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Los niños y las mascotas familiares

por la Lic. Adriana Martínez
Admartin@internet.com.uy

Frecuentemente los niños y los adultos nos vemos enternecidos por un pequeño animalito tierno e indefenso. Como padres nos vemos en la disyuntiva, por un lado de complacerlos y por otro, sentimos la obligación de asumir una gran responsabilidad que perdurará por mucho tiempo.

La vida ciudadana exige cada vez ritmos más rápidos que afectan a todo el núcleo familiar, incluidas las mascotas. Asimismo, la mayoría de las personas habitan en pequeños apartamentos densamente poblados, debiendo las mascotas convivir en ese hábitat reducido. En éste mismo orden de ideas, la mujer, otrora ama de casa y encargada de las mascotas,  ha salido al mercado laboral a cumplir un extenso horario laboral.

Con la consiguiente ausencia de los padres, los niños desarrollan una extensa jornada escolar o quedan al cuidado de familiares o de una empleada.

Con este entorno las mascotas capitalinas deben aprender, no sólo los hábitos básicos, sino también a permanecer solas, encerradas y en espacios reducidos para constituirse fundamentalmente en el entretenimiento del fin de semana.

Cuando adquirimos un animal nos dejamos enternecer por el “pequeño animal” y nos abandonamos al impulso del momento de satisfacer a nuestros hijos y de evitar el sentimiento de culpa por ser los protagonistas de una frustración.

Debemos tener en cuenta, en estos casos, que los niños por su pensamiento concreto se centran casi exclusivamente en el placer del momento, dejando de lado las consecuencias que a mediano y  a largo plazo pueden generar dicha decisión. De hecho, estamos adoptando un nuevo miembro en la familia, que necesita de nuestros cuidados.

Al adquirir una mascota creemos que muchos son los factores que debemos tener en cuenta, para que el animal no sea tempranamente abandonado, maltratado y nuestros hijos no sientan que han sido estafados. Lamentablemente los vecinos de la Costa de Oro y de Maldonado son testigos de la cantidad de perros de raza que son abandonados al finalizar la temporada de verano.

Al adquirir una mascota tenga en cuenta los siguientes tres factores que se encuentran relacionados entre sí: 

  • el bienestar de la mascota

  • el bienestar de su hijo

  • el bienestar de su familia

BIENESTAR DE LA MASCOTA

Evalúe si usted puede proporcionar al animal el hábitat que necesita, en cuanto al espacio, temperatura y alimentación.

Sepa los hábitos que tiene desde el punto de vista reproductivo, alimenticio, sueño-vigilia, etc. Por ej. Muchos hemos adquirido un conejo en un apartamento y hemos experimentado el placer que significa su libertad hasta que un cable de teléfono o supergas fue su plato predilecto.

Asesórese de los cuidados sanitarios que necesita. No compre un perro perdiguero o uno de gran tamaño para habitar en un apartamento céntrico. 

BIENESTAR DE SU HIJO 

Tenga en cuenta que los animales exóticos, pueden trasmitirnos enfermedades poco usuales y puede ocurrir que los profesionales (médicos y veterinarios), no estén familiarizados con ellas.

Esté atento al grado de peligrosidad que manifieste el animal y evite que los niños lo provoquen; tal vez una de la soluciones, en caso de optar por un animal agresivo, sea entrenarlo. 

BIENESTAR DE LA FAMILIA 

El acto de comprar una mascota no debe equipararse a complacer un capricho o seguir una moda. Debería ser un hecho feliz y disfrutable por todos. Si los miembros de la familia son muy cuidadosos de su hogar, probablemente, tendrán más de un disgusto con el pelo del animal y los destrozos que ocasione de cachorro.

Compre la mascota adecuada para su hijo y su familia. Para un buen idilio busque asesoramiento. 

EL COMIENZO   ................... 

Pasado los primeros de tiempos del encanto de “lo nuevo”, comienza la ardua tarea de enseñarle los hábitos básicos.

Vemos con placer la relación que comienza a formarse entre los niños y las mascotas. Los niños, casi espontáneamente, cuidan, acarician y juegan con la mascota; el conjunto es formidable. Tener una mascota es un vínculo positivo en la medida que su hijo logra expresar sus emociones positivas o transformar sus frustraciones en sentimientos de ternura. Resulta una excelente oportunidad para ayudarlos a que asuman con amor, ciertas responsabilidades de cuidado que estén acordes con su edad. Debemos brindarles la posibilidad que les den de comer, preparen su cucha, colaboren en bañarlos. Mediante éstas oportunidades les trasmitimos confianza de que pueden hacerlo y trazamos lazos de unión y afecto. 

