Milei como caballo de Troya

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Cualquiera sea el resultado del balotage argentino, es claro que el electorado está dividido en dos. En la parte que acompaña a Javier Milei hay descreídos y también desinteresados de la política, antiperonistas viscerales, y la derecha argentina.

Hacer que la ciudadanía vuelva a los carriles que expresan democracia es una gran tarea pendiente para el Estado de Derecho. En lo inmediato, se pudo ver que Milei y su candidata a vice pusieron en la parrilla mucha basura, pero también algo relevante: las demandas de una derecha recalciltrante que vuelve por sus fueros, que mide la real temperatura de la sociedad a sus por cierto repudiables reivindicaciones y perversiones.

Milei puede perder mañana, y ojalá lo haga, se retire de eso que llama política y se vaya del país. Pero deja en la inmediatez de la agenda una mensura del campo político que le es posible recorrer a la derecha argentina, tras 40 años de imperfecta democracia. Y esa derecha vuelve al ruedo, tal vez renovada por los años, pero como siempre con el dogal de grandes intereses económicos y globales.

Así, la esperanza de que el drama binario argentino termine con el escrutinio, sería solo la primera parte del problema. En España hemos asistido a la capacidad política de Pedro Sanchez no solo logrando su reelección, sino planteando la posibilidad de un auténtico muro que contenga a la derecha española; esto, a 48 años de la muerte de Francisco Franco. Y todavía les queda a los partidos democráticos españoles que conformaron un bloque, la tarea, la buenaventura de domar y castrar política y socialmente a esa derecha. Así las cosas, las tareas de un nuevo gobierno democrático argentino no son sólo las largamente enumeradas en la campaña, arduas y esperanzadoras, por cierto, sino reemprender la democratización de la sociedad hasta llegar, de una vez por todas, a su plenitud. Esa es la esperanza de un vecino uruguayo.

 

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