-Por eso, la
pregunta es ¿cuál es el problema que tiene la
izquierda para no encontrar métodos que entusiasmen,
ya sea por la Fundación, la televisión, por los
guiones de cine?
-Yo creo que la
izquierda tiene que sincerarse, tiene que hacer un
análisis de verdad, a fondo de las cosas en que nos
pudimos equivocar, cómo corregir y mirar hacia
adelante, sacarnos completamente las anteojeras. No
somos los dueños de la verdad absoluta. Lo que
nosotros tomamos como verdades absolutas, por
ejemplo el marxismo, fue una teoría. Una teoría que
ni Marx dijo cómo llevarla a la práctica, la
elaboró. Después vino Lenin. Pero nosotros, como
uruguayos, tenemos que tener una propuesta nuestra,
de acuerdo con nuestra realidad. Ese fue para mí el
problema del que no logramos salir, porque alguien
nos tiene que decir qué hacer. ¿Y por qué? Si
nosotros acá tenemos gente y la hemos tenido, que
puede aportar, con un conocimiento increíble. Hay
que ir a buscarlos. Tenemos que tener gente que
elabore. El capitalismo tiene las universidades a su
disposición; a lo mejor que sale de ahí lo financian
de continuo, para que termine diciendo lo que ellos
querían. Pero la izquierda no.
Otro problema que
tiene la izquierda para entusiasmar a los jóvenes es
que llegan a un local del Frente Amplio, un comité
de base o dentro de un partido, tienen 20 años,
están llenos de inquietudes y le tiran todas las
charreteras, la miitancia, el sacrificio que
hicieron y lo apabullan. ¿Me entiende? En lugar de
buscar a esa juventud que son el futuro, ellos son
la savia.
-Eso lo que propone o
lo que sugiere es una gran reflexión.
-Por supuesto. Eso es
lo que nos falta. Hay que sentarse a analizar todo,
pero conociendo, después de todo lo que pasó, de
todo lo que hemos vivido, tener la madurez
suficiente para entender de que si queremos
realmente un cambio, no es "mi partido", sino que va
a tener que ser una historia de la gente.
-¿Eso hay
que hacerlo volviendo a ganar el gobierno o hay que
parar la máquina, hacer esa reflexión y empezar de
nuevo?
-Hay que hacer las
dos cosas.
-Le gustaría que
siguiera este gobierno, u otra personalidad pero que
la izquierda siguiera gobernando. En ese sentido
usted lo ve positivo.
-Por supuesto. Sería
necesario que tuviera más tiempo la izquierda, que
volviera a ganar las elecciones pero al mismo tiempo
tener la capacidad de buscar un lugar de reflexión,
pero auténtico, yendo a las raíces de todos los
problemas. Y no seguir con la camiseta puesta dentro
de la izquierda.
-Independientemente
de los nombres, ¿usted ve dentro de la izquierda
esos hombres que pueden hacer ese tránsito que usted
propone? ¿Hay material humano?
-Hay gente que está
reflexionando, hablando, se están reuniendo y
analizando. Sí lo hay. Lo que pasa es que yo no sé
por qué -tal vez por todo lo que fue el esfuerzo
para ganar las elecciones-. Ahora estar en el
gobierno quita tiempo. Porque lo que se necesita es
tiempo para analizar y para reflexionar.
-Parecería que los
jóvenes no se sienten atraídos por estas cosas.
-Los jóvenes no se
sienten atraídos porque nosotros nos encargamos de
correrlos.
-La culpa es de los
mayores.
-La culpa es nuestra,
sí. Porque los muchachos llegan con toda su buena
voluntad, con su cabeza abierta a aportar y le cae
toda la pesada de la vieja militancia, lo que hizo,
y que nosotros somos los que sabemos, todo el mundo
calladito la boca porque hay cinco que saben. Y no.
Eso se acabó, porque si no, no vamos a seguir
atrayendo a los jóvenes. En cambio el Partido
Nacional, a esos jóvenes que se empezaron a
aproximar, los van a mandar a Argentina, a distintos
cursos, y a formarlos, en una de estas fundaciones
que mencionaba.
-¿Cómo imagina el
mundo de los uruguayos dentro de 40 años?
