La incursión militar palestina del sábado 7 de octubre de 2023

Tiempo de lectura: 15 minutos
            Herzi Halevi

El sábado 7 de octubre de 2023 una fuerza militar palestina asombró al mundo al hacer un raid (ghazwah en árabe) sobre el territorio israelí que rodea la franja de Gaza y obtener una victoria militar sorpresiva y extraordinaria. Herzi Halevi, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Israelíes, reconoció la derrota. Mientras que la prensa centraba luego su relato en las atrocidades del sangriento ataque terrorista cometido ese mismo día contra civiles israelíes, tailandeses, franceses, rusos, estadounidenses y de muchas otras nacionalidades y la devastadora catástrofe humanitaria causada más adelante por el bombardeo masivo de Gaza, la información sobre la acción militar palestina se transformaba en un tema casi innombrable. Quizás fuese inevitable que las noticias aterradoras sobre la masacre de civiles israelíes y palestinos acaparasen casi toda la atención, pero no parece inteligente que se eluda informar sobre una acción militar que ya ha tenido enormes consecuencias políticas, económicas y sociales, que transformó el panorama político de la región y marcó un hito histórico en uno de los principales conflictos del mundo contemporáneo.

NUEVAS TÁCTICAS PALESTINAS PONEN A PRUEBA LAS DEFENSAS ISRAELÍES

Con la incursión del sábado 7 de octubre de 2023 los palestinos demostraron ser capaces de preparar y ejecutar una acción militar original e innovativa combinando viejas y nuevas tácticas. Una de las novedades que por ahora ha quedado desatendida en el relato predominante es que la acción fue compartida por cuatro organizaciones que no acostumbran coordinar sus actividades: Hamás, Frente Popular para la Liberación de Palestina, la Yihad Islámica y el Movimiento Palestino Mujahideen. Hamás tuvo el rol preponderante, pero su coordinación de una actividad de estas dimensiones con otras organizaciones es una novedad importante. Mientras que los servicios israelíes históricamente han hecho grandes esfuerzos por promover la fragmentación de la resistencia palestina Ramzy Baroud, director de The Palestine Chronicle, viene alertando desde hace tiempo que la creciente coordinación entre fuerzas palestinas inevitablemente potenciaría su capacidad de lucha contra la ocupación israelí.

Otra novedad es haber inventado formas de evadir la modernísima vigilancia electrónica israelí. Este mérito obviamente es válido solo para quienes consideran que realmente existió una falla de la inteligencia israelí pero, de haber ocurrido, significaría que los palestinos gazatíes no solo consiguieron planificar y preparar su ataque sin ser descubiertos por los servicios de seguridad israelíes, sino también acercar grandes cantidades de hombres armados al muro fronterizo sin ser detectados, atravesarlo en varios puntos sin ser atacados por el sistema de armas de fuego que debería haberse activado automáticamente y acercarse a varios destacamentos policiales y militares, en muchos casos, sin ser descubiertos antes de hacer los primeros disparos.

La acción militar comenzó de madrugada con un ataque masivo de artillería sobre buena parte del territorio israelí y continuó con una incursión que inicialmente comprendió entre 1500 y 3000 combatientes palestinos, subdivididos en columnas que avanzaron a lo largo de distintas direcciones y entablaron combates en varias localidades simultáneamente. Tanto la intensidad de la andanada de cohetes como la cantidad de milicianos actuando en forma coordinada superaron con creces todas las acciones palestinas anteriores y representan un hito histórico por sí mismo, afirmaron varios altos oficiales israelíes.

Según las declaraciones de un oficial israelí al mando de tropas en la zona atacada citado por la prensa israelí (Brigadier General Dan Goldfus) y de otros oficiales, soldados y policías que participaron en los combates, los palestinos habrían conseguido aprovechar la ventaja táctica del factor sorpresa. Obviamente, esto solo sería un mérito palestino para quienes sostienen que falló estrepitosamente la inteligencia israelí pero no para quienes sostienen la hipótesis de una falsa falla de la inteligencia. Pero si bien los datos disponibles no alcanzan para descartar ninguna de las dos hipótesis, el desarrollo de los combates coincide perfectamente con la idea de que los palestinos sorprendieron a las defensas israelíes. Es importante tener en cuenta que al comienzo del raid una fuerza palestina tomó el control del cuartel general del Comando Sur (Sede de la jefatura militar de las tropas israelíes que rodean Gaza) y luego de matar o tomar prisioneros a los oficiales y soldados allí apostados y encargados de las comunicaciones con el Estado Mayor en Tel Aviv, destruyó los equipos de comunicación. Todo eso ocurrió muy rápidamente, lo cual dificultó las comunicaciones entre las tropas israelíes en toda la región atacada, que combatían en varias localidades alejadas entre sí, rompiendo la cadena de mando, dejando a la región sin mesa central y al Estado Mayor sin interlocutor.

