India: Narendra Modi ganó, prometiendo crecimiento económico rápido

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Con un ejercicio de democracia impresionante, 800 millones de personas con derecho al voto participaron en las decimosextas elecciones generales en la India. El nuevo Primer Ministro será Narendra Modi, del conservador Bharatiya Janata Party (BJP), que promovió un rápido crecimiento económico en sus tres años de Ministro Jefe del Estado de Gujarat, en la costa nordoccidental de la India. Modi venció porque la mayoría de los indios creen que puede conseguir un crecimiento rápido en todo el país.

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Las elecciones han demostrado una vez más lo diferente que es la India, desde el punto de vista político, de su gigantesca vecina, la autocrática China. Sin embargo, ahora el nuevo gobierno debe intentar igualar el superior progreso económico que China ha logrado a lo largo de los tres últimos decenios. Para ello, tendrá que fomentar, en un marco político diferente, dos ingredientes fundamentales del éxito económico de China.

El primer ingrediente es un sólido sector industrial compuesto de industrias manufactureras que utilizan una mano de obra no especializada, lo que ofrecería una vía para la salida de la pobreza a centenares de millones de trabajadores rurales y sus familias. Es la vía que han seguido China y otros países antes de ella. En cambio, en la India el subdesarrollo del sector industrial ha impedido a ese país hacer realidad todo su potencial económico.

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El segundo ingrediente son las infraestructuras que todo crecimiento económico requiere: carreteras, puentes, puertos y escuelas, además de suministros fiables de electricidad y agua potable. Unas infraestructuras deficientes limitan a la industria que sí que tiene la India. Las fábricas necesitan suministros fiables de electricidad para funcionar eficazmente, buenas carreteras y ferrocarriles para recibir los insumos y distribuir los productos y, si deben exportar dichos productos, puertos para barcos cargueros y aeropuertos para los artículos de gran valor y los viajes de negocios. China tiene todo eso en abundancia; la India, no.

En la India, los apagones eléctricos son habituales, casi la mitad de los hogares del país carecen totalmente de electricidad y las autopistas modernas son escasas. Mientras que un camionero en los Estados Unidos puede transportar una carga a una distancia de mil seiscientos kilómetros en unas veinte horas, en la India el viaje equivalente tarda entre cuatro y cinco días.

La causa subyacente de esas dos deficiencias es uno de los rasgos fundamentales de la democracia india y, de hecho, de todas las democracias: el poder de las minorías. En las democracias, las personas tienen libertad para organizarse y con frecuencia lo hacen a partir de intereses económicos comunes. Semejantes grupos actúan políticamente a fin de lograr beneficios para sus miembros, pero dichos beneficios pueden redundar en perjuicio del bienestar general… y en la India han bloqueado el desarrollo de industrias que requieren mano de obra poco especializada e infraestructuras de gran calidad.

Mientras que en la India abundan los trabajadores con pocos (o ningunos) conocimientos especializados, la legislación laboral prácticamente impide que las grandes empresas despidan a trabajadores, lo que, para empezar, las disuade de contratarlos. Las empresas más eficientes suelen evitar precisamente las industrias que, si se establecieran en gran escala, podrían sacar a millones de indios de la pobreza. Asimismo, la legislación que limita la utilización de la tierra dificulta la construcción de instalaciones como, por ejemplo, fábricas y hoteles, que podrían dar empleo a gran número de personas.

Un grupo particular de intereses –los sindicatos– es el que fomenta y defiende la legislación que disuade a las grandes empresas de entrar en industrias que emplean a trabajadores no especializados. Si bien dicha legislación beneficia a los afiliados a los sindicatos, que constituyen una fracción muy pequeña de la fuerza laboral total, castigan a la India en conjunto. Otro grupo de intereses obstruye el crecimiento de las empresas que crean empleo. Los manifestantes locales, por ejemplo, a veces impiden la utilización de la tierra para fines industriales u otros fines comerciales.

También las minorías políticas inhiben la construcción de infraestructuras y el desarrollo del sistema educativo que la India necesita utilizando el proceso democrático a fin de desviar recursos para sí, que después no se pueden utilizar para construir carreteras o pagar a maestros. Las subvenciones de diversos tipos, todas ellas logros legislativos de grupos de intereses, representan el 2,4 por ciento del PIB del país.

La propia burocracia india es un gran grupo de intereses, poderoso y voraz. Sus salarios consumen recursos que estarían mejor dedicados para usos productivos. El gasto en intereses especiales crea déficits presupuestarios, mientras que el endeudamiento necesario para financiar dichos déficits priva de más fondos a las infraestructuras y la educación.

El nuevo gobierno de Modi no puede –ni, de hecho, debe– abolir las normas democráticas que permiten prosperar a las minorías. Con sus diversos grupos étnicos, religiones, castas y 30 idiomas usados por más de un millón de hablantes nativos cada uno (y otros 105 hablados por al menos 10.000 personas), la India es más diversa culturalmente que toda la Unión Europea, pero tiene el doble de habitantes. Sin la insistencia en las avenencias, la resolución pacifica de las controversias y lo derechos de las minorías inherentes a la democracia, una India unida no podría existir.

Así, pues, el imperativo de Modi es el de superar los obstáculos a las políticas que fomentan el crecimiento utilizando métodos democráticos. A ese respecto, las elecciones han traído una buena noticia: la fuerza cada vez mayor de la clase media en aumento de la India, aliada potente en la causa de aplicación de las reformas económicas necesarias.

Esa clase media está compuesta de personas asalariadas y con propiedad inmobiliaria, muchas de ellas jóvenes, que ven en el Gobierno una fuerza impersonal que impone el cumplimiento de la ley y un árbitro neutral de las controversias, en lugar de una fuente de fondos y favores. Los votos de esas personas ayudaron a Modi a ganar las elecciones. Su éxito en el cargo dependerá de hasta qué punto pueda aprovechar el poder de la clase media para superar los obstáculos al crecimiento económico que sus miembros requieren.

Por Michael Mandelbaum
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
Fuente: project-syndicate.org

La ONDA digital Nº 672

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