Trump va a postularse

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El ex presidente Donald Trump enfrenta ahora 91 acusaciones penales por su desempeño en la presidencia. Al parecer, la más grave es la que un tribunal de Georgia emitió el lunes 14, en la que con 98 páginas de fundamento se lo acusa de liderar una “empresa criminal” para mantenerse en el poder.

Un análisis del integrante del consejo editorial del New Yor Times David Firestone, publicado el 16, propone ese texto como fundamento para que los estudiante secundarios aprendan en el futuro sobre “la gran conspiración contra la democracia que comenzó en 2020, y por qué fallaron”. Esto, “porque el sistema de justicia penal, al menos en el año 2023, se mantuvo lo suficientemente fuerte como para tratar de contrarrestarlo”.

La acusación fiscal nombra a 19 conspiradores y los cuenta en 161 incrementos, cada uno de los cuales es un “acto manifiesto en apoyo de la conspiración”, formando el predicado necesario para probar una violación de la ley RICO, la poderosa ley contra organizaciones influyentes y corruptas de chantaje. (Ninguna de las acusaciones, desafortunadamente, responsabiliza directamente a Trump por los disturbios del 6 de enero, una historia que se cuenta mejor en los archivos del comité del 6 de enero de la Cámara de Representantes)”.

Lo que el análisis de Firestone reconoce entre paréntesis parece lo más trascendente para el horizonte político de EEUU. Luego, Firestone los valora: “No cada uno de los actos es un crimen, pero juntos se suman al complot criminal más audaz y de mayor rango en la historia de los EEUU para anular una elección y robar la presidencia, y un complot que parece haber violado la ley de Georgia, sin dejar dudas. sobre la importancia de enjuiciar a Trump y sus cómplices”.

La de Georgia, “más otras tres acusaciones que incluyen más de 90 cargos penales federales y estatales contra Trump que implican su conducta oficial durante su mandato y actos posteriores, así como en su vida personal y comercial, ofrecen una hoja de ruta del trauma y el drama del Sr. Trump. ha hecho pasar a esta nación. Plantean preguntas sobre su aptitud para el cargo que van más allá de la ideología o el temperamento, centrándose en su lugar en su desdén por la democracia estadounidense”, anota Firestone.

Son dudas, preguntas, lo que plantea, no certezas sobre su aptitud para el cargo. Aún condenado y encarcelado, el texto de la Constitución de EEUU no parece impedirle a Trump postularse y ser electo presidente. El artículo 2, sección 1 del texto de 1776 establece las características de la persona que no puede ser electa: “Ninguna persona excepto un ciudadano natural nacido, o un ciudadano de los Estados Unidos en el momento de la adopción de esta Constitución, será elegible para el cargo de Presidente; tampoco será elegible para ese cargo quien no haya alcanzado la edad de treinta y cinco años y no haya sido residente durante catorce años en los Estados Unidos.” La definición por la negativa es importante para el caso: implica que sólo se impide aquello que se niega; todo lo demás es posible.

El artículo 3, seccion IV de la Constitución de EEUU, agrega condiciones: “El Presidente, el Vicepresidente y todos los Funcionarios civiles de los Estados Unidos serán destituidos de sus cargos mediante el Juicio Político por traición, soborno u otros delitos graves y faltas menores.”

Es previsible que, ante la situación dada, se discuta la interpretación de la Constitución, pero para un lego como este escriba, un juicio político al presidente requiere que éste sea electo y ocupe el cargo.

Así, su eventual postulación pasa claramente al terreno político. Preso, Trump muy posiblemente se declare preso político de un sistema judicial cuya validez viene negando en forma consecuente desde la hora cero. En libertad, hará campaña mostrando que al estar libre se le está dando la razón. Lo que va a tener aquí un peso decisivo es el caudal de apoyo ciudadano que Trump indudablemente conserva, y que también le permitiría apoyar a otro candidato, del que seguramente preferiría que sea su hombre de paja.

El análisis y la discusión del tema Trump y sus brutales inconductas cívicas es, en definitiva, un asunto que supera al propio Trump, y sin negarle que sea parte de la enfermedad, es un síntoma de algo mayor. Tal vez la valoración política de todo el asunto deba ser mucho más amplia, e incluir aquello que hizo posible que Trump fuera Trump. Tal vez sea necesario considerar que cuando Hillary Clinton fue derrotada por él, en 2016, no es que perdió la mujer ante el hombre, sino que perdió el establishment político conformado por demócratas y republicanos, respetuosos de reglas de juego asentadas en la tradición y los buenos modales. Sí, tal vez la valoración del sistema político a la que necesitaría llegar la democracia de EEUU necesite de otros caminos.

 

 

 

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