Las marcas de Pereira

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El poemario “Otros poemas sucios (manual de castellano estándar)”, de Luis Pereira Severo, tacuaremboense nacido en 1956, se compone de dos partes, los Cuadernos viajeros, I y II, y Garuada, que está entre medio de los dos y que es la parte de mayor impacto y donde su poesía parece explotar en torno al pasado, pero no para regodearse en él sino para marcar presencia y dilucidar un futuro posible.

Sergio Schvarz

Es entonces que podemos decir que el poeta ha quedado marcado por un periodo en que, a la par de los sucesos de la vida nacional, le ha costado vivir con el dolor y el miedo pegado a la almohada, pero además esa marca le da una seña de identidad propia, individual y exclusiva, como sobreviviente del infierno, pero también una deriva del colectivo que luchó, desde las ideas y la praxis, por un mundo mejor. Y quien sobrevive a eso puede soportar todas las desgracias e incluso proyectarse al futuro.

En ese sentido su poesía puede marcar el destino, darle un sentido. Porque de eso se trata, no sólo del lamento de una juventud que hubo que sacrificar en aras de algo más importante que la vida misma, sino en encontrar el motivo, la imagen y la utopía que nos llevará al mañana, al ideal. En el medio hubo traiciones y claudicantes vergonzosos, soplones a sueldo, tibios y héroes. Los últimos anónimos, desinteresados, consecuentes.

Porque, en definitiva, “se espera de la poesía las marcas, que/ como Ajmátova cuente/ de qué se trata”. Y aquí la referencia a Anna Ajmátova, seudónimo de Anna Andréyevna Górenko (1895-1966) que, a pesar de las purgas estalinistas que afectaron a dos de sus maridos y a su hijo, recluido en Siberia en dos ocasiones, siguió escribiendo poesía y pensando libremente. Porque la poesía sólo puede ser en libertad, enfrentadas a toda opresión, de almas o mentes.

No en vano Luis Pereira atravesó la década oscura y salió (más o menos) indemne, aunque con marcas para toda la vida, porque no cejó en su lucha “ni un tranco ´e pollo”, como dice un amigo riverense. Aunque varíe la forma el fondo del asunto es siempre el mismo: no traicionar ni traicionarse.

Editor de poesía, “Maldonauta” relacionado con Maldonado y Civiles Iletrados, editorial de la que forma parte, Luis Pereira Severo también ha sido periodista y se ha especializado en Gestión Cultural. Integró el Grupo Fabla entre 1988 y 1989, fue director de Programación Cultural de la Intendencia de Maldonado.

Tiene publicado “Poemas de acción y mujeres delgadísimas” (1992), “Retrato de mujer azul” (1998), “Manual para seducir poetisas” (2004), “Pabellón Patrio, serie de relatos íntimos” (2009), “Poemas para mi novia extranjera, milonga rioplatense” (Premio Nacional de Poesía, 2015 y “Poemas para ser leídos en una pantalla de 5” (Primer Mención Onetti, 2019).

Luis Pereira se fue haciendo poeta severo en el camino de la vida. Estricto, riguroso e intransigente con las debilidades de los demás y/o las suyas propias.

Sencillez del lenguaje y profundidad del contenido

Entrando de lleno en su poemario, desde un lenguaje coloquial y cotidiano, que es a lo que alude el subtítulo, la marca está sobre el propio lenguaje que se utiliza, “lo que raspa es el lenguaje” dice en el poema “La marca del lenguaje poluido”, es decir la contaminación del habla común que se da en la calle y que nos permite comunicarnos sin aspavientos, la que va hacia la cumbia, por ejemplo, como signo de lo popular. Por ese camino se busca una poesía que pueda ser comprendida por gente no especializada, y que le llegue al hueso, a eso alude su calidad de “sucia”, de una poesía cruda, que le diga al pan, pan y al vino, vino.

 

Por ejemplo:

(…) Es la marca mi amor del ganado
es lo sabroso amor de la
Fritanga
Los ruidos del freír
Aceite caro (p. 99)

Notaremos cómo de a poco los recuerdos se van desgranando, y son recuerdos que hacen a la patria, nombrada como una entidad que se construyó sobre guerras y guerritas: la guerra del Paraguay, las tatuceras y La Tablada, los detenidos-desaparecidos y el papel cómplice de la curia.

