Estos
días: "Halloween". Como
forma de dar un paso más desde el tema abordado en nuestra
anterior entrega, nos planteamos esbozar algo referente a la
particular atención que debemos tener los adultos en cuanto a
influencias que pueden recibir nuestros niños de parte del
ambiente en que se desarrollan. Hablábamos
de la TV, del lugar que tiene en nuestra sociedad y de cuántas
sugerencias hacen llegar a los más pequeños, tanto positivas
como negativas. Ahora
bien: ¿somos nosotros, los "adultos", conscientes de la
vulnerabilidad de los niños, de la real importancia y
repercusiones futuras que puede tener en ellos una enseñanza errónea,
basada en conceptos distorsionados? Los
medios de comunicación están al servicio de la población al
tiempo que son empresas comerciales, por lo cual, persiguen además
otros fines que van más allá de los receptores. En
estos momentos de conmoción social que vivimos, de incertidumbre,
de preocupación y de angustia, se están multiplicando las
"ofertas" de propuestas "tranquilizadoras,
sanadoras, mágicas", o como se les quiera llamar. Y las vías
por las que mayoritariamente se publicita esto, no son ni más ni
menos que en los medios de comunicación. Lo
vemos en la TV, lo escuchamos en las radios, lo leemos en
publicaciones escritas, "lo pescamos en la red" de
Internet. Y
a decir verdad, hay para todos los gustos e intereses. Creemos
fundamental a esta altura pensar en las necesidades de la gente y
no lanzarles el anzuelo para obtener beneficios personales. El
respeto por el otro debería estar al principio y ser el motor de
nuestras acciones. Este
sentido de generosidad, de compartir, es sano que el niño integre
a su personalidad, lo cual estimulará su vida de relación,
facilitando establecer vínculos de buena calidad, donde el afecto
y la amistad sean preponderantes. Claro,
se me podrá objetar que muchas de estas propuestas que se dan a
conocer no transgreden este derecho, sino que lo que buscan es
"ayudar", dar una mano a quien la necesite. No
obstante, sabemos que hay algunas dotadas de egoísmo, que no van
más allá del beneficio propio, y cuyas propuestas enmascaran
otros contenidos. Pensemos
en una de ellas, próxima a estos días: "Halloween". ¿Cuántos
niños se están preparando para esta celebración, buscando sus
atuendos, sus disfraces, planificando la salida de esa noche,
etc.? Pero,
¿sabrán en verdad qué festejan? ¿Y sus papis? ¿Y las
maestras, profesoras o líderes que encabezan y organizan esta
fiesta? La
Historia de Halloween "La
celebración del Hallowen se inició en los Estados Unidos
alrededor del año 1845. Existen indicios de que antes de esa
fecha los peregrinos que llegaron a ese país provenientes de
Europa habían prohibido dicha celebración, pero en el año 1845,
miles de emigrantes irlandeses inundaron Nueva York a causa de una
escasez de papas. Fueron ellos los que trajeron consigo una vieja
fiesta religiosa de los sacerdotes galos llamados
"druidas", la cual gradualmente se propagó por el resto
del país. La
celebración original no era llamada por su nombre actual de
Halloween; empezó mucho antes de la era Cristiana entre los
antiguos celtas (bretones, galos, escoceses e irlandeses). El fin
del verano marcaba el inicio del Año Nuevo Céltico; ese se
celebraba ofreciendo sacrificios al "Señor del Cielo y de la
Tierra": SAMHAIN o SAMAN. La celebración se constituía en
un día festivo llamado la "Vigilia de Saman". La imagen
de este dios pagano era la de un esqueleto sosteniendo una hoz o
guadaña en su mano que más tarde llegó a ser conocido como La
Muerte. El
1º de noviembre era la fecha en que los celtas celebraban el Día
de la Muerte. Por esa época las hojas de los árboles caían,
oscurecía más temprano y las temperaturas bajaban. Ellos
interpretaban estos fenómenos estacionales como un decaimiento de
su dios sol, el cual, pensaban ellos, estaba perdiendo fuerza
porque Samhain lo estaba subyugando. Adicionalmente
ellos creían que el día anterior, el 31 de octubre, Samhain se
reunía con los espíritus de todos los que habían muerto el año
anterior. Estos habían estado confinados a habitar en cuerpos de
animales durante todo un año como castigo por sus malas obras, y
en la víspera de la fiesta, el 31 de octubre, se les permitía
regresar a sus antiguos hogares a visitar a los vivos. Para
proteger a estos, el sacerdote dirigía a la gente en ceremonias
de adoración diabólica en las que eran quemados como ofrendas,
caballos, gatos, ovejas negras, bueyes y seres humanos, para
apaciguar a Samhain y evitar que los espíritus de los muertos los
lastimaran. Los
Druidas o sacerdotes, eran ministros quienes asimismo realizaban
sacrificios humanos como ofrendas que servían para apaciguar la
ira de los dioses. "La
Vigilia de Samhain" era pronunciado en la primera Bretaña
Sowein. Era un intento de cristianizar este día de adoración
pagana, en el año 800 D.C. la Iglesia Romana movió el Día de
Todos los Santos del mes de mayo al 1º de noviembre. En inglés
este día se llama el "All Hallow’s Day" que pronto se
acostumbró llamar "All Hallowe’en", y que pronto fue
abreviado a Halloween, como la noche de "Todos los
Demonios", para que estos penetraran la noche anterior,
consagrándola mediante hechizos, maldiciones y horrores. La
noche del 31 de octubre los druidas fabricaban una enorme fogata
de año nuevo. Quemaban animales, cosechas y seres humanos como
sacrificios a su dios sol y a Samhain, su dios de la muerte.
