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Batlle, el primer año de gobierno, y el aumento de los combustibles

por Raúl Legnani

Cuando en Suárez ya estaban prontos los globos, la torta y los confites para festejar el primer día de marzo el primer año de gobierno, nos enteramos de que los combustibles subieron 8,3% de promedio, donde el 50% del valor del litro de nafta correspondía antes del aumento, según el propio Presidente Batlle en el Consejo de Ministros, a impuestos.

El cumpleaños, con ese anuncio, quedó deslucido cuando las perspectivas eran otras aunque nada sencillas. El gobierno llegaba a su primer año de vida con buenas perspectivas, particularmente después de haberle ganado una gran pulseada a la oposición de izquierda, cuando ésta no logró el 25% del voto de la ciudadanía (el pasado 18 de febrero) para convocar a un referéndum que derogara 13 artículos de la ley de presupuesto que promueven, entre otras cosas, la instalación de una sociedad mixta en la playa de contenedores del puerto, con mayoría de capitales privados, la utilización por parte de empresas privadas de las vías de AFE y la posible transformación de Conaprole en una sociedad anónima.

Si bien los datos sociales más negativos se mantenían incambiados, como el 14,2% de desocupación en todo el país, el Presidente Jorge Batlle estaba logrando un nivel de aceptación de la ciudadanía por demás interesante. La empresa Fáctum le estaba adjudicando un nivel de apoyo del 39%.

A esto hay que agregarle una cierta simpatía general motivada por su política en favor de conocer la suerte de los detenidos desaparecidos durante la dictadura y por sus permanentes gestos de concordia y de diálogo a todo el sistema político, incluso a la primera fuerza del país expresada en el centro izquierdista Encuentro Progresista.

Antes de que Batlle sorprendiera con el aumento de los combustibles, también sorprendió con su actitud ante el resultado del 18 de febrero. Si bien no va con el talante de Batlle "calentar" al adversario (Sanguinetti hacía trascender después de cada intento de plebiscito fracasado que festejaba con champange francés), salió demasiado cauto cuando dijo que no había "ni vencidos ni vencedores" ante el fracaso de la consulta.

Incluso, de inmediato, hizo dar marcha atrás a la suba de las tarifas de Antel y puso en el congelador su intención, promovida en un comienzo por el Partido Nacional, de asociar a Ancel (la empresa estatal de la telefonía celular) con capitales privados, seguramente extranjeros.

La sensación que tuvo todo el país, en las horas previas al aumento de los combustibles, fue que Batlle dejaba de circular en tercera para hacerlo en primera, cuando sin soberbia pudo darle un nuevo impulso a su política de achicamiento del Estado y de asociación de las empresas estatales con los capitales privados. Apenas lanzó, sin una propuesta detalladamente concreta, la desmonopolización de la importación y exportación de los combustibles, pero buscando previamente acuerdo con todo el sistema político. Por ello no dudó en hablar con el líder encuentrista Tabaré Vázquez e incluso con el senador de izquierda José Mujica, que aún no se reponían de la derrota.

Esta actitud mesurada del Poder Ejecutivo, que contiene otro ritmo distinto al que pudo imponerle por su victoria ante el plebiscito, tiene como única explicación que ya sabía que su próxima paso era el aumento de los combustibles, medida que podía inflamar a los 500 mil uruguayos que en pleno verano habían ido a las urnas en oposición a su política económica.

De esta forma ese medio millón de derrotados pasaron a ser, para el Presidente Batlle, un problema y no un número importante de frustrados orientales. Y no solo un problema porque podían llegar con cierto éxito a derogar el intento de privatizar Ancel, sino que además porque puede llegar a ser un buen destacamento de militantes que a la hora de la protesta, en un país donde la desocupación no baja, terminen influyendo decididamente.

La respuesta que aún falta y que sólo la puede brindar el gobierno, es saber por qué se aumentan los combustibles en un porcentaje excesivamente abultado (en un año crecieron 31%), cuando el precio del petróleo está a 28 dólares el barril y recorriendo una lenta caída. Más cuando se había dicho por parte del propio gobierno que si el precio del barril llegaba a 25 dólares se podía estar en condiciones de bajar el precio de los combustibles en nuestro mercado interno.

Cuando se discutió el Presupuesto hubo un solo momento en que los economistas de derecha y de izquierda coincidieron, y fue en las críticas al aumento de los impuestos y a la introducción de otros. Con el aumento de los combustibles, aunque las soluciones a la situación no van a ser convergentes, se puede volver a plantear una situación similar en tanto el nuevo valor de los combustibles pone un nuevo freno al desarrollo productivo del país y a la reactivación económica, porque acrecienta el costo país.

Solo dos datos agregan más dramatismo a la situación: en el último trimestre de 2000 la venta de nafta cayó 14,6% y la venta de cemento Pórtland para obras públicas 74,6%, según datos del Banco Central

La única explicación posible de este tarifazo es que las arcas del Estado estén en una situación mucho más crítica que la prevista cuando a fines del pasado año se votó el Presupuesto. Si esto fuera así: ¿Qué pasó entre diciembre de 2000 y la primera quincena de 2001? Si no fuera así: ¿El déficit de las finanzas públicas para el año que está corriendo es mayor al que se informó en su momento? ¿Es correcto el dato de que déficit fiscal se ubicó cerca de los 800 millones de dólares?

Con este panorama, el futuro de la economía del país es incierto. Nuestros mayores deseos es que estemos ante un grave error de enfoque. Que así sea, por el bien de todos. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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