En la mayoría de esos combates los palestinos lograron derrotar a las tropas defensoras y tomar prisioneros. Hubo cientos de bajas en ambos bandos, entre prisioneros, heridos y muertos. Hacia fines de octubre los militares israelíes reconocieron finalmente que el sábado 7 habrían sufrido unos 300 muertos lo cual, sin lugar a dudas, convierte la acción militar de ese día en la mayor de la historia de la resistencia palestina

Independientemente de que la inteligencia israelí hubiese fallado o no, está claro que durante las primeras horas de la incursión tropas israelíes y palestinas combatieron en varias localidades, cuando los palestinos atacaron simultáneamente varios destacamentos militares y policiales. El Brigadier General Dan Goldfus y otros militares israelíes reconocieron que esta táctica -el ataque simultáneo a varias localidades alejadas entre sí-, combinada con la temprana degradación de las comunicaciones con el Estado Mayor y la muerte de muchos oficiales israelíes al comienzo de los combates, fue muy ventajosa para los atacantes y dificultó la organización de la defensa. En la mayoría de esos combates los palestinos lograron derrotar a las tropas defensoras y tomar prisioneros. Hubo cientos de bajas en ambos bandos, entre prisioneros, heridos y muertos. Hacia fines de octubre los militares israelíes reconocieron finalmente que el sábado 7 habrían sufrido unos 300 muertos lo cual, sin lugar a dudas, convierte la acción militar de ese día en la mayor de la historia de la resistencia palestina, desde el punto de vista de las bajas militares sufridas por Israel. La prensa israelí, por su lado, eligió aglutinar esas bajas militares con las víctimas civiles de las acciones terroristas del sábado 7. El uso masivo durante varias semanas de frases del tipo ”el ataque terrorista de Hamás causó 1400 víctimas”, además de operar como fake news, contribuyó a exagerar el número de víctimas civiles -de por sí extraordinario- y a ocultar la dimensión de la derrota militar al incluir, entre las víctimas civiles, a los soldados y policías que habían muerto en combate.

Una vez obtenido el control casi total del territorio invadido, los palestinos aprovecharon para destruir varios tanques de guerra y vehículos blindados, derribar un helicóptero de transporte militar y trasladar a Gaza vehículos del ejército israelí cargados con armas, equipos, documentos secretos y prisioneros. Mantuvieron el control de las bases durante varias horas y finalmente, cuando comenzaron a llegar los refuerzos israelíes, consiguieron retirarse, dejando en la retaguardia un número considerable de combatientes a los cuales el ejército israelí recién consiguió neutralizar por completo dos o tres días más tarde.

Si bien esta contundente acción militar fue opacada por la crónica de los crímenes y actos terroristas contra la población civil cometidos ese mismo día y la catástrofe humanitaria sufrida por los gazatíes en el correr de las siguientes semanas, su carácter novedoso y excepcional permite pronosticar que en el futuro tanto los palestinos como los israelíes estarán interesados en estudiarla en detalle; los unos para mejorar sus resultados en próximas campañas y los otros para descubrir cuáles fueron sus errores y debilidades y así mejorar su capacidad defensiva.

NO TODO ES INTELIGENCIA

Como era de esperar, el carácter masivo, sin precedentes, abrumadoramente terrorífico y aparentemente sorpresivo de la incursión palestina estimuló la discusión sobre posibles explicaciones. Estas podrían dividirse en dos tipos básicos: o bien la inteligencia israelí falló estrepitosamente o, por el contrario, solo simuló haber fallado, para ejecutar y justificar una maniobra tramposa cuyo objetivo habría sido una operación provocadora. Esta última opción es congruente con la extendida creencia en la superioridad israelí y la inferioridad palestina. Muchos creen que los palestinos son incapaces de actuar con la independencia, disciplina e inteligencia digna de una contundente victoria militar. Como diría Edward Said, el dogma occidental orientalista sugiere que solamente Israel puede tomar iniciativas de este rango y ejecutar un plan estratégico con total dominio de la situación en el terreno y a su vez elude el reconocimiento del aspecto puramente militar de una acción palestina victoriosa, escamoteándolo tras el caos causado por las atrocidades de un acto terrorista bestial y caótico “propio de árabes”.

