Homicidios: la epidemia y el romanticismo narco

Mientras resuenan los ecos de la primera entrega de la entrevista a Sebastián Marset en el programa Santo y Seña, la ola de homicidios no cesa. La violencia deja al desnudo la peor consecuencia de un elemento que tienen en común con la mediatizada nota al “rey de la hidrovía”: las drogas. La edición de la nota fue un elemento diferente de lo que se esperaba de una entrevista como esa. Porque si bien es comprensible que en el terreno neutral elegido por el entrevistado la periodista tuviera sus limitaciones y temores, en la isla de edición el escenario es otro y ahí hubo concesiones que fueron la comprobación de un pacto asumido previamente que opacó el pretendido nivel periodístico, ese que faltó a la cita. Mientras, la figura del narco bueno (“no todos los delincuentes son malas personas”) se da de frente con las muertes que genera su rubro, miles de uruguayos asesinados se acumulan en esta administración (y se suman tantos otros de gestiones anteriores).

Los homicidios no dejan de crecer, pueden pasar algunos días sin novedades, pero a poco que respiramos un nuevo empuje aparece y como un efecto contagio a uno le sigue otro y otro, y a cuál de todos peor. Los conflictos interpersonales, lo mal que nos tratamos los uruguayos a veces, llevan a generar episodios que se resuelven de la peor manera. Y por si fuera poco, la droga empeora y amplifica el problema.

Otros iracundos

La ira, uno de los pecados capitales que retrata Dante en su Divina Comedia, es -muchas veces- la razón que genera consecuencias trágicas e irreversibles. Esa acumulación de adrenalina junto al incremento del ritmo cardíaco como respuesta ante una amenaza o como reacción a una provocación, es el disparador de comportamientos que luego no se pueden revertir. La ira no deja lugar al pensamiento analítico, ese que nos lleve a pensar las consecuencias de nuestros actos antes de actuar, es decir, prever los hechos posibles y evitar un acto irracional. Claro que decirlo es mucho más fácil que hacerlo, en el momento justo en que se dispara ese mecanismo natural que desencadena efectos de semejante trascendencia, actúan otros factores, entre ellos, el instinto de supervivencia.

Pero la ira no siempre actúa sola, muchas veces va acompañada de otros elementos o sustancias que la potencian y la llevan a situaciones límites que -sin esos aditivos- no se concretarían: las drogas.

Entonces, con ese elemento presente cada vez con más incidencia negativa en la sociedad, presentar a Marset como un “narco bueno” se da de frente con todo lo que implica la principal actividad que desempeña. Una actividad que acumula muerte y dolor en miles y miles de personas. No hay nada que lo santifique sino todo lo contrario.

¿Bandas de narcotráfico?

Cuando se hablaba de las bandas de narcotráfico en las gestiones frenteamplistas, el actual presidente de la República -fungiendo como Senador- relativizó el argumento; hecho que quedó registrado para el archivo y que lo dejó en evidencia como un absoluto desconocedor de la realidad uruguaya. Hoy, en que su lugar es otro, nada dice de aquella afirmación y su gobierno está en medio de un escándalo internacionalmente conocido al entregar un pasaporte al narco más buscado de la región. Justo él, que decía que el narcotráfico nada tenía que ver con los homicidios, hoy está al mando de una gestión que va camino a superar las cifras de muertes violentas (homicidios) del quinquenio pasado. Una cifra escandalosamente alta si se considera que hubo dos años de pandemia que incidió en la baja de los delitos en todo el mundo.

Acá en el país, el efecto rebote pos-pandemia nos viene asolando con cifras que -de mantenerse la tendencia actual, superarán los homicidios del período 2015-2020.

¿Maquillándolo todo?

Una denuncia por maquillaje de las cifras de delitos duerme la siesta en Fiscalía, es la relativa a los datos de delitos de la Jefatura de Durazno, que lleva mucho -demasiado- tiempo sin avances. Si las palabras del ex coordinador de la Jefatura de Maldonado pidiendo que no registraran abigeatos porque después “los mataban con las cifras”, parecía mucho, lo de Durazno fue la confirmación de una orden no escrita pero bien ejecutada de no registrar. ¡¡Así bajaron las estadísticas!!

Otro caso: hace una semana que se buscaba a un chico de 16 años en Minas, departamento de Lavalleja. La familia y los amigos inundaron las redes sociales con su foto pidiendo información de su paradero. Hace un par de días apareció su cuerpo en la orilla de un arroyo y, de no ser por funcionarios municipales que se negaron, la Policía lo hubiera enterrado como NN y asignado su muerte como dudosa. El jovencito apareció envuelto en una sábana, con un tiro en la cabeza y esposado, según versiones que nos hicieron llegar. La noticia de su investigación como homicidio se publicó recientemente; de no ser por la presión en redes sociales y la valentía de aquellos funcionarios, este homicidio se ocultaba.

El periodista Gabriel Pereyra se pregunta lo que muchos: ¿Qué está pasando en Minas?, y nosotros agregamos: ¿Qué está pasando en la Policía? ¿Hay orden de no registrar, nada menos que un homicidio?

Esto merece una investigación seria que haga de la transparencia una realidad y no un mero eslogan propagandístico. Ocultar la realidad solo empeora las cosas y deja al descubierto un manto de impunidad que nada bueno presagia.

La violencia tiene muchas caras y se manifiesta de diferentes formas, pero siempre con los mismos resultados: dolor y muerte.

No todo es culpa de la droga, claro que no, pero en esta carrera de dolor y muerte, lleva muchos cuerpos de ventaja… demasiados.

Marset negocia -según varios medios de prensa- su entrega y la de su familia por delitos menores en nuestro país. Todo parece ir cerrando en una estratégica operación mediática que le permita llegar a ese objetivo. Algo parecido con cierto pasaporte que le permitió la libertad estando preso en una cárcel de Dubai.

La entrevista giró entorno a la versión del entrevistado, la que -extrañamente- coincide con la que viene dando el gobierno sobre el tema del pasaporte. Algo que no es otra cosa que la confirmación de que el gobierno uruguayo se aferró a la tesis de la defensa de Marset en el caso, lo que le permitió su liberación. Como dijo Yamandú Orsi, es -por lo menos- raro…

El gobierno está a la defensiva y en medio de una trama en la que se metió solo y de forma consciente por más que pretenda fingir demencia o ignorancia. El presidente debe explicar las razones que llevaron a este estado de situación. El mismo presidente que ironizaba con las bandas de narcotráfico y ahora está complicado por un narco peligroso y pesado que no es ningún romántico ni mucho menos ejemplo para nadie.

Mientras tanto, la epidemia de los homicidios sigue y el romanticismo narco no nos salvará de nada, sino todo lo contrario…

el hombre miraba una entrevista,
el perro ladraba al televisor…

Julio Fernando Gil Díaz
«El Perro Gil»

 

 

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