Sudamérica en la fractura del mundo

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 Estados Unidos se prepara para la guerra contra China en todo el mundo. La planificación bélica incluye a Sudamérica. Frente al debilitamiento progresivo de su hegemonía mundial q—con la guerra que promovió en Ucrania— Estados Unidos inauguró una nueva fase en su proyección geoestratégica, la fractura del globo para contener a China. Equivale a reconocer que en una fracción del mundo, Estados Unidos no será hegemónico, y China y sus aliados tendrán su parte. Lo cual no es lo mismo que decir que el aparato de estado norteamericano se vaya a resignar pasivamente.

Esa estrategia tiene dos espacios donde la obsecuencia debe ser total: Europa y América Latina. En Europa, todo marchaba según lo planeado, la guerra en Ucrania obró como fuerza centrípeta, la OTAN se muestra revigorizada, las burguesías europeas no se desalinearon a pesar de que el capital estadounidense utiliza el conflicto para ganar competitividad respecto a ellas, y la posibilidad de que esa marcha se rompa no pasa por las élites sino por la reacción de los pueblos, a medida que las burguesías trasladan la factura q—creciente— hacia sus propias clases trabajadoras.

Sin embargo, en las últimas semanas aparecieron síntomas de resquebrajamiento de ese orden. Un pueblo con larga tradición de revueltas —el francés— se levantó contra una reforma jubilatoria. Cuál será la jubilación que los franceses tengan es un tema sobre el cual también influye —y mucho— cómo se resuelva el conflicto en Ucrania.

Como venimos desarrollando en artículos anteriores en que; El Salto, hoy menos que nunca, podemos leer el acontecer como fragmentos inconexos, sin vinculación. Pero, hoy más que nunca, los medios de comunicación hegemónicos tienden a presentarnos la información de ese   modo. Está en curso una batalla por el reordenamiento del mundo, y cada movimiento afecta a todos los demás. No solo a los países, también a las clases sociales dentro de ellos, y a las fracciones de clase. Las relaciones de fuerzaq entre clases sociales dentro de un país tienen un correlato en su política exterior. Y viceversa.

“Europa debe reducir su dependencia de Estados Unidos y evitar verse arrastrada a una confrontación entre China y Estados Unidos por Taiwán”, dijo Macron

El cambio de relaciones de fuerza en la sociedad francesa producto de ese levantamiento es uno de los motores detrás de las declaraciones de Emmanuel Macron durante su viaje de vuelta desde

China, las más disonantes hacia el alineamiento automático con Estados Unidos que un alto funcionario europeo haya realizado en más de un año de conflicto. Macron dijo que “Europa debe reducir su dependencia de Estados Unidos y evitar verse arrastrada a una confrontación entre China y Estados Unidos por Taiwán”. Agregó que de no hacerlo “el gran riesgo” es “quedar atrapada en crisis que no son las nuestras, lo que le impide construir su autonomía estratégica”. Y sacó una conclusión lapidaria: “Si las tensiones entre las dos superpotencias aumentan… no tendremos el tiempo ni los recursos para financiar nuestra autonomía estratégica y nos convertiremos en vasallos”.

Uno de los tres periodistas a los cuales Macron concedió la entrevista era del medio Politico. Al final de la nota aclara que el contenido fue revisadoq y pulido por los asesores de Macron. Y termina diciendo que “algunas partes de la entrevista en las que el presidente habló aún más francamente sobre Taiwán y la autonomía estratégica de Europa fueron eliminadas por el Elíseo”. El presidente francés fue aún más crudo en la realidad que en la versión lavada que nos llega.

 La guerra llega al cono sur

En América Latina, el imperativo geoestratégico estadounidense aún no se expresa con la claridad que lo hace al otro lado del Atlántico, pero ya clarea en el horizonte. En el subcontinente las piezas decisivas son Brasil y Argentina. Centroamérica carece de fuerza para marcar el rumbo, y el margen de maniobra de México, dado los nudos de dependencia respecto a la economía estadounidense, son limitados. Además, el país azteca busca beneficiarse —¿ingenuamente?— de la nueva geoeconomía que pretende construir Washington con el near, friend y ally-shoring [cadenas de suministro], acortando las cadenas de valor, y utilizando al país como plataforma cercana para mano de obra barata, en reemplazo del Sudeste Asiático y China. El near-shoring tiene una faceta comercial pero tiene otra militar, que es prepararse para una guerra de una escala diferente a las que conocimos en las últimas décadas.

