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Los
transgénicos
por edil
Gabriel Weiss
profesor de literatura
En primer lugar,
quiero agradecer a la licenciada en biología Ana Laura Martino,
quien me asesoró y me prestó un invalorable apoyo en lo que
tiene que ver con este material, porque como ustedes entenderán
para un profesor de literatura incursionar en estos temas
reviste determinado tipo de dificultades.
En primer lugar,
voy a referirme a las definiciones generales sobre
biotecnología y organismos genéticamente modificados. La
biotecnología es la aplicación a nivel industrial de los
avances generados por la investigación en ciencias biológicas.
Estos conocimientos están siendo aplicados a la producción de
semillas y a su mejoramiento genético. Semillas son las
botánicas y también aquellas partes de los vegetales
utilizadas para su propagación (bulbos, tubérculos, yemas,
estacas, etcétera). Las aplicaciones de la biotecnología en el
mejoramiento de los cultivos y la producción de semillas
comerciales se pueden clasificar en distintas áreas como:
micropropagación, conservación de germoplasma, biotecnologías
de diagnóstico y plantas transgénicas. La Ingeniería
Genética ha permitido la introducción de características de
importancia agronómica mediante la introducción de genes
provenientes de otros organismos (plantas, animales, virus,
bacterias, hongos). Actualmente se han obtenido variedades
resistentes a insectos ?maíz Bt?, herbicidas y enfermedades y
variedades con cualidades fisiológicas modificadas como ser la
maduración ?tomate larga vida? o el contenido de lignina en
especies forestales. Existen hoy más de 60 cultivos modificados
genéticamente.
Estados Unidos
lleva la vanguardia en la investigación y producción de
cultivos transgénicos y es el promotor de la aplicación de
estas tecnologías que le han permitido el desarrollo de una
poderosa industria semillerista con alto valor agregado. A nivel
mundial, el valor agregado de las plantas transgénica está
estimado entre 2 a 3 billones de dólares para este año 2000.
El desarrollo de
la biotecnología ha aumentado los conceptos que se deben
manejar para poder comprender y promover su uso en el sector
agrícola. Es así que surgen los conceptos de bioseguridad y
análisis de riesgo, así como el de propiedad intelectual y
patentamiento. La introducción de organismos genéticamente
modificados en diversos ecosistemas ha desarrollado el concepto
de bioseguridad, que promueve el estudio de la solicitud de
ensayo y liberación al ambiente de estos organismos. La
obtención de variedades comerciales obtenidas por procesos
biotecnologícos tiene gran valor agregado debido a la
tecnología desarrollada para su producción. Esto ha llevado a
un nuevo campo que es el del patentamiento de estas
tecnologías. De esta forma, en la creación de una variedad
genéticamente modificada los derechos son compartidos por los
obtentores del material genético y los que incorporan la
tecnología. A nivel mundial se está observando un interés
creciente de las compañías biotecnológicas dedicadas a la
ingeniería genética, que se han lanzado al mercado a comprar
importantes empresas semilleristas. Se puede observar que el
desarrollo de la biotecnología y su impacto a nivel mundial es
muy acelerado, tanto en la incorporación de genes como en la
superficie sembrada. En 1996 se sembraron 2,8 millones de
hectáreas; en 1997 el área sembrada fue de 13 millones; y en
el 2000 se alcanzaron los 45 millones de hectáreas sembradas,
distribuidos en cinco países: Estados Unidos, 30 millones de
hectáreas; Argentina, 10 millones ?de esta manera es el segundo
productor de transgénicos en el mundo?; Canadá, 3 millones;
China, medio millón; y Sudáfrica, 200 mil hectáreas.
En cuanto a los
posicionamientos internacionales, es claro que no sólo en el
mundo científico se están procesando las investigaciones y los
debates en torno al tema de los transgénicos. Los distintos
países se han ido posicionando de acuerdo a diversas
consideraciones.
