Pensando el escenario Macri-Milei: la empresa privada como referente social

Pasadas las elecciones en Argentina, la sorpresa de la contundente victoria de Milei y el previsible apoyo que deberá tener en Macri, aparecen las primeras señales de lo que sin grandes sorpresas se viene luego del 10 de diciembre en cuanto al lugar del Estado y la empresa privada: recortes masivos en gastos del Estado precisamente (menos en seguridad), paralización de obras públicas, privatizaciones, estímulos hacia la mayor presencia de transnacionales, entre otras. Sin embargo, mucha menos atención se presta a los esquemas cognitivos, las actitudes y la prescripción de comportamientos que seguramente se busque impulsar a modo de fórmula mágica de resolución de problemas. De algo de esto hablaremos en este artículo.

Por supuesto, no es sólo un tema de la Argentina que se viene pues es un tema global que se viene instalando hace años. Ni siquiera se restringe a las opciones de derecha (incluyendo la ultraderecha, claro), pues también excede a las mismas en términos del abanico político. Se trata de la construcción del individuo en la sociedad “liberal”, de lo que se considera una persona exitosa, de cómo debe ser su trayectoria de vida, de la construcción de expectativas sociales en ese sentido. Y lo que seguramente va a ocurrir es que todo esto se va a enfatizar desde el nuevo gobierno mientras paralelamente se busque transformar el Estado heredado, haciéndolo más funcional al capital global.

¿Cuáles son entonces concretamente estos parámetros de la vida en sociedad?. En un capítulo de mi libro “Ver más allá de coyuntura” le llamé la colonización empresarial de la vida. El título es menos provocativo de lo que parece y procura dar cuenta de esa pedagogía, a veces explícita y a veces silenciosa, que procura colocar como referente de actitudes y comportamientos sociales a la empresa privada. Es decir, ¿hay que mejorar la gestión de algo?, pues tomemos el ejemplo de la empresa privada; ¿cómo manejarse ante las incertidumbres del futuro?, pues tengamos actitud emprendedora y no temamos a los riesgos que sería una especie de ADN de los grandes empresarios; ¿cuál es la fórmula para abrirse paso cuando estamos actuando en ámbitos tóxicos donde se imponen conductas corporativistas y a veces casi mafiosas?, pues tengamos actitudes de líderes del siglo XXI.

Lo que implica la colonización empresarial de la vida es mucho más amplio que situaciones que lleven a preguntas y respuestas como las anteriores, pero se trata de un aspecto central que se puede resumir en una fórmula simple: todo lo referente a la gestión y comportamiento empresarial se vuelve un referente, un sentido común que atraviesa toda la sociedad. Y en tanto tal, se sistematiza como “técnico” y adquiere carácter de neutralidad ideológica de modo que –como se adelantó- hasta las propuestas de partidos políticos que no necesariamente se ubican en el espectro de la derecha política las toman acríticamente. Dicho esto, se asume que la Argentina M-M que se viene procurará acelerar y profundizar este recurso simbólico y de prescripción de prácticas sociales en el sentido de que de alguna manera todos somos o podemos ser “emprendedores”, desde un repartidor de plataforma digital hasta el CEO de una transnacional.

Hay antecedentes de ello, aunque también es cierto que el abuso del recurso tiene el peligro de provocar el efecto contrario al deseado. Un ejemplo posible puede ser una breve nota del periódico argentino PAGINA 12 del 18 de agosto de 2017 –gobierno del presidente Macri- extraída de mi archivo y que puede ilustrar el punto. Decía textualmente ante el aniversario del fallecimiento de San Martín (ocurrido el 17 de agosto de 1850): “a 167 años de su partida recordamos al padre de la patria, un emprendedor que nos dejó el legado de la libertad. Un orgullo”. Con esta frase, el Ministerio de Modernización, Innovación y Tecnología de la CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) quiso homenajear al Libertador. La definición del general San Martín como “emprendedor” disparó cientos de memes: “Un emprendedor se pone un parripollo pelotudos, San Martín liberó América!” tuiteó un usuario. Otros: “Después del Alto Perú se puso unas canchitas de Paddle”, o “Estaba entre poner una cervecería artesanal o liberar América”.

