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¡Mañana capaz que hago
esculturas con humo...!

Diálogo con el escultor Octavio Podestá

Podestá nacido en 1929 en Montevideo, egresó en 1961 de la Escuela Nacional de Bellas Artes donde estudió dibujo y escultura. El gobierno francés, a su vez le concedió una beca de estudios para asistir a la Escuela Superior de Bellas Artes. Fue docente de los talleres de escultura de la Escuela de Bellas Artes y profesor de la Universidad del Trabajo. Recibió Premio XI Salón Municipal, 1959; 1er Premio Encuentro de Tapicería, 1985; Premio Salón Municipal a la trayectoria, 1986; premio "Fraternidad" de la B´nai B' rith y el Premio Figari del Banco Central en 1998. “Tengo mucha obra repartida que está en el Crandon, en la Católica, en el Clínicas, en Ciencias Económicas. Son una especie de exposición permanente”, dice Podestá en este diálogo con La ONDA digital.

-¿Su llegada a la creación artística es por casualidad?

-No, pienso que desde muy chico, incluso desde la escuela primaria se vio que yo tenía facilidades para el dibujo. Cuando venía la inspectora el que tenía que hacer el mapa era yo. Aunque no supiera dónde estaba el Río Uruguay, el  mapa por lo menos lo conocía. Me acuerdo también que hacíamos germinaciones y nos mandaban dibujar. Ahí yo empecé a sentir que tenía predilección por el dibujo.

 

Después, en el liceo, me sentaba en los últimos asientos para que no me viera ny empezaba a tallar tiza. Más adelante un profesor me aconsejó: "Vemos que en las demás materias andás medio flojo y sin embargo en dibujo sos sobresaliente. ¿Por qué no te animás a la Escuela de Bellas Artes?" Y le hice caso. Igualmente democré un año en pensarlo.

 

Empecé Bellas Artes cuando tenía 17 años y era como el summun, me sentía como pez en el agua. Era distinto al liceo, la camaradería, los profesores.

 

- Así que el arte se puede estudiar...

- Pienso que hay que aprovecharlo cuando hay escuelas. También están los autodidactas, y eso es fantástico también. Se dio aquí en el país cuando la dictadura. Empezaron a aparecer autodidactas porque la Escuela de Bellas Artes estaba cerrada. Se abrieron algunos talleres.

Se puede estudiar desde luego, y hay que aprovecharlo.

 

-La Escuela. Se justifica.

-Desde luego que sí. Yo por ejemplo, autodidacta no creo que hubiera sido. Nunca me senté a pensarlo pero yo me sentí muy bien en la Escuela y tengo amigos que son autodidactas. Gente mayor que a veces son mejores y mucho mejores que otros que fueron a la Escuela.

-Pero esos primeros pasos confirmaron su vocación.

-Desde luego.

 

-Hoy usted se dedica plenamente a esto

-Sí, plenamente. Después que me jubilé como docente técnico en la Universidad de la República y en la Universidad del Trabajo, me volqué de lleno a esto. Si bien tenía también las clases particulares, cuando reabrió la Escuela, la Universidad, ahí consideré el momento de dejar el taller. Con pena, porque me gustaba la enseñanza pero también quería hacer lo mío y volcarme de lleno, como fue.

 

-Usted es escultor

-Sí, me considero escultor. Ahora lo puedo decir sin empacho, antes tenía vergüenza. Después de tantos años uno ya asume.

 

-Más allá de lo físico, ¿se pueden establecer fronteras entre un creador de pintura y un escultor?

-No, al contrario. Creo que las fronteras hoy en día se fueron cayendo. Porque antes uno se dedicaba  -a no ser en el Renacimiento que se hacía de todo- o a la escultura o a la pintura. Cuando yo entré a la escuela, en el plan viejo, uno tenía que elegir entre escultura o pintura. Había que egresar de un curso para empezar el otro. Con los nuevos planes se hacía un pasaje por varios talleres y después se elegía. Y ahora se ven forma y color juntos, que siempre hubo desde lo más primitivo hasta ahora. La escultura se pintó siempre. Hubo períodos en que no, pero ahora se volvió otra vez al color, por suerte.

