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¿La próxima revolución científica?

por el Dr. Fernando Rama

Tal como están los cosas nos hemos habituado a las revoluciones científicas, hemos perdido la fascinación por las revoluciones sociales y vivimos con perplejidad las consecuencias sociales de los grandes avances tecnológicos de la época. La revolución informática, el desciframiento del genoma humano y sus posibles y diversificadas aplicaciones tecnológicas no dejan de alimentar una creciente literatura cuyo contenido son representaciones del futuro, preocupaciones éticas y culturales, afán de desentrañar las consecuencias sociales de cambios cuya magnitud percibimos ya en el presente un número cada vez mayor de individuos. El fenómeno es nuevo por la acumulación de nuevos descubrimientos, por la generalización rápida de la tecnología y por el impacto económico-social inmediato de muchas de estas novedades. Pero no deja de ser un fenómeno viejo si nos atenemos a la noción según la cual la innovación ha sido siempre, y lo seguirá siendo, un problema más humano y social que meramente tecnológico.

Estas reflexiones preliminares tienen como objetivo introducirnos en una de las fronteras que el conocimiento humano se ha planteado durante siglos pero que ahora comienza a cobrar una nueva perspectiva, precisamente en función de los avances en otras áreas del saber. Nos referimos al llamado problema de la experiencia consciente. ¿ Es posible o imaginable que algo como la experiencia consciente pueda emerger sobre bases puramente físicas? ¿ Es concebible que las sensaciones subjetivas y la emergencia de una perspectiva interna sean parte de un orden natural? ¿ Estamos confrontados, al respecto, a un misterio último que nunca será resuelto?.

Así planteado el problema carece, hoy por hoy, de respuesta. En primer lugar no sabemos que es la conciencia ni tenemos una solución convincente para orientarnos hacia una definición. En segundo lugar, se trata de un problema que implica por definición autoconocimiento, dado que siempre nos referimos a nuestra conciencia. En tercer lugar, las nuevas ideas acerca de la conexión entre conciencia y cerebro no sólo tendrán impacto en las neurociencias y en las investigaciones en torno a la inteligencia artificial, sino que tendrán ramificaciones sociales y culturales probablemente mayores que todas las anteriores revoluciones científicas.

En los últimos diez o quince años ha aumentado el interés por el tema que podríamos definir como el de una nueva teoría de la mente, que será en especial una teoría acerca de la naturaleza de la experiencia consciente. Las nuevas preguntas y los primeros intentos de respuesta han llegado desde de campos diversos, la física cuántica, la neurobiología, la ciencia cognitiva y otros. La conformación de este campo interdisciplinario tiene, como peculiaridad, el rol de los filósofos en su conformación y en su afianzamiento. Son ellos quienes se han ocupado del tema durante siglos, en sus orígenes el concepto de conciencia es un concepto filosófico y sin todo el saber acumulado en este dominio resulta problemático que el nuevo saber empírico dé a luz una revolución científica de primer orden.

Resulta obvia la trascendencia que para la psiquiatría posee cualquier avance que se realice en esta compleja área del conocimiento; es más, considero que la construcción de una aproximación más coherente de la experiencia consciente es la vía principal para acabar con las tribulaciones de la disciplina a lo largo de su historia. Después de todo la teoría del inconsciente no es más que un intento, sin duda originalísimo e imaginativo, para abordar este problema. Proponerse la solución del problema no es, por otra parte, intentar salir de una aporía conocida; también podría ser la forma de promover nuevas explicaciones para la siempre esquiva relación entre ciencia, tecnología y sociedad. Pero aún debemos ahondar mucho más en el problema antes de comentar algunas de las soluciones que han sido propuestas. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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