“¿Por qué todos los países necesitan hacer su comercio respaldado por el dólar? ¿Por qué no podemos comerciar con nuestras propias monedas? ¿Quién decidió que fuera el dólar?”, dijo Lula en China.

En Beijing —parece que la capital china insufla de valentía a los mandatarios occidentales— Lula abordó un tema muy sensible para Estados Unidos y se sumó a la pléyade de iniciativas tendientes a comerciar por fuera del dólar: “¿Por qué todos los países necesitan hacer su comercio respaldado por el dólar? ¿Por qué no podemos comerciar con nuestras propias monedas? ¿Quién decidió que fuera el dólar?”. Lo hizo en una circunstancia cargada de simbolismos, mientras Dilma Rousseff asumía como presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) de los BRICS, que pretende ser la contracara del FMI.

Lula también se refirió a la situación de Argentina: “No le corresponde a un banco asfixiar la economía de una nación como lo está haciendo ahora el FMI con Argentina, como lo hizo con Brasil durante tanto tiempo y como lo hizo con los países del tercer mundo. Ningún gobernante puede trabajar con un cuchillo en la garganta porque tenga deudas“. También denunció que el FMI toma a los países como rehenes: “Cuando el Fondo Monetario Internacional o cualquier otra institución presta a un país del tercer mundo, la gente se siente en el derecho de mandar, de administrar las cuentas de esas naciones, como si fueran sus rehenes”. Y encomió a Dilma Rousseff a que el NBD “preste dinero con miras a ayudar a los países en desarrollo y no sofocarlos”.

Las palabras de Lula encierran un diagnóstico. La deuda externa y el Fondo Monetario Internacional son los instrumentos principales para lograr un sometimiento pleno de Buenos Aires a los de Estados Unidos. La acuciante necesidad de dólares sirve para ceñir la soga alrededor del cuello. Lo curioso es que Argentina genera los dólares que necesita, pero el capital financiero internacional encontró en la deuda externa, con la complicidad de la lumpen-burguesía local, la manera de devolver esos dólares a Wall Street y reciclarlos, sumiendo al país en una escasez cíclica.

El Gobierno anterior, encabezado por Mauricio Macri, un empresario especializado en negocios reñidos con la legalidad, tomó 100.000 millones de dólares de nueva deuda externa. No fueron utilizados para realizar inversiones productivas sino para pasar de pesos a dólares las ganancias de las empresas y girarlos al exterior.

La negociación que se cerró Argentina con el FMI en marzo de 2022, contiene condicionalidades que ya tiene a la Argentina a las puertas de la peor crisis económica, social y política de su historia

El actual Gobierno recibió un esquema de pagos que era imposible de cumplir, que incluía 18.901 millones de dólares en 2022 y 19.144 en 2023. La imposibilidad de pago no era un error de cálculo, sino parte del programa original. Esa incapacidad renueva la necesidad de renegociar imponiendo al país nuevas condiciones. La negociación que se cerró en marzo de 2022, contiene condicionalidades que ya tiene a la Argentina a las puertas de la peor crisis económica, social y política de su historia. Sin embargo, este acuerdo tampoco fue escrito para ser cumplido sino para que llegado el momento, sea un nuevo instrumento para imponer al país la condiciones que la situación haga pertinentes. En ese punto, las finanzas dan paso a la geopolítica.

 “La tierra me quiere arrebatar”

La ofensiva desarrollada en el último mes sobre la Argentina es ostensible. Veinte días atrás, el presidente argentino, Alberto Fernández, estuvo en las antípodas de Beijing —Washington— y sus declaraciones fueron también la contracara de las de Macron y Lula. En la comunicación oficial consignada por la Casa Blanca, señala que los presidentes hablaron sobre “minerales críticos, cambio climático, el espacio y la tecnología”. Hay que recordar esos temas.

