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La transición hacia el 01/03/2005:
Un camino de doble senda
Rafael Iraburú |
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Los inversores y el manejo del país, creando un marco
nacional que aliente a invertir en lo productivo
Pedro Hernández |
Los inversores y el manejo del país
por Pedro Hernández
En el discurso, los dirigentes
políticos y técnicos de todos los sectores hablan del respeto de
los contratos y la importancia de las inversiones.
Pero todos están razonando con la
dialéctica del modelo que nos trajo hasta aquí y no se advierte
que éste es el que hay que cambiar.
Hay que definir reglas claras para todos los inversores, sean
éstos nacionales o extranjeros. No podemos aceptar la
discriminación de las inversiones, dándole facilidades a los
últimos, que no se les dio ni da a los instalados.
El manejo discrecional del partido único*, tráfico de
influencia mediante, ha abierto el camino a muchas inversiones
cuyos beneficios sociales están por debajo de los resultados
prometidos. Hay que crear un marco nacional que aliente a
invertir en lo productivo en forma sostenida, tema que está en
el debe desde 1930.
Tenemos que denunciar a los peores americanos, que siguen
entregando la ya esquilmada soberanía, utilizando como pretexto
la emergencia social que ellos han creado con las políticas
seguidas.
Hay que construir un discurso país y con dignidad republicana
enfrentar la emergencia socio económica que vivimos hoy.
No es subiéndonos al carro de la globalización - como excusa-
que podemos seguir ignorando la falta de un proyecto país,
sin el cual no habrá aumento de las inversiones, ni respeto de
los contratos.
Los que han estado gobernando y los que serán gobierno hablan de
la necesidad de las inversiones para tener políticas sociales,
Perogrullo también estaría de acuerdo. Se sigue usando a
los pobres.
Pero el tema central para revertir esta situación pasa por
definir las causas de las bajas – históricas - tasas de
inversión y el incumplimiento de los contratos.
El país tiene - desde 1930 - las condiciones para no tener un
alto nivel de inversiones, no es creíble. No es creíble
por la discrecionalidad política del partido único* en el
manejo del mismo. Los dirigentes han vivido realizando discursos
con énfasis en la necesidad de las inversiones pero no asumen,
que históricamente, éstas han sido muy bajas y es suya la
responsabilidad por como han conducido al país. Uruguay es con
Haití, el país que más bajo nivel de inversiones ha tenido a lo
largo de los últimos cincuenta años. Ya en 1964 lo señalaba el
informe de la CIDE, como algo gravísimo a revertir. En un
momento en que el discurso político oficial nos muestra las
inversiones extranjeras como la panacea, conviene también tener
claro que en los últimos cincuenta años las inversiones en el
país, en su mayoría, siempre han sido nacionales. Pero los
gobiernos han estado y están preocupados sólo por las de afuera.
Los de adentro son rehenes y por eso no hay
riesgo de que se vayan.
Un ejemplo de inversores rehenes son los productores rurales,
que abandonan la tierra solo fundidos, por eso no preocupan. A
los inversores de afuera se les da subsidios que se le niega
los nacionales y de ahí surge una primera pregunta.
¿Por qué no diseñamos políticas para atraer los capitales
uruguayos que están fuera del país? En el año 2000 eran del
orden de 3000 millones de dólares. ¿A cuánto asciende esta cifra
hoy? Según algunas fuentes superan los 4000 millones.
Estos capitales siempre han estado fuera, sólo han regresado al
país por pequeños períodos y por supuesto no a los sectores
productivos de largo plazo.
En cada crisis vienen los inversores golondrinas al sistema
financiero o a comprar a precio de mercadería robada; la tierra,
las inversiones físicas devaluadas, las viviendas de los que ven
restringido su poder adquisitivo, etc, etc.
Las condiciones básicas y fundamentales para atraer inversiones,
son políticas y éstas no están dadas, hay que crearlas.
Es necesario un estado que actúe como el principal
defensor de la estabilidad de los contratos, para ello debe
garantizar el equilibrio de las cargas, cosa que no se ha hecho
nunca- atrasos cambiarios, devaluaciones, etc -.