-Si nos ponemos las
pilas va a ser muy lindo. No, yo pienso que el mundo
uruguayo no está solo. Va a depender del mundo
latinoamericano. No tiene otra salida. Y el mundo
latinoamericano va a depender de la capacidad que
tengan nuestros dirigentes de entender de una vez
por todas, que balcanizados -que era la expresión
que usaba Vivián Trías- como nos balcanizaron para
poder dominarnos, no llegamos a ningún lado. Esto va
a seguir siendo ya no las venas abiertas de América
Latina sino las entrañas abiertas de América Latina.
Y qué les vamos a dejar a nuestros hijos....
-Si no hay un cambio.
-Si las fuerzas
progresistas no logran poner todo el interés que
pueda haber; a veces por pensar a corto plazo y no a
largo plazo se puede obstaculizar la unión de los
países latinoamericanos. Con cuidado, porque también
el modelo único, el pensamiento único ya fue
superado.
-Usted que ha tenido
posibilidad de ver otros países, también de ser
emigrada, ¿cree que la emigración uruguaya actual se
debe a falta de trabajo o a falta de entusiasmo por
hacer cosas acá?
-Las dos cosas. Una
es la falta de trabajo para los muchachos que se van
porque terminan sus carreras universitarias y no
tienen posibilidad de trabajo y de seguir avanzando
desde el punto de vista profesional. Lo otro es que
aquí todo cuesta un disparate y para los jóvenes
tener posibilidades es muy difícil. Solamente fíjese
en un muchacho de 20 años que le guste la política.
Va a tener que esperar como 40 años a ver si llega a
algo. Esos tiempos, que son eternos.
-Esos tiempos, ¿se
logran precipitar?
-Es difícil.
-Y ¿qué da irse del
Uruguay?
-El problema es que
más que irse yo veo que son como expulsados. Es el
país que los expulsa. La gente no se va porque
quiere irse. Se va por necesidad. Una necesidad que
el país no sabe colmar, y que no necesariamente es
la económica. Puede ser la posibilidad de un
científico, de trabajo y desarrollo. Si es médico y
tiene las condiciones para trabajar como tal. En
muchos campos, es muy difícil. Yo tampoco pienso que
se trate de la competitividad. No. Hay ua parte que
nosotros tenemos que ver y estudiar y analizar. Por
ejemplo el año pasado se fueron 17.000 personas. Nos
sorprendió a todos, porque se suponía que habiendo
ganado la izquierda, hay programas que van a
apuntando a solucionar un montón de cosas que
estaban mal hechas. Y se fueron 17.000. O sea que
los plazos nuestros no son los plazos de la gente
joven, evidentemente. Porque un año y poco des pués
se fueron. Sus expectativas no estaban colmadas.
Entonces, cómo nosotros logramos revertir eso.
-¿Usted ve que haya
preocupación por revertir ese fenómeno que plantea
muy bien?
-En algunas personas
sí, pero no se ha tomado conciencia de que Uruguay
como está en la actualidad, con los jóvenes que se
van, con la gente vieja que tenemos, con los niños
que no nacen, es inviable como país.
-De eso parecería que
no hay la alarma que sus conceptos muestran.
-Fíjese que en Europa
cuando se dieron cuenta del error que había sido no
tener los hijos que necesitaban para asegurar la
reproducción de la especie, inmediatamente empiezan
con sus políticas pronatalistas. Ahora les dicen a
las mujeres que tengan hijos e incluso les pagan. Y
si tienen 3 o 4 hijos mejor.
-Se dieron cuenta del
error anterior.
-Lo que pasa es que
toda sociedad tiene su población que va a envejecer
y necesita tener jóvenes para que trabajen, para que
siga habiendo dinero en ese país, aportes, que
paguen impuestos para mantener a esa gran cantidad
de gente jubilada. ¿Qué hizo Europa? Se olvidó de
ese pequeño detalle.
-Pero ahora reacciona
a tiempo.
-No, para Europa ya
es tarde. Europa tiene que empezar a importar gente.
Porque necesitan tantos millones de personas que es
el número de gente que no nació y por tanto
necesitan traerlos de afuera. Por eso es que por
ejemplo España cuando legaliza a indocumentados
inmediatamente hicieron los cálculos y recibían mil
millones de euros anuales, sólo con esa medida.
