Medio Oriente cambia de juego

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Fue “guerra” lo primero que dijo el primer ministro Benjamín Netanyahu ante el ataque de Hamás en Gaza el viernes. Eso significa, aclaró después, pasar al Plan B para Gaza, que es convertir a Gaza “en una ciudad en ruinas”. Simplemente entrar a saco en esos 365 km² y liquidar a Hamas.

Esta alternativa profundizaría en mucho y haría inmediata la política adoptada por Netanyahu en el hoy a todas luces efímero “gobierno de cambio” liderado por Naftali Bennett y Yair Lapid: un esfuerzo multidimensional para aplastar al movimiento nacional palestino en ambas alas, en Gaza y Cisjordania. Quieren profundizar el cambio desde una mucho mayor debilidad.

En el pasado, Netanyahu se promocionó como un líder cauteloso que evitó guerras y múltiples bajas del lado de Israel. Después de su victoria en las últimas elecciones, reemplazó esta cautela con la política de un “gobierno de plena derecha”, con medidas abiertas para anexar Cisjordania y llevar a cabo una limpieza étnica en partes del Área C definida por Oslo, incluyendo las colinas de Hebrón y el valle del Jordán.

Esto también incluyó una expansión masiva de los asentamientos y el refuerzo de la presencia judía en el Monte del Templo, cerca de la Mezquita de Al-Aqsa, así como alardes de un inminente acuerdo de paz con los sauditas en el que los palestinos no obtendrían nada, con conversaciones abiertas sobre una “segunda Nakba”. Que significa catástrofe en árabe, y bautiza la primera de 1947, que expulsó de sus hogares a 750.000 palestinos con la formación del Estado de Israel. Como era de esperar, comenzaron a aparecer signos de hostilidades en Cisjordania, donde los palestinos empezaron a sentir la mano más dura del ocupante israelí. Hamás aprovechó la oportunidad para lanzar su ataque sorpresa el sábado.

El muy influyente e independiente diario Haaretz editorializa el lunes que “se ha comprendido plenamente el peligro que se cierne sobre Israel en los últimos años. Un primer ministro acusado de tres casos de corrupción no puede ocuparse de los asuntos estatales, ya que los intereses nacionales necesariamente estarán subordinados a librarlo de una posible condena y pena de cárcel.

Haaretz menciona otras cuentas pendientes hoy de Netanyahu. “El primer ministro, que se enorgullece de su vasta experiencia política y de su insustituible sabiduría en materia de seguridad, no identificó en absoluto los peligros a los que conducía conscientemente a Israel al establecer un gobierno de anexión y desposesión, al nombrar a Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir. a posiciones clave, al tiempo que adoptaba una política exterior que ignoraba abiertamente la existencia y los derechos de los palestinos”.

Prevé lo obvio: “Netanyahu ciertamente intentará evadir su responsabilidad y echarle la culpa a los jefes del ejército, a la Inteligencia Militar y al servicio de seguridad Shin Bet”. Que “despreciaron al enemigo y sus capacidades militares ofensivas”. En los próximos días y semanas, cuando salgan a la luz la profundidad de las Fuerzas de Defensa de Israel y las fallas de inteligencia, seguramente surgirá una demanda justificada de reemplazarlas y hacer un balance”.

Es contradictorio que Netanyahu anuncie la operación militar de arrasar con Gaza para la que necesitará de la disciplina de fuerzas armadas, mientras les traslada la responsabilidad del desastre sufrido. No está en la naturaleza humana, y ni siquiera en la atravesada por la disciplina militar, el aceptar esa humillación. Y aún más en términos militares, la responsabilidad última es del mando, que es Netanyahu y su gobierno. Sintiendo seguramente el aislamiento que se avecinaba, llamó a formar “un gobierno de unidad nacional” ante el ataque de Hamas, pero no se escucharon respuestas.

Si a esto se agregan las repercusiones internacionales, con Líbano disparando cohetes a Israel de un arsenal de 150.000, de Saudi Arabia apoyando a Hamas y dándole vuelta la cara al proyecto de EEUU de hacer confluír las relaciones de Saudi Arabia con las de Israel, el absoluto silencio chino sobre esta situación y distintas solidaridades activas con Hamas que se están expresando en la región, se está ante un panorama con variables de cambio. En él, el gobierno de ultraderecha de Netanyahu es no solo inestable, sino que su caída será seguramente parte de un proceso de cambios en Medio Oriente.

 

 

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