Amores vetados

Tiempo de lectura: 5 minutos

Las cajas están secas. Es de los sobres que contienen; allí hay lágrimas sin restañar. Y frustración, incomprensión, dolor. Vidas frustradas en su amor y una hija que no pudo siquiera conocer a su padre. Esa no pudo ser una familia como dios manda. Otro dios, no el de quien dispuso en reserva impedir que mujeres españolas continuaran las relaciones con marroquíes; no solo soldados sino inmigrantes que se desperdigaron por toda la península. Se encontró una orden de 1937, por la que debían imponerse «tantas dificultades como fuera posible» para impedir estas relaciones «sin prohibirlas abiertamente»,

Pero el ejercicio de la prohibición es anterior. Se inició en las turbulencias de la guerra en Marruecos a partir de 1912, y luego, con los soldados marroquíes que llevó Francisco Franco a su golpe de Estado contra la república española y a la guerra civil que terminó en 1939. Esas relaciones eran una amenaza constante a las concepciones retrógradas del régimen franquista, pues bajo el dominio colonial, la vida seguía latiendo, y se daban  amistades, noviazgos, encuentros sexuales y matrimonios.

Durante décadas, las autoridades coloniales del protectorado español en Marruecos se apoderaron sistemáticamente de este correo, por orden impúdica de Franco. Las relaciones debían ser impedidas, pero en reserva, porque el régimen de Franco dependía de la lealtad de los soldados marroquíes. Y las razones del franquismo están en la ideología reaccionaria de la dictadura. La medida se enmarcó en su agresiva misoginia, en el control rígido de la movilidad de las mujeres y en restringir su acceso al empleo. En cambio, los hombres españoles, en coherencia con estas concepciones, no tenían obstáculo del régimen para sus relaciones con mujeres marroquíes; y puede que también con hombres, si eran discretas.

Desarrollar esta política durante tres o cuatro décadas tiene que haber implicado inteligencia militar y fuerzas combinadas del Estado, en un número y con un costo que sería interesante saber, para agregar al reproche. El cometido era hacer imposible lo que no era ilegal.

Ay, Carmela. En 1948 se interceptó su carta desde Zaragoza a su amante Abdeselam en Marruecos. Las autoridades de Tetuán prohibieron inmediatamente a ambos cruzar al lado opuesto.

En la carta, Carmen daba noticias de su hija, que ahora crecería sin siquiera ver a su padre. 

En Salamanca, Concha conoció a Nasar, un soldado marroquí. Pidió permiso para casarse con él en 1938. Pero no. Y las autoridades censoras de la vitalidad agregaron su disgusto hacia Concha, a la que despreciaron por ser “vieja, fea, gorda como un hipopótamo y con una ligera cojera», y dejaron constancia de sospechar que el interés de Nasar sólo se debía a que Concha tenía una casa, “lo que despertó su amor volcánico».

Franco, que no había sido católico practicante, se hizo ferviente defensor del catolicismo en procura de respaldo a su despótica acción. Como defensor del catolicismo, consideraba que las mujeres que se casaban con hombres musulmanes eran consideradas «perdidas para la fe». Pero la razón más importante, encontró la investigación que halló las cartas, fue lo que los funcionarios llamaron «prestigio de raza». Para que el dominio colonial continuara, España tenía que ser vista como superior a Marruecos. El matrimonio era para el franquismo la subordinación de una mujer a un hombre. Y si se sabía de la sumisión de una mujer española a un hombre marroquí, se socavarían las bases mismas de la dominación colonial. Todo ese poder dependiendo solo del sexo.

La interdicción siguió hasta la década de los ’50. Allí quedó, sin respuesta, el “dime que no estás mirando a ninguna otra mujer», escrito desde Granada en 1944; el silencio que respondió fue seguramente una ausencia que castigó, tal vez fomentando la sospecha de que sí, que él lo estaría haciendo; ese ácido la corroyó no se sabe cuánto ni cuanto tiempo. Con la declaración de independencia de Marruecos en 1956, el gobierno protectorado de Tetuán cerró, y sus archivos terminaron en su mayoría cerca de Madrid, en los archivos centrales de la administración en la ciudad universitaria de Alcalá de Henares. Allí encontraron estas cajas los académicos Josep Lluí y Nieves Muriel García, despejaron el polvo tan conveniente a la censura, y descubrieron su latente contenido.