 

-¿Le gusta el color?

-Me encanta. Lo que pasa que yo siempre lo pongo muy tímidamente porque nunca estudié el color.

 

-¿Cómo define usted su escultura? ¿Tiene apellidos?

-No, es difícil. Estoy atento a lo que pasa, pero no me puedo definir como para decir estoy acá, estoy allá. Estoy atento a todo lo que pasa. Considero que estoy como treinta años atrasado pero no me preocupa tampoco.

-Observo que usted tiene preferencia por el metal para la escultura.

-Son etapas. A veces yo me río cuando se me dice escultor en hierro. Yo me considero escultor. Ahora en este momento trabajo con hierro. Hice un pasaje muy breve por la piedra y por el modelado muchos años. Y mañana capaz que hago escultura con humo, y entonces qué van a decir los que me consideran escultor en hierro...Desde luego llevo muchos años con el hierro y es un material que me encanta y me soluciona muchas cosas para lo que yo quiero hacer.

 

-Podría ser también virtual, ¿no?

-Desde luego, por eso cuando dicen escultor en chatarra parece que se lo está limitando.

 

-¿Hay una relación entre su forma de pensar, su sensibilidad, y los contenidos de estas esculturas?

-Bueno, hasta eso a veces despista, porque en ocasiones me han tildado, en la familia, de que soy muy agresivo en la escultura. Yo pienso que no. Podré decir que soy rabietún pero no agresivo, y antibelicista total. Entonces aparece en ciertas esculturas algo de bélico, pero porque me gusta la forma. Conversaba con un compañero y le decía: usted ve un arma y es preciosa como diseño. Después, para qué se usa es totalmente lo contrario. Yo me acuerdo que estando en Europa iba a ver los museos y me atraían las armaduras, los yelmos, las corazas, preciosas por el tallado que tenían. Pero desde ese punto de vista.

 

-Eran creadores los que hacían eso, no simplemente diseñadores.

-Es un oficio impresionante. Henry Moore tiene una colección, una serie de yelmos que se ve que los usó también bastante.

 

-¿Qué le dejó Europa para su profesión?

-Europa y todos los países que pude visitar. A mí me interesaba mucho y me daba cuenta después, aparte de los museos, cómo vivía el hombre, cómo hacía sus casas. En esos recorridos que hacía, en un país veía que las casas eran de piedra, y en otro de yeso o de paja... Me acuerdo en Egipto, las casas con techo de palma. ¡Claro, si nunca llueve! O me veo un silo enorme, una pirámide de granos al aire libre. Y preguntaba ¿cuándo lo tapan, de noche? Y se reían. Aprendí mucho de eso.

 

-Pero usted tuvo un epicentro en Francia, ¿no?

-Sí, sí, tuve beca en Francia y después tuve en Italia.

 

-Francia en este rubro de la escultura, ¿es más particular?

-No, yo creo que ahora por suerte se van trasladando los centros. Por ejemplo Norteamérica. Antes la meca era París, ahora ya no.

 

-¿No visitó a Picasso en Francia?

-No sé si por una parte tímida... Visité a otros, pero no a Piasso.

 

-¿Era difícil visitarlo?

-Claro, además eso, de pronto tenía que hacer antesala seis meses. Pero visité a otros importantes a los que era más fácil acceder y que yo quería ver, porque tenía facilidades y me gustaban, como la hija del escultor González y Gargallo.

 

-Picasso también hizo escultura.

-Sí, sí; mucha escultura. Y cuando se inicia en la escultura es cuando González, que era un gran técnico lo ayuda y le hace las esculturas incluso.

 

-¿Él diseña y González le hace las esculturas?