Si bien la información disponible todavía no es suficiente para elegir una de las dos opciones, existen datos y antecedentes que podrían ser mencionados en favor de cualquiera de ellas. A favor de la idea de que fallaron los servicios israelíes de espionaje, se podría mencionar que tanto Aharon Haliva, jefe de la inteligencia militar, como Ronen Bar, jefe del Shin Bet, declararon públicamente haber fallado, asumieron la responsabilidad públicamente, pidieron disculpas y prometieron una investigación de lo ocurrido. Más en general, la Historia nos muestra que esta no habría sido la primera vez que Israel es sorprendido por ataques que sus servicios de inteligencia deberían haber detectado a tiempo, si fuesen tan efectivos como afirma la prensa. De hecho, todos los servicios de inteligencia pueden fallar estrepitosamente como demuestran, por ejemplo, las fallas gravísimos de los servicios de inteligencia israelíes, británicos y estadounidenses antes de los ataques de Egipto y otros países árabes a Israel en 1973, la invasión argentina de las islas Malvinas en 1982 y la invasión iraquí de Kuwait en 1992.

Según un estudio de la Rand Corporación encargado por el ejército de Estados Unidos (1), la inteligencia israelí había exhibido fallas y deficiencias en las últimas tres guerras entre Israel y Gaza (2009, 2012 y 2014). Visto a la luz de ese análisis, que la inteligencia israelí no hubiese fallado también esta vez sería una excepción y por lo tanto menos probable a que realmente hubiese fallado. Entre otras fallas de consideración detectados en anteriores guerras contra Gaza, los analistas de la Rand Corporación habían observado, no sin cierta incredulidad, que en la guerra del 2014 la inmensidad de datos obtenidos por el enorme aparato de inteligencia israelí, que incluye espionaje in situ, escucha de teléfonos celulares y tráfico en internet, imágenes satelitales, cientos de cámaras, sensores de movimiento y otras tecnologías sofisticadas, finalmente eran analizados por conscriptos de 18 años. De todos modos, que la inteligencia israelí haya fallado antes varias veces, si bien permite pronosticar que también podría haber fallado esta vez, no alcanza para falsificar por completo la hipótesis de una simulación.

Amparado en su amplia experiencia en operaciones especiales de varios tipos Liam Collins, del Instituto de Ciencia Moderna de la Academia Militar de West Point, recuerda que las fallas de los servicios de inteligencia ocurren con mucha frecuencia y por eso es importante que la planificación de actividades militares tenga en cuenta esa posibilidad y contemple suficientes márgenes de seguridad y capacidad de adaptación que permita neutralizarlos cuando sucedan. Con respecto al caso particular del sábado 7 de octubre, Collins opina que no solo falló la inteligencia, sino que Israel no estaba preparado militarmente para dar una respuesta adecuada a un ataque sorpresivo aún en el caso de que su inteligencia no hubiese fallado tan gravemente como parecería que ocurrió. Esa opinión ha sido compartida por varios ex-generales, expertos militares y comentaristas israelíes que así lo han expresado en la prensa israelí, aspecto que será analizado someramente en la próxima sección.

UNA DEBILIDAD MILITAR ANUNCIADA

Muchos se sintieron sorprendidos por la demorada respuesta militar israelí a los ataques palestinos. Para quienes sostienen la existencia de una maniobra de la inteligencia israelí, que habría simulado haber fallado, la demora de la respuesta militar israelí es fácil de explicar porque formaría parte de una maniobra fraudulenta o conspiración. Pero la milenaria tradición del raid está inevitablemente asociada a una relativa demora e ineficacia en la defensa inicial y el subsiguiente contrataque y en la historia militar abundan los ejemplos de actuaciones demoradas y errores desastrosos, casi increíbles. Entre los casos más aparatosos, la invasión de Gallipoli durante la primera guerra mundial, el desembarco aliado en Dunquerque, la ofensiva en Ardenas, el ataque japonés a Pearl Harbor y la demora de la respuesta soviética frente a la invasión alemania durante la segunda guerra mundial son algunos de los ejemplos más conocidos, que todavía se están estudiando y discutiendo. En la prensa israelí se ha criticado ampliamente a los militares israelíes por no haber mantenido suficientes tropas en la frontera con Gaza, por haber concedido demasiadas licencias para una jornada donde se combinaban el descanso del sabbath con un feriado y por haber demorado varias horas en enviar refuerzos a las tropas que se defendían del raid palestino durante la mañana del sábado 7, pero también es cierto que existían abundantes antecedentes que permitían pronosticar una actuación militar inferior a la rápida, perfecta y contundente respuesta que muchos darían por inevitable.