En fin. La guerra terminó en 1926 con el triunfo colonial, y Franco hizo de Marruecos la base desde donde lanzaría la contrarrevolución en 1936. Por qué quedó diez años más en Marruecos encuentra hoy una respuesta que no es cabal. Es allí, se dice, donde se forjó la leyenda de Franco, el militar que no temía, parado ante el fuego enemigo como si amara a la muerte. Sus compañeros de armas le decían “el sin mujer”, porque no se le conocía otra conducta que la de abstinencia sexual. En 1923 pide licencia para ir a casarse con Carmen Polo Martínez Valdés, una mujer de familia acomodada de Oviedo que se oponía al matrimonio, a la que en Madrid se le pone el mote de La Collares.

«Era como muy provinciana vistiendo: mucha plata y muy oscuro todo. Yo creo que porque Franco, como Pinochet, representaba a esa clase de medio pelo que ascendía al poder y hacía gala de ostentación, avaricia y una falta de gusto tremenda», afirman hoy entre risas sus ex biógrafas. Maruja Torres recuerda haber escrito para la revista Garbo “la bellísima hija del Generalísimo y su extraordinaria mujer…». Dejó así en claro el servilismo hacia este símbolo de una época cada vez más lejana. «Un auténtico coñazo», remata Torres.

«No sé si tuvo mucha vida sexual con La Collares, pero también debía ser horrible para ella», comentó la periodista Maruja Torres ante las imágenes del noticiario oficial que los muestran en actos castrenses y religiosos. La visión es compartida por Rosa Villacastín: «Me quedé atónita cuando vi el palacio de El Pardo (donde vivían) por dentro. Era todo oscuro, el dormitorio de matrimonio tenía dos camitas pequeñas y la de la hija, Carmen Franco, era más pequeña que la mía”.

Con el tiempo, que sabe revelar, se supo que Franco tenía un solo testículo y padecía de fimosis. Este mal se produce cuando el orificio del prepucio es demasiado estrecho para dejar salir al glande y éste no puede retraerse debidamente. Se arregla con una simple circuncisión, a la que Franco se negaba: “lo que hizo Dios, no debe tocarse”, parece que alegaba. También está el tema de que hacerlo es un (sano) ritual judío, pero eso no fue mencionado. Tienen una sola hija en 1950, Carmen, producto de relaciones necesariamente dolorosas para Francisco Franco.

Carmen Franco se casa con Cristóbal Martínez-Bordiú y Ortega, X marqués de Villaverde, duque consorte y grande de España. Era un cardiólogo, cirujano y aristócrata español, conocido como “el Yernísimo”, que resultó no ser del agrado del dictador. Sobre las relaciones familiares, esta anécdota puede ser ilustrativa: Durante una cena, Villaverde estaba hablando de algo y Franco empezó a reírse de repente. Le preguntaron: «Paco, ¿de qué te ríes?». Y él contestó: «De que Mussolini mandó matar a su yerno».

Franco se enroló a los 19 años y quiso ir a la guerra de Marruecos que justo se iniciaba, para su entripado, lo más lejos posible de su Ferrol natal y de un padre que lo castigaba a él y que le rompió un brazo a su hermano Nicolás al encontrarlo masturbándose; padre al que nunca más vio. Era entonces 1912, y España había reclamado soberanía sobre parte de Marruecos como protectorado, dividiendo el país en dos zonas, junto con Francia. Los combatientes de la comunidad bereber resistieron esto, de manera más notoria en la larga y sangrienta Guerra del Rif entre 1921 y 1926, en la que el ejército español fue diezmado por las fuerzas lideradas por Abdelkrim al-Khattabi.

Franco sobrevivió. Recibió una pequeña herida y combatió hasta derrotar a los marroquíes ese año de 1926. De las víctimas de sus deliberadas frustraciones al amor que él no podía hacer, nada se supo. De él, que sufrió un infarto y once días después, el 25 de octubre de 1975, se le administró la extremaunción. Pero se lo mantuvo vivo, mientras su entorno encaraba el desafío de encontrar una solución acorde con sus intereses. Finalmente, se lo dejó morir el 20 de noviembre.

 

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.