-O están juntos en el taller. Esa es la eterna duda y la eterna discusión. Me acuerdo que hay una chiva famosa de Picasso, que está hecha en mimbre primero y después revestida de yeso. Entonces a veces se ve, por la panza, el mimbre. Eso Picasso no lo hizo, lo hizo un mimbrero, estoy casi seguro. Pero eso no le quita valor, al contrario. Acá también se hace lo mismo. Usted  tiene una maquetita que la quiere hacer a diez o a cinco metros y ya necesita un equipo de gente por la maquinaria, por los esfuerzos, por todo.

 

-¿Está en crisis el arte?

-Yo pienso que a veces las crisis son buenas, porque se remueve todo y de ahí salen otras cosas nuevas. Pasó siempre, la cúspide cae, se levanta, rompe tabúes, reglas y eso es importante. A mí las crisis no me asustan ni me molestan. Al contrario, pienso que tienen que existir.

 

-  ¿Cómo es la etapa actual del Arte en Uruguay , goza de buena salud?

-Mirando a los jóvenes desde luego que sí, porque uno va a exposiciones o talleres y ve que hay una polenta interesante. Es muy bueno eso. La gente mayor como yo, ya cumplimos una etapa. Pero entonces se ven, por suerte, exposiciones o talleres de jóvenes que son impresionantes. Es un poco lo que decíamos hoy. La dictadura, en ese aspecto, no pudo. Al contrario, sucuchados por ahí se seguía pintando, haciendo sus cosas de arte.

 

-Es que el arte, o los creadores de arte también tienen un refugio propio, ¿no? Hablo de su conciencia, su capacidad. Es muy difícil entrar allí.

-Depende de las situaciones, no, pero vivir del arte siempre fue muy difícil, de modo que las crisis económicas a nosotros no nos afectan. No digo que no nos afecten, pero vivimos con lo mínimo.

 

-Y a diferencia del creador literario, que se puede leer, en la escultura no es tan directa la interpretación, por lo tanto para los sistemas represivos es más difícil.

-Sí, pero todos sufren en paralelo. Porque un escritor no puede editar, un actor de teatro no tiene sala; todos estamos en la misma banda, más o menos. Porque yo hablo con un director de teatro o con un bailarín y siempre tenemos problemas. No se entiende que el arte tiene que ser más popular, en la calle, no tanto en el museo...

 

-¿Esas dificultades se pueden ver hoy en el presente uruguayo?

-Sí, sí, es permanente.

 

-¿Y por qué será? ¿Hay un tema cultural?

-Malas políticas culturales. A veces se piensa que el arte es caro. Por ejemplo yo, me valgo de chatarra, quiere decir que el costo material no es nada. Ayer estuve en una oficina pública de la que me llamaron y hay chatarra para 50 años. Ese material además está como desecho.

 

-¿Habrá que educar más en el valor del arte?

-Claro. El valor del arte y sobre todo la sensibilización de la gente que puede ayudar: un director de una empresa, un director de una institución. No porque sean profesionales de otra categoría. Pero sí, educar, sensibilizar, para ellos mismos.

 

-¿Qué pasa con los museos del arte?

-Los museos también tienen problemas, sobre todo económicos, porque usted habla con directores de museos que tienen ideas concretas, avanzadas, pero los presupuestos no les dan. Yo trabajaba en un taller de restauración. Venían cuadros de un museo, les cobrábamos los materiales y a veces para restaurar cinco cuadros teníamos que esperar cinco meses para que nos pagaran los materiales. Entonces muchas veces las políticas están bien pero hay una parte económica que es muy importante.

 

-La gente del arte se ha peleado en estos últimos tiempos con el director del Museo del Arte...

-Ahí yo pienso que fue a destiempo.

 

-O sea que Kalemberg debía seguir.....

