Cazando pokemones …

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El Gobierno flexibilizó la caza nocturna de especies exóticas y lo hizo en sintonía con su ley estrella, la LUC. Y así, como se presumen legítimas algunas acciones por el simple hecho de portar un uniforme, del mismo modo se presumirá la mera y exclusiva intención de cazar de noche una especie exótica para quienes cuenten con permiso verbal o escrito de propietarios u ocupantes de un predio. Y todo ello, sin requerir ninguna otra formalidad especial para la expedición de un permiso de caza, según reza el Decreto presidencial.

La iniciativa no fue pacíficamente aceptada sino todo lo contrario; a poco de conocerse su publicación se alzaron voces en contrario que rechazaban una medida que atenta contra la fauna exótica que vive en nuestros campos y hace parte de ese Uruguay Natural que va quedando relegado rápidamente.

Pero lo dispuesto tiene otras connotaciones que no se conjugan muy bien con el contexto que vive nuestra sociedad por estos tiempos y refieren a la inseguridad. En efecto, en la oscuridad de la noche, por más autorización que pueda otorgarse para desempeñar la actividad «deportiva», se pueden producir situaciones no deseadas donde el riesgo de una práctica de por sí peligrosa, se agrava por la nocturnidad.

Si en la noche aprecia que hay personas desconocidas que portan armas y se desplazan libremente por su predio, no vaya usted a creer que lo están copando, porque seguramente son los cazadores que usted -o su vecino- autorizó. Esos mismos que andan cazando de noche en su campo, o en el de su vecino. Y si no fuera así, no desespere, usted tiene el respaldo que le da la LUC, para defender su propiedad como se merece, aunque deba -también- apretar el gatillo.

Eso, es perfectamento posible en este nuevo escenario; algo que se asemeja más al guión de una película de Mel Brooks que a una propuesta seria de un gobierno. En un contexto donde la inseguridad se disparó con los homicidios de forma descontrolada, una Policía a la que no se ve patrullando, y con copamientos cada vez más frecuentes al impulso del fin de una pandemia que reveló ser la principal causa de una baja de delitos muy promocionada, no parece ser una medida sensata y mucho menos atinada.

Para el constitucionalista el hogar es un sagrado inviolable al que le dio la total protección durante la noche, período en el que nadie podrá entrar «sin consentimiento de su jefe», (Art 11); tamaña restricción contempla un lugar tan extenso como un campo si, al menos, el dueño o su ocupante, libraron su autorización para que se puedan cazar los “pokemones” orientales.

La práctica de la caza nocturna parece ser más común de lo que pensamos, y seguramente este decreto intenta corregir acciones como la de aquel policía de Pueblo Belén, (que denunciara el periodista Gabriel Pereyra), que entró a cazar sin autorización a un establecimiento en Salto y contó con la complicidad de la Comisario del lugar que en lugar de investigar y derivar el caso a la Justicia, como hubiera correspondido entonces, intentó mediar con el responsable del predio para evitar que este denunciara.

O, el caso del subjefe de la custodia del Presidente Lacalle Pou, quien había entrado a cazar sin autorización de sus propietarios en un predio del departamento de Lavalleja, hecho que le mereció una suspensión por 15 días según reseñó La Diaria en nota publicada el 5 de mayo de 2021.

Es cierto, un decreto presidencial dispuso que ya no se necesitará de ninguna formalidad especial o constancia alguna como requisito previo para obtener un permiso de caza.

Pero, seguirá siendo necesaria la venia del titular del predio o su ocupante, a riesgo de sufrir las consecuencias de la LUC en carne propia, y pasar de cazador a cazado, no siendo –precisamente- una especie exótica ni mucho menos.

Eso, siempre y cuando el dueño, tenga mejor puntería…

el hombre escuchó disparos,
el perro ladraba a un exótico intruso…

Por El Perro Gil
Columnista uruguayo

 

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