Las repercusiones críticas elegidas muestran que el sentido común –y es razonable que así sea- asocia emprendedor con “emprendimiento” y generar un pequeño comercio o establecimiento puede entrar en el esquema. Pero lo que subyace en los comentarios irónicos anteriores –y es el foco de atención aquí- es la tendencia a igualar en la forma de comportarse figuras muy diferentes actuando en contextos sociohistóricos radicalmente diversos como Einstein, Steve Jobs o el dueño de un pequeño autoservicio. De hecho, estas confusiones interesadas son frecuentes en la bibliografía empresarial.

Al asociarse la trayectoria de un individuo con una actitud emprendedora, subyace la idea de saber “gestionarse” empresarialmente ante los desafíos de la sociedad. De este modo el individuo “invierte” en su educación, preferentemente privada, que a su vez debe estar preparada para formar al “capital humano” adecuado a los requerimientos del “mercado”. En ese marco el individuo aprende además a gestionar su conducta, su presentación pública y sus “emociones” y a tener “espíritu empresarial” en los distintos espacios sociales (no solamente el lugar de trabajo).

Claro que pueden aparecen problemas en las trayectorias de vida. De este modo, digamos que, por ejemplo, una persona de unos 50 años tiene meses de estar desempleado: pues tal vez no ha tenido una verdadera actitud emprendedora y no ha buscado con suficiente empeño. Además, ¿no debería pensar que no ha hecho el suficiente esfuerzo e inversión en formación o en reciclarse en función de las demandas del mercado?. Incluso tal vez ni siquiera presente bien su CV. Digamos que la fórmula podría ser: “¡es su problema!, pero anímese, recuerde que la verdadera actitud emprendedora está en quien se levanta de nuevo”. De ninguna manera debería pensarse que es un problema de la sociedad en su conjunto o del Estado en sus políticas, que tal vez, incluso, hasta puede apoyarlo con un curso de emprendedurismo.

Una de las grandes transformaciones en el siglo XXI es que todos debemos ser gestores de nosotros mismos, de nuestras propias vidas. Se podría decir, de saber “venderse” en todo momento. El célebre filósofo coreano radicado en Alemania, Byung-Chul Han, ha señalado este punto muchas veces, pero la verdad es que sus pequeños libros tienden más bien a decir que eso pasa sin explicar mucho por qué pasa. Y al final no se dimensiona adecuadamente que existe una “casta” (aprovechemos la expresión de moda colocada por Milei) de financiadores (grandes empresas), expertos, académicos, comunicadores, políticos que tratan de imponer esquemas cognitivos de orientación que tienden a igualar gestión empresarial privada con eficiencia, eficacia, mejor organización, capacidad de lograr los mejores resultados a nivel individual y colectivo.

Claro que mientras termino este artículo, leo sobre las maniobras de grandes cerealeras en Argentina para fugar capitales, pero digamos que es un pequeño detalle, incluso hasta se podría descubrir en esta mención un resentimiento “sesentista” que nada contribuye a pensar nuestros países…

Una de las claves para pensar lo que vivimos actualmente en la región es que se requiere conocimiento social alternativo a modo de antídoto. Aquí van entonces, muy brevemente, un par de elementos en ese sentido. En primer lugar, un proyecto alternativo debería impulsar experiencias con gestión colectiva y para ello se necesitan un conjunto de saberes teóricos y prácticos sistematizados que intenten escapar de la literatura hegemónica. Una de las bases para ello es entrenar el pensamiento crítico que permita abrir otros horizontes de posibilidades. En segundo lugar, se debe estar atento para desestructurar los abusos terminológicos pues no son nada ingenuos: no se puede colocar en una misma categoría quien esté relacionado con una start-up y tenga contactos sociales de alto nivel, y quien amplía su pequeño comercio tratando de sobrevivir autoexplotándose. Claro, esto no debería asombrar, si el disparador de este artículo es alguien que ganó las elecciones en Argentina abusando notoriamente de la expresión libertario y de eliminar “la casta”.

Dr. Alfredo Falero

27 de noviembre 2023

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