-No, no digo eso. Yo creo que él cumplió su ciclo, porque él al museo lo dio vuelta respecto de lo que conocimos nosotros. Hubo importantes exposiciones internacionales. Pero hay que tener en cuenta, hoy si no hay una embajada atrás no se puede traer una exposición.

 

-Pero se hablaba de algunas cosas que no tenían que ver con la administración.

-Cosas muy delicadas, que para hacer esos planteos hay que estar muy bien documentado.

 

-Era la Asociación de ustedes...

-Sí, yo lamenté mucho. No estuve presente en esa asamblea, pero me hubiera gustado. Igual salió por mayoría y desde luego hay críticas que se le pueden hacer...

 

-¿Cuáles son sus maestros universales?

-Yo siempre digo que fueron todos: los griegos, los egipcios, los románicos.

 

-¿Es un ecléctico?

-Sí, me lo dijeron una vez y me había sentido medio ofendido. Y después me di cuenta que sí porque hice el recuento de todo lo que tuve y de todos lados saco algo. Hace poco hice un viaje a Israel y me encontré con un escultor impresionante. Ojalá que cada vez que uno haga un viaje o tenga el conocimiento de otra persona lo deje tan impactado como me dejó ese escultor.

 

-En el Uruguay, ¿tuvo maestros también?

-Sí, ¡desde luego! Los maestros de la Escuela fueron Juan Martín, Severino Pose, Damián (yo no lo tuve directamente), después vino Yepes que nos abrió un panorama fantástico. Cuando modelaba de jovencito iba a ver los mostachudos del Hospital Italiano y me parecían el summun... Hoy los veo y son acaramelados, pero para mí en esa época que todavía no entendía nada de escultura, hacía mis paseos de botija y disfrutaba con el Obelisco, La Carreta en aquello que eran verdaderos museos al aire libre.

 

-¿Qué le parece La Carreta?

-Preciosa. Siempre digo que es una de las cosas mejores de Belloni y del Uruguay. Porque tiene una línea y una composición que si se entra a ver en detalle puede haber desacuerdos, pero como línea general.... Además yo paso seguido y la veo de mañana, de tarde, seca, mojada, con sol, con humedad.

 

-¿El Artigas de la Plaza Independencia lo haría igual?

-Igual no, mucho se critica el caballo de ese monumento, pero considero que para el espacio en que está es correcto. Hace pocos días estaba mirando un caballo de Belloni, pero creo que ese caballo en ese espacio tan grande hubiera quedado muy endeble.

 

-En La Carreta hay un caballo...

-Sí, es el del jinete, que va atrás. Y el famoso perro que siempre dicen que lo robaron y hablando con el hijo de Belloni él me dijo que nunca tuvo perro. Y siempre estuvo esa anécdota del perro robado.

 

-El imaginario social es mas bien critico con el Artigas de la Plaza independencia..... Así que usted es de los pocos - que no le parece mal el caballo del monumento a Artigas.

-No, como volumen general no me parece mal. Después puede haber detalles, pero siempre mantuve esa idea.

 

-¿Necesita más esculturas Montevideo?

-Sí, yo pienso que sí. Además con otro carácter, porque la escultura no tiene por qué ser siempre una figura ecuestre. Se pueden hacer esculturas en parques con movimiento de tierra para que la gente se siente arriba de las esculturas y que las sienta como una cosa que usa, no solamente que las mire y no las pueda tocar. Que ya se ha hecho, porque Broglia ha hecho esculturas en Punta del Este que son movimientos de tierra y son formas. Y la gente camina, porque son caminos también...

 

-He visto que hacen esculturas de arena.

-Cuando yo era chico en la playa se hacían concursos de esculturas de arena.

-Son efímeras. Claro, pero había un francés que les echaba un líquido o algo... las conservaría por un mes o quince días pero en general eran cosas "de barrio", no con carácter internacional como se hizo esa vez que vino un francés. Era una cosa interesante que no se fomentó más. Podía participar todo el mundo, chicos y grandes.

