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El Foro Batllista, la laicidad, Jacinto Vera, Pío IX y el día
de los libres pensadores
Informe
y recopilación de textos, de Carlos Morales
En
el último mes se ha estado librando en Uruguay un debate
filosófico, que partió de la iniciativa del presidente Jorge
Batlle de revisar el concepto de laicidad. Esta polémica ha
tenido la particularidad de que se ha manifestado especialmente
dentro del Partido Colorado, donde el sector Foro Batllita que
lidera el ex presidente Julio María Sanguinetti, se ha opuesto
con firmeza a toda revisión de la laicidad, al igual que la
masonería y algunos –muy pocos- dirigentes de la izquierda.
El
pasado 30 de mayo los actores dieron un nuevo paso, cuando dos
senadores del Foro Batllista, Ruben Correa Freitas y Yamandú
Fau lograron la aprobación por unanimidad, en la Comisión y
Legislación de la Cámara Alta, de un proyecto de ley para que
se declare el 20 de setiembre Día de la libertad de Expresión
del Pensamiento. Fecha que recuerda, como se dice en la
exposición de motivos del proyecto de ley, que “El 20 de
setiembre de 1870 entraban a Roma las fuerzas del Reino de
Italia y con ese hecho terminaba el poder del papado”.
Justamente
todos los 20 de setiembre se recuerda El Día Universal del
Librepensamiento por parte de la masonería, que es considerada
por los actuales obispos uruguayos como una fuerza que a
principios del siglo XX fue socavando a nuestra sociedad.
Los
obispos han dicho sobre el debate de aquellos años: “Entre
tanto hacía su aparición el racionalismo, la acción de la
masonería, el liberalismo, el positivismo y un espíritu
anticlerical. Progresivamente estas fuerzas fueron socavando la
sociedad”.
A
la vez la Iglesia Católica uruguaya reivindica a Monseñor
Jacinto Vera como su figura histórica, quien también fue
obispo de Megara en 1868 y participó del Concilia Vaticano
(1869-1870), que fue convocado por el Papa Pío IX. El mismo
Papa que supo enfrentarse a la masonería.
Con
el único fin de mostrar el telón de fondo que tiene el actual
debate en Uruguay, La ONDA publica un punto de vista católico
tomado de la web www.corazones.org/santos,
donde se reivindica al “Beato Papa Pío IX. La sola lectura de
este artículo y la relación Jacinto Vera- Pío IX, están
mostrando que los participantes del debate de hoy se están
tirando con calibre grueso. Hasta la fecha la Iglesia Católica
no ha reaccionado ante este proyecto de ley, tampoco lo han
hecho legisladores vinculados a ella. Pero nadie descarta que no
se desate un temporal.
"Muerte
al Papa"
Pío IX, en el
siglo Giovanni Maria Mastai Ferretti, nació el 13 de mayo de
1792 en Senigallia. Fue elegido pontífice el 16 de junio de
1846, suscitando esperanzas en los ambientes patrióticos
liberales y católicos: uno de los primeros actos fue la
promulgación de una amnistía para los prisioneros políticos y
consintió algunas reformas en el Estado Pontificio. En los
primeros dos años del pontificado, se ganó el título de papa
liberal, patriótico y reformador.
En abril de 1848,
cuando era evidente que la masonería internacional fomentaba
atentados, revoluciones y desórdenes contra el Papado y las
naciones tradicionalmente católicas, Pío IX tomó distancia de
las facciones más radicales de los patriotas italianos. A raíz
del desencadenamiento de motines insurreccionales en Roma, se
trasladó a Gaeta, mientras que en la ciudad eterna se
proclamaba poco después, en 1849, la República Romana por
parte de Giuseppe Mazzini, Carlo Armellini e Aurelio Saffi. Las
iglesias fueron saqueadas mientras Mazzini se incautaba de obras
de arte, propiedad de la Iglesia, para pagar a la masonería
británica que había anticipado el dinero necesario para tomar
Roma.
Gracias a la
intervención de las tropas francesas, la República romana
cayó y el Papa pudo volver a la capital en 1850. Desde
entonces, el Pontífice puso en marcha una política de
intransigencia ("Non possumus") hacia las exigencias
del poder laico, convirtiéndose en el adversario más acérrimo
del ala anticlerical de la masonería.
En 1854,
proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción y, en el primer
Concilio Vaticano (1869-70), el dogma de la infalibilidad
papal. En 1864, promulgó la encíclica "Quanta
cura", con el anexo del "Sillabus", una lista de
enseñanzas prohibidas, con la que la iglesia condenaba los
errores del momento y conceptos liberales e iluministas. Con la
llegada de la unidad de Italia, el último papa_rey se vio
desposeído de las regiones de la Romaña (1859), Umbría, las
Marcas (1860) y, en 1870, la misma Roma, con la conocida toma de
Porta Pia, el 20 de septiembre, que marcó el fin del poder
temporal de los papas.