En Pereira Severo no hay lugar para la conmiseración, y lo que está mal está mal hoy y siempre, y justamente se lo rescata para que el dolor pueda no doler más pero también para que no vuelva la prisión del espíritu —de las ideas— y de los cuerpos; realza a los héroes por sobre los traidores. Es, en este sentido, una poesía política, o comprometida, y sobre todo implicada con su tiempo.

Hay un trabajo sobre la palabra, como en “El efecto de la carne chamuscada” que alude a la tortura, y allí están: jerga y jergones, colgadas y percha, lo fecal, pústula y pestilente, tacho, tumba y lo tumbado, y los propios cuerpos que recuerdan “con memoria de lo avasallado”. “Acá la palabra tira designa/ una manera de ortivear al cristiano/ lo malsano// vigilante lameculos lo adulón cipayerío (…)”. Es que esa década infame que el poeta ha debido transitar, cuidándose de todo y de todos, porque los tiras están alertas y hasta el que te palmea la espalda puede ser un delator, ha dejado su huella, su marca, grabada a fuego en su corazón. Y el recuerdo no se sustrae a ello, sino que lo reafirma.

“Camino Melilla”, por ejemplo, está dado desde el miedo de todo militante clandestino, miedo que, de todas formas, no es paralizante, porque lo que hay que hacer hay que hacerlo, por convicción ideológica, y la tortura y la muerte están presentes, ineludibles, y mejor no pensar en ello.

ACTUA NORMAL
camina desenvuelto
procura no mirarlos o míralos con
despreocupación
identifica sus vehículos
sus miradas te resultarán familiares
la prepotencia se respira finalmente
evita los sitios despoblados
los poco frecuentes
cuida las canciones que tarareas
no menciones el nombre del poeta
viste con sobriedad
atuendos poco vistosos
prefiere el cabello ordenado
la pulcritud de los modales
sé cuidadoso con las señales
recuerda las contraseñas
sé convincente en las historias que narras
prosigue las bromas aun cuando no te conmuevan
no te distraigas siquiera un momento
incluso quien te abraza
puede ser uno de ellos
(Mil novecientos ochenta y uno)

Ese era, para el poeta, el clima que se vivía en 1981, cuando la represión estaba activa y todo podía suceder.

Recurrirá al recurso de la enumeración, como en “Útiles de cocina” (p. 56): “Labrantíos/ Casa mórbida// Lo obsceno del labrar/ Frivolidades/ Ataúdes// Rituales de convivencia/ Casuarinas/ Mateadas// Aguaceros// La piel de la chalana/ El animal con frío”. Por ese medio del nombrar da categoría a la palabra, la instala con todo su significado y su significante y establece un territorio propio.

El campo, que es materia poética en Pereira Severo, aunque no tanto como la ciudad, que es su escenario “natural”, siempre está en movimiento, no es un mero paisaje, sino un territorio en disputa para que la felicidad —la vida— pueda desarrollarse y ser. Pero también son “campos habituados al/ cadáver”, y es sobre esos cadáveres que debemos construir o reconstruir algo, una patria, un modelo de desarrollo o una producción sustentable.

En “Por ahí andan los pavos reales” (p. 61), se estructura el poema en torno a algunas palabras: pavos reales, comisarios, realeza, y se las interacciona, creando distintos sentidos poéticos. Aquí el poeta vuelve una y otra vez sobre esas palabras y las integra en diferentes niveles discursivos, reforzándose el sentido “plebeyo” de su poesía, porque es, entre otras consecuencias, “la impureza del poema lo que incomoda a la gente cultísima”. He aquí lo sucio del título del poemario.

Algo más sobre el lenguaje a raíz de lluvia y garúa, donde toma sentido y explica la sección “Garuada” como algo que cae y cae hasta ser cuerpo y alma, en “Lenguaje a contratiempo”:

portador de sentido oculto

Poner los nombres
poner el cuerpo

Lluvia llovizna parturienta
abrigadora bruja cómplice
arrasa la llovizna los barriales

Raudales desde siempre llueve
así

El deseo de la lluvia instalado
en el cuerpo

Lo que produce la lluvia
entristecer

Es el deseo de la lluvia finalmente
mojadura chaparrones algo grisáceo o
la pertinaz garuada desamparada
lo que produce la lluvia

Los abrazos

Camposantos bajo la garúa
lo mortuorio amortajado

Cuerpos

Cachonda la garúa
llueve
a raudales

Cuerpos cachondos
puedo oír el chaparrón. va a caer agua a baldazos.
todo encapotado.
la curva del agua sus
bucles.

