ACERCA DEL CONSENSO | “Acuerdo o conformidad en algo de todas las personas que pertenecen a una colectividad.”

Tiempo de lectura: 4 minutos

No debe haber mayor expresión de madurez política colectiva que encontrar acuerdos que representen a una colectividad en su totalidad.

Para ello, tener interlocutores inteligentes, pacientes, generosos y maduros políticamente, es indispensable. La experiencia unitaria ha sido de enorme valor para la izquierda y le ha permitido ganar elecciones y gobernar en varios períodos.

Encontrar denominadores comunes en trayectos estratégicos diferentes permitió el nacimiento del Frente Amplio, esa unidad en la diversidad tan peculiar logró incorporar detrás de un mismo proyecto a partidos tan distintos como el PDC y el PCU.

Supongo que también abonó este camino la voracidad del capital económico que apeló a formas autoritarias y ferozmente represivas de dominación. Cada vez sectores más diversos y amplios se vieron empobrecidos cuando no despojados de ingresos. Este proceso habilitó a alianzas entre  empresaria/os, producto/ares, trabajada/ores, obrera/os que buscaron aliarse.

Allí, el programa que los contemplara a toda/os y  las formas para lograr el triunfo y desplazara a los sectores regresivos fue y es la gran lección política que el movimiento popular atesoró.

No me parece sin embargo que las definiciones sean inmutables. El propio ejercicio del gobierno por parte de la izquierda y el progresismo desarrolló nuevas relaciones económicas, nuevos intereses y por ende nuevas emergencias.

La izquierda social encontró cauce favorable para levantar reivindicaciones, agendas de derechos.

La irrupción de la mujer como  la gran protagonista de este tiempo ha expuesto siglos de inequidades y forjado poderosos movimientos feministas. Tanto que en el Uruguay el 8M, es la demostración de masas más importante del país, congregando año a año a centenares de miles.

Creo que la vida cambió, no como yo quería pero sí mucho más de lo que imaginaba

Recuerdo que en el 2001, cuando estalló Argentina, los bancos cerraron, la gente perdió sus ahorros, fuentes de trabajo, empobrecimiento brutal, la sociedad argentina salió a la calle, se popularizó y masificó el hacer piquetes. Cortes de ruta y calles que visibilizaban la protesta. Nació de esta realidad el Movimiento Piquetero.

Fue así que una forma lucha devino en una organización. Por su propio origen y nombre el piquete fue la herramienta para protestar. La dinámica del proceso argentino devino en nueva realidad económica, el país se estabilizó y la natural simpatía que despertaba “el piquete” pasó a ser un incordio para muchos de los argentinos que protestaban ayer y comenzaron a expresar su malestar por esa “forma de protesta” que  les entorpecía  trasladarse.

¿Dónde me lleva esto? Las formas de lucha, la organización de la misma y los preceptos que agrupan a la gente a organizarse no siempre son iguales.

Sostengo que enumerando ante todo lo valioso del consenso, me parece una definición demasiado extrema definirla como “de principios”.

No tener condiciones para tener consenso violenta en primer lugar a todo aquel que lo define como de principios, si el consenso no se logra sus principios son vulnerados. No estoy de acuerdo, no puedo consensuar, violento su voluntad. Parece demasiado extrema la conclusión.

Limita la capacidad abarcativa de las alianzas. La multilateralidad de las miradas, la diversidad y sobre todo  la incertidumbre política, esa que llevó a pensadores acunar conceptos tales como modernidad o sociedad líquida son las que replantean la conceptualidad de unirse. Las alianzas coyunturales de personas y sectores, la diversidad de las luchas de derechos, esa dinámica de lo cotidiano muchas veces jaquea la posibilidad del consenso, aunque si pueda lograr mayorías.

De esta manera el consenso no se transforma en límite, en freno para el acuerdo.

Inclusive si de grandes acuerdos se trata entre fuerzas y sectores no equivalentes en organización y fuerza real, la amplitud que demuestre el colectivo para incorporar sensibilidades ayudará definitivamente a que el consenso no se perciba “como avasallante” evitando de esta manera disidencias y rupturas.

Valoro el consenso pero nunca como herramienta de predominio prepotente sino como acuerdo inteligente y lúcido.

Tal vez como lograr consensos sea el gran desafío del momento político. El Frente Amplio va hacia una elección interna, en lo previo puede parecer que un candidato tenga cierta predominancia sobre la/os otra/os pero la posibilidad cierta de expresarse será un cuantificador efectivo de dicha “consensualidad”

La mirada de la existencia de “demasiados” sectores en el Frente Amplio a veces queda definido con una simplicidad que caricaturiza la situación. Es parcialmente cierto que no hay tantas visiones ideológicas, pero no alcanza con explicarlo desde la ambición de protagonismo. No alcanza con decir, miren esto no es así, así que armo un sector o corriente de opinión nuevo.

Tal vez, no se han desarrollado nuevos grandes liderazgos que den certeza y confiabilidad, o las líneas de pensamiento estratégico no existen o no son demasiado claras.

De repente los sectores mayoritarios no tienen la capacidad abarcativa más allá de sus propios límites. Muchas son los lugares por donde mirar cuando observamos o definimos la proliferación de pequeños sectores. Pero definitivamente son un dato de la realidad y no será creando bozales organizativos que se eliminará el fenómeno.

No hay nada más maravilloso que estar entre iguales, abrazar las banderas y llenar las calles con correntadas de pueblo en una dirección, pero habrá que ser muy inteligente e hilar más fino que levantar un altar “al dios consenso”.

Por Walter Martínez

La ONDA digital N.º 1027 (Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.