Un estado
sin manejo clientelístico y sin tráfico de influencias.
Un
estado
donde la transparencia y la cristalinidad no sean la excepción.
Un estado
que provea los instrumentos y recursos para que la justicia
actue en el marco de reglas de juego claras y previsibles.
El nivel de ésta es la mejor señal para dar credibilidad a los
inversores.
Un estado
que garantice la información calificada de la economía a todos
los actores, que ésta no sea privilegio de los cercanos al
poder, que todos sientan que son medidos con las mismas reglas.
Una economía con cristalinidad y transparencia es
la que alienta a la inversión, la del acomodo partidario no y
menos la que esconde o disfraza la información y esto no ha sido
la excepción en los últimos 50 años.
Es lamentable que estemos escribiendo sobre estos temas en el
siglo XXI, ¿que estuvimos haciendo?.
No podemos seguir escuchando a
los técnicos del estado haciendo política partidaria.
Técnicos enredados, en la propia red que han ido tejiendo al no
analizar las causas – en defensa de los intereses
partidarios - al buscar soluciones a los problemas.
Y aquí otra vez el interés partidario del partido único
que no quiere quedar al desnudo, por eso éstas se “ignoraron”.
Esto también desalienta a los inversores.
El país, conducido por la dictadura política del partido
único desde 1931, careció de una opinión crítica
independiente, capaz de autocriticarse y así corregir o
potenciar, todo está atado en mayor o menor medida a la adhesión
partidaria, en realidad es la lógica de toda dictadura. Este es
el manejo a que se ha sometido al país en los últimos setenta y
tres años.
Esto hay que mirarlo por encima de las posiciones partidarias-
siempre con visión electoralista- y asumirlo como un gran
problema que el país debe corregir, para poder hablar del
aumento de las inversiones.
Si queremos una economía que atraiga inversores,
debemos construir una estructura del estado independiente de lo
partidario, el clientelismo debe ser erradicado.
No hay economía desarrollada que tenga una
estructura del estado construida como la que construyó el país
a partir del pacto del “chinchulín” en 1931, nos guste o no nos
guste. En las economías desarrolladas no hubo y no hay
Club Político.
No es de buen desempeño empresarial, que los directores de los
entes industriales del estado estén emitiendo opiniones desde el
ángulo partidario y menos que los mismos representen corrientes
partidarias, pero esta es la realidad uruguaya a partir del
reparto del poder.
El daño causado al país por este manejo en los
últimos setenta y tres años es inmenso, daño económico, social,
ético y moral.
Si no tomamos conciencia crítica de ello, seguiremos poniendo
parches a los problemas estructurales no resueltos desde la
década del 50, cuando ya eran evidentes.
¿Que pasa en el ámbito privado? ¿Por qué no atrae más
inversiones? Por una sencilla razón, este sector carece de la
suficiente cristalinidad y transparencia – no olvidar el caso
Moro y otros que frustraron el intento de crear un mercado de
capitales, vía Obligaciones Negociables - ya que se tienen que
mover en función del manejo político partidario. Los empresarios
históricamente jugados a la socialización de las pérdidas,
porque ese ha sido el terreno ambientado por el manejo
clientelístico. La historia nos muestra empresas que se funden,
no así los empresarios. El país ha destruido inversiones y
esperanzas productivas a partir de la década del 50 en forma
casi ininterrumpida.
Algunas de las más notorias son, caña de azúcar, remolacha
azucarera, industria textil, etc, etc. Tres crisis destructivas
de la economía a partir de la década del 60, han dejado una
huella imborrable en miles de ciudadanos y cuyas repercusiones
tienen hoy su máxima expresión en la profunda crisis
socioeconómica que vivimos.
Cada crisis tiene además de los daños socioeconómicos la pérdida
de la credibilidad de los inversores y de los
ahorristas, en un país con muy bajo ahorro interno.
La inversión más genuina –muchas
veces frustrada- es la que se realiza a
partir del ahorro, es lo que hay que recrear y potenciar.
