Guatemala | En el nombre del padre

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“Acepté la candidatura en un acto de auténtico heroísmo, sabiendo que he
venido a enfrentarme con adversarios sin escrúpulos de ninguna especie…”
Juan José Arévalo(1)

Sergio Schvarz

En las últimas elecciones realizadas en Guatemala triunfó el diplomático, diputado (desde enero del año 2020), sociólogo y escritor César Bernardo Arévalo de León, hijo del ex presidente Juan José Arévalo, quien tuvo que exiliarse luego del golpe de estado de 1954. Este último estuvo, en su peregrinaje de exilio, en Uruguay, desde el año 1958 hasta principios de 1959. El 7 de octubre de 1958 nació, en Montevideo, el novel presidente electo por el partido político Movimiento Semilla.

Su padre, entonces, fue el antecesor de Jacobo Arbenz en la presidencia (el que a su vez fue ministro de Defensa en su gobierno), a quien el Departamento de Estado de Estados Unidos le pergeñó un golpe de estado con una invasión de mercenarios y puso la logística: armas, aviones, entrenamiento militar, comunicaciones, equipamiento, transporte, proporcionada directa o indirectamente por el ejército de Estados Unidos y la CIA desde la vecina Honduras.

Durante treinta y seis años de autoritarismo, Guatemala se vio envuelta en una feroz represión donde se utilizó, entre el menú “antisubversivo” de entrenamiento de la Escuela de las Américas, sita en la base militar de Estados Unidos en el canal de Panamá, la táctica militar de tierra arrasada (similar a la utilizada en Viet Nam), sobre todo durante el periodo del general Efraín Ríos Montt que, como un verdadero genocidio, se empeñó en mortificar, violar y asesinar a la comunidad maya ixil con el pretexto de la lucha contra la guerrilla.

Estados Unidos entrenó, en dicha base, a 125 mil militares de América Latina y el Caribe entre 1950 y 1998.

Historia y literatura
El escritor peruano Mario Vargas Llosa en una de sus últimas novelas, Tiempos recios (2019), nos muestra a la Guatemala de Arévalo y Arbenz en medio del enfrentamiento de la Guerra Fría, y el papel de los medios de comunicación al hacer una propaganda ferozmente anticomunista, acusándolo de comunista a Arévalo, y luego con mucho más énfasis a Arbenz, con el “argumento” de que esa política iba a permitir la infiltración de la ex URSS, como si Guatemala pudiera llegar a ser cabeza de playa de los soviéticos.

Nada más alejado de la realidad, como lo muestra la novela, apegándose a la verdad histórica en ese sentido.

Pero además, y es virtud de la escritura de Vargas Llosa, su seña de identidad, el desfile por su obra de viejos conocidos de otros textos suyos: dictadores, militares (Enrique Trinidad Oliva) y conspiraciones políticas, prostitutas pero también una mujer interesante como personaje que, por su historia, juega el papel de antihéroe (Marta Borrero, “Miss Guatemala”), sicarios y torturadores (Johnny Abbes García, jefe del Servicio de Inteligencia Militar de Trujillo) y, sobre todo, muchos, muchos muertos anónimos, hijos del pueblo, la masa sin nombre, campesinos, indígenas, líderes sindicales.

La zona de América Central y el Caribe estaba dominada por la penetración de la United Fruit bajo la “diplomacia” del Big stick (“Gran garrote”) de los Estados Unidos en favor de sus intereses en la región. Como rezaba la tristemente famosa frase del ex presidente James Monroe (la doctrina Monroe): “América para los americanos”.

Y si no veamos qué pasaba en la época. Estuvieron los Somoza en Nicaragua (1936-1979), Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana entre 1930-1961 (y aquí podemos ver la conexión con otra novela anterior de él, La fiesta del Chivo que trata sobre el dictador dominicano), los Duvalier, “Papa Doc” e hijo en Haití, Marcos Pérez Jiménez en Venezuela (1948-1958), Fulgencio Batista en Cuba (desde 1940-1944 como presidente constitucional y como dictador desde 1952 hasta 1959). El Salvador un poco después (1979-1992), pero con el episodio del cruel etnocidio de La Matanza, pueblo pipil. Honduras y la sucesión de gobiernos militares (1963-1971, 1975-1978, 1978-1981, 2013-2021).

