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La
administración Bush manipula el cambio climático, la
protección de las especies, sanidad pública y la
investigación médica,
denuncian científicos norteamericanos |
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Censuran
contenido
de revistas científicas |
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Científicos
franceses renuncian
en masa por la falta de fondos
públicos destinados a la investigación |
La administración
Bush manipula el cambio
climático, la protección de las especies,
sanidad pública y la investigación médica,
denuncian científicos norteamericanos
por Jacobo Quintanilla
Más de sesenta científicos, entre los que
se encuentran una veintena de premios Nobel, denuncian que la
administración Bush ha suprimido o deformado los análisis
científicos de agencias federales para hacerlos más coincidentes
con la línea política del gobierno.
La Union of Concerned Scientist, una asociación de
investigadores científicos, detalla cómo la actual
administración estadounidense manipula sistemáticamente la
información científica proveniente de sus servicios cuando ésta
no se corresponde con sus objetivos políticos. Desde el cambio
climático, la protección de las especies o la sanidad pública,
hasta la investigación médica o la seguridad nuclear.
"Ahora más que nunca, en
asuntos que van desde el cambio climático, a la investigación del SIDA o
a la ingeniería genética, el gobierno confía en la perspectiva imparcial
dada por la ciencia". Estas palabras, pronunciadas por George Bush padre
en 1990 ante la Academia Nacional de la Ciencias se han convertido,
ironías de la vida, en uno de los epígrafes de un informe que denuncia
que la actual administración estadounidense manipula sistemáticamente la
información científica proveniente de sus servicios cuando ésta no se
corresponde con sus objetivos políticos.
La Union of Concerned Scientist (UCS), una asociación de investigadores
críticos, detalla en su informe “La integridad científica en la decisión
política: Investigación sobre el mal uso de la ciencia de la
administración Bush”, las “distorsiones” imputables al gobierno. Desde
el cambio climático, la protección de las especies o la sanidad pública,
hasta la investigación médica o la seguridad nuclear. Más de sesenta
científicos, entre los que se encuentran una veintena de premios Nobel,
denuncian que la administración Bush ha suprimido o deformado los
análisis científicos de agencias federales para hacerlos más
coincidentes con la línea política del gobierno.
No han tardado en salir detractores a esta campaña de denuncia. A John
H. Marburger III estas acusaciones no parecen inquietarle. El actual
consejero científico de George W. Bush dice que los elementos citados en
el informe no ponen en ningún caso en tela de juicio las buenas
prácticas científicas de la administración, mientras que el que también
fuera consejero de ciencia y tecnología con Bush padre, Allan Bromley,
dice que se trata exclusivamente de una maniobra política en año
electoral.
Según este colectivo de científicos, existen evidencias de que la
administración estadounidense impone a menudo restricciones sobre lo que
los científicos del gobierno pueden decir o escribir acerca de temas
“sensibles”, que son, según la UCS, todos aquellos que puedan provocar
oposición por parte de los líderes políticos e ideológicos de la
administración. Para ello colocan a “gente profesionalmente incompetente
o que tiene conflictos de interés claros en puestos oficiales y comités
consultivos científicos, disolviendo algunos de estos comités
existentes, censurando y suprimiendo informes de los propios científicos
del gobierno, o simplemente no buscando consejo científico
independiente”. El resultado es la manipulación, supresión y mala
representación sin precedentes de la ciencia, por parte de la
administración Bush.
“Baja probabilidad, alto
impacto”
El último ejemplo lo hemos conocido estos días. Un informe secreto del
Pentágono, aunque hecho público después de que se filtrase a la prensa,
advierte de las consecuencias y los peligros que el cambio climático
puede tener sobre el planeta en las dos próximas décadas y que
eventualmente se cobraría millones de vidas en guerras y desastres
naturales. El Departamento de Defensa encargó a dos investigadores de
Global Business Network (GBN), un think tank californiano, un informe en
el que se proyectaran las condiciones climatológicas más improbables, en
el que se pusiera al mundo en el peor de los casos. El resultado ha sido
cuando menos inquietante, porque el documento refleja que en el supuesto
de que se produjeran esas condiciones “altamente improbables”, sus
consecuencias serían catastróficas, especialmente por su impacto en las
operaciones militares de Estados Unidos.
Es lo que en el mundo de la futurología se conoce como “baja
probabilidad, alto impacto”, pero que el informe de la GBN presenta como
posible en el peor de los casos, pero posible al fin y al cabo. De
resultados cuasi apocalípticos, y totalmente en contra de la posición
oficial del gobierno Bush, que minimiza la importancia del cambio
climático y que sigue sin ratificar el Protocolo de Kyoto, se optó por
silenciar un informe que, según el portavoz de Andrew Marshall, “no
satisfacía plenamente las necesidades” de este influyente estratega del
Estado Mayor del ejército de Estados Unidos que encargó el informe para
el Pentágono por 100.000 dólares.
Conflictos nucleares, sequías, hambrunas, disturbios a nivel mundial...,
las principales ciudades europeas desaparecerían bajo las aguas de los
mares y Gran Bretaña, y el resto de Europa, según el rotativo londinense
The Observer, padecerían un clima siberiano en menos de veinte años. Las
consecuencias geopolíticas serían impredecibles, razón por la cual el
Pentágono encargaba este informe.
“Hemos creado un panorama de cambio climático -señala el informe de GBN-,
que aunque no es el más probable, es plausible, y desafiaría la
seguridad nacional de Estados Unidos de modo que deben considerarse
inmediatamente”. El documento predice que el abrupto cambio climático
podría llevar al planeta al borde de la anarquía mientras que los países
desarrollarían una amenaza nuclear para defender y asegurarse alimentos,
agua y fuentes de energía, con lo que la amenaza a la estabilidad global
eclipsaría, según algunos expertos, la que representa el terrorismo,
cuestionando de alguna manera la actual política estadounidense. “Cuando
el conocimiento científico ha entrado en conflicto con sus metas
políticas, la administración ha manipulado a menudo el proceso por el
cual la ciencia entra en sus decisiones”, denuncia la Union of Concerned
Scientist en su informe.
“Es bastante inquietante que Bush comience a no hacer caso de su propio
gobierno en un asunto como éste”, afirman desde Greenpeace. Para el
portavoz del Pentágono, Dan Hetladge, se trata, en cambio, de “una
tempestad en un vaso de agua”. Sarcasmos meteorológicos aparte, lo
cierto es que la filtración del informe del Pentágono pone en evidencia
dos hechos: la denuncia de la UCS de que la administración Bush manipula
y silencia informaciones científicas que no le sirven a sus objetivos
políticos, y segundo, ecologista escéptico o no, la ciencia nos revela
un futuro medioambiental muy poco alentador si no ponemos medios.
Agencia DIS
jacoboquintanilla@hotmail.com LA
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