Por un lado,
tenemos los países que investigan y producen, que grosso modo
están contemplados por el Grupo de Miami, que reúne a aquellos
que no aceptaron, en la Conferencia Internacional sobre
bioseguridad, firmar un protocolo que establece contralores a la
manipulación genética. Este grupo de países está integrado
por Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina, y también
por Chile y Uruguay, aunque estos dos últimos no producen. En
realidad, los argumentos que maneja este grupo se basan en que
los países que proponen el establecimiento de controles, por
esa vía están imponiendo una barrera comercial al ingreso de
los productos transgénicos. Entre los que se oponen al ingreso
de productos transgénicos se encuentran, nada más y nada
menos, que los países de Europa, entre otros. En realidad, el
grupo de Miami intentó que el Protocolo de Bioseguridad a
firmarse quedara subordinado a las regulaciones internacionales
sobre el libre comercio. El protocolo, sin embargo, fue aprobado
en esa instancia. "Es el primer acuerdo adoptado en el
marco de la Convención de Río de Janeiro sobre la diversidad
biológica, suscrita por 176 países", indicó el Ministro
colombiano de Medio Ambiente, Juan Mayr Maldonado. El protocolo
de bioseguridad regula el comercio transfronterizo de los
productos de la biotecnología que puedan tener efectos
perjudiciales para la conservación y diversidad biológica. Es,
además, la primera vez que la comunidad internacional adopta un
acuerdo para imponer restricciones al comercio internacional de
productos transgénicos, ya sea semillas, plantas, peces,
microbios o productos agroalimentarios, con miras a proteger el
medioambiente. Hoy día es claro que existen dudas razonables
sobre los efectos de la manipulación genética, que llevan a
recordar el principio precautorio que reconoce que ante la falta
de certidumbre científica sobre la inocuidad de procesos o
productos derivados de los mismos, los países tienen derecho a
prohibirlos.
Paso ahora a
hablar de las repercusiones comerciales. Para hacernos una idea
de este tema quisiera citar fragmentos del último libro de
Jeremy Rifkin, autor de obras de gran repercusión como "El
fin del trabajo" o "El siglo de la
biotecnología", quien visitó nuestro país hace dos
años, invitado por radio El Espectador para dar una conferencia
sobre sus opiniones en torno al mundo del trabajo. En su libro
"La era del acceso. La revolución de la nueva
economía", Rifkin nos lleva a reflexionar sobre aspectos
que deben hacernos pensar a todos. Dice: "Cuando durante el
pasado siglo los químicos descubrían en la naturaleza nuevos
elementos químicos, se les autorizaba que patentasen el proceso
mediante el cual extraían y depuraban las sustancias, pero no
se les permitía patentar los elementos químicos. Las leyes del
sistema de patentes en los Estados Unidos y en otros países
prohíben que se consideren como inventos los 'descubrimientos'
de lo que está en la naturaleza. A ninguna persona razonable se
le ocurriría sugerir que al científico que aísle, clasifique
y describa las propiedades, por ejemplo, del hidrógeno, el
helio o el aluminio, se le conceda el derecho exclusivo durante
veinte años para que considere a esas sustancias como su
invención. Efectivamente, en el año 1928 se formuló una
demanda para patentar el tungsteno y fue rechazada por la
Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos ?Patents and
Trademarks Office: PTO?. La Corte Suprema apoyó posteriormente
la resolución de la PTO planteando que, aunque los demandantes
fueron los primeros en descubrir el tungsteno y los que primero
consiguieron purificarlo con éxito, sin embargo la sustancia
misma había existido desde siempre en la naturaleza y, por
tanto, debería considerarse simplemente como un descubrimiento
y de ninguna manera como una 'invención'. En el año 1987, por
el contrario, y en una aparente violación de sus propias normas
reguladoras del sistema de patentes relativo a los
descubrimientos sobre la naturaleza, la PTO estableció una
norma completamente diferente. Según ésta los componentes de
los seres vivos ?genes, cromosomas, células y tejidos? se
pueden patentar y considerar como propiedad intelectual de quien
primero consiga aislar sus propiedades, describa sus funciones y
les encuentre aplicaciones útiles para el mercado.