La Panamá de Omar Torrijos (1968-1981), aunque con otro signo a su militarismo, nacionalista en su pretensión de recuperar el control del canal de Panamá para su país (y anotemos el “accidente” aéreo por el cual murió) y luego Manuel Antonio Noriega, antiguo colaborador de la CIA condenado por narcotráfico (1983-1989), y la consiguiente invasión estadounidense (Operación Causa Justa), el bombardeo estadounidense sobre aeropuertos e instalaciones militares en la ciudad de Panamá y en Colón y, particularmente, la entrada de soldados norteamericanos en el barrio El Chorrillo, parcialmente quemado, con la matanza indiscriminada de sus pobladores. Esto lo dejó registrado la periodista argentina Stella Calloni en las páginas de El Día de México (y en especial en el suplemento El Día Internacional, que se distribuía en varios países de América Latina), siendo corresponsal del mismo cuando sucedió la invasión.

En 1988 el Comité de Santa Fe, en Estados Unidos, publicó el documento de políticas hacia América Latina, que se logró conocer gracias a las investigaciones de otro periodista argentino, Gregorio Selser. En el caso de Panamá, el Documento de Santa Fe II, establecía, en “Una estrategia para América Latina en la década de 1990”, las “propuestas” para Panamá: “La expulsión de Noriega y la celebración de elecciones no serán suficientes para instaurar un régimen democrático en Panamá. Estados Unidos tendrá que centrar su atención en toda la gama de problemas que entraña un régimen democrático: la reforma de las Fuerzas de Defensa panameñas, el apoyo a un sistema judicial independiente y la restauración de la economía serán los más esenciales”.

Además debemos mencionar la larga dictadura de Stroessner, que se mantuvo en el gobierno de Paraguay desde 1954 hasta 1989.
Una verdadera temporada en el infierno para los pueblos de América Latina.

Juan José Arévalo, que en verdad era liberal —quería hacer una Guatemala a espejo de los Estados Unidos—, se definía como “socialista espiritual” y buscaba impulsar una serie de reformas con la intención de integrar a las clases más pobres de la sociedad, basándose en el New Deal del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, pero también quiso hacer una Reforma Agraria donde las tierras ociosas pudieran otorgarse a familias campesinas, sobre todo indígenas, para que la trabajaran, y desde ese momento comenzó una guerra sucia propagandística, financiada desde las multinacionales, y ayudada por la conspiración política dentro del ejército hasta que la CIA decide formar tropas para una invasión desde Honduras bajo el mando del ex militar Castillo Armas.

Tiempo después, no lo dice la novela pero sí la historia, en mayo de 2013 el ex general Efraín Ríos Montt fue condenado a 80 años de prisión por el genocidio cometido contra 1.600 indígenas en el norte del país, en el marco de esa política de exterminio. Pero la sentencia fue anulada poco después y murió antes de un nuevo juicio.

Lucha contra la corrupción y la impunidad
El eje principal del discurso del presidente electo fue la lucha contra la corrupción (“el candidato anticorrupción”, así se presentó), que se da a todo nivel; la apuesta a una fuerte inversión social y económica, y resolver el tema de la impunidad sobre las violaciones a los derechos humanos, trancada desde una justicia que a partir del resultado de las elecciones parece estar operando y poniendo trabas jurídicas para el no reconocimiento del gobierno legítimamente electo.

Además, desde ya su próximo gobierno tiene el rechazo de la élite económica y los grupos que tradicionalmente ostentaron el poder en el país. Hay quienes que, desde ahora, estando en la oposición, calificaron a Arévalo de «comunista» (lo mismo que a su padre) y aseguraron que, de llegar a la presidencia, este acabaría por expropiar tierras a los más ricos, cosa que nunca dijo.

Es decir, generando cucos, agitando fantasmas y alentando, de esa forma, a los golpistas y nostálgicos que aún permanecen entre las sombras, sedientos de oro y sangre.