Porque la gente joven trabaja, aporta, paga
impuestos y el Estado tiene con qué hacer frente a
los hospitales, las jubilaciones y todos los
tratamientos para personas de la tercera edad. Ahora
si nosotros no tenemos ese reemplazo, Uruguay no es
España, ni Alemania. Para ellos hace 30 años el
modelo era que la mujer tenía que trabajar, tenía
que realizarse, tener pocos hijos. Ahora se dieron
cuenta del desastre que hicieron. No van a decir que
se equivocaron. Pero ahora se trata de que la mujer
se quede en casa, tenga hijos, cuide a la mamá y al
papá. Porque los costos de todos esos hogares de
ancianos son tan altos que no se pueden mantener.
Entonces resulta mucho más económico -como además
estamos en la ley de la oferta y la demanda- que la
mujer vuelva a la casa, tenga hijos y cuide a sus
padres. Entonces más bien que fue un cuento que nos
hicieron porque éramos útiles a determinado proyecto
que estaba muy lejos de nosotros y lo que nosotros
queríamos.
-Entonces esta
situación de Europa muestra la necesidad de una
urgente reflexión acá sobre este tema.
-Ya aparece en el
último trabajo que publicaron hará un mes sobre los
problemas de población aquí en Uruguay. No es
trabajo de ahora. Hace años que esa gente viene
reflexionando sobre el tema de que Uruguay no va a
tener gente.
-Y el problema
entonces es que los políticos no reaccionan. Porque
la Academia sí.
-Hasta ahora el
problema de población no ha estado planteado.
-La izquierda no lo
tiene presente como problema.
-Yo pienso que van a
tener que empezar a preocuparse. Porque los jóvenes,
y los jóvenes más calificados, se siguen yendo. Eso
como país es terrible. Porque nosotros ¿qué vamos a
tener si se mira al largo plazo? Cuidado, estamos
trabajando y aprovechando el cambio que hay en el
mundo respecto de cuidar el medio ambiente y hay que
ver qué es lo que se está financiando por parte de
los países ricos para hacer que mi país tenga
trabajo para la gente. Por ejemplo una cosa sencilla
que es esto del comercio justo que haga Europa,
porque por ejemplo si producimos en forma orgánica
se nos paga mucho más que producir con agrotóxicos,
porque ya los europeos no quieren agrotóxicos. Lo
estamos haciendo. Hay proyectos con tambos, porque
la gente va a seguir tomando leche. Eso se puede
hacer. ¿Estamos diseñando un país a largo plazo o
estamos tratando de seguir como podemos.
-Parece que nos
inclinamos también por la plantación de árboles, no
sólo por la lechería, la ganadería.
-Por eso hay que ver
el margen de maniobra que tenemos, porque tenemos
que ser conscientes de nuestra realidad. ¿Estamos
aprovechando al máximo lo que existe hoy en el mundo
para dejar un país con una visión mucho más a largo
plazo o vamos a seguir con la visión de que yo apago
el incendio y después que se arreglen los que
vienen? Porque los que vienen tendrán muy poco si no
hacemos las cosas bien. Entonces, por ejemplo hay
mucho que se puede aprovechar. Costa Rica lo maneja
muy bien. Costa Rica tiene muchos lugares y acuerdos
con Estados Unidos para los jubilados, por ejemplo.
Se vienen los jubilados norteamericanos, compran
casas, van a restoranes, van al cine, a los médicos,
pasean... O sea, gastan plata. Hay europeos,
americanos, japoneses, que a sus gobiernos les sale
más barato que se vayan a otro país pagándoles la
jubilación...
-Pero aumentaríamos
la demografía de viejos si hacemos eso nosotros...
-El Uruguay el
problema que tiene es que no tiene jóvenes. Pero
Costa Rica también tiene muchos viejos; el asunto es
cómo se enfoca. En principio pasan seis meses y seis
meses. Todo el circuito de servicios para la gente
que trabaja, tiene trabajo.
-Nos falta audacia,
¿no?
-Falta mucha audacia.
Por ejemplo uno ve cómo el Estadio Centenario, el
Palacio Legislativo, se hicieron en meses. Los
hospitales también.
-Con medios que eran
insuficientes.
-Ahora es el no se
puede, hay que esperar...
-Usted es de la
generación que se podría decir en términos generales
de los 70, por lo menos hablando socialmente. Una
generación que además en su caso venía de la
izquierda, que pasó muchas dificultades en el
Uruguay. ¿Todas esas dificultades se justifican,
valieron la pena teniendo en cuenta la realidad de
hoy?