Ya se han
patentado genes y células humanos, lo mismo que genes y
células de otros seres vivos, y los analistas industriales
predicen que antes de veinticinco años buena parte de los
recursos genéticos, que son el legado de millones de años de
evolución biológica, se habrán aislado e identificado y se
habrán convertido en propiedad intelectual, controlada en su
mayor parte por un puñado de grandes empresas multinacionales
dedicadas a la biotecnología". Esto lo dice Jeremy Rifkin,
que fue asesor del presidente saliente de los Estados Unidos de
Norte América, no lo dice ningún grupo ambientalista ni
ninguna corriente marxista del mundo. Por eso creo que este tema
nos debe llevar a la reflexión.
"Por vez
primera..." ?dice Rifkin? "...se ha roto esa relación
básica entre el agricultor y sus semillas. En el sentido
convencional del término, las semillas patentadas no se venden
nunca. Antes al contrario, esas semillas patentadas se arriendan
a los agricultores para que las utilicen una vez y para una sola
cosecha. Las nuevas semillas que se recogen durante la cosecha
pertenecen al dueño de la patente y por tanto el agricultor no
puede utilizarlas en la siguiente temporada. De manera que al
agricultor solamente se le garantiza el acceso a corto plazo a
alguna de esas propiedades intelectuales. Las semillas ni se
venden técnicamente ni se compran legalmente, solamente se
arriendan.
"Monsanto y
otras de las empresas biotecnológicas han dicho que están
dispuestas a perseguir a cualquier agricultor que se quede con
cualquiera de las semillas patentadas para luego replantarlas.
Las penas pueden ir desde responsabilidad penal a multas de más
de un millón de dólares por cada caso".
"Al patentar
los recursos de semillas del planeta, las empresas de
biotecnología consiguen el control efectivo sobre buena parte
de la producción agrícola mundial. Ellas son las proveedoras y
todos los agricultores del mundo se convierten en usuarios que
compran el acceso a las semillas para cada nuevo período de
cosecha." En realidad, esto termina generando, según
sociólogos norteamericanos, la posibilidad de hambrunas
masivas. Por esa razón, en el análisis de este tema también
debemos tener en cuenta estas consideraciones que provienen del
principal país productor de organismos modificados
genéticamente y de semillas transgénicas.
¿Cuál es la
posición de Uruguay? Nuestro país ha sostenido la posición de
presentarse al mundo con sus productos bajo el lema de
"Uruguay, país natural". De más está decir que nos
parece un acierto esta postura, ya que en el mundo actual, si
algo se valora por parte de los consumidores, es la calidad de
natural de los productos que se van a consumir.
En tal sentido,
es bueno citar un artículo del ingeniero agrónomo Carlos
Battello, asesor de la Asociación de Cultivadores de Arroz e
integrante de la Junta Directiva del Instituto Nacional de
Semillas, quien nos recuerda lo que sigue a continuación:
"Existen en todos los países, incluso en Estados Unidos,
nichos de mercado en aquellos sectores de mayor poder
adquisitivo que prefieren alimentos sin transgénicos. (...)
Anteriores trabajos de investigación de INIA y LATU han
demostrado que nuestra producción está libre de contaminantes
químicos y por tanto podemos ostentar en el mercado
internacional la categoría ?todavía no desarrollada a buen
nivel de marketing? de arroz 'ecológicamente amigable'".
Más adelante
concluye que "no es conveniente actualmente el uso a nivel
comercial de esta tecnología, en un marco en el que pensamos
que Uruguay y su producción arrocera puedan ofrecer al mercado
un producto no contaminado de residuos de agroquímicos, libre
de transgénicos, obteniendo ventajas comparativas que puedan
representar inclusive un mayor valor final de la producción...
en un mundo fuertemente proteccionista (aunque se alegue lo
contrario) acceder al mercado lo es todo".
"Como puede
apreciarse,..." ?dice Battello? "... nuestro enfoque
es netamente comercial. Y en ese sentido, qué necesidad tenemos
de 'autoexcluirnos' de un mercado potencial al que podríamos
acceder con ventajas comparativas importantes, por defender la
posición ?que por diferentes razones? posiblemente no puedan
ostentar dichas ventajas". Battello dice ?para de alguna
manera traducirlo?: ¿por qué defender la posición de un grupo
de Miami y la de los países que han invertido millones y
millones de dólares en producir transgénicos? ¿Por qué
alinearnos detrás de la posición de los Estados Unidos o de
Argentina, siendo que nuestro valor es ser un país productor de
productos naturales?