El parlamento está dividido en tres partes, el partido Vamos por una Guatemala Diferente (conocida como Vamos), derechista, que tendrá 39 diputados, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE, que funcionó alrededor de la figura de Álvaro Colom y actualmente se apoya en el poder de las iglesias evangélicas) que tendrá 28 legisladores y el Movimiento Semilla, de centro izquierda, o progresista, del nuevo presidente, que tendrá 23 diputados. Además, 18 diputados tendrá el partido Cabal (una escisión del Partido Humanista, centro derecha), 11 del partido Viva (Visión con Valores, derecha) y siete electos por la coalición Valor Unionista (derecha conservadora).

Por lo que es lógico concluir en que la negociación parlamentaria va a ser muy dificultosa para el nuevo gobierno.

También la lucha contra el narcotráfico va a ser un tema fundamental y muy complicado a enfrentar en su próximo gobierno. “Tenemos más de 20 años de políticos corruptos y como resultado tenemos un alto nivel de penetración del narcotráfico. Sabemos que hay narcoalcaldes y narcodiputados”, expresó, de forma contundente, Arévalo.

La población de Guatemala es de más de 18 millones, con un crecimiento del 1,401% anual, cifras que no están actualizadas después de la pandemia. No hay que olvidar que, a pesar de crecer al 3,5 por ciento en promedio durante 2010-2019, respaldado por una prudente gestión fiscal y monetaria y una economía abierta, tiene un 56% de pobres y el 16% de sus habitantes viven por debajo de la pobreza extrema.
Resolver ese problema será otra tarea, muy importante y necesaria, a realizar.

Negociaciones en curso
En un claro intento de destrabar la situación creada por los cuestionamientos de la fiscal Consuelo Porras al frente de un Ministerio Público que hace años fue todo un referente en América Latina por su lucha contra la corrupción pero la que, en los últimos tiempos, sin embargo, ha bloqueado investigaciones judiciales, ha criminalizado a jueces y fiscales y ha protegido a políticos corruptos, el presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo, tuvo una reunión con el senador republicano de los Estados Unidos, Marco Rubio, donde se abordaron temas como “la democracia y el desarrollo en Guatemala”.

A su vez, la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia (SCEP) realizó la primera reunión con el equipo de transición del gobierno electo designado.

Una reciente orden de la Corte de Constitucionalidad de Guatemala para que el Congreso renueve los jueces de la Corte Suprema, que llevan años con el mandato caducado, puede mejorar la relación de este poder del Estado con el nuevo gobierno.

En unas declaraciones efectuadas el 9 de noviembre de este año, en el marco de las reuniones con miembros del Departamento de Estado y del Congreso estadounidense, el presidente electo de Guatemala, insistió en que su próxima toma de posesión es «inevitable», pese a los múltiples esfuerzos judiciales por frustrar su asunción. «Nosotros creemos que cada día más y especialmente en las últimas semanas se ha ido clarificando de que no hay otra alternativa, de que sencillamente es, desde el punto de vista legal, imposible y que no existen las condiciones que le permitirían al pacto de corruptos actuar de otra manera», indicó en un encuentro con periodistas en la sede de Diálogo Interamericano (DIA), en Washington(2).

Tanto la OEA como la administración del presidente estadounidense Joe Biden habían dicho que estaba “en riesgo” la posibilidad de asumir el cargo. Sin embargo, Arévalo descartó por completo un levantamiento militar en su contra, dado que hace dos décadas que el Ejército “no participa en ninguna de las crisis políticas” del país. Además, consideró que los golpes de Estado de este siglo “son hechos con jueces y abogados”, pero no con militares.

El 14 de enero es la fecha de asunción del presidente electo, Bernardo Arévalo.
¿Llegará?

Por Sergio Schvarz
Periodista y escritor

Notas

1. El discurso donde Juan José Arévalo dijo este fragmento el 3 de agosto de 1944 está tomado de un artículo de Carolina Escobar Sarti publicado el 21 de septiembre de 2023 en Prensa Libre (Jaime Barrios Archila. Páginas escogidas: sobre la presidencia del Doctor Juan José Arévalo, 1945-1951. Editorial Usac, 2004. Página 26).

2. El Diálogo Interamericano es una institución que busca la reflexión intelectual sobre asuntos de política social, estrategia política, economía, militar, tecnología o cultura. políticas sociales, y es presidido por la expresidenta de Costa Rica Laura Chinchilla y Thomas A. Shannon Jr.

 

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