 

-¿Cómo se llevó o cómo se lleva, con la historia que dejó Torres García?

-Yo diría que estoy sacando partido recién ahora, cuando pinto la escultura, yo no sé color entonces tengo un cuadro no original de Torres García y me fijo en su combinación de colores. Y además como cultura, porque lo que ha dejado y aportado al país fue fenomenal.

 

-Conceptualmente

-Seguro, porque llegó en una época en que estaba la escuela francesa, un poco amanerada a mi criterio. Él rompió todo y podremos estar de acuerdo o no.

 

-¿Es cultura uruguaya?

-No, yo pienso que uruguaya no, porque él mamó incluso del movimiento ruso, lo transportó acá y con una visión de todo lo que tenía América que tampoco nosotros estábamos enterados, recién nos enteramos ahora. Yo siempre cuento que después de 13 meses de beca por Europa y Medio Oriente, llego a México y me encuentro con todas las pirámides y me dije: ¿cómo, vengo de Egipto y acá en México tengo todo esto que nos decían en la escuela? Pero usted vio que lo que se da de América es una página. Se estudian los griegos, los egipcios etc. y de acá no se conoce casi. Hace poco me hice un viaje a Guatemala, a Honduras y a Perú y allí tenemos estelas de 6 u 8 metros, que ignoramos totalmente.

 

-Que Uruguay tiene poco.

-Uruguay tiene poco y lo poco que tiene por suerte ahora se está tomando conciencia que aparecen litografías en algunas estancias y hay un grupo de gente que está estudiando todo eso; peleando, porque a eso tampoco se le da corte, no hay ayuda y entonces hay que convencer a la gente que tiene un valor ahí y hay que cuidarlo.

 

-¿Qué está haciendo Podestá en este momento en la escultura?

-Ahora que unos amigos de Guichón me trajeron madera -ahí está, ¿vio?- me trajeron un lote de maderas todas cortadas. Fue como un puzle e hice como ocho o diez. Los llamé y les pedí más: un médico pintor y un chico que hace escultura y es carpintero. Y los restitos estos para mí son como un dulce de leche, un postre. Un poco en hierro. Voy a seguir con ésta (señala) que hace como cuatro meses que la tengo colgada. Porque me tengo que cuidar.

 

-¿Trabaja muchas horas?

-Ah, sí. Yo me encierro acá y es como un submarino.

 

-¿Y a cualquier hora?

-Sí, el taller en la casa tiene muchas ventajas. Porque puedo estar hasta las 10, las 11 de la noche hasta la 1... Si tengo que tomar un ómnibus para ir a un taller ya es distinto. Otros prefieren separar la casa del taller. Pero acá siempre se respetó ese límite; esa valla la pasaban cuando yo quería.

 

-¿Va a exponer?

-Tengo material. Pero nunca trabajé para una exposición. Yo trabajo, cuando aparece una oportunidad, expongo. Ahora tengo mucha obra repartida que está en el Crandon, en la Católica, en el Clínicas, en Ciencias Económicas. Son una especie de exposición permanente.

 

-¿Va a tener alguna relación con la función de ese lugar?

-No, simplemente decorativa. Por ejemplo ahora creo que se van a habilitar unos pisos más y entonces agregamos más o cambiamos escultura.

 

-¿Se siente bien?

-Sí, yo por lo general a mal tiempo pongo buena cara. No que sea irresponsable, porque problemas tenemos todos, pero no me abatato, trato de ir sobrellevándolos. Y si no se solucionan, asumirlos.

 

-¿Quisiera que algún nieto suyo fuera escultor?

-No, no, que ellos buscaran su manera de gustar de las cosas. Vienen acá al taller, juegan con maderitas, con barro; como mis hijos, a los cuales nunca les dije nada de lo que era el arte, lo fueron mamando y nada más. Que se eduquen, que aprendan, que aprovechen, que se sensibilicen. Y después que hagan lo que quieran. 

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