Como se construye la ciudad II

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Cuál ha sido la medida más exitosa de las Intendencias progresistas de Montevideo en referencia a las construcciones físicas sobre el territorio: no permitir barrios cerrados. Cuál ha sido la peor: permitir espacios comerciales cerrados. Léase shoppings.

Una involuntaria afirmación sobre la implantación del shopping como una de las principales causas de la degradación en los centros históricos es un diagnóstico sobre 18 de Julio dado a conocer por estos días. El mismo analiza nuestra principal arteria a través del porcentaje de utilización del espacio con una apreciación reduccionista, segregada del contexto mayor de la metrópolis para concluir que se debe priorizar al peatón e impedir la circulación de vehículos privados. Bastaba una investigación al alcance de técnicos de ambas Instituciones, absolutamente idóneos para cumplir un encargo como el adjudicado a una Asesoría extranjera.

La distorsión de los roles
Otra conclusión de ese estudio es que la Intendencia debe invertir en intervenciones puntuales como la obvia y elemental de equipamiento para su 3  Arq-Luis-Fabre--200x230explanada. Escapa a ese abordaje la esencia ideológica del Estado articulador. La Intendencia no tiene que necesariamente competir en la urbe. Puede alcanzar resultados positivos para la urbe direccionando las fuerzas del mercado y sus expresiones constructivas y edilicias hacia los consensuados objetivos de una ciudad inclusiva, hogar de una sociedad democrática. Competir con los intereses sectoriales signados por el lucro, someter a la ciudad y territorio de todos al juego del mercado, es una trampa en la cual no debe caer el gobierno departamental. Aceptar exoneraciones a pautas de altura y ocupación prioritaria del espacio urbano por inversiones y administración privada, con dudosas contrapartidas financieras y urbanísticas, introduce al gobierno en ese juego.

El rezago
La sociedad, asentada en el globo, es un sistema complejo. Las instituciones del Estado tienen mayor inercia que las del ámbito privado y de las personas en la toma de decisiones y acciones sobre el territorio. La actividad inherente a ellas no es una ciencia exacta; requiere de información y conocimiento, pero también intuición sobre qué efectos producirán las acciones aplicadas a un componente sobre todo el sistema. Con una mirada integral, percibimos que las arcaicas normas de convivencia en el marco del derecho, quedan rezagadas frente a la velocidad de los cambios. Que las Instituciones que legislan y controlan esas normas corren de atrás las nuevas configuraciones de ese sistema dinámico. El de Uber es solo un ejemplo. Es necesario que además de normas que el tiempo hace obsoletas, se actualicen mecanismos de actualización que incluyan más participación ciudadana con las nuevas tecnologías.

Un caso factible es el mecanismo del plebiscito, cuya obsoleta puesta en práctica puede mejorarse sustancialmente, sin desmedro de sus garantías, con los dispositivos de comunicación actuales. Incluso en tiempo real, atendiendo la oportunidad de la opinión ciudadana, con utilización simultánea en todos los asuntos que merezcan definición acorde a los tiempos actuales.

Más que votar cada cinco años
En realidad, la vida de la ciudad percibida por sus habitantes, puede en la actualidad tener una participación mayor en las acciones, los emprendimientos sobre la misma. Las actuales tecnologías de la comunicación aportan mecanismos idóneos, en tiempo real, para captar y difundir la opinión de los ciudadanos sobre cualquier acción de la vida social sobre el espacio urbano. Incluso en expresiones colectivas o masivas, como se realizan a través de las redes sociales en la Red.

Otro ejemplo de actualidad
Referido en el anterior artículo, la iniciativa de colocar una imagen de la Virgen María junto a la Aduana de Oribe en el Buceo- aunque bien merecería un Concurso previo- podría dilucidarse mediante una encuesta masiva, con implementación a cargo de la Corte Electoral.

Se resolvería con la participación más amplia, el pronunciamiento de las colectividades, referentes institucionales y organizaciones sociales y la ciudadanía en su más genuina acepción; los habitantes de la ciudad.


Por el
 Arq. Luis Fabre
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