Desde entonces,
la masonería italiana celebra su propia fiesta anual,
justamente el 20 de setiembre, en recuerdo de la victoria contra
la Iglesia. Los documentos antimasónicos del Pontificado de
Pío IX son unos 124 y se subdividen en 11 encíclicas, 61
cartas breves, 33 discursos y alocuciones y documentos de varios
dicasterios eclesiásticos. Según Pío IX, todos los males que
se abatieron en aquél tiempo sobre la Iglesia y sobre la
sociedad provenían del ateísmo y del cientismo del siglo XVII,
postulado por la masonería y exaltado por la Revolución
Francesa. En la encíclica "Qui pluribus" (9/10/1849),
Pio IX habla de "hombres ligados por una unión
nefanda" que corrompen las costumbres y combaten la fe en
Dios y en Cristo postulando el naturalismo y el racionalismo y,
sobre todo, poniendo en marcha el conflicto entre ciencia y fe.
Otro error atribuido a este círculo de pensadores es el hablar
de progreso como un mito y contraponerlo a la fe.
Ante estas
acusaciones precisas, la Masonería reaccionó con un desdén
violento. En primer lugar, convocó un "Anticoncilio
masónico, Asamblea de librepensadores" con la idea de
liderar un movimiento internacional dedicado a combatir sin
tregua al Vaticano. Entre los escritos que se difundieron para
esta convocatoria masónica, había uno que decía "El
Anticoncilio quiere luz y verdad, quiere ciencia y razón, no fe
ciega, no fanatismo, no dogmas, no hogueras. La infalibilidad
papal es una herejía. La religión católica romana es una
mentira; su reino es un delito".
En esta
situación de beligerancia continua, Pío IX no perdió el
ánimo y siguió su trabajo para compactar la Iglesia en torno a
un principio de unidad. Atribuyó gran importancia a la
espiritualidad popular, a la relación con los santos,
especialmente a María a través del reconocimiento de las
apariciones de La Salette y de Lourdes Dio impulso a
procesiones, peregrinaciones y todas las formas de piedad
popular. En 1870, inauguró un nuevo modo de elección de
obispos y prelados, elegidos no ya preferentemente entre los
notables sino entre los sacerdotes comunes, allí donde se
manifestasen los méritos pastorales. Su popularidad creció
enormemente. Fue obstinado en no aceptar ningún arreglo con el
Estado italiano. Murió el 7 de febrero de 1878, pero la
masonería trató de perseguirlo encarnizadamente incluso tras
la muerte. En la noche del 12 al 13 de julio de 1881, su
féretro fue trasladado del Vaticano al cementerio del Verano.
La masonería organizó una manifestación irreverente, con
lanzamiento de piedras, imprecaciones, blasfemias, y canciones
vulgares y obscenas, contra el cortejo fúnebre, que a su vez
respondía con la recitación del rosario, los salmos, el oficio
de difuntos y pías jaculatorias.
El culmen de la
agresión tuvo lugar cuando el cortejo fúnebre pasó por el
puente Sant'Angelo. Al grito de "¡muerte al Papa, muerte a
los curas!", un grupo de desalmados trató de arrojar el
cadáver de Pío IX al Tíber. Pero los católicos apretaron las
filas en torno a los restos mortales del pontífice y rechazaron
el ataque. A la luz de estos acontecimientos, el reconocimiento
de la virtud heroica del nuevo beato hace justicia a una persona
de gran espesor humano y a un gran Papa.
Pio IX fue
beatificado el 30 de Septiembre del 2000
La causa de beatificación de Pío IX fue una de las más
largas y difíciles de la historia de la Iglesia. Fue puesta en
marcha por Pío X, el 11 de febrero de 1907. Relanzada, por
Benedicto XV, sin gran éxito, y también Pío XI animó el
proyecto. Tras la segunda guerra mundial, la instructoría
canónica fue reiniciada por Pío XII, el 7 de diciembre de
1954. Con Pablo VI la causa experimentó importantes avances: se
completó la "positio", es decir, la recogida de las
actas del proceso canónico, el análisis de la vida del
candidato a la santidad, los interrogatorios de los testigos y
las evaluaciones de los historiadores y de los teólogos.
El decreto sobre
el ejercicio heroico de las virtudes teologales y cardinales fue
promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos,
el 6 de julio de 1985, y aprobado por Juan Pablo II. Entre las
virtudes del Pontífice, figuran el amor sin reservas por la
iglesia, la caridad y la gran estima por el sacerdocio y los
misioneros. El milagro atribuido a Pío IX, verificado por la
Consulta de médicos el 15 de enero de 1986, es la curación
inexplicable de una religiosa francesa. Fuente:
Zenit. LA
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