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Un cuento sobre Aznar y el reclutamiento de uruguayos

por Raúl Legnani

Como no soporto ir a los archivos, le pido al lector que no me pida precisiones. Solo recuerdo que el presidente era Julio María Sanguinetti  y que en esos días llegó el actual presidente de España, el señor Aznar, al departamento de Colonia. 

Lo fuimos a recibir al aeropuerto. Sanguinetti llegó con su sombrero genovés, lo saludó, luego recorrimos la ciudad vieja de Colonia y allí empezó el show. Aznar le preguntó al Presidente uruguayo, quien había ganado las elecciones en Colonia. “Aquí los blancos”, le dijo el primer mandatario al aspirante a la presidencia de la monarquía española.  

Aznar, bastante turro el hombre, buscó ampliar su información. “¿Quién ganó en Montevideo?”, preguntó, lo que le mereció una irónica y malhumorada respuesta del primer mandatario: “Los indios: ganó Tabaré”. 

Después de esas breves descordinaciones diplomáticas, llegamos a la Estancia de Anchorena, donde a los periodistas nos dejaron en la puerta, disfrutando de un buen almuerzo. 

Recuerdo que tuvimos que soportar en la mesa de los periodistas a la infeliz idea de Mario Zanocchi, secretario de prensa de la Presidencia,  de atender al imbécil que Aznar tenía como asesor de imagen. Aceptamos el reto, no doy los nombres de los colegas, y comenzamos a divertirnos. Convencimos al visitante que todos los periodistas éramos marxistas leninistas, maoístas o polpotianos, logrando con ello que el tipo no hablara mucho porque creía que estaba rodeado de terroristas e hijos del diablo. No se imaginan lo que sufría Mario con nuestras picardías adultas. 

Una vez terminada la fiesta gastronómica, Sanguinetti - con mucha cancha- inventó una reunión en Montevideo. Como consecuencia de esa maniobra, nos dejó en la puerta de la Estancia de Anchorena con el amigo Aznar, no sin antes darme manija por medio de un intermediario: “Aznar es tuyo, preguntale a fondo”, dijo el mensajero. 

A esa altura, luego de la carne asada y de la buena bebida amarilla, era complejo, en medio de una conferencia de prensa, ponder en duda la capacidad intelectual de un tipo. 

A pesar de ello acepté el desafío. ¿Cómo le complico la vida a un extranjero con aspiraciones a presidente con una sola pregunta? No tuve respuesta., más cuando los asesores de Mario me habían “amenzado”  con que si no preguntaba bien regresaba a pie a Montevideo.  

Fue así que llegué a la conferencia de prensa, sin ningún tipo de estrategia. Confieso que un canal televisivo me ayudó con su profunda pregunta: ¿Qué opina de las inundaciones en Madrid? Era lo más parecido a un centro de Bengochea. 

Pero Aznar cometió un error. Con cara de gaita piola dijo, después de responder a la profunda pregunta sobre el crecimiento de las aguas en la península Ibérica, que “es bueno que nos podamos conocer”. 

Y ahí fue cuando el hombre, hoy presidente, metió la pata. “¿Así que querés conocernos?”, me dije, y sin mucho análisis previo me jugué.

-¿Qué escritor uruguayo conoce?, le pregunté.
- Pues hombre, muchos, hay tantos.
- Un solo nombre me alcanza...
- Es que hace mucho que dejé la Secundaria...
(Ahí vi al hombre contra las cueras y preparé la estocada).
- ¿Usted no conoce a Onetti, premio Cervantes, amigo íntimo del presidente de la República?
- Pues, claro, quien no conoce a Onetti.
- ¿Me podría decir un sola obra de Onetti ?
- ¿Alguna otra pregunta? Dijo Aznar, sin responder a mi inquietud literaria.

Este señor es el que quiere que los uruguayitos vayan a pelear en favor de sus intereses coloniales por unos pocos dólares, junto a sus fuerzas armadas, porque los ibéricos están para otra cosa. Por eso me sigue cayendo mal el señor Aznar. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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