Durante esta ceremonia diabólica la gente usaba disfraces hechos
de cabezas y pieles de animales. Entonces practicaban adivinación,
saltaban sobre las llamas o corrían a través de ellas, bailaban
y cantaban. Todo esto era hecho para ahuyentar a los malos espíritus.
Los
disfrazados iban de casa en casa, cantando y bailando. Sus máscaras
con sangre coagulándose y sus grotescos disfraces servirían para
verse ellos mismos como espíritus malignos, y así engañar a los
espíritus que entrarían ese día y evitar ser lastimados por
ellos. Si
por alguna razón alguien olvidaba disfrazarse o no podía engañar
a los demonios vistiendo pieles de animales u otros disfraces, había
una forma de exorcizarlos: haciendo con ellos un trato de comida y
fruta y proveyendo al espíritu errante de albergue para la noche.
Si el demonio quedaba satisfecho con su trato, no le harían truco
arrojándole un hechizo maligno que le causara estragos. Los
druidas en Irlanda recorrían los vecindarios y alrededores la
noche del 31 de octubre para colectar ofrendas a Satanás. Ellos
cargaban linternas, bolsas de dinero y varas de caña puntiagudas.
En cada casa demandarían un específico importe. Si el dueño de
la casa no daba la ofrenda, el druida castraría al humano con la
vara o a uno de sus preciados animales. Años
después, los granjeros irlandeses, emulando la costumbre druida
de antaño, iban casa por casa rogando por comida para sus
antiguos dioses. Buena suerte era prometida a todo aquel que
donaba, pero amenazas eran hechas contra aquellos que no daban. El
Halloween hoy en día No
es difícil reconocer las similitudes entre las antiguas
celebraciones de los celtas y sus sacerdotes paganos, con las
costumbres aparentemente ingenuas de la celebración del Día de
Haloween de nuestros días. Los disfraces, aunque hoy son más
variados y no solamente se utilizan cabezas de animales, son un
fiel reflejo de la antigua costumbre. Asimismo
lo son visitas de casa en casa pidiendo dulces, y la frase que
utilizan de "truco o trato" con la amenaza de hacer
travesuras a aquellos que se atreven a no dar lo que se les pide. Estas
celebraciones parecieran ser inofensivas y hasta simpáticas. El
comercio y la sociedad las han aceptado y son ampliamente
publicitadas, hay todo un movimiento social que organiza
celebraciones en casas, fiestas en clubes, los establecimientos
comerciales adornan con motivos alusivos a prácticas ocultas, y aún
los sectores radicales de la cristiandad guardan silencio ante una
práctica que ya no sólo es exclusiva de la sociedad
norteamericana, sino que ha llegado a Latinoamérica como un
producto de importación más de la sofisticada sociedad de
consumo norteamericana." ¿Qué
daño podría haber en Haloween? Puede
ser un día dañino y peligroso, que enfatiza la violencia, la
muerte, el horror, el miedo y lo oculto." Los
niños no poseen esa capacidad de discernimiento que muchos de
nosotros sí: ayudémoslos. Pero
también protejámonos todos, pues a pesar de nuestra madurez, las
necesidades nos hacen vulnerables, afectan nuestras posibilidades
de discernimiento y podemos ser influenciados de manera negativa. Demos
a los medios de comunicación el lugar destacado que merecen en
nuestra vida cotidiana, pero intentemos ser "selectivos"
siempre.
LA
ONDA®
DIGITAL
(Agradecemos los aportes vertidos por el Centro de Literatura Cristiana). |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |