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El 18 de febrero hubo acto de adhesión

por Por Carlos Zapiola
Analista político,
(Director de Imagen Asesores en Opinión Pública)

El pasado 18 de febrero, Uruguay vivió por primera vez en su historia un llamado a un "Acto de Adhesión" en una sola oportunidad.

Todos los mal llamados "pre-referendum" anteriores, constaban de dos oportunidades en las que los impulsores de la impugnación a leyes enteras o artículos de las mismas podían intentar alcanzar la adhesión del 25 % de los ciudadanos habilitados para votar, teniendo así la posibilidad de definir en un plebiscito la permanencia o derogación de los artículos en cuestión.

Pero la reglamentación ha cambiado y ahora, en una sola oportunidad se debe alcanzar ese 25 %, o el plebiscito no se llevará a cabo.

Esa oportunidad única fue la del 18 de febrero, pleno verano, cerca del feriado de Carnaval, cuando buena parte de los uruguayos están más dedicados a sus vacaciones que a pensar en política.

Y aquí vale recordar, aunque sea imposible compararlas, las instancias anteriores en las cuáles la ciudadanía fue convocada a efectuar otros actos de adhesión.

El 5 de julio de 1992, mediante dos papeletas, una rosada que pedía la derogación total de la Ley aprobada, y una blanca que solamente cuestionaba algunos artículos, el uruguayo fue convocado a las urnas. Ninguna de las opciones alcanzó el 25 %, la papeleta blanca fue claramente mayoritaria con respecto a la rosada - representaban corrientes de pensamiento bastante diferentes - y debió citarse de nuevo al pueblo para el 1 de octubre. Ese día, la papeleta blanca superó holgadamente el porcentaje requerido y abrió el llamado a plebiscito del 13 de diciembre de 1992.

Quienes impulsaron originalmente el llamado vieron engrosadas sus filas por varios sectores políticos de gran peso, que transformaron el rechazo a los artículos cuestionados en un contundente 72 %.

Una discusión de época decía que si el Presidente Lacalle obtenía el 28 % del apoyo de la ciudadanía en defensa de la ley, habiendo sido electo con algo menos del 23 %, igualmente ese guarismo significaba un éxito personal. Pero investigar la validez de ese razonamiento es una tarea a la que deberán enfrentarse los historiadores del futuro.

Otro acto de adhesión notorio, mucho más cercano en el tiempo, fue el que trataba artículos sobre UTE. En ninguna de las dos oportunidades, la única papeleta presentada, que pedía interponer recurso contra la ley, alcanzó el 25 % ( 23 % fue la cifra alcanzada ). Esto cerró el 17 de junio de 1998, la posibilidad de un plebiscito sobre el tema.

En este 2001, hubo una sola papeleta que interponía el recurso contra algunos artículos de la llamada "Ley de Urgencia uno" y una sola oportunidad para alcanzar ese 25 %, la llave que abriría el camino al plebiscito en no más de 120 días. Se necesitaba de algo menos de 600.000 personas que concurrieran a colocar la papeleta en el sobre, exactamente de la misma manera que se hace en cualquier acto electoral, para que el país discutiera cuatro meses sobre que hacer sobre AFE, UTE, la TERMINAL de CONTENEDORES, las AFAP, los gobiernos departamentales y las empresas públicas en general. Y luego se terminaría resolviendo a favor o en contra, casi uno se animaría a decir en blanco o negro, sobre esos temas.

Y aquí queremos introducir un elemento más, poco manejado, muy mal manejado habitualmente por la izquierda y por las sucesivas Comisiones Pro-Referendum que se han sucedido en la historia reciente de nuestro país. Se insiste, vez tras vez, en que los contrarios a los llamados, quienes ejercen el poder pidan a la ciudadanía que concurra a habilitar el recurso plebiscitario. Esto es conocer muy poco de Marketing Político, mal aplicarlo y echarle la culpa del fracaso propio al adversario.

Si uno recurre, con pocos medios económicos a un llamado donde se necesita dinero e inventiva, debe aguzar la inventiva. Y en el mundo del tercer milenio, no parece que la entrega de volantes en las ferias o puertas de supermercados sea un arma muy eficaz. Unos pocos actos, ninguno multitudinario, una caravana y unas mesitas distribuyendo volantes e informando donde se adhiere o "vota" no alcanza.