En una entrevista posterior al encuentro, el presidente argentino transparentó el núcleo de la relación, “ayuda” financiera a cambio de que Argentina entregue recursos invalorables: “Somos grandes productores de alimentos, somos grandes proveedores de gas, y el primer importador de litio de Argentina es EE UU (…) Concretamos esta reunión con los equipos para poder trabajar en estos asuntos, sabiendo que Argentina está viviendo una situación particularmente difícil”. En la misma entrevista el presidente dijo que Biden mencionó la presencia de empresas chinas en obras de infraestructura.

Entre esas preocupaciones —esto no fue mencionado en declaraciones públicas de ninguno de los presidentes, pero se puede reconstruir a partir de documentos y declaraciones de otros personeros de EE UU,q en especial la jefa del Comando Sur, la generala de cuatro estrellas Laura Jane Richardson— se cuentan cinco temas críticos:

1 – Que Huawei no se quede con el 5G. El crecimiento del ancho de banda permitirá correr sobre ella sistemas militares, inteligencia artificial, internet de las cosas y más.
2 – Que China no construya la central nuclear Atucha 3. Según científicos argentinos la iniciativa permitiría realizar avances propios en el sector atómico nacional.
3 – No realizar la compra de aviones caza chinos Jf-17 para la Fuerza Aérea, mucho menos fabricarlos.
4 – Rechazar la participación China en el puerto de Ushuaia y Río Grande, ubicados en el extremo sur, a pocos kilómetros del Estrecho de Magallanes. El único lugar por donde pasar del Océano Atlántico al Pacífico en el caso de que el canal de Panamá estuviera cerrado.

5 – Que no haya empresas chinas operando en la vía navegable del Río Paraná.

 “Me acosa con la gloria perdida de su dios”

Una mención muy especial, por el tono amenazante y su insolencia, merecen las palabras pronunciadas por la congresista republicana María Elvira Salazar durante una audiencia legislativa en Washington el 1 de abril: “Voy a usar este foro para mandar un mensaje a los argentinos, específicamente a la vicepresidenta. Quiero hacerlo en español, porque tal vez no te escuchen y tal vez me escuchen a mí. Para advertirles que si deciden construir una fábrica de aviones, de cazas de guerra chinos es una muy mala idea para ellos, y para todo lo que tiene que ver con la relación con EE UU”. Dijo en inglés y cambió de idioma: “Lo voy a decir en español para que quede muy bien claro a mis amigos argentinos. Su presidenta y su presidente (sic) están haciendo un pacto con el diablo que puede tener consecuencias de proporciones bíblicas. EE UU no se va a quedar con los brazos cruzados, porque no se puede tener un aliado que fabrique y exporte aviones militares chinos y que los venda a los vecinos. Hay dos mundos, el mundo libre y el mundo de los esclavos, espero que los argentinos se queden en el mundo libre”. A María Elvira, la sororidad la tiene sin cuidado.

Gracias al Espíritu Santo y su capacidad de obrar milagros, el mensaje de los evangelios de nuestra época —el sacrosanto capital financiero— se expresó 30 días después y comenzó a descargar su furia contra el país de esclavos que realiza pactos con Belcebú. Para hacerlo decidió apoderarse en cuerpo y alma de la humanidad de Loretta Preska, una jueza del distrito Sur de Manhattan que falló contra el Estado Argentino y a favor de dos fondos de inversión en la expropiación de la petrolera nacional YPF,q la empresa más importante del país. Quiénes se beneficiaron instantáneamente fueron los propietarios de acciones de Buford Capital —uno de los dos fondos— que subieron un 67% en la semana con un pico superior al 80%.

 El Tribunal Superior de Reino Unido falló en favor de cuatro fondos buitres y condena a Argentina a pagar 1.330 millones por modificar en 2013 la forma de medir el PBI.

Con ese juicio, una espada de Damocles de entre 8.000 y 20.000 millones de dólares, amenaza a la petrolera estatal que está sentada sobre Vaca Muerta, el segundo yacimiento de shale gas más importante del mundo y el cuarto en petróleo. Un diez en geopolítica para el Espíritu Santo.