Según la prensa israelí, la capacidad de montar una defensa militar rápida y eficiente el sábado 7 de octubre de 2023 estaba comprometida por la corrupción, incompetencia y debilidad del gobierno, por contradicciones entre distintas fracciones que posiblemente agravaron la demora y por la abundancia de señales claras de debilidades puramente militares que se arrastraban desde hace años. A continuación se mencionarán algunos de estos antecedentes.

Dos años atrás, en Israel hubo un debate público sobre la capacidad de la región militar encargada de la defensa de la frontera con Gaza para enfrentar situaciones de desarrollo rápido y sorpresivo en la frontera con Gaza. Durante una manifestación palestina sobre esa frontera, un palestino había matado a un militar israelí de un tiro a quemarropa. La familia de la víctima acusó a la jefatura militar de ser responsable de esa muerte por incompetencia, porque consideraban que los procedimientos estipulados y las órdenes dadas habían dificultado una acción rápida y contundente de los militares contra los manifestantes. Eso inició el debate. El ejército inició una investigación y esta concluyó que si bien había actuado correctamente, reconoció que hubo errores y lentitud en la distribución de tropas (”The military’s investigation found that the Northern Gaza Brigade commander may have been slow to respond when the rioters rushed the fence”; The Times of Israel). Vale la pena leer una vez más la autocrítica hecha por el ejército en ese caso: reconoció que hubo lentitud. El debate fue importante y el Comandante en Jefe llegó al extremo de publicar una carta en defensa de las fuerzas armadas israelíes, intentando suprimir las críticas generadas por el incidente fronterizo.

Esta vez nadie duda que hubo lentitud y errores en la distribución de tropas, voluntaria o involuntaria, porque el ejército, que había trasladado tropas de la frontera con Gaza a Cisjordania, demoró varias horas en trasladar nuevamente a la frontera con Gaza los refuerzos necesarios para recuperar las bases militares tomados por los palestinos durante la mañana, combatir a los invasores que permanecían en la zona, ayudar a las víctimas en los kibbutzim, cerrar las brechas del muro y retomar el control de la frontera. Al igual que en 2021, parecería que también ahora hubo lentitud y errores en la distribución de tropas pero esta vez el problema habría sido que una buena parte de las tropas emplazadas alrededor de Gaza habían sido enviadas a Cisjordania por motivos políticos. La responsabilidad de este error fatal en la distribución de tropas ahora no sería de un jefe regional, sino de sus superiores en el Estado Mayor y del gobierno.

El ejemplo mencionado en el párrafo anterior no es un hecho aislado. Desde hace años la prensa israelí venía publicando notas escritas por oficiales retirados, expertos militares y periodistas, vaticinando que las fuerzas armadas no estaban preparadas para una acción militar del tipo que finalmente ocurrió el sábado 7 de octubre. Se señalaba especialmente que las tropas destinadas a defender la frontera con Gaza eran insuficientes. El Brigadier General Dan Goldfus, que participó personalmente en los combates, informó que sus tropas a menudo entraron en combate con fuerzas enemigas numéricamente superiores y otros oficiales confirmaron haber luchado en inferioridad numérica, todo lo cual confirmaría las críticas adelantadas durante meses y años por la prensa Israeli.

Otra crítica mencionada por la prensa desde hace años es que las fuerzas armadas israelíes confiaban excesivamente en la implementación de tecnologías complejas, a menudo no probadas en combate y que la oficialidad se había adaptado a una mentalidad reacia a considerar la posibilidad de un ataque importante desde Gaza. Se afirmaba, por ejemplo, que la reorganización sufrida por el sistema de defensa, que apostó a una revolución tecnológica que costó miles de millones de dólares invertidos en satélites, digitalización, robotización, redes de sensores que envían miles de datos a enormes computadoras donde son monitoreados por inteligencia artificial y otras tecnologías sofisticadas generó una confianza exagerada en las soluciones high tech en desmedro del soldado de carne y hueso, sobre el terreno. De hecho, no está claro si antes del 7 de octubre existían, por fuera del muro de contención, puestos de guardia tradicionales, con vigías apostados las 24 horas del día, listos para dar la alarma por radio o teléfono ni bien detectasen movimientos sospechosos junto al muro, o si estos había sido remplazados por patrullas móviles y una confianza excesiva en la red de cámaras, sensores, satélites y otras tecnologías.