Si azuzo el oído
puedo oír tus pasos
tres generaciones después (p. 66-67)

El final, casi como una premonición, conlleva la esperanza del recuerdo, de esa lucha incesante por la memoria y contra el olvido.

Quien haya conocido (o visto) al poeta, puede observar su cualidad pigmentaria (cariñosamente quienes más le conocen le dicen “negro”, aunque en realidad tenga entreverado entre sus genes un origen hindú). Quizá por esa razón no le afecta tanto el racismo más o menos encubierto que tenemos los uruguayos, lo que no es óbice para que comprenda perfectamente como éste opera. En “Chicos de la calle rockers majestuosos”, dedicado a Atilio Duncan Pérez, Macunaíma, que como sí sabemos fue de origen afro brasileño, puede decir, claramente, de dónde proviene ese prejuicio: “los que nos mandan a la cocina a hacernos cargo del servicio/ de que los señores estén servidos.// los que amamos a las chicas del servicio doméstico a los/ deshollinadores a los encargados de la limpieza del local.// los que preparamos el cóctel para los señores”. (p. 63) Es decir, “marginales” y “cacharrientos” que atienden a “señores” de cierta clase social.

Y en estos tiempos en que se quiere contemplar a “viejitos que fueron torturadores”, que tienen las manos manchadas de sangre, y darles una prisión domiciliaria que casi viene siendo un respiro, es bueno escuchar la voz firme de Pereira Severo:

El torturador ya anciano
conserva el rostro adusto de cuando portaba uniforme
su memoria se hace delgada
aún cree recordar la excitación que
provocaban esos cuerpos
esas contorsiones gemidos rasgos de
brutalidad
la erección es un momento inexplicable
la eyaculación
el baño de sudor y los jergones desordenados
el entusiasmo primario
sin refinamiento alguno
el sexo las contorsiones el bailar de
los cuerpos nauseabundos
todo se pasea por la mirada perdida del
viejo torturador (p.72)

Sin embargo, aún hay lugar para el amor, porque es, casi, nuestro último refugio. Lo habla desde la pérdida, lo que rescata el valor del sentimiento:

TECNOLOGÍAS DEL AMOR
On demand
Bienes gananciales
La Krakus que bebimos juntos
el invierno del 14
La fotografía adquirida en
El mercado San José
El animal felino

Cuando ella se fue
Algunas costumbres se abolieron (p. 79)

Muerte, diálogo y resurrección

Tal vez este sea uno de los mejores poemas, no sólo por las imágenes que proyecta sino por la hechura de un mundo en el que es mejor estar por fuera, por lo que tiene de hipocresía y cholulez. Representa bien la forma de encarar los temas y el lenguaje en su poesía.

PASEO CON MI CHICA POR EL SUBSUELO DEL CENTRO COMERCIAL

esquivamos los vehículos
un Peugeot
un Chevrolet del 83

pienso en las góndolas del
supermercado
en la compra del mes
en la brótola
lejos del puerto

el texto se despoja de sentido

ahora escribo en el bloc de notas
a bordo del taxi 78
apuntes de cuando estuvimos
con mi chica
en el subsuelo del
centro comercial

adherencias del texto del lenguaje de
lo hablado

grisura

textura de la lengua en los que habitan el
subsuelo del
shopping

hemos ido con mi chica de compras
merluza pesca del día fideos una copa de vino

todo tiene remedio en el centro comercial

las palabras conservan las marcas
vehículos que derrapan
navegaciones inciertas
cacharros objetos luminosos

alguna luminosidad en las cosas del
lenguaje

el texto se despoja de sentido (p. 80-81)

A pesar de que dice que “el texto se despoja de sentido” muy por el contrario, en ese mundo tan aséptico, donde todo puede suceder, sucede, efectivamente, la no nada. Y esa preocupación por cosas fútiles, que es alimentada desde la sociedad de consumo, se ve enfrentada a su contracara:

SON LAS FURGONETAS DEL HOSPICIO

Hay un sitio en el asiento del fondo
Atuendos baúles viejas indumentarias útiles para el viaje
Hay un sitio junto al chofer

Son los vehículos de la funeraria
Estacionan en doble fila en la principal
Son las sirenas del vehículo
Es la puerta de emergencia los heridos del conflicto del
que hablan en la televisión
Acá no hay decoración mayormente

Son las furgonetas del nosocomio
La superficie preparada los terraplenes
Los cerrojos las puertas que no se abren desde el interior
Es la palada de tierra lo banal del movimiento de los sepultureros (p. 83)

Es la muerte, entonces, que no debe de sorprendernos, es un acto mecánico y simple como el palear de los enterradores. Aquí el poeta desplaza el objeto de interés a los vehículos de la funeraria, diríamos que nos hace acompañar el trayecto de los mismos hasta detenerse en el sitio indicado. Una vez adentro no se podrá salir, a menos que alguien abra desde afuera. Somos nosotros, lectores, quienes abriremos o no esa doble puerta.

El estilo de Pereira es el de mostrar y esconder piezas de un puzzle, casi como si dijéramos marcar(se) y desmarcar(se), por lo que el sentido total del poema debe trabajarse en nosotros.

(de tu piel no se vuelve)

¿CRÓNICA DE AÑOS LUMINOSOS?
El romance se puede dibujar
Modelo para armar
Unas pocas secuencias finalmente
La calle Frugoni
Una noche en el Club Victoria
El Bar de Gustavo en la calle San José
La fotografía incluye
Una toma de Punta del Diablo
y la Triple en Panes y peces (p.90)

Nombra todo lo que está alrededor del recuerdo, en un nombrar que tiene un sentido diferente en el propio autor, que sabe exactamente de qué está hablando, pero que a nosotros se nos ofrece como algo esquivo y que debemos imaginar o suponer. De todas formas hay una sensación y una intención nostálgica. El recuerdo, incluso de algo que fue feliz, tiene ahora una pátina de tristeza, como de tiempo irrecuperable.

Una de las preguntas que siempre se han hecho es ¿para qué sirve la poesía? Miremos la respuesta desde el poema, dando ya por descontado que, al menos, el poema mismo puede servir para responder a esa pregunta, metalenguaje.

¿PARA QUÉ SIRVE LA POESÍA?
No lo explica la Escuela de
Frankfurt
no lo explica Bourdieu
no lo explica mi profe de
teoría de la cultura

Heptasílabos versos blancos
amagos o aciertos del
lenguaje

La palabra dada
la Remington que usaba el
premiado con el
Cervantes en el 80

¿Sirve para conformar a los
semióticos?
¿Para entusiasmo de los de
lingüística?

¿De qué sirve ese estallido
el palabrerío en desorden la
cuestión del
canon? ¿Para una noche de
gloria quizás?
¿O solo para la
gloria de los
correctores de estilo?

¿Para qué sirve la poesía?
¿En caso de que sirva para
alguna cosa? (p. 88-89)

Está claro que si hay cierta necesidad “espiritual” tanto la filosofía, primero, como luego la poesía, han cubierto ese flanco de nuestra personalidad desde la Iluminación hasta nuestro tiempo. Tiene que ver con la emoción y el impacto que ciertas palabras unidas de determinada manera provocan en nosotros y nos hacen vivir una experiencia estética que nos muestra de otra manera el  mundo y nos hace vibrar por entero.

También el poeta dialoga con varios de sus amigos, y entra en diálogos o reflexiones a propósito con Roberto López Belloso, Macunaíma, Elder, o bien Bacci o Di Leone.

El poema “¿Con quién gorrionan los tangueros?” está dedicado a Elder Silva (y allí estará la cancha de Rampla, como no puede ser de otra manera), y con mayor claridad este diálogo permanente se ve en el siguiente poema:

A PARTIR DE MANHA DE SOL DE FERREIRA GULLAR
Macu, Elder, Bacci, Di Leone, meus caros
amigos

¿qué día tan lindo, não?
Cruzo a Avenida Burgues na linha 174,
à direita os prédios do
cemitério do
Norte.