-Por eso yo digo que
es necesario un análisis profundo. La humanidad se
mueve y avanza a pesar de lo que nosotros queremos
que pase. Podemos tratar de hacer cosas. No
necesariamente pueden ser las correctas, pero es
como uno lo siente. Yo esa pregunta la tendría que
analizar mucho más. Es complicada. Porque nosotros
podemos decir, "no sirvió para nada". Pero eso ¿es
real? ¿Cómo le dice usted a una persona que estuvo
presa, que tiene a su esposo o a su hijo
desaparecido, que no sirvió para nada? Es muy
difícil.
-¿Hay una relación
entre todo eso y que la izquierda llegó al gobierno?
-Yo creo que lo que
pensábamos y lo que hacíamos en los años 70 era para
nosotros el cambio, un idealismo. Tal vez nosotros
no supimos cómo hacer las cosas, puede ser . Pero
era un convencimiento de la sociedad nueva, de ese
hombre nuevo, de que las cosas tenían que cambiar
para mejorar. Yo pienso que eso está en el gobierno
del Frente Amplio. Podemos discutir, incluso muy
fuerte, pero en el fondo, la esencia es que no
tenemos el hombre nuevo ni la sociedad nueva. Puede
que esté equivocada pero creo que en el fondo es
eso. Lo que pasa es en torno a los plazos y a veces,
lo que uno quiere -porque de buenas intenciones está
lleno el camino del infierno- y tal vez haya que ir
haciendo las cosas lentamente en el margen de
maniobra que tenemos. En ese marco se puede hacer lo
mejor posible, no quiere decir lo perfecto o lo que
realmente queremos. Pero tenemos que ver la
realidad. Tenemos una deuda que nos está matando,
eso es herencia que tuvimos. No se puede visualizar
a largo plazo qué cosa hacer, pero tenemos que ver
la realidad concreta de hoy día. Son dos años. Va a
llevar mucho trabajo, y que nos enojemos y
discutamos, de eso no tengo duda. Hacia adelante
nosotros podemos aportar pero va por encima de
nosotros. Es que el conjunto de la humanidad va
hacia algo mejor. Porque todas las locuras de este
modelo que yo a usted le comentaba para que vea
hasta dónde está pensado para dominar, según el cual
terminarían todos controlados con un microchip, un
gobierno que sería estilo China a nivel planetario.
Para eso se está trabajando hoy. Se está trabajando
para que las Naciones Unidas hagan de cada una de
las agencias un criterio mundial. Cuando uno ve las
reformas que se están haciendo, en la educación,
militar, etc. no es algo que lo hicimos nosotros,
todo eso viene después. Por eso la necesidad de
pensar.
-De pensar un modelo
propio, esa sería la propuesta suya.
-Yo pienso que
nosotros tenemos como uruguayos primero y como
latinoamericanos, comenzar a ver qué debemos hacer
dentro de Uruguay y conectarnos con los otros países
latinoamericanos. El Mercosur, el Banco del Sur, son
cosas que hay que saber aprovechar para apuntar a lo
que nosotros queremos ,que es una sociedad nueva y
un hombre nuevo. Hace poco vi un programa en que
estaban haciendo lo que fue el camino del Che. A dos
muchachos de National Geographic los mandaron a
hacer el mismo camino en moto que había hecho el
Che. Cuando ellos recorren todo y llegan a Colombia
entrevistan al Jefe de Policía del gobierno. Le
preguntan por la situación en general y en un
momento, por el Che Guevara. Y a mí me sorprendió la
respuesta: "El Che Guevara fue un cometa que
atravesó América Latina y se metió en el corazón y
la conciencia de los pueblos, en las universidades,
en los estudiantes".
Algún día vamos a
llegar; tal vez no lo vayamos a ver, pero yo estoy
convencida de que la única forma es como uruguayos y
latinoamericanos, con un modelo nuestro para poder
mirar al mundo. Y partir de nuestra insignificancia.
Hoy por hoy América Latina ni existe a nivel
internacional salvo porque tenemos materia prima
pero eso se juega en otros lugares. Y el mundo va
caminando a Asia y China viene levantándose. ¿Y qué
estamos haciendo nosotros en todo ese contexto
geopolítico? ¿Qué estamos estudiando, analizando? En
EE.UU. ya hay varias escuelas que están enseñando
mandarín en el jardín de infantes. La tienen clara.
LA
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