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Influencias
en la formación del niño
por
la Psic. Daniela Izzo de Márquez
tau@adinet.com.uy
Sabido es que los
primeros años de vida de un niño y el cómo los viva son
decisivos en la formación de su integridad, dado que es en el
curso de ellos que se estructura la base de su personalidad, es
decir, lo esencial de la misma. Y el interjuego entre estos
aspectos inherentes a cada persona con las distintas
experiencias de vida va determinando su modo de ser, de pensar,
de actuar, etc.
A punto de
partida de esto estamos en condiciones de reconocer la
importancia que tiene la formación inicial del niño en su vida
futura. Pero: ¿qué entendemos por formación?
Este término
hace referencia no sólo a la escolaridad de un chico, como tal
vez habituemos decir o escuchar, sino también a todo el bagaje
de enseñanzas que recibe de parte de quienes lo rodean.
Sabemos que el
aprendizaje se articula con el enseñar, y se establece entre
ambos un proceso dinámico. Siempre que alguien enseña, hay un
"otro" que aprende y viceversa.
Pensemos por un
momento: ¿quiénes son los que enseñan al pequeño?; ¿de
quiénes aprende?.
No quedan dudas
que como dijimos líneas atrás, todo el entorno en que está
inmerso un individuo ejerce influencias sobre él, de él
aprende y también a él se le enseña.
Es considerable
la enseñanza que se transmite en los centros educativos, sean
escuelas, academias, etc. Pero son fundamentales también las
influencias que ejercen los ejemplos que se reciben de las
propias familias, así como a través de los diferentes medios
de comunicación.
Es del núcleo
familiar de quien el niño recibe los primeros modelos de
identificación, vinculares, y valores sobre los cuales
edificará su ser. Claro, no son pocas las veces que constatamos
diferencias entre lo que se le dice al chico que debe o no hacer
y el ejemplo que recibe a través de las conductas de los
demás.
Acá es
importante tener en cuenta que no es saludable que estas
contradicciones sean moneda corriente, pues entonces el pequeño
no sabrá a quién atender, no tendrá un marco de referencia
sólido sobre el cual apoyarse en su desarrollo. Y con más
razón si esto lo vive dentro de su propia familia. Los
distintos medios de comunicación envían mensajes que podrán o
no ser adecuados o coincidir con lo que los padres o educadores
pretenden para sus chicos.
Pero entendemos
que no por ello lo conveniente será prohibir al chico o
jovencito que se conecte con ellos, por ejemplo que vea la TV, o
escuche tales emisoras, o navegue por Internet, sino que en
primera instancia se le muestre y fundamente aquello con lo que
se discrepa.
Y limitarlo al
respecto, pero en función de la edad. No será lo mismo hacerlo
con un niño de 5 años que con un joven de 15. Ejemplos de
estos conocemos vivimos todos.
Es tan común
decirle a un hijo que no se dicen malas palabras, que se deben
tener buenos modales como ser uno mismo quien en un enojo
impetuoso habla en malos términos, (o escucharlo en la TV,
etc.). Y cuántas veces no es el mismo hijo quien señala al
padre "me dijiste que no tenía que hablar así".
Esto es algo que
puede parecer muy insignificante, sin embargo de estas
pequeñeces el niño se va nutriendo. Y esto ocurre en todos los
órdenes de la vida de relación entre los seres humanos.
A veces uno puede
pensar que enviando al chico a un "buen" colegio, o a
un colegio reconocido, o a estudiar cuanto mayor cantidad de
cosas posibles, va a ser "mejor educado" o tenderá
menos dificultades. Y no necesariamente los resultados dan
cuenta de esto (a veces claro está).
O tal vez es ya
entrada la adolescencia que hacen eclosión determinados
conflictos y uno ve papás casi al borde del desespero diciendo:
"hice todo lo que pude, le pagué el colegio, no le dejé
faltar nada y ahora me hace esto". Es comprensible el
dolor, la impotencia que como padre uno puede sentir al ver que
su hijo comete errores, o no tiene el éxito que uno anhelaba
para él, o manifiesta conductas un tanto complicadas.
Es que
difícilmente el hijo sienta, piense y actúe tal como sus
padres (o quienes lo rodearon) pretendieron. En primer término
porque es una persona diferente y tendrá sus particularidades;
luego porque irá evaluando a lo largo de su vida los
parámetros que en su familia se le fueron transmitiendo y
comparándolos con los que el mundo exterior le ofrece; y luego
de ensayos irá haciendo elecciones.
¡Cuántas veces
se consulta a técnicos (psicólogo, psiquiatra, etc.) porque el
jovencito no sabe qué estudiar, o no quiere hacer nada, o no
hace caso a sus padres, y los enfrenta, y les hace "la vida
imposible" como se dice tan comúnmente!
¿Y cuál es la
expectativa con que se llega a esa consulta? Es muy frecuente
que sea "encarrilarlo", que se defina, que deje de
enfrentar, que sea de otra manera, que en una palabra:
"cambie" y a corto plazo. Pero, ¿puede el técnico
hacer "magia"?. Definitivamente no. No habrá persona
alguna que induzca un cambio en otra de inmediato; y menos aún
cuando hay experiencias, situaciones vividas que dejaron huellas
muy profundas.
Todo proceso de
cambio lleva un buen tiempo de trabajo, pero para pretenderlo
será imprescindible conocer elementos que estén determinando
estas reacciones.
Tal vez
aproximarse a esas experiencias que marcaron y, en tanto el
joven o ya adulto vaya reconociendo el peso que tienen en su
vida, su necesidad y deseo de cambiar, así como las
posibilidades reales de cambio, entonces trabajar en pos de
ello.
En relación a
este último punto, consideramos fundamental atender tanto a las
posibilidades de la misma persona como a la situación que la
rodea, familiar prioritariamente. Pues entendemos que a veces
pueden haber conflictos que estén afectando negativamente al
joven e impidiendo su favorable evolución. Siendo conscientes
además de que el tiempo que requieren estas cosas no depende
del almanaque, sino del interior de cada persona y de lo que
ello signifique para cada uno. LA
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