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Premio nobel de literatura

Héctor Valle
La partida del Maestro
Jacques Derrida

La partida del Maestro Derrida
por Héctor Valle

El filósofo Jacques Derrida ha muerto y nosotros, usted y yo, nos hemos vuelto, con la partida del maestro, más responsables de la realidad que impera en este mundo.

Uno siente el dolor sordo ante la partida del hombre, del maestro, distante y que pese a nunca haberle visto ni hablado, lo sabemos –porque además lo sentimos- tan próximo a nosotros. No con ello, ni por asomo, quiere uno significar la pertenencia del menor atisbo de la genialidad de aquel sino que, y más bien, es uno el que, al cabo de los años, ha ido ganando en respeto, en comprensión, en asimilación –parcial y dificultosamente en mi caso, lo confieso- bien como en la determinación de las enseñanzas que, a no dudar, Jacques Derrida ha regado a través de su vida y continúa haciéndolo, cada vez con mayor soltura y profundidad.

El filósofo no estuvo y no está solo en su pensamiento. Jamás. Un filósofo, a no ser Sócrates y también podríamos disentir en esto aunque muy tímidamente, se comprende en una circunstancia de pensamiento, en una geometría del pensar que lo encuentra a él, en este caso al querido maestro Derrida, en uno de los ángulos de la figura.

Hoy, apenas enterado de la noticia de su fallecimiento, no estoy, lo digo con honestidad, con ganas de elucubrar en torno a la geometría del pensar y a las distintas figuras en las cuales, no sólo como soporte sino también como proyección y difusión, encuentra en un ángulo, en un vértice, al pensador Jacques Derrida.

Pero digo que no está solo porque, como otros, él es parte y es tanto consecuencia como nacimiento, de otros filósofos, a quienes hoy, a primera sangre, nombraré para en otra oportunidad, extenderme, por medio de la ensayística, sobre este punto:

Paul de Man, Emmanuel Lévinas, Michel Foucault, para citar apenas a algunos si bien los más próximos a Derrida o a quienes Derrida, mejor dicho, más se aproximó deparando no pocas veces –pensemos Lévinas, por ejemplo- salvedades y contrapuntos que eran resueltos, entre amigos, con el rigor y la apertura propios de los grandes hombres, como lo fueron todos los citados. No dejamos de recordar cuánto valoró y trabajó sobre las obras tanto de Rousseau, Hegel, como de Lévi-Strauss, para no olvidar a Freud y menos aun a Lacan.

Derrida se ha ido y debemos decirle adiós. Decir adiós nunca es fácil y siempre es ilusorio. No es fácil por la pena que nos invade de esa presencia que, a fuer de ser sinceros, no estará con su imagen habitual; y es ilusorio despedirlo, porque despedir se despide a los que nunca habrán de estar en nuestra memoria ni menos aun en la memoria colectiva de sus pueblos.

No es el caso de Jacques Derrida. Él, desde aquel pequeño muchacho argelino que aprendió la “distinción” y la “diferencia” de su condición de judío, en el mismo colegio en el mismo tipo de circunstancia que le tocó vivir –recordemos que él nació en Argelia en 1930- y que lejos de abroquelarlo, de convertirlo en un ser de espaldas a la vida, lo llevó, en ese proceso de vida y de análisis que fue su –la- deconstrucción, a ser un artesano del pensar. Él, nuestro maestro, que con el mazo y el cincel de la razón y la emoción, se adentró en la piedra hasta hallar vetas riquísimas y, no pocas veces, en las diminutas piedrecillas que saltaban a los golpes de su mazo, recogerlas para ver en ellas, cuándo no, elementos propios y esenciales de la comunicación humana.

No sé si decir adiós o, quizá, ¡Ah!...Dios... Y decirlo antes que como invocación como exteriorización de este abrir el pecho que provoca la noticia de su partida y el tremendo sentido de responsabilidad que nos invade, no por mérito, sino por sabernos, de un modo quizá tangencial y lejano, seguidores de su pensamiento. Pensamiento que no dice el conocimiento y repetición de enunciados y sistemas, no. Pero sí la asunción de un compromiso, igual que la que aquel tuvo bien como el compartir un modo de analizar y de estudiar, de percibir y de enunciar, cercano al del maestro pero jamás igual. Primero porque somos diferentes, segundo porque no se trata de duplicarse, tercero porque de lo que se trata es que tomadas las enseñanzas del maestro, pasar el propio alumno a tomar en sus manos instrumentos similares y con la piedra ante sí, si fuera la figura a tomar, aunque no la única –recordemos también la tarea del geómetra filosófico- buscar que tanto los contornos, como los rasgos o bien, en el último caso, las dimensiones y sus inclinaciones, más o menos agudas, den cuenta no de una huida sino de una proximidad mayor con el centro de la cuestión en todo hombre que filosofa: el propio hombre, la propia mujer.

Tengo a mi lado algunas de sus obras que espero compartir con quien guste de conocer, o conocer más, a este gran hombre que hoy adquiere la categoría magistral del Maestro: Jacques Derrida.

Pero antes de dejarle estas pocas obras de una producción tan colosal y vasta, quiero significar cómo Derrida ante la muerte de sus amigos del alma, me refiero primeramente a Paul de Man y luego a Emmanuel Lévinas, dejó, permitió sin vueltas, mostrar la singularidad de su emotividad y el hondo respeto que, ante la partida de un ser querido, sintió siempre por la amistad.

También, y para quienes aun no se aproximaron a su obra y primeramente quisieran explorar algo de la misma sin asumir costos en dinero, les invito a incursionar en ese excelente sitio, fraterno como pocos al colocar grandes textos, en este caso de Jacques Derrida pero los hay sobre Martín Heidegger, entre otros, que el argentino Horacio Potel promueve y crea con singular profesionalidad. He aquí la dirección en la web:

http://personales.ciudad.com.ar/Derrida/

Así pues, paso a detallar lo anunciado y a dejarles –ojalá lo logre- con la inquietud, esta sí, derridiana- de estudiar, analizar, deconstruir, en fin, ir en busca de una segunda realidad, una segunda y tercera lectura de lo aparentemente real en pro de un hacer más responsable, genuino y humano.

A ti, Jacques, bienvenido a la memoria colectiva de este mundo que a partir de hoy, te sabe Maestro y Amigo.

Bibliografía, parcial, de Jacques Derrida: 

  • Memorias para Paul de Man, Editorial Gedisa.
  • Políticas de la amistad, Editorial Trotta.
  • Espectros de Marx, Editorial Trotta.
  • Márgenes de la Filosofía, Editorial Cátedra.
  • Adiós a Emmanuel Lévinas, Editorial Minima Trotta.
  • La escritura y la diferencia, Editorial Trotta.
  • El otro cabo, Ediciones del Serbal.
  • La deconstrucción en las fronteras de la filosofía, Editorial Paidós.
  • ¡Palabra!, Editorial Trotta.
  • Cosmopolitas de todos los países, ¡un esfuerzo más!, Editorial Cuatro.
  • Cómo no hablar, Proyecto a Ediciones.
  • El siglo y el perdón, seguido de Fe y saber, Ediciones de la Flor.
  • Dar la muerte, Editorial Paidós.

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