Biden se ahoga defendiendo a Netanyahu

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La administración Biden debe evaluar la conducta de Israel y pedirle cuentas, le reclama el poderoso Council of Foreign Relations (CFR; Consejo de Relaciones Exteriores). Lo hace en público, y a través de su publicación bimestral Foreign Affairs.

A criterio del CFR, no hay indicios serios de que el rumbo político de mantener el apoyo de EEUU a Israel a cambio de favorecer que la democracia israelí desplace al actual gobierno de Benjamín Netanyahu y se inicie el camino hacia la solución de Dos Estados.

El agotamiento de los tiempos políticos del gobierno de Joe Biden para producir un cambio, CFR elige señalarlo en público, y Foreign Affairs opta por medirlo con las cifras del Ministerio de Salud de Gaza: 27.000 muertos y 60.000 heridos desde la represalia israelí al ataque de Hamas del 7 de octubre. Un 75% de la población gazatí de 2,3 millones, 1,725 millones de personas, ha sido desplazada. El 18% de la población, 400.000 personas, sufre de inanición debido al bloqueo israelí.

El CFR incluye entre sus 5.103 miembros a altos cargos políticos; entre ellos, más de una docena de ex secretarios de Estado, directores de la CIA, banqueros, abogados, profesores y destacadas figuras mediáticas. El CFR promueve la globalización, el capitalismo de Estado, la reducción de las regulaciones financieras sobre las corporaciones transnacionales y la consolidación económica en bloques regionales como el NAFTA o la Unión Europea, y desarrolla políticas de gobierno que reflejan estas metas.

A las reuniones del CFR se convoca a funcionarios gubernamentales, líderes empresariales mundiales y destacados miembros de la comunidad de inteligencia y política exterior para discutir temas internacionales. El CFR publica la revista Foreign Affairs y dirige el Programa de Estudios David Rockefeller, que influye en la política exterior haciendo recomendaciones a la administración presidencial y a la comunidad diplomática, testificando ante el Congreso, interactuando con los medios de comunicación y realizando publicaciones en materia de política exterior.

Sobre la cuestión de si Israel ha violado o no el derecho intrenacional con su acción bélica, el artículo de Foreign Affairs, firmado por Sara Yager, consigna que “de hecho, una gran cantidad de información disponible públicamente sugiere que Israel lo ha hecho”.

Estados Unidos es el aliado más importante de Israel y su mayor fuente de ayuda y equipo militar. Desde la fundación de Israel, en 1948, ha recibido acumulativamente más ayuda exterior estadounidense que cualquier otro país durante ese período: 300.000 millones de dólares, (cifra ajustada a la inflación), y otros 10.000 millones de dólares están potencialmente en camino.

La ley estadounidense exige que el Departamento de Estado garantice que la asistencia de seguridad estadounidense no se destine a fuerzas de seguridad que cometan sistemáticamente graves violaciones de los derechos humanos. Y la política estadounidense actual también exige que el departamento evalúe si es “más probable que no” que un receptor de ayuda militar estadounidense utilice armas estadounidenses para violar el derecho internacional, y en consecuencia prohíba las transferencias a cualquier país que cumpla con ese criterio.

Sin embargo, especifica Foireign Affairs, hasta ahora no está claro si el Departamento de Estado ha realizado estas evaluaciones. Altos funcionarios estadounidenses han presionado pública y privadamente al gobierno israelí para que minimice el daño a civiles y permita la entrega de más ayuda humanitaria a Gaza. Ya en noviembre pasado, el Secretario de Estado Antony Blinken declaró que “demasiados palestinos han sido asesinados” por las fuerzas israelíes y dijo que era “imperativo” que Israel tuviera un “plan claro que dé prioridad a la protección de los civiles”. En la reunión del Foro Económico Mundial celebrada en Davos el mes pasado, Antony Blinken reiteró esa observación: el número de muertos civiles, dijo, era “demasiado alto”. El secretario de Defensa, Lloyd Austin, entregó un mensaje similar a las autoridades israelíes al comienzo de la guerra y, pese a un entorno desafiante, envió asesores estadounidenses a Israel para asesorar a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) sobre moderación.

Y, sin embargo, aparte de la advertencia aparentemente improvisada del presidente Joe Biden en diciembre pasado sobre el riesgo para la reputación que corría Israel al llevar a cabo “bombardeos indiscriminados”, los funcionarios estadounidenses han evitado afirmar claramente que cualquier acción israelí en particular en Gaza fuera inaceptable. Es más: portavoces de la administración Biden pasaron días licuando el comentario de Biden). Cuando los periodistas hicieron preguntas directas a los funcionarios estadounidenses sobre la conducta de Israel en Gaza, voceros de al menos Casa Blanca y Pentágono evitaron dar respuestas claras, y derivaban las inquietudes a las autoridades israelíes, que no las evacuaban.

En estas declaraciones oficiales y en muchas otras faltaba notablemente cualquier pronunciamiento afirmativo de que Israel de hecho estuviera respetando el derecho internacional. Si los funcionarios estadounidenses creyeran que Israel lo está haciendo (o que al menos está tomando todas las medidas posibles para evitar dañar a los civiles en circunstancias difíciles), lo dirían con entusiasmo. No lo han hecho, aunque la administración Biden no ha tenido reparos en criticar la conducta de otras partes en conflicto en otros conflictos, señala el artículo.

La razón, interpreta Foreign Affairs, es que llamar más la atención sobre lo que está sucediendo en Gaza casi seguramente obligaría a un cambio de política que Biden no quiere hacer. Enfrentaría a su administración a una serie de decisiones difíciles que preferiría evitar. Y complicaría aún más la ya compleja dinámica de la relación entre Estados Unidos e Israel y posiblemente crearía una vulnerabilidad política para Biden en un año electoral.

Pero mientras la administración eluda la realidad de los abusos israelíes en Gaza y aplique selectivamente las reglas de la asistencia militar, la autoridad moral reclamada por Estados Unidos se desvanecerá aún más, asegura esta visión crítica.

 

 

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