por
César Barrios
Un nuevo año
está terminando y con el cierra un período donde el
gobierno no se animó a introducir una serie de medidas que
podrían haber terminado el 2000 con mejores números para
el sector fiscal. Es que el miedo paraliza y eso quizás
afectó al equipo económico que prefirió bajar el déficit
de manera discreta sin lograr la reactivación. Según los
cálculos primarios, el déficit fiscal se encontrará en el
entorno de los 700 millones de dólares (el gobierno anuncia
U$S 650 millones), con un crecimiento cero en el PBI y una
caída en la recaudación.
De esto se
puede inferir algo lógico: el déficit baja ( en 1999 fue
de unos U$S 980 millones) por el recorte del gasto y no por
mayores ingresos, lo que traducido a la realidad es la
apatía que nos envuelve. Es que para lograr una rápida
reactivación se habían planteado diversas medidas, a
saber: una rápida desmonopolización de servicios básicos
y una baja y generalización del IVA (el principal
impuesto). Estas dos medidas podrían haber logrado comenzar
el 2001 con una mejor "perfomance", ya que en el
tema de desmonopolización los interesados en ingresar al
mercado se comenzarían a interiorizar para invertir en el
correr del año próximo y la baja del IVA habría
repercutido en mejores condiciones de competitividad para el
sector turismo.
Pero nada se
hizo. En la desmonoplización, pequeñas medidas se toman en
la leyes de urgencia y en el caso de la baja del IVA...queda
para otro momento.
Para el
equipo económico, una rápida desmonopolización significa
menores ganancias para las empresas públicas y por lo tanto
una caída en las transferencias al gobierno y en el caso de
la baja del IVA temieron que la recaudación cayera
demasiado, y que la medida no contribuyera a aumentar la
reactivación.
Hay que
admitir que ambos miedos son aceptables, pero son eso:
miedos. Todos sabemos que la desmonoplización trae mayor
inversión, lo que son más puestos de trabajo y un
crecimiento del PBI. En el caso del IVA su baja puede
provocar en un primer tiempo una caída de la recaudación.
Pero la reactivación se logra, ya que al haber más pesos
circulando, la reactivación se da, porque acá nadie
ahorra, y eso el equipo económico lo sabe. Basta pensar que
un punto de IVA son cerca de U$S 90 millones. Una baja de 6
puntos significaban U$S 540 millones más en los bolsillos y
causaba un efecto psicológico sobre la población muy
importante, ya que "algo bajaba en Uruguay".
Pero el miedo
los paralizó. Quedaron atados, porque el interés primario
es también decir que no se tomarán medidas arriesgadas,
las cuales puedan comprometer el valor de la deuda pública.
Claro que el que no arriesga no gana, y es quizás por eso
que el gobierno está perdiendo el partido.