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Que fue y que
puede llegar a ser el Foro Social Mundial
por Carlos
Baráibar
Representante Nacional
Una morena sobre
el escenario, en top less, leyendo a Galeano, o la
presencia de los punks en un campamento juvenil, fueron, como
tantos otros, acontecimientos atractivos para los numerosos
periodistas que cubrieron el Foro Social Mundial (FSM) realizado
entre el 25 y el 30 de enero pasado, en Porto Alegre, con la
consigna "Es posible otro mundo". Y está muy
bien que se hayan reflejado en las crónicas del masivo
encuentro, porque expresan características destacables y
peculiares del mismo: la amplitud, la heterogeneidad, el
espíritu de libertad y la originalidad para manifestar ideas y
estados de ánimo. El Foro reivindicó, con el talante de estos
tiempos, el "prohibido prohibir" del legendario Mayo
francés de 1968.
Pero, al mismo
tiempo, el Foro Social Mundial de este 2001 globalizado y
neoliberalizado fue mucho más que una protesta original o una
reedición de la eclosión contestataria de los '60. Obreros
sindicalizados, trabajadores informales, estudiantes
-organizados y no tanto-, movimientos ecologistas, ATTAC de
varios países, jóvenes que llegaron -con muchas guitarras y
escaso equipaje- desde remotos lugares en representación de
masivas organizaciones o representándose a sí mismos, ONG de
las más diversas procedencias, técnicos y luchadores sociales,
políticos y personas que recelan de la política (o que han
dejado de creer en ella), religiosos y agnósticos, científicos
sociales y perseguidores de utopías, gente de todas las edades,
de todas las razas y de todos los continentes protagonizaron el
más importante encuentro social alternativo al neoliberalismo y
al orden mundial que se nos impone desde los centros de poder.
De 122 países
-desde Estados Unidos hasta el más pobre de Africa- llegaron 15
mil visitantes (protagonistas) que ocuparon con sus carpas 50
hectáreas, llenaron hoteles o fueron objeto de la hospitalidad
de centenares de familias riograndenses; que constituyeron casi
medio millar de talleres; que debatieron en multitudinarias
plenarias en la Pontificia Universidad Católica, y que, por
sobre todo, como lo destacó Fray Betto, produjeron. Produjeron
no solo una multifacética protesta, una "admirable
alarma" mundial, sino que también pusieron sólidos
cimientos para construir una propuesta alternativa que, para
llegar a ser, deberá continuar nutriéndose con los aportes de
nuevos foros y con lo que desde cada país seamos capaces de
incorporar.
El Foro Social
Mundial es un hito hacia la forja, en este mundo de exclusiones,
de esa nueva ciudadanía universal que levantó su voz en Porto
Alegre. Y se hizo sentir: del otro lado, en Davos, la
preocupación central no fue la que quisieron estampar en su
agenda los organizadores (o sea, los que toman las grandes
decisiones en el mundo), sino el temor a la protesta. Porto
Alegre se instaló en las deliberaciones de Davos; fue el
inevitable convidado de piedra.
Claro, a
diferencia de lo que aconteció en Porto Alegre, en Davos no se
encontraron las respuestas. Pero les resultó imposible no
formularse las preguntas: ¿A dónde puede llegar un mundo donde
la capacidad de producción de alimentos sobrepasa las
necesidades, pero donde casi mil millones de seres humanos
están subalimentados y más de cinco mil millones padecen
necesidades? ¿Es democrático que la fortuna de los 300
magnates más ricos supere los ingresos de casi dos mil
quinientos millones de habitantes de los países más pobres?
Tuve el honor de
ser designado por los organizadores para exponer una ponencia
sobre "El papel del Parlamento en la construcción de la
alternativa al neoliberalismo", que desarrollé en uno de
los paneles del Foro Parlamentario Mundial, realizado en el
marco del FSM. Allí tuve oportunidad de expresar mi convicción
de que este orden mundial que criticamos también es enemigo de
la democracia parlamentaria al predeterminar las políticas
internas de un Estado mediante orientaciones en los centros de
poder y en organismos internacionales donde los pueblos y la
mayoría de los gobiernos no tienen poder de decisión. No
aceptamos integrar parlamentos que solo puedan refrendar o
rechazar formalmente políticas impuestas desde afuera.
Esta
circunstancia nos otorga otra poderosa razón para coordinar
nuestros esfuerzos interparlamentarios, en lo cual también
hicimos hincapié, persuadidos de que aislados en nuestros
países, mirando solo al interior de nuestros parlamentos,
apelando únicamente a la fuerza de nuestras bancadas, por
numerosas que sean, no podremos afrontar este desafío.
Creemos, además,
que la actividad parlamentaria implica una función de
articulación entre los poderes públicos y la sociedad civil
que en esta época se torna especialmente importante. La
función que en tal sentido están llamados a cumplir los
parlamentarios progresistas es imprescindible en momentos en que
nos proponemos contribuir a vertebrar una gran respuesta al
neoliberalismo en cada país y a escala global.
Cabe destacar el
clima constructivo y de fraternidad que se vivió tanto en el
FSM como en el Foro Parlamentario. Ello sin mengua de las
naturales diferencias ideológicas y de posicionamiento ante la
realidad que todos queremos cambiar. Un cronista propenso a las
simplificaciones podría haber dicho que allí había
"radicales" y "moderados". Nosotros decimos
que en cuanto a posturas hubo muchos "cortes", en las
más diversas direcciones, pero que por encima de todo
prevaleció un afán constructivo y una madurez que, aun siendo
optimistas, no pensábamos encontrar en una reunión tan amplia
y tan heterogénea en cuanto a sus participantes. Es que, más
allá de la diversidad de procedencias, todos llegamos con
testimonios coincidentes acerca de los estragos que el
neoliberalismo viene haciendo por doquier. De estas
coincidencias va surgiendo este nuevo internacionalismo con
vocación de unir las resistencias dispersas y darle fuerza a la
opción alternativa.
El Foro Social
Mundial estuvo admirablemente organizado, y los mayores elogios
en ese sentido deben ir para los convocantes: las organizaciones
sociales brasileñas y los gobiernos progresistas del Estado de
Río Grande do Sul y de la ciudad de Porto Alegre. Por otro
lado, el Foro fue, en cuanto a la avalancha de inquietudes y
propuestas, un saludable desorden. Un desorden constructivo. Una
expresión de lo nuevo que se abre paso en el mundo, con
frescura, sin ataduras a viejos esquemas y desmentidas
certidumbres. Un desorden que se ordena en una fructífera
búsqueda, donde no hay dueños de las verdades ni verdades
indiscutibles. Pero que crea y avanza.
Junto a
centenares de uruguayos -entre ellos varios colegas
parlamentarios- que conformaron el Comité Uruguay del FSM
regresamos de Porto Alegre convencidos de que el camino
alternativo que delineamos y que habremos de construir es el que
deberá transitar un mundo que no puede seguir por este rumbo.
Eso sí, solo del esfuerzo -acompañado de paciencia y
perseverancia-, del trabajo cotidiano y de la capacidad para
amalgamar voluntades, deponiendo sectarismos, prejuicios y
egoísmos, dependerá que el sueño de Porto Alegre se haga
realidad. LA
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