Esto sucede ahora: se trabaja con una descarada manipulación

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Ha sido analizada en profundidad la importancia de la información y de las estrategias comunicacionales en la formación de opiniones del público en todos los acontecimientos de la vida del ser humano a través de la historia. Si esto es determinante en las tomas de posición y de la adopción de decisiones a nivel personal, familiar y político cultural en los paises; más incide en este proceso, en lo que  refiere a los acontecimientos internacionales. El ciudadano en general (la gran mayoría) no dispone de datos históricos suficientes, conocimiento de acontecimientos del pasado lejano o reciente y en muchos casos se le hace difícil ubicar hasta los lugares geográficos del planeta sobre hechos de magnitud geopolítica que ocupan parte del paquete noticioso de los grandes medios tradicionales y no tradicionales de comunicación.

La formación universalista padece lógicamente los efectos vertiginosos de los cambios científico tecnológicos y esto ofrece al ciudadano cada vez mayores instrumentos de comunicación. El flujo se torna de una magnitud cada vez más difícil de manejar y las “especializaciones” facilitan la “fragmentación” del acontecer de la civilización en general y de las “civilizaciones” en particular. Los individuos nos tornamos más dependientes y propensos a buscar opiniones “autorizadas” de analistas especializados en temas específicos. En la geopolítica global es un fenómeno muy marcado.

Lo más negativo sucede con el predominio abrumador de las visiones “occidentales “ hegemónicas en nuestros países. Acontecimientos que ocurren en el lejano oriente, en Asia central, en la frontera oriental de Europa o en África, son informados con una carga subjetiva impregnada de las visiones inspiradas en los intereses de los más poderosos; países o corporaciones transnacionales privadas que inducen a interpretaciones y formaciones de opinión que omiten aspectos fundamentales de los acontecimientos.

Lo que sucedió con la invasion de Irak hace décadas, fue uno de los más escandalosos ejemplos de la manipulación, tergiversación y utilización de mentiras (finalmente descubiertas y confesas) de la historia reciente. Solo a título de ejemplo, citamos similares hechos con la intervención en Libia o en Siria. Pero en los últimos veinte años han ocurrido innumerables episodios trágicos y decididamente condenables y despreciables cometidos en su mayoría por los gobiernos del los Estados Unidos y la OTAN, desconociendo y violando el derecho internacional y la Carta de la ONU. Todo con apoyo expreso de la enorme mayoría de los medios de comunicación y de “expertos” internacionales de dichos medios.

Esto sucede ahora con los dos focos de tensión que acaparan la atención internacional. Los acontecimientos vinculados a Ucrania y la máxima tensión entre China y el territorio autónomo que forma parte de ella, la isla de Taiwán. Es indignante que las grandes cadenas informativas y los medios nacionales que las repiten (y no pocos “analistas” que las sirven) omitan informar que los grandes líderes que participaron en las negociaciones previas a la reunificación alemana y a la disolución de la ex Unión Soviética, se comprometieron públicamente a colaborar con la seguridad de la actual Rusia. Lo hicieron todos, públicamente, asegurando que no iban a expandir a la OTAN y que no iban a desplazar armas estratégicas hacia las proximidades de la frontera occidental de Rusia.

Hoy, la OTAN, que nació como alianza político-militar transatlántica, acuerdo que integraron doce países, tiene actualmente 29 y 4 más en curso de integración, Ucrania incluida. De nada vale esgrimir que no se suscribió entonces ningún tratado formal, cuando la mayoría de los acuerdos reales se pactan con la palabra de los líderes. Si Rusia realiza despliegues y maniobras militares en su territorio, para la OTAN es una amenaza de intervención inadmisible. Cuando la OTAN ha invadido y bombardeado países en los últimos veinte años, ocupando muchos de ellos y formando gobiernos subalternos a sus intereses estatales y privados, son acciones en defensa de los derechos humanos o actos “preventivos” para combatir amenazas masacrando y matando pueblos y destruyendo ciudades e infraestructuras y provocando gigantescas olas de desplazados que huyen de sus países invadidos, para salvar sus vidas.

Nadie defiende aquí a Vladimir Putin ni a su gobierno. Tampoco se rechazan los análisis que le atribuyen a su accionar rasgos de intentos de regreso a la política histórica de la Rusia imperial. Señalo la escandalosa e hipócrita actitud de los grandes medios masivos de comunicación y su inescrupulosa manipulación sistemática de los acontecimientos. Esto constituye uno de los grandes desafíos de la civilización. Construir algún mecanismo de certificación democrático y plural, internacional, multilateral, que otorgue algún tipo de garantía al ciudadano de la calidad y validez de la información que recibe y por la que paga.{

Por Carlos Pita
Fue embajador de la República en Chile, España y Estados Unidos

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