Casi que se oyen suas voces
aí dentro,
falando e rindo
debaixo desse sol
.

Debe ser buena cosa estar assim entre
amigos, libres de los fastidios cotidianos, y
solo asistir o tránsito de pájaros y nubes.
pajareríos en bandada.

Así invisíveis, ¿de qué asuntos falam
ustedes recostados en las tumbas de
amigos comunes?
¿De Fabla, de Benavides el maestro, de
Pound o Dylan? ¿De una tarde en La
Correntada o en Arenitas Blancas? ¿Acaso
de un día de juerga en la sierra de
Lavalleja?
¿O solo observan el transcurso de las
cosas, el flujo de lo que acontece?

Al regreso me detengo en los semáforos de
San Martín. ¿Es legítimo esto de tener
conversa con los ahora ausentes? ¿No es
que la ausencia es una forma de borronear
las cosas?
¿Debería tomar por cierto eso de que no
están?

Veo la fotografía,
los muestra sonrientes, confiados. Aún hay
tiempo para lo imposible.
Meus cuatro amigos continuam a conversa
nesta manh
ã brasileira. (p. 103)

Esta conversa, mixturada en español y portugués, denota la marca de Elder Silva, que utilizaba el portuñol en su poesía, y acompaña cierto movimiento que se ha dado en los últimos años en torno al respeto y al uso legítimo del portuñol como otra opción estética, desde el lenguaje, para contar historias. Por él hablan Fabián Severo, Luis Do Santos, Michel Croz, Douglas Diegues, Ernesto Díaz y David Benavídez, pasando por Agamenón Castrillón, Saúl Ibargoyen o Tomás de Mattos, y antecedidos por Chito de Mello, Agustín Bisio y Olyntho María Simoes. Lenguaje de frontera e historias fronterizas, mestizaje lingüístico que se irradia en todas direcciones. Recuérdese que la dictadura prohibió el portuñol, en un ánimo de “pureza” del lenguaje castellano y de defensa del “Idioma Nacional”.(1)

En Pereira Severo hay una visión de conjunto, siempre atento a lo que se escribía en la segunda mitad del siglo XX y de las enseñanzas que se desprenden de su análisis.

HE LEÍDO un poema de Simic y
otro de Brecht y una crónica de
Svetlana
He leído un poema de
Szymborska
He pensado en cómo situar las
palabras en el texto
La palabra refugiado
interrogatorio

Atravesar la aduana sin
papeles
He visto una película de
Konchalovsky acerca del
Paraíso
No se deben de nombrar las
ciudades del horror
El horror no se simboliza
No se escribe
Tampoco se debe describir lo
que la pantalla muestra
Redunda el hielo sobre los
restos de animales muertos en
las carreteras del sur
Tampoco hay sur para
nombrar
Ni carreteras tajamares o
plantíos
Narrar el poema de
Szymborska
Un detalle de lo que pasa
después
Ocupación labores
la limpieza el fregadero la
lavandería
Alguien tiene que limpiar dice
el verso de Szymborska
Ecos de versos ya escritos
La huella digital (p. 108-109)

Aquí, al introducir a Szymborska, polaca, al serbio-estadounidense Simic, la premio Nóbel Svetlana Alexiévich, ucraniana de la época soviética y bielorrusa por adopción,  Brecht, alemán antifascista, y al aludir a las imágenes y los problemas filosóficos que proyectaba el cineasta ruso Andrei Konchalovsky, todos con origen en el este europeo y con distintas opiniones políticas e ideológicas y modos de ser, Luis Pereira nos da la muestra y re-marca algo que hemos dicho más de una vez: en la literatura, y por supuesto en la poesía, no importa la ideología del autor o a quién vota siempre y cuando el o los textos produzcan en nosotros algo parecido a una revolución o una emoción auténtica y que nos dejen algo más que meras palabras, una sensación, un bouquet, un aroma y, sobre todo, una manera de ver y entender el mundo.

Notas

  1. “Ser docente de lengua en aulas de frontera: ¿un problema a resolver?”, de Karina Nossar Toranza, en periodicos.ufpel.edu.br

(Otros poemas sucios (manual de castellano estándar), de Luis Pereira Severo, editorial Yaugurú, 2022, Montevideo, 110 páginas)

Por Sergio Schvarz

 

 

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