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Perú va rumbo
a la segunda vuelta: ¿será una democracia posible?
por Carlos
Zapiola
Toda campaña
presidencial suele ser dura. Los candidatos en pugna, en este
caso, por la Presidencia del Perú, pueden adoptar variadas
estrategias. Desde la que hace discutir primero a personeros
representativos, observar el efecto que tienen los diferentes
argumentos en la evolución de la opinión pública y luego
situar en el centro de la campaña a los líderes, o evitar esto
si el resultado anterior es favorable.
Toda segunda
vuelta, esa forma de elección que lleva a optar por uno de los
candidatos o por ninguno, elimina matices y hace que el voto en
discusión y a conseguir, sea de quien no me apoyó en la
primera vuelta porque optó por otro candidato, otra línea
política o desinteresado de esta forma de participación, no
eligió a nadie.
La última
encuesta dada a conocer, de la Empresa Datum, marca que
solamente un 75 % de los peruanos encuestados en diversas
provincias ( no se aclara que alcance tiene la muestra en
relación a la cantidad de votantes, pero sostienen que el
margen de error muestral dentro de ella es del mas-menos 2.6 %),
tiene decidido su voto. Dentro del 75 % que hoy votaría a cada
candidato, el 56 % lo haría por Alejandro Toledo y el 44 % por
Alan García.
Los comandos
respectivos salieron públicamente a efectuar un análisis de
los números y García en persona, aclaró que los números
brindados por esa empresa no le interesaban, ya que su margen de
error era del 7 %. Toledo, como es lógico saltó en defensa de
guarismos que lo favorecen y fue quien aclaró que ninguna
empresa trabaja con ese margen de error y que el mismo era
solamente del 2.6 %. Por supuesto no nos corresponde aquí
aseverar quien de los dos tiene la razón en ese tema técnico,
discusión de vieja data en Uruguay, donde algunos solamente
llegan a medir pueblos y ciudades de más de 10.000 habitantes,
y borran de un plumazo, no ya el país rural propiamente dicho,
sino lo que es más del 24 % de los habiltados a votar.
Y en los últimos
días empieza otra discusión, con acusaciones de por medio
variopintas, que le ponen sal y pimienta a la campaña.
Alvaro Vargas
Llosa conocido tanto por ser hijo de Mario, como por su vuelo
propio como periodista y asesor de Toledo, sale al ruedo con
fuertes declaraciones. Muy resumido, Toledo es acusado de no
reconocer su paternidad y negarse a la prueba del ADN de una
chica que se sostiene es su hija. Por otro lado se le piden
explicaciones sobre el destino dado durante la campaña de
primera vuelta de un millón de dólares cuyo destino final no
aparece claro para sus contradictores.
Su padre, Mario,
el derrotado por Fujimori cuando éste fue electo presidente por
primera vez, discrepó con su hijo públicamente, hablando desde
Madrid. Dijo no advertir nada sólido en las acusaciones contra
Toledo, pidió disculpas a la familia de Diez Canseco, el primer
candidato a vicepresidente (conocidos y amigos) al que su hijo
acusó de pagar U$S 10.000 para que se ocultasen documentos que
probaban el consumo de drogas por parte del hombre más votado
en la primera vuelta - vale recordar aquí que Olivera había
pedido siendo candidato y luego cuarto en la elección, un
examen antidoping de todos los candidatos- y sostuvo que no
abandonaba su apoyo al candidato enfrentado a García.
Alvaro en cambio,
sostuvo luego que votará en blanco porque tampoco cree en
García.
Estas escaramuzas
van a terminar el día que el pueblo peruano se exprese en las
urnas, para lo que aún la autoridad electoral no ha fijado
fecha definitiva, aunque se sabe que será alrededor del 20 de
mayo. Originalmente se había hablado de 30 días entre la
primera y la segunda elección, lo que llevaba el ballotage al 8
de mayo, fecha que no será la que se utilizará.
Nos queda para
otra nota el análisis de las propuestas de los candidatos, y su
búsqueda de tranquilidad a la bolsa, a los inversionistas y al
pueblo en general. Además nos debemos una clarificación sobre
que representa cada uno de los candidatos, que hasta
culturalmente representan dos formas de vivir el Perú.LA
ONDA®
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