Contáctenos

Globalización o sociedad planetaria (I)
Confusion, complicidad y divergenciaítulo

por Oribe Irigoyen

Hay dos nociones, una muy de moda, la otra no tanto, que queman las pestañas de muchos entendidos, provocan cortocircuitos conceptuales y ollas de grillos a nivel de debates por s¡ o por no. Todavía no hay plebiscito que dirima la cuestión entre globalización y sociedad planetaria. Y aclare la densa confusión que los rodea.

Suenan parecido, aparentan ser lo mismo, pero anzi, dirían los italianos, por el contrario, son dos cosas distintas.

La globalización es un proceso tecnológico y económico que se supone irreversible y ya lo es. Para muchos augures enterados significa la panacea de todos los males de la humanidad y conquistaría la felicidad terrenal urbi et orbi. Para otros, no en menor cantidad, se trata de un proceso tecnológico y económico desarrollado por fuerzas ingobernables - por el hombre y los Estados - del santificado mercado. A través de las cuales se anulan las diferencias locales, ocurren procesos productivos transnacionales, se crean nuevas leyes en los sistemas de interacción humana ( políticos, sociales, culturales, históricos, etc, ni hablemos de la economía ), sobre la base de un único modelo de eficiencia al máximo, el lucro desmedido y estrictos valores de racionalidad económica - la carne humana y su desempleo no cuentan.

Diversos detractores de esta índole, más aviesos, desconfiados o sagaces - según el cristal de la mirada que los atiende - agregan un par de ítems negativos para la globalización: ésta es vista como un fenómeno reforzado de modo particular por la hegemonía política y militar norteamericana y también con una peculiar proyección sobre la cultura. Más peligroso aún que en lo económico y lo social, el impacto de la globalización en la cultura ( Octavio Getino, "La tercera mirada" ), supone una dinámica que Cees Hanmelink califica sincronización cultural, o compulsión a la adaptación de los distintos sistemas culturales del mundo a un modelo hegemónico, en el cual contenidos, formas y tiempos de desarrollo cultural serían los mismos y antagónicos de la autonomía cultural, entendida ésta como la capacidad de una sociedad para decidir sobre la asignación de sus recursos para una adecuada adaptación a su ambiente. Este singular concepto sobre cultura de Cees Hanmelink, incluye, desde luego, las clásicas denotaciones y contenidos sobre identidad nacional por todos conocidos.

Uno o el gran instrumento motor de la globalización, en particular de la cultura, es la telemaquía. Y ésta tiene una significación decisoria en la noción de sociedad planetaria.

La noción de sociedad planetaria todavía es más teórica que real, pero está en el horizonte de lo posible concreto. Ella apunta, por el contrario, a llevar el proceso de globalización a todos los poros del planeta, transformando el sentido y direccionalidad de ésta. Su principal objetivo está dirigido de modo exclusivo a los que han quedado o van quedando al margen de ese actual proceso tecno-económico ( buena parte de América Latina, Africa, buena parte de Asia ), a cerrar la brecha creciente entre inforricos e infopobres, a poner al alcance de la mayor cantidad de gente posible las conquistas científicas y las riquezas materiales y espirituales del planeta.

Una utopía acaso, y por eso fuera de moda y con mala prensa como el vocablo, pero con algunas condiciones dadas como para abrigar la próxima nota. LA ONDA® DIGITAL

 

 

Inicio

URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista LA ONDA digital