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Adiós a la reina Marosa
Julia Galemire |
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Adiós a la reina Marosa
por Julia Galemire
Escribo
bajo la penosa impresión –la misma que sobrecoge a los familiares,
amigos ,escritores y por supuesto, sus lectores- por la muerte de Marosa
di Giorgio, ocurrida al principio de esta semana. Porque con ella
desaparece una figura trascendente de la literatura de nuestro país y
cuya ejecutoria había trascendida con legítima autoridad, al mundo de
las letras de la América Latina.
No es el momento, tal vez, de analizar con pormenores la vasta obra a
quien algún crítico argentino – Enrique Foffani- llamó con indudable
acierto, “Poeta de la imaginación”. Lógicamente, no soy yo la persona
indicada para iniciar y acometer tan riesgosa empresa. Otros lo harán en
el tiempo futuro.
Amiga de Marosa, conocedora de las muchas virtudes que adornaban su
personalidad, creo más importante, en esta hora en que se ha ausentado
hacia el mundo de las cosas animadas e inanimadas que supo crear desde
su primer libro, viajar hacia las cosas cotidianas que eran su entorno y
que en algunos momentos supe compartir asimismo con su hermana Nidia.
Era un ser de cálido sentido humano que “viajaba” en un ámbito de sueños
y que sabía compartir el universo real con sus amigos, muy numerosos,
por cierto, en las tertulias del café. De paso digamos que, quienes la
vean y no sabían que estaban en presencia de una de las grandes poetas
que hemos tenido y que ya están en la historia de la cultura uruguaya,
sentían, sin embargo que estaban frente a una mujer que escapaba al
común denominador.
Sentada en la rueda de los circunstantes, se podía percibir de intento
que ella la presidía. Sería, sus ojos escrutadores bajo los gruesos
cristales, su gesto que revelaba una honda ternura, Marosa no necesitaba
presentación En tal sentido, mi marido, me contó que un día en el viejo
Sorocabana de la Plaza Libertad, observó a una mujer que escribía sin
tregua. Le llamó la atención el continente personal de ella, intuyó que
era “alguien”, y preguntó al mozo quien era. Este, respetuosamente le
informó “es una gran poetisa” y agregó el nombre: Marosa di Giorgio.
Ese episodio, conozco que se repitió muchas veces, marca entonces, como
la veian y apreciaban propios y extraños. Ello era complementado en una
unidad inalterable por su escritura “endemoniadamente” original, de la
que otra argentina, Delfina Muschietti, dijo en “Página 12” de Buenos
Aires, que esa escritura “parece repetirse sin descanso con ritmo de
salmodia, y en cambio no deja nunca de transformarse, de
metamorfosearse”. La nota, en un dejo de humor porteño, se titula,
refiriéndose a Marosa, “Superchica ataca de nuevo”.
El ya citado Foffani, iniciaba su juicio vertido en el diario “Clarín”,
diciendo que “El universo de Marosa, una de las voces más potentes y al
mismo tiempo más originales de la poesía latinoamericana, es en verdad
una naturaleza. Poeta de la imaginación, hace caber en los límites del
poema los cuatro reinos que reinventa”.
No quiero concluir estas líneas, escritas horas después del doloroso
suceso que nos priva de su presencia, sin recordar que en La ONDA
digital le hice un reportaje en el que ella, con respuestas muy
sintéticas, me descubrió y con ellas al eventual lector, algunas de sus
ideas centrales sobre distintos aspectos de su universo literario. En
tal sentido, le pregunté “¿ Como leer a Marosa?”, y ella respondió,
“Como cada uno pueda. Se recibe, se percibe según la sensibilidad, las
antenas. LO QUE YO DIGO ES CLARO COMO LA LUZ DEL DÍA Y MISTERIOSO COMO
LA NOCHE”. (el subrayado es nuestro)
La belleza según su definición... “es el resplandor de la creación. Es
la cara misma de Dios”. Reconocía que muchos acontecimientos de su vida
la habian marcado y mencionaba que tuvo “el privilegio de vivir en el
campo, escenario de lo maravilloso, de lo casi increíble. Todo se da en
un relámpago, la gloria, la muerte, la resurrección”.
En estos fragmentos de aquella entrevista, quedan señaladas algunas
delas vertientes seguidas por esta mujer de excepción, en lo personal y
en sus trabajos de poeta irrepetible. Ahora se nos ha ido a reunirse
con la rosa, las gemas, los cordeles de sol y luna, los buhos, las
arboledas, las lejanías, el candelabro que ella misma encendía. Con todo
aquello que encendía su notable pasión por crear.
En definitiva, con Dios.
Marosa, que la Paz sea en tu corazón y tu recuerdo en nuestras vidas.
Página vinculante:
http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/1-100/44/Marosa.htm LA
ONDA®
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