NIÑOS AGRESIVOS 

No todos los niños son capaces de expresar su ternura a la mascota. Es frecuente observar un amplio espectro de manifestaciones que van desde, que el animal no se encuentra a gusto hasta que, resulta severamente agredido.

La ternura no surge espontáneamente. Uno de los tantos mecanismos por los que aprenden los niños, es a través de los modelos, de tal forma, de que si en el hogar, sus padres o figuras afectivas vuelcan su rabia hacia los demás, incluidos los animales, es altamente probable que reproduzca ese patrón. La escuela y la familia son gestores de valores, por lo que consideramos de importancia que se incluya en la currícula la educación en valores, a saber: el cuidado de los animales; la protección del medio ambiente; el respeto hacia los demás; etc.

La educación basada este tipo de valores,  estimula en los niños: la sensibilidad, la tolerancia, el amor, la expresión de los afectos y el control de impulsos.  

CUANDO MUERE LA MASCOTA 

La muerte de un animal querido, nos toma muchas veces por sorpresa  y no siempre estamos preparados para abordar el tema. Si bien sabemos que la información falsa no es correcta, a veces abrumamos al niño con información que no llega a procesar; provocando una confusión mayor. Frente a esta paradoja dejamos a los niños sin ninguna explicación y si con mucha incertidumbre y confusión respecto a lo que pasó. El impacto que puede tener en un niño la muerte de la mascota está en estrecha relación con la reacción familiar, la edad del niño y el concepto que dicha desaparición tiene.

EL NIÑO PEQUEÑO

 El grado de comprensión que posee el niño sobre la muerte, está sujeto a la etapa del desarrollo cognitivo en que se encuentra.  Por lo que se desprende que un niño pequeño tiene menos capacidad de entendimiento y conceptualización  sobre la idea de irreversibilidad, que un niño más grande. El niño pequeño concibe la muerte como un estado pasajero del que seguramente “despertará”.  Las manifestaciones afectivas suelen ser, acordes con éste postulado: insignificantes. Por tanto la escasa reacción del niño pequeño frente a la muerte, no debe interpretarse como indiferencia, sino como consecuencia de su comprensión parcial del tema. La forma más adecuada de abordar el tema con un niño pequeño, es describir el hecho en forma sencilla y acotar las causas del suceso. Resulta beneficioso explicitar que el comportamiento del niño, nada tuvo que ver con el hecho. 

NIÑO DE MAYOR DE 8 AÑOS 

A partir de los 8 años, el niño puede entender el concepto de irreversibilidad y por consiguiente las manifestaciones de tristeza se tornan más notorias. La reacción del niño es, igualmente,  impredecible, según el tipo de vínculo que ha establecido con el animal, el tiempo transcurrido, el significado familiar del hecho, la rapidez del desenlace, etc. La forma más habitual de manifestar su tristeza, es la regresión transitoria de logros madurativos ya alcanzados, del tipo: accidentes nocturnos, incremento en la agresividad, irritabilidad, conductas dependientes, alteraciones en el apetito, inquietud, etc.

 SUGERENCIAS PARA MOMENTOS DIFÍCILES 

  • Tenga al tanto a su hijo, sobre el estado de salud de la mascota

  • Prevenga  sobre lo que ocurrirá en cuanto a la gravedad de la enfermedad, la acción quirúrgica y sus riesgos o, en su caso, el sacrificio (por ej. rifle sanitario)

  • Trate de calmarse y calmar a los adultos, antes de exigir la calma de los niños

  • Hable con su hijo, dedique aunque sea 5 minutos de su tiempo a explicar lo sucedido

  • Sea agente activo, haga preguntas, acepte lo que dice; no es momento de críticas y reproches

  • Brinde apoyo emocional, abrácelo, exprese sus sentimientos

  • Trasmita seguridad

  • Incluya en la explicación, la causa del suceso (evite la culpa) y el concepto de irreversibilidad

  • Canalice la expresión de ira en forma inadecuada hacia formas adecuadas

  • Recuerde que pasado el momento, su niño necesita volver a la rutina: los límites.

Los adultos que ponen límites y explicitan reglas claras, son sentidos como adultos que dan seguridad y esto es lo que necesita un niño que está sufriendo.LA ONDA® DIGITAL

 

 

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