La credibilidad es la clave para invertir y
ahorrar, cuesta afianzarla y se puede perder en un corto
plazo, esa es la enseñanza de las crisis. Los análisis de éstas
no se han hecho en profundidad porque el país ha sido manejado
por un partido único, una situación con aspectos de
feudalismo.
Los diagnósticos no han sido tales ya que sin alternancia en el
poder, los “mismos” no se van a autocriticar y menos
responsabilizar. No por casualidad hemos transitado de una
crisis a la otra en el marco del ajuste permanente.
Una economía sostenible y sustentable sólo se
puede construir en un proceso integrado y continuo.
Es el fruto de una visón país por encima de los
intereses particulares cualquiera sean estos.
La experiencia histórica reciente- últimas cinco
décadas- nos muestra lo que no debemos hacer más. Decimos con
Quijano “Nuestra tarea, si alguna hemos
de cumplir, nos exige ser lúcidos. Y la lucidez consiste en ver
con claridad el presente que huye y el futuro que se anuncia”
Más de cincuenta años quemando los destinos del país, la
emigración y la desintegración social los rasgos más lamentables
y cuyo impacto no será fácil revertir. Leyes y más leyes para
“resolver” problemas de la economía y las inequidades sociales.
Una manera de mantener el poder y no tocar las estructuras.
El Uruguay de hoy es la acumulación de los
problemas no resueltos en las últimas cinco décadas.
Todos estamos prisioneros, el partido único ha creado una
parafernalia jurídico administrativa para disfrazar la realidad
y seguir tirando.
Paralelamente un
ejército de abogados, escribanos y contadores se dedican a la
dulce tarea de armar los disfraces para que algunos puedan
sobrevivir y otros puedan lucrar más.
En definitiva, lucha de corporativismos en un
modelo de economía desintegrada, funcionales al manejo
clientelístico.
Un país de discursos entrecruzados pero en definitiva todos han
contribuido a desguazar al mismo.
Las consecuencias del modelo de economía
desintegrada que se ha llevado adelante es contundente, la
realidad económica
y social que el país vive hoy no
necesita comentarios.
Nadie asume que el país es
uno y sin ello no hay salida.
Si se persiste en el país de las “chacritas” y no se camina
hacia un modelo de economía integrada no habrá equidad
social. Sin equidad social, tampoco habrá una economía
sustentable y con crecimiento sostenido. El modelo actual,
desintegrado, ha profundizado las diferencias.
Un estado lleno de asimetrías salariales, entes que funcionan
sin un hilo conductor de política país, es nuestra realidad hoy
que debe ser cambiada.
Un modelo integrado posibilita potenciar los escasos recursos,
minimizando los canibalismos en la economía.
El inicio de la corrección de las asimetrías, es el primer paso
en la dirección de un cambio de modelo.
No podemos seguir escribiendo sobre los mismos temas, siempre
descontextualizados. Debemos asumir que hay una
incomprensión generalizada y una desmemoria enorme, que trasluce
nuestra incapacidad para llegar a los más desinformados.
La información es un
tema central en una economía integrada, cada quién debe saber
cual es su rol y su responsabilidad de cara al país como un
todo.
Hoy tenemos un país que vive permanentemente en la riña
corporativa - a todos los niveles - por los
escasos recursos.
Este marco no es apto para crecer y atraer las inversiones de
mediano y largo plazo a los sectores productivos, sin ellas no
hay desarrollo posible y menos sostenible.
El cambio debe estar en la dirección de ser más responsables de
cara al país, para ser más creíbles.
Todos debemos cambiar, porque de una manera u
otra hemos colaborado por acción o por omisión a la realidad que
el país hoy presenta.
Una dura tarea nos espera, alentamos la esperanza de estar a la
altura de los desafíos, por el país y por su futuro.
*El partido único es el que surge en el pacto del
“chinchulín” – año 1931 - en el que se acuerda el reparto del
poder - 3 y 2 - entre el partido colorado y un sector del
partido nacional, incorporado luego por la totalidad de los dos
partidos a la constitución de la república en la reforma de
1951.
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