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Se fue Passarella: gol en contra

por Dr. Raúl Morales

Daniel Passarella renunció y se fue. Con él se fue la apuesta más seria que hizo el fútbol uruguayo, en materia de conducción técnica, en los últimos 30 años, por lo menos..

Es tarea de los comentaristas deportivos realizar el balance de lo actuado por el técnico argentino. Lo que nos interesa ahora es mirar por detrás de la noticia estrictamente deportiva para bucear en otro escenario: el sentir social.

El fútbol en nuestro país no es un juego más. Es toda una expresión de distintos sentimientos, que conforman el carácter de un pueblo, en este caso el uruguayo.

La apuesta que se hizo con Passarella para poder volver a un campeonato mundial fue trascendente. Se puede decir que incluso resultó ser exagerada, si tomamos en cuenta el sueldo millonario (en dólares) que cobró el renunciante. Pero se hizo interpretando el sentir nacional de que había que hacer las cosas bien, con seriedad y responsabilidad, para poder estar presentes en Corea-Japón. Para ello se necesitaba a alguien con personalidad y prestigio, para que enfrentara los intereses contradictorios y negativos que conforman la estructura directriz del fútbol.

En ese sentido Passarella parecía tener todas las cualidades. Fue así que poco a poco fue venciendo el rechazo chovinista, natural en estos casos, transformándose lentamente en un desdibujado ícono de algo nuevo que podía construirse en materia futbolística. Passarella pasó a ser, en el imaginario colectivo, mucho más importante que cualquiera de los jugadores o que todos ellos juntos. Sin euforia de la población, Passarella pasó a ser el mejor sostén de una nueva etapa futbolística.

Hoy ese ídolo que se estaba prefigurando, ha caído en medio de esos propios intereses que parecía poder vencer. Intereses de los cuales también fue parte Passarella, en tanto pieza clave del grupo Casal en materia de selección uruguaya.

Sabemos que para Paco Casal la renuncia del argentino ha sido un duro golpe. Y le creemos. Pero no hay la menor duda de que la política alocada, casi salvaje, de colocar jugadores en el exterior ha llevado a que se vuelva imposible elaborar una estrategia acumulativa de superación de nuestro fútbol.

Es cierto que el caso de Vicente Sánchez fue factor clave en el desate de la crisis, por encima de si fue un buen pretexto para que Passarella se alejara en busca de mejores horizontes o fue la causa real provocada por un Nacional intransigente.

Pero también es verdad que hoy nuestros equipos de fútbol no están en condiciones de comprar un jugador, pagarle el sueldo y que no juegue porque va a vestir la celeste. La ley del mercado, que no se emociona ante los himnos y las camisetas, ni sabe de lo que es un gol sobre la hora, así lo impone. Y no hay fútbol victorioso en el mundo de hoy que no acepte jugar dentro de esa cruda ley.

Seamos claros: si Nacional hubiera sabido desde un principio que Sánchez iba a jugar en la selección jamás lo hubiera comprado y el muchacho seguiría en Tacuarembó escuchando a Gardel en las mañanitas de calor, porque tampoco lo hubiera comprado Peñarol. Por eso ninguno de los cuadros grandes alistó en sus filas a Federico Magallanes, quien terminó jugando en Racing de España. Nadie estaba en condiciones de pagarle el sueldo para no jugar, por eso emigró.

Pero la loca maquinaria de vender jugadores necesitaba que Sánchez fuera a un grande y a la vez a la selección, lo que era -como quedó demostrado- un imposible. Un imposible que hizo saltar a Passarella, el ícono de una modernidad reclamada a gritos en distintos planos de la sociedad y que en ese caso se manifestaba en un juego y una pasión llamada fútbol.

Passarella se ha ido y con su renuncia deja el sabor amargo de una nueva frustración de los anhelos populares, donde queda dramáticamente marcada la dificultad de una sociedad que no encuentra espacios para que se exprese el optimismo. Es de esperar que este vacío no sea cubierto por la mentalidad del "vamo arriba" y de la improvisación.

Como dijo alguna vez el técnico italiano Arrigo Sacchi: "El fútbol es de las cosas más importantes, de las menos importantes de la vida". Pero en nuestra sociedad, como seguramente lo es para la italiana, tiene una influencia sustancial en los estados anímicos colectivos. Y el pasado martes el optimismo perdió por goleada y con un gol en contra de Passarella, aunque no sea el responsable último. Ahora el nuevo técnico, Víctor Púa, deberá remar en Europa contra el desánimo. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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