Tampoco es muy eficaz ni alcanza con tratar de organizar puerta a puerta como en 1971, donde se le explicaba al vecino cuál es el tema y de que estamos hablando, si no tenemos ni militantes ni impresos suficientes.

Menos aún sentarse a soñar que si en octubre del 99 sacamos tantos votos y van… tenemos que llegar solamente con nuestros votantes a más del 25 %. Porque los votos no son algo que uno posee y arrastra de allí para adelante por los siglos de los siglos.

Todo lo detallado más arriba es muy meritorio, pero suele terminar convenciendo a los convencidos y no arrimando más apoyos a los convocantes. Y en los últimos actos de adhesión, no consiguieron siquiera eso: convencer a los que uno previamente podría catalogar de convencidos.

En resumen, no le fue concedida la Cadena de Radio y Televisión a la Comisión Pro-referendum, y esto es algo para nada novedoso. No se invitó a ir a votar a todos los ciudadanos por parte de la Coalición de Gobierno para que hubiera plebiscito. Tampoco nada novedoso.

Lo novedoso debía surgir de la Comisión, y ésta no aportó más que rezongos a quienes "hoy descansan pero que caro que nos saldrá ese descanso", como se escuchó por radio el propio domingo.

En la conciencia de los uruguayos, en su voluntad y en el conocimiento o falta del mismo sobre que era lo que se estaba haciendo ese día, estuvo el concurrir o no a su local de votación el domingo 18. Y la izquierda - pese al llamado urgente/urgido de Tabaré Vázquez a las 17 horas por Radio Centenario- y los actores sociales que apoyaron el llamado, no consiguieron más de casi el 21 % de adhesiones sin retener los apoyos del Encuentro Progresista de 1999 o 2000, y por tanto no tendremos plebiscito en junio. Pero vale reiterar que una cosa es una elección y otra muy distinta un acto de adhesión, y justamente éstas, las adhesiones, no tienen porque representar los porcentajes electorales. Esto no significa una mengua en el apoyo popular a candidatos y partidos, sino que en Uruguay éstos cuentan con votos pero no con estructuras orgánicas que permitan hacer ese tipo de transpolaciones automáticas. Y además un acto de adhesión no obligatorio no es un acto electoral obligatorio.

Si uno analiza algunas cifras, podría asombrarse que en Artigas se hayan conseguido más adhesiones que votos sacó el Encuentro Progresista en 1999, pero allí hubo aftosa, problemas con el contrabando y crisis económica agudizándose desde largo tiempo atrás. Que Montevideo no acompañó con las adhesiones que uno de nosotros pudo haber esperado. Que Maldonado tampoco consiguió juntar la mitad del apoyo del 1999. Que…

Pero más importante que todo esto, es que se demostró que a pesar de todos los errores y desprolijidades remarcadas; contando con un apoyo tardío del Encuentro Progresista, que aunque sea muy fuerte en los últimos quince días igualmente parece poco; hay muchos uruguayos dispuestos a concurrir a adhesiones como ésta. Y que si bien no alcanzó el 25 %, fue la que obtuvo el porcentaje más alto de todas las convocatorias en primer llamado. Claro que esta vez no había segunda vuelta para mejorar el guarismo, como si la hubo en 1992.

Alguien podía sostener que el camino de los plebiscitos estaba luego de los últimos fracasos en poder convocarlos, definitivamente clausurado. Luego de este domingo de sol agobiante y poca información, hacer una aseveración de ese tenor parece al menos, muy aventurada. Hay que calcular muy bien cuando se entregan las impresiones digitales, para tener claro en que fecha se realizarán las instancias de llamado a la ciudadanía. Pero si el tema se logra explicar a los ciudadanos el 21 % no es un mal piso para partir, y es muy parecido al 23 % de un mes de junio. De allí al 25 solo falta imaginación y vivir en el tercer milenio

Finalmente sí se puede sostener que política y verano suelen no ser buenos compañeros.LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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