Las discusiones de la coyuntura

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En estas últimas semanas se vienen sucediendo discusiones y debates, especialmente a través de los medios de comunicación, sobre algunos temas económicos, como el atraso cambiario, la necesidad de nuevos impuestos y la contención o no del gasto público, a propósito de la Rendición de Cuentas, las pautas salariales y así sucesivamente.

Los participantes de la discusión son el gobierno, sectores del Frente Amplio, los partidos de la oposición, organizaciones sociales como el PIT-CNT y analistas políticos y económicos. Es un debate político sobre temas económicos, porque surgen elementos ideológicos e intereses de clase.

En estos días aparecieron dos muy buenas noticias para el gobierno. La resolución del Ciadi dándole la razón al gobierno en su AlbertoCouriel1litigio con la empresa Philips Morris, en defensa de la salud humana y contra el tabaquismo. Se han recibido felicitaciones de diversas partes del mundo. La otra buena noticia es el inicio de negociaciones para una tercera planta de celulosa por parte de la empresa UPM.

Lamentablemente se va a instalar en Zona Franca como las dos anteriores, pagando solamente los aportes a la seguridad social y quedando exenta de otros impuestos. En Brasil, Argentina y Chile estas plantas pagan impuestos como cualquier inversión normal. El antecedente anterior obliga, pero tal vez se podría obtener que la nueva planta pueda maximizar el valor agregado dentro del país y utilizar el máximo posible de insumos nacionales.

El gobierno, presidente de la República y equipo económico, ponen énfasis en la necesidad de priorizar, en la política macroeconómica, el déficit fiscal y la inflación. Nosotros, en notas anteriores, hemos elegido priorizar el crecimiento y el empleo, sin descuidar la inflación ni el déficit fiscal. El ministro de Economía plantea la necesidad de nuevas inversiones para el crecimiento, lo que es lógico.

Para que se concrete la inversión tiene que haber demanda. La externa está difícil y la interna dependen de que no caigan el gasto público ni los salarios, en momentos de caída del consumo privado y de la inversión pública. Pero también hay factores que pueden limitar la inversión. Por un lado, los gobiernos frentistas no han elaborado una estrategia de desarrollo que permita promover determinados rubros, por ejemplo por innovaciones y producción de alta y media tecnología.

Con ello se limitan políticas sectoriales que debieran jugar un papel relevante en la actual situación. Por otro lado, se mantiene el atraso cambiario en alrededor 40% con respecto a diciembre de 2004. En estos días se vuelve a dar una nueva apreciación de la moneda nacional. Ello afecta las exportaciones, especialmente aquellas que contienen mayor valor agregado, a través de la caída del tipo de cambio nominal. La intervención del Banco Central en el mercado cambiario, pudo haber enfrentado la situación, pero no lo efectivizó.

Seguramente no lo hizo para seguir utilizando la política cambiaria para contener la inflación que alcanzó a dos dígitos, y con negociaciones salariales en pleno curso. Para la izquierda las devaluaciones son como una mala palabra. En la segunda mitad de los sesenta mostrábamos la inflación como una puja distributiva entre productores ganaderos y exportadores de un lado, y trabajadores sindicalizados urbanos, por el otro.

La puja distributiva se daba porque los exportadores pedían mayor tipo de cambio, devaluaciones, y cuando esta se concretaba los trabajadores solicitaban aumentos de salarios. En esa época se daban muy elevadas devaluaciones. Pero en la década del 90 se inició una etapa de atraso cambiario, que sin duda afectó las posibilidades de exportaciones, especialmente de mayor valor agregado y de contenido tecnológico. El atraso cambiario termina afectando el empleo.

Las pautas salariales se fijaron en términos nominales bajo el supuesto que la inflación comenzaría su descenso. Aquí me importa destacar la actitud del PIT-CNT. Reconocen las dificultades económicas y solicitan mantener el salario real. Por lo tanto, lo único que solicitan es que el correctivo de inflación sea anual y no de 24 o 18 meses. No están demandando aumentos de salario real.

Importante grado de madurez. La discusión sobre la Rendición de Cuentas también es muy civilizada, como la de las pautas salariales. La mayoría de los sectores del FA aceptan una baja del déficit fiscal de 1% del PBI que propone el gobierno. No se aceptan recortes de gastos, denominados postergaciones, de un año para gastos en educación, salud e INAU.

Se buscan nuevos financiamientos a través de aumentos impositivos en patrimonio, incorporar los juegos de azar al IVA, a lo que podría agregarse el dinamismo de la reforma tributaria para iniciar una nueva etapa de discusión sobre la misma. El corte de estos gastos afectarían la demanda interna y limitarían las posibilidades de inversión, de crecimiento y de nuevos empleos.

La discusión es eminentemente política. Los argumentos de los partidos de la oposición son los clásicos de la ortodoxia económica, que se plantean fuertes ajustes económicos para bajar el déficit fiscal y la inflación. Ya los conocemos del pasado y de la actualidad en la Unión Europea, generando recesión, mayor desempleo y empeorando sensiblemente la distribución del ingreso.

Por otro lado, hay un debate entre las organizaciones sociales, especialmente el PIT-CNT, y el gobierno, representado por el equipo económico. Insistimos que la propuesta sobre las pautas salariales del movimiento sindical son atendibles.

Por último, está el debate de la mayoría de la bancada parlamentaria del Frente Amplio con el gobierno, para que no haya recortes de gastos, para que no haya nuevas caídas de la inversión pública, para que haya demanda interna para el crecimiento y para atender las necesidades de importantes sectores sociales.

Estos debates civilizados son buenos, para el Uruguay, para el sistema político, para el Frente Amplio, la fuerza política que está en el gobierno y para la propia democracia.

Por Alberto Couriel
Economista y ex senador

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