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Hombres |
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Entre
el espanto y la ternura |
Hombres
por Mabel Fleitas
Llegó
a la salita que hacía de recibidor de una humilde policlínica,
con cara de traer un sufrimiento largo, retorcía entre sus manos
huesudas y trabajadas una boina descolorida.
- Dotor, me duele todo...
-
Pase, pase, explíquese mejor por donde le comienza el
dolor.
-
Mire, ... es sobre todo, aquí, en la boca del estómago,
pero después son los miembros, todo, mire todito. Hace una punta
de días que vengo así...
Después de
auscultarlo el médico con su habitual mansedumbre pasó a
formular algunas preguntas de rutina:
-
Ha comido algo pesado?
-
No.
-
Toma algo fuerte? Alcohol?
-
Nada...
-
Toma mucho frío?
-Hasta hace bien
poco si dotor, ahora ni frío paso, estoy siempre en lascasas.
-Cuánto tiempo lleva sintiendo ese dolor?
-
Como unos quince días nomás...
-
Pero, se le repitió otras veces?
-
No.
- Y verdaderamente qué
siente?
-
Un dolor, mire, pero un gran dolor en el medio del pecho.
Ahora cambiaba la
cosa...
El médico volvió
a escucharlo medio preocupado, pero no encontraba nada, bien el
pulso, bien los latidos del pecho, bien la presión, bien la
temperatura, y además el hombre no era tan mayor...
- Dice que el estómago,
que el pecho.?
- Mire dotor, la verdad es que hace unos días me pasó algo bien
jodido.
-Yo trabajaba en la estancia “el remanso”, vió aquí cerca?
Bueno, y un día destos, me llamó el patrón que es un hombre pa´l
que trabajé toda mi vida desde gurí y me despidió.
Me llamó a la
tardecita, y me dijo:” tengo que despedirlo”.
- Así nomás?
- Así nomás dotor?
- Y usted que hizo?
- Fijesé, yo me
fui pa´ las casas y miraba mis gurises, y mi mujer y mi caballo,
y pensaba, “qué les digo ahora?”...
- Y la primera
noche ni hablé. Al otro día fui como siempre al “yugo” y me apersoné ante el patrón que de paso se iba pà la ciudá
y le dije que : “bueno, verá patrón, yo me voy pero usté
me debe todavía los últimos jornales, los beneficios, y el
despido”.
Sorprendido, como
si no quisiera escucharme, me gritó de arriba de su vehículo que
hiciera las cuentas.
En unos cuantos días
Don Bordabarria regresó, yo había hecho las cuentas y fui a
reclamar mi dinero.
Él las miró, las
repasó y me dijo que estaba de acuerdo con las cuentas, que
estaban bien hechas,
yo respiré aliviado... al menos iría tirando unos días hasta
encontrar una “changa” o algo...
Pero, de pronto se
paró y entró a sacar unos papelitos de su maleta y me dijo:
- Mire buen hombre usted, como que se olvidó de descontar
algunas cosas de su cuenta...
- Descontar? Yo?. Si,
si, en su cuenta no aparece que usted tiene caballo.
-
Bueno pero, el animal es mío.
-
Si, pero en que pasto comió su animal sino, en las
pasturas de mi PROPIEDAD?. Descuente
eso también...
-
Fueron ...cuántos años que su caballo comió de MI
PASTO?...
-
Descuente...
- Y yo me fui dotor, porque si no me iba, hoy no estaba
hablando con usté, estaría hablando con un comisario...
-Ahora
entiende que me duela todito? Porque esto no parece historia de
HOMBRES.
-Verdá?
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