Cinco días después de ese fallo llegó otro, esta vez desde Londres por un monto de 1.330 millones de euros. El Tribunal Superior falló en favor de cuatro fondos buitres por haber modificado en 2013 la forma de medición del PBI, evitando que tenedores de bonos cobrarán un adicional atado a esa variable. Mediante los tratados internacionales, el capital financiero maniató a los países de tal forma que ni siquiera tienen soberanía para modificar la forma de elaborar sus estadísticas.

La sumatoria de todos los elementos —estos últimos pero también los mencionados por Biden y Fernández— cobran pleno sentido cuando se los enfoca bajo la lupa de un trabajo escrito por Evan Ellis, quien oficia de profesor e investigador en la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos. Bajo esa mirada aparece que detrás de un velo comercial, de lo que se trata para los estrategas estadounidenses es un tema militar de cara a una Tercera Guerra Mundial, esta vez contra China.

 “Me acosa el cara pálida con la guerra sutil”

El trabajo de Ellis se titula “El papel estratégico de América Latina en un conflicto global por Taiwán”. Vaticina que es factible que se produzca una guerra en los próximos diez años y plantea la posibilidad de que el subcontinente “se convierta en un campo de batalla en tal conflicto”. En esa hipótesis China estaría trabajando para “garantizar la continuidad de los suministros de alimentos”, “la colaboración con Brasil para el acceso al niobio [utilizado para industria aeroespacial y superconductores], y con Argentina, Chile, Bolivia y México para garantizar los flujos de litio”.

Ellis parte del concepto que toda presencia civil china es potencialmente un instrumento militar en caso de conflicto: “Las empresas con sede en la República Popular China que operan en la región podrían servir como un conducto lógico para albergar y apoyar a este personal, así como a cualquier equipo especial que traigan. El personal chino asignado a tales compañías, (…) apoyaría la información sobre las condiciones locales, incluidas las relaciones con figuras políticas y la población en general, información logística y técnica, y otras características del terreno”.

 Bajo la lógica estadounidense, si China ataca Taiwán, la responsabilidad será de los gobernantes latinoamericanos, que permitieron que demasiadas empresas chinas comercien con el continente.

Ese personal podría actuar en “la preparación para la interrupción de instalaciones clave o rutas de interés para los EE UU como el Canal de Panamá”. Por eso es importante que China no participe en la construcción de puertos en Tierra del Fuego debido al “valor estratégico de las instalaciones para el control del Estrecho de Magallanes. Los incentivos para que los chinos utilicen dicha instalación, y para que el Gobierno argentino lo permita, se verían complementados por su relativa distancia de EE UU y, por lo tanto, su seguridad frente a los ataques estadounidenses”.

Las hipótesis incluyen un ataque biológico masivo contra la región: “La creación de una crisis alimentaria mediante la realización de ataques biológicos que puedan ser negados de manera plausible, contra las plantas y los animales de la región, que abastecen a los EE UU”. Dada la proclividad de los servicios secretos estadounidenses a los ataques de falsa bandera, la frase también puede interpretarse como una sugerencia operativa para ayudar a desatar el conflicto.

 Una preocupación especial se sitúa en el dominio digital chino debido a la “información recopilada por (…) Huawei, ZTE, Xiaomi, Oppo y otros teléfonos inteligentes, datos gubernamentales, personales y comerciales que viajan a través de las arquitecturas de telecomunicaciones”.

El conocimiento que China posee, a través de sus empresas civiles de la región, facilitaría ataques sobre “infraestructuras críticas en sectores como las telecomunicaciones, la electricidad, las finanzas y los puertos, entre otros”. Las acciones podrían incluir “la interrupción de las cadenas de suministro que apoyan a las empresas clave de defensa” en particular “minerales críticos”.

Una preocupación especial se sitúa en el dominio digital debido a la “información recopilada por (…) Huawei, ZTE, Xiaomi, Oppo y otros teléfonos inteligentes, datos gubernamentales, personales y comerciales que viajan a través de las arquitecturas de telecomunicaciones de Huawei y ZTE dominantes en la región, datos contenidos en los servidores en la nube de Huawei y Alibaba (…) sobre la ubicación y las actividades clave del Gobierno”. La competidora de Uber, Didi, es mencionada como fuente de informaciones valiosas. También Hikvision y Dahua, que comercializan cámaras para vigilancia. Esa información puede ser usada “para atacar a los líderes políticos y del sector de la seguridad, (…) incluyendo el chantaje aprovechando el conocimiento de sus vidas personales obtenido a través del acceso digital anteriormente mencionado”.

Otro tanto vale para el dominio espacial: “El acceso de China a las arquitecturas espaciales y al personal de América Latina podría darle importantes oportunidades en tiempos de guerra para capturar señales de inteligencia u otra información sobre objetivos estadounidenses”. En particular, los satélites codesarrollos que incluye cinco con Brasil, tres con Venezuela y uno con Bolivia. En ese ítem aparece la “construcción y operación del radar de espacio profundo en Neuquén, Argentina, gestionado por personal del EPL” y también “la instalación de búsqueda de alcance láser en el Observatorio de San Juan (…). El acceso a estas instalaciones espaciales podría proporcionar datos de apoyo a los ataques chinos desde el espacio contra los EE UU”.

El análisis de escenarios realizado por Evan Ellis incluye la posibilidad de que en un primer momento del conflicto, China pueda destruir las flotas navales de Estados Unidos en el Pacífico “a través de sus misiles balísticos y de crucero antibuque” y pudiera “mantener a raya las plataformas de proyección de poder de EE UU, como portaaviones, anfibios y otras naves de superficie”.

 Si la dinámica no se modifica radicalmente, Sudamérica pagará muy caro sus debilidades expresadas diez años atrás, cuando no pudo constituir una fuerte unidad alrededor de la Unasur.

Este escenario es importante para Sudamérica porque el centro de gravedad del conflicto, pasaría de manera creciente desde la costa asiática a la de América. Como China no tendrá fuerza para avanzar sobre la costa estadounidense debería hacerlo sobre áreas más alejadas, donde Estados Unidos tenga menores posibilidades de proyectar su poder aéreo y naval, para luego moverse progresivamente hacia el norte. Allí sería clave la naviera comercial China Shipping, de la cual podemos ver sus contenedores en cualquier puerto de Sudamérica, que permitiría “familiaridad operativa” así como “la capacidad de hacer un uso militar efectivo de cualquier instalación que se vería facilitada por el conocimiento y las relaciones de trabajo con sus homólogos militares del país en cuestión”.

El documento termina con una advertencia para a los gobernantes latinoamericanos: “Es de interés para los líderes políticos y otros en la región considerar cómo las interacciones militares con el EPL, así como los proyectos comerciales con empresas con sede en la RPC por parte de los gobiernos y socios latinoamericanos, en sectores estratégicos como los puertos, el espacio y el dominio digital, pueden contribuir indirectamente a la forma en que los chinos podrían buscar explotar las oportunidades creadas por dichos proyectos en el caso indeseable de que el creciente enfoque de la administración Xi en la incorporación forzosa de Taiwán, desate un conflicto de alcance global”. Si China ataca Taiwán, la responsabilidad será de los gobernantes latinoamericanos, que permitieron que demasiadas empresas chinas comercien con el continente.

  Una década más tarde, la región asiste como un espectador privilegiado, sin voz ni voto, a la planificación del choque en su propio territorio por la reconfiguración del mundo

Más allá de la relación problemática que vincula a Evan Ellis con el razonamiento lógico, si la dinámica no se modifica radicalmente, Sudamérica pagará muy caro sus debilidades expresadas diez años atrás, cuando no pudo constituir una fuerte unidad alrededor de la Unasur —que hoy intenta resucitar— que permitiera blindar el subcontinente. Una década más tarde, la región asiste como un espectador privilegiado, sin voz ni voto, a la planificación del choque en su propio territorio por la reconfiguración del mundo.

Pablo Gandolfo – El Salto
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