Otro elemento que pudo contribuir a la demora de la contraofensiva israelí, más especulativo, es que como muchos oficiales murieron en los primeros enfrentamientos, según informa Dan Goldfus, cuando comenzaron a llegar los refuerzos los oficiales quizás se encontraron con una situación caótica y desconcertante y, al no poder obtener rápidamente información directa de oficiales en el frente de batalla para formarse una idea aproximada de la situación táctica, habrían decidido esperar a que llegase el grueso de los refuerzos antes de asignar órdenes de combate y distribuir los refuerzos por toda la región atacada.

Estos datos, antecedentes y opiniones, combinados con la tradicional subestimación del “enemigo árabe” y la actitud arrogante rampante dentro del gobierno y la oficialidad israelí, que parecería reflejar un sentimiento de superioridad occidental (Otra vez, Said habría observado la ”incapacidad occidental” para ver y entender cabalmente a los palestinos) podría explicar, al menos en parte, la aparente incompetencia de los mandos para preparar una defensa más rápida y eficiente. Un ministro del gobierno israelí (Bezalel Smotrich) declaró en Paris no estar convencido de la existencia del pueblo palestino (The Time of Israel) y según el periódico Político, el embajador israelí en Berlin, Ron Prosor, cree que los militantes de Hamás son animales sedientos de sangre (“bloodthirsty animals”). La BBC, The New York Times y otros medios, informaron que el propio ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, declaró en octubre “Estamos luchando contra animales humanos…” y años atrás, Ben Dahan, por entonces Viceministro de Defensa, ya había declarado que par él, los palestinos no eran humanos (“To me, they are like animals, they aren’t human”, citado por The Times of Israel). No hay razones para considerar que estas autoridades del sistema de defensa israelí mentían descaradamente al decirnos que para ellos los palestinos son “animales, menos que humanos” y entonces, si esa fuese ciertamente su visión de los palestinos, se hace más fácil comprender porqué estaban tan mal preparados para defenderse del raid palestino.

En resumidas cuentas, mientras que parecería muy probable que al menos algunos líderes políticos y militares israelíes subestimaron a los palestinos y que los palestinos atacaron por sorpresa, ya estaría fuera de duda que estos últimos coordinaron esfuerzos, combinaron viejas y nuevas tácticas, fueron innovadores, atacaron simultáneamente múltiples objetivos en condiciones de superioridad numérica y se retiraron antes de que el principal contrataque del ejército israelí pudiese impedirles regresar a Gaza llevándose armamento, equipos, documentos y prisioneros.

Varios oficiales israelíes de alta graduación han anunciado que la investigación y análisis de los posibles errores se haría después de que finalice la guerra. Si esto fuera cierto, significa que tal como señaló el analista militar Scott Ritter, ex-oficial de inteligencia militar estadounidense, el gobierno y el Estado Mayor estuvieron dispuestos a comenzar la invasión de Gaza sin haber investigado la posibilidad de que varios oficiales de alto rango podrían ser culpables de graves errores estratégicos o incluso incompetencia y sin haberse preparado mentalmente y tácticamente para enfrentar a una fuerza militar que acababa de demostrar nuevas capacidades militares y coordinación entre varios grupos armados y que, muy probablemente, habiendo previsto que Israel reaccionaría con un ataque abrumador sobre Gaza, también estaría bien preparada para esa batalla. Si fuese cierta la hipótesis de que hubo una falla desastrosa en la inteligencia israelí durante los meses previos, también deberíamos considerar que esa misma falla habrá limitado la información que poseía Israel a principios de octubre sobre la capacidad militar de los gazatíes y esto, a su vez habría limitado la capacidad del ejército israelí para planificar la invasión de Gaza del mejor modo posible.

LA FUERZA DE LOS NÚMEROS

Al menos una de las grandes novedades del ataque del sábado 7 de octubre de 2023, que probablemente será analizada en academias militares de muchos países y para la cual, al menos a primera vista, no parece tan relevante dilucidar si realmente hubo falla de la inteligencia israelí, parece estar bien avalada por las cifras disponibles y es que por primera vez en su historia, la artillería palestina consiguió alcanzar suficiente eficiencia como para superar la capacidad defensiva del sistema de defensa aérea israelí llamado Cúpula de Hierro (Iron Dome), considerado uno de los mejores del mundo y que hasta ahora era considerado prácticamente invulnerable.

La ”derrota” de la Cúpula de Hierro se debió que los palestinos la obligaron a enfrentar andanadas superiores a su capacidad técnica operativa. Esto había sido previsto en 2021 por el periodista israelí Seth Frantzman en la revista Fortune. Ahora, cumplida esa profecía, el Prof. Ian Boyd, Director del Centro de Iniciativas para la Seguridad Nacional, analiza en la misma revista este aspecto extraordinario de la acción militar palestina del sábado 7 de octubre (2). Según Boyd, al momento del ataque palestino el sistema de defensa antiaérea Cúpula de Hierro poseía 10 baterías. Cada una de ellas podía contener, al mismo tiempo, entre 60 y 80 misiles interceptores. Fuentes israelíes aseguraron que durante la andanada más intensa del sábado 7 de octubre los palestinos lograron lanzar unos 3 mil cohetes en muy poco tiempo (en un corto intervalo de menos de media hora a unas pocas horas, según distintas fuentes) mientras que Hamás afirmó haber disparado unos 5 mil. En números aproximados, los mil misiles que la defensa israelí podría haber disparado durante ese tiempo con su Cúpula de Hierro según Boyd, solamente podrían haber interceptado una minoría de los cohetes palestinos tanto si estos hubiesen sido 5000 como si hubiersen sido 3000.

Según el Instituto de Guerra Moderna en West Point (3), la artillería palestina nunca antes había logrado disparar más de 470 cohetes a lo largo de todo un día, lo cual le había permitido a Israel interceptar la gran mayoría, con una eficiencia que según algunas fuentes israelíes rondaba el 90%. Pero el sábado 7, por primera vez, la Cúpula de Hierro no pudo alcanzar su máxima eficiencia simplemente porque el número de cohetes lanzados por los palestinos en muy poco tiempo saturó su capacidad operativa. Esto representa un salto cualitativo tanto en la capacidad de los palestinos para producir cohetes como en las innovaciones logísticas que les permitieron lanzar varios miles de ellos en tan poco tiempo. Ambos aspectos representan un avance importante en las tácticas militares palestinas y marcan un hito al demostrar que, tal como predijo Frantzman, la Cúpula de Hierro puede ser saturada por el simple procedimiento de lanzar una cierta cantidad de cohetes en poco tiempo.

Pero en este aspecto particular de la victoria militar palestina del sábado 7 también jugó a su favor otra diferencia numérica. Según fuentes periodísticas alemanas y estadounidenses, los misiles interceptores que utiliza la Cúpula de Hierro cuestan entre 50 y 60 mil dólares la unidad, mientras que los cohetes usados por los palestinos habrían costado alrededor de 600 dólares cada uno. Serían entonces unas cien veces más baratos. De este modo, mientras que los aproximadamente mil interceptores que la Cúpula de Hierro habría disparado durante la madrugada del sábado 7 podrían haber costado unos 48 millones de dólares, los entre 3 y 5 mil cohetes lanzados por los palestinos habrían costado menos de 3 millones. Esta diferencia podría explicar, al menos en parte, por qué Israel no había aumentado mucho más la capacidad de su Cúpula de Hierro, mientras que los palestinos sí pudieron aumentar el número de cohetes lanzados, hasta conseguir el extraordinario salto cualitativo del sábado 7 que les permitió superar su máximo lanzamiento histórico de 470 cohetes a lo largo de un día, lanzando 3 mil o más cohetes durante no más de unas pocas horas. Una consecuencia inmediata de ese aspecto tan importante de la victoria militar palestina del sábado 7 es que, si las cifras comentadas arriba fuesen correctas, durante las próximas semanas o meses la capacidad operativa de la Cúpula de Hierro sería extremadamente inadecuada si tuviese que enfrentar sucesivas andanadas numerosas de los aproximadamente 130 mil cohetes que según fuentes israelíes posee Hezbollah.

Por Thomas Grossman

References

(1)From Cast Lead to Protective Edge Lessons from Israel’s Wars in Gaza.
Raphael S. Cohen, David E. Johnson, David E. Thaler, Brenna Allen, Elizabeth M. Bartels, James Cahill, Shira Efron. Rand Corporation, 2017.

(2) https://fortune.com/2023/10/13/why-did-israel-iron-dome-air-defense-fail-hamas-attack/

(3) https://mwi.westpoint.edu/what-happened-to-iron-dome-a-lesson-on-the-limits-of-technology-at-war

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Otros artículos del mismo autor: