Miserable diferencia

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La muerte de un joven que tuvo la infeliz idea de vender su auto por redes sociales desnudó –una vez más- el grado de violencia extrema que sufre la sociedad uruguaya. Pero, al mismo tiempo, permitió diferenciar a los miserables que hacen uso de esas desgracias para acarrear algún voto a su colchón electoral. Subidos al carro del morbo y la desesperación humana de las víctimas accesorias, no repararon ni por un segundo en atacar el problema de fondo haciendo un uso macabro y demagógico del tema. En este tiempo de dolor inmensurable, se puede hacer un simple ejercicio de memoria para repasar y comparar actuaciones, para desenmascarar a los miserables de entonces que fungen cargos públicos en la actualidad y ponen cara de circunstancia haciendo como si aquellas expresiones nunca se hubieran dicho. Mientras tanto, disfrutan de un clima mediático contenido, lejos de aquel ensordecedor y contaminante ruido de no hace mucho cuando, episodios tan lamentables como este, llenaban los informativos y bombardeaban a la opinión pública con sus dosis de miedo y bronca acumulada. Aquellos miserables mensajes emitidos son documentos que el archivo conserva y que vale la pena recordar reafirmando que la seguridad no puede ser nunca objeto de miserable contienda electoral sino una necesaria e ineludible cuestión de Estado. Mientras no se entienda eso, seguiremos lamentando muertes injustas como la de Lucas…

Miserable archivo

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Hicieron de la seguridad su botín electoral, utilizaron cuanta ocasión tuvieron para socavar la gestión de Bonomi, haciéndolo único responsable de toda situación. Como si aquel –al igual que el hoy Ministro del Interior- no hicieran lo imposible por evitar situaciones como esas.

Con una diferencia de años, principales actores del actual gobierno (Presidente de la República, Secretario de la Presidencia, Ministro de Defensa, y hasta el propio ministro Heber), hicieron oposición de baja estofa, rastrera y oportunista. Calificativos que utilizarían hoy si la oposición frenteamplista hiciera lo que hicieron ellos entonces. Lejos de esa actitud, son reiterados los mensajes que da el Frente Amplio para unir voluntades en procura de esa política pública que permita encarar el problema de la seguridad de forma que trascienda los períodos de gobierno.

En medio de una campaña por el referéndum contra los 135 artículos de la LUC, se colaron mensajes referidos a una muerte evitable como la que sufrió un joven a manos de su vecino que lo confundió con un delincuente mientras realizaba arreglos en su azotea y al que se lo relaciona de forma inevitable con preceptos consagrados en dicha ley. Incomparable al reciente asesinato de Lucas Zanolli, que cometió el simple pecado de querer vender su auto por la red social de Facebook.

Las redes, las benditas y malditas redes, esas que lo emparejan todo sin criterio ni discernimiento. Las mismas redes que se utilizaron para segar la vida de Lucas, ardieron luego con mensajes de repudio y venganza que responden a una catarsis colectiva llena de dolor e impotencia, pretendiendo emparejar políticamente casos que solo tienen en común la injusta muerte de un inocente.

Los miserables de antes, debieran tener un acto de arrepentimiento y reconocer que lejos de contribuir al abordaje de la inseguridad, solo promovieron una grieta que hoy se hizo más grande. Se perdió un tiempo precioso de trabajo en común, se deshicieron políticas de seguridad que venían de años, se descabezaron los mandos, se deprimió el trabajo policial con esa forma de barrer y empezar de cero al influjo de consignas marketineras como la de “se terminó el recreo”, o “hay orden de no aflojar”, que no tenían ningún sustento operativo. O bajo discursos vacíos de «respaldo policial», que no se reflejan ni en el bolsillo ni en la capacitación profesional, o recursos tecnológicos, omitidos en el presupuesto nacional. Y encima, dejaron la puerta abierta a la corrupción policial que tanto había costado reducir en los períodos anteriores.

Los miserables de antes, debieran reconocer que tienen enfrente a una oposición que no sigue sus pasos, que piensa y pone a las víctimas primero. Porque fomentar sentimientos de odio y venganza, no le cambia nada a las familias ni a los amigos de las víctimas (que también son víctimas), los contamina y perpetúa su dolor.

Los miserables de antes, tienen la suerte de contar con blindaje mediático que contribuye a evitar el tratamiento hostil que dispensaron a las administraciones frenteamplistas ante similares episodios.

Pero, hay algo que no podrán eludir y es el archivo. Porque lo que sostuvieron antes quedó registrado y, salvo que hoy salgan a reconocer que se equivocaron y que no era tan fácil como escribían, la sociedad uruguaya empezará a tomar conciencia de quienes son realmente y que la vida no puede ser NUNCA, un botín electoral.

Es hora de parar la mano a tanta miseria humana y tener la humildad suficiente para llamar a un gran diálogo nacional que permita construir una verdadera, necesaria y urgente política de Estado en materia de seguridad.

Una política pública que trascienda los períodos de gobierno, y que, sin importar quien esté al mando, brinde absoluta prioridad al objetivo de devolver la convivencia perdida a todos los uruguayos.

el hombre hizo rugir el motor del auto,
el perro, ladró acompañando el homenaje…

 

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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