A pesar de todo
lo que hemos venido desarrollando en esta presentación, el
presidente de la República, doctor Jorge Batlle, ha dado un
explícito apoyo a los transgénicos. En ocasión del cierre del
17º Seminario Panamericano de Semillas, que se desarrolló en
el hotel Conrad en Punta del Este, el presidente afirmó que es
necesario el uso de esta tecnología por el fuerte crecimiento
de la población mundial y la necesidad de producir más
alimentos. Esto que dice el señor presidente de la República
era lo que sostenían todos los precursores de la revolución
verde, que hicieron el cuento al mundo diciendo que dicha
revolución, junto con la acumulación de los agroquímicos, iba
a resolver el problema del hambre a nivel mundial. Y ese
problema no lo resolvió la revolución verde y tampoco lo
harán los transgénicos. Creo que dicho problema no tiene que
ver con el tema de las tecnologías, sino con el de la
distribución de las riquezas y alimentación en el mundo, donde
algunos tienen de más y otros nada. Es tan sencillo y a la vez
difícil como eso.
Por otra parte,
es necesario señalar un elemento positivo. El 30 de agosto de
2000 el presidente de la República creó, por el decreto Nº
249/000, la "Comisión de evaluación de riesgo de
vegetales genéticamente modificados", integrada por un
representante de cada una de las siguientes entidades:
Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, que la
presidirá, Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y
Medio Ambiente, que actuará como vicepresidente, Ministerio de
Salud Pública, Instituto Nacional de Semillas, y el Instituto
Nacional de Investigaciones Agropecuarias. Saludamos la
creación de esta comisión. Pero también señalamos que cuando
Uruguay concurrió a Cartagena, donde se firmó el Protocolo de
Bioseguridad, eran muy pocos los que tenían el poder de
decisión y representación en estos temas tan caros, no sólo
para los uruguayos, sino para todos los habitantes del mundo.
Sin embargo, en este sentido, la Junta Departamental de
Montevideo ha tenido iniciativas de modificación de esta
propuesta, porque nos parece que es necesario que esa comisión
sea integrada por otros actores relevantes, como la Universidad
de la República, los productores rurales agremiados, el
Congreso Nacional de Intendentes, etcétera. Es decir, queremos
que se amplíe esta comisión que trata temas que son vitales
para nuestro país en lo sanitario, en lo ambiental y en lo
comercial.
También
avanzamos en una definición en torno al etiquetado de todos
aquellos productos transgénicos. Esta última propuesta, que
fue avalada en el último Plenario Inter-Juntas, tiene que ver
nada más ni nada menos que con la defensa que hacemos de la
irrestricta libertad de elección de los consumidores. Para
poder elegir con conocimiento de causa deben tener toda la
información disponible. Por eso pensamos que debe etiquetarse
todo aquel producto que contenga en su base, ya sea para consumo
humano o animal, organismos genéticamente modificados.
Por otro lado,
queremos decir que nos parece imprescindible avanzar en la
elaboración de una ley de bioseguridad, con su correspondiente
reglamentación. En el Parlamento está a estudio una ley
ambiental, pero esto nos parece demasiado genérico. Pensamos
que sería importante legislar sobre bioseguridad.
Por último, el
dilema que encierra este tema sólo se puede resolver de la
mejor manera mediante procesos de participación que deben
incluir la información, el diálogo y el debate abierto. Las
recetas unilaterales, incluso cuando las proponen los mejores
técnicos, no aportan las soluciones más justas.
Por eso llamamos
desde la Junta Departamental de Montevideo a generar un proceso
como el que citábamos anteriormente, sin que queden fuera del
mismo ninguna de aquellas instituciones directamente
involucradas en estos temas. Y cuando decimos esto, estamos
pensando también en aquellas que nuclean